domingo, 24 de mayo de 2020

Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 2)




El flash de un relámpago me hace entrar de nuevo a mi depto, la luz sigue sin volver. Pero ¿dónde estaba? Ah si, por contarles si entraba al cine a espiar a mi ex y el chico nuevo con el que estaba. Por supuesto que no entré. Soy dramático pero no tanto. Simplemente fui a correr y descargué todos esos pensamientos en el Parque Sarmiento. Después de tanto desgaste obviamente quedé muerto. Tratando de no enroscarme. El antiguo Pablo se hubiese convertido en el FBI Gay y se hubiese puesto a investigar al chico. Pero no tenía fuerzas para torturarme así. Ya está. Y si Rodrigo volvió con su ex o no, ya no importaba. 


Ese fin de semana pensé en quedarme tirado mirando series, pero uno de mis amigos me invitó a Zen para levantarme el ánimo, salir un poco. Y allá fuimos. La pasamos estupendo, ahogando las penas en la pista. Estaba particularmente lleno esa noche, por lo que nunca me había dado cuenta que Rodrigo estaba ahí. Y si, ¡adivinaron!¡con un chico!. Otro diferente al del cine. Bailando en el medio de la pista, muy acaramelados. Por suerte, para cuando me di cuenta, faltaban 20 minutos para que termine la noche. Le dije a mi amigo de irnos sigilosamente un toque antes. El acepta y cuando miré por última vez hacia la pista, entre un flash de luces, veo a Rodrigo besarse con el chico en el medio de la pista. Esos éramos nosotros hacia unas semanas. Si apagaban la música en ese momento se hubiese escuchado como se me partía el corazón. Nos fuimos inmediatamente de ahí. 


Me acuerdo mirar fijo la ciudad por la ventana del taxi de regreso a casa. Si el taxista o mi amigo hacían algún tipo de contacto visual conmigo, estallaba en llanto. Pensaba si Rodrigo y el chico ya se conocían de antes, si se había olvidado de mí tan rápido y si habré significado algo para él o si fui uno más. Si me había hecho yo toda una película en la cabeza digna de tachos de pochoclos, o si todo había sido una mentira. 

Era chico y en ese momento, lo sufrí bastante. Después entendí que siempre va a ser así, a algunas personas les cuesta mucho menos encontrar oportunidades para pasar de una relación a otra. E inevitablemente uno de los dos siempre va a conocer a alguien antes que otro. ¿iba a cambiar algo si esto pasaba unas semanas después?¿un mes después?¿si me enteraba o si no me enteraba? La verdad que no. Porque cuando querés a alguien de verdad, querés que esté bien, que sea feliz. No sé, no me salía tenerle bronca en ese momento, ¿está mal?

Esta historia tiene un final feliz, aparentemente si signifiqué algo para él, porque desde entonces pudimos superar todo y ser muy buenos amigos. Y ahora hasta nos reímos de esto. 

Tres Tequilas En La Ciudad

En esa época en que salía a bailar solo, cuando todavía no tenía amigos gays. En esa época en que todavía no había salido del closet y tenía que escaparme de las fiestas de mis amigos hetero para ir a los primeros boliches gay. Ahí es cuando conocí a Xavier (no se llamaba así, pero digamos que si). Lo había cruzado varias veces en ese boliche, y siempre estaba solo. Bailando en alguna esquina. Era la época en que podías ir a un boliche sólo y nadie se iba a dar cuenta, porque explotaban de gente. 


Xavier era algo serio, pero le encantaba bailar, se la pasaba toda la noche bailando y sólo iba a la barra para comprar agua, para después seguir bailando. Siempre estaba impoluto, una camisa impecable, zapatillas que no sé cómo hacía para mantenerlas tan limpias. Sobre todo porque era esa época en que se podía fumar adentro y la mezcla de las cenizas de los puchos y el fernet era letal para las zapatillas ¿se acuerdan?. Xavier era mucho más bajito que yo, por lo que hacer contacto visual era algo complicado. Aún así me esforzaba por llamarle la atención. Pero él, seguía en la suya. No hablaba con nadie, solo bailaba, casi no sonreía. De hecho, creo que nunca lo vi sonreír ¿Qué me gustaba de él? No lo sé. Quizás que estaba en la misma que yo, había algo de su melancolía que me atraía. Que fuera alguien diferente. Quizás, estaba esperando que alguien le hable, en mi mente, creía que podía ser yo. 

Hasta que una vez, quizás habían pasado unas semanas o meses después. Me lo crucé en un semáforo. Recuerdo cuál semáforo exactamente. el que conecta la Avenida Yrigoyen y la Plaza España. De frente. Pleno día nublado. Y puedo jurar que al fin hicimos contacto visual y me reconoció. Lo vi tratando de recordar dónde me había visto antes. Yo medio que no supe qué hacer. Ninguno dijo nada, solo seguimos cruzando la calle, yo en cámara lenta por supuesto. Hasta hoy me acuerdo lo azul profundo de sus ojos y como reflejaban el cielo gris de otoño. Después de cruzarlo esperé segundos para hacer la prueba de ver si se daba vuelta. Esto también es para los centennials, la prueba consistía en cuando te cruzabas con alguien en la calle, contar 10 segundos y darte vuelta, si el otro también se había dado vuelta, había algo (era nuestro match de Tinder analógico a principios de los 90’s). Pero cuando me di vuelta, ya no estaba, se había perdido entre la gente. A mi casi me choca un auto por mirar hacia atrás. 


Un tiempo después. Yo acababa de terminar mi relación tortuosa con Martín (mi segunda relación importante). Un poco ya estaba cansado de no ser yo y de sufrir solo todos mis desamores en la ciudad. Si bien ya iba a terapia, hay momentos en que necesitas contarle a tus amigos y desahogarte con ellos. Así es como, finalmente, salí del closet con dos de mis mejores amigas. Y fue genial. La felicidad que tenía ese día, de AL FIN dejar toda esa mochila atrás fue increíble. Para festejarlo, ese sábado, improvisamos una previa y decidimos ir a bailar a un boliche gay, el clásico Club V. Ellas nunca habían pisado uno y yo finalmente no iba a ir solo. 

Bailamos en la pista, nos divertimos muchísimo y brindamos con unos toc tocs de tequila (unos shots, unos chupitos o como le digan en su país). Algo que no tomaba desde la secundaria. Hacia el final de la noche, entre la gente, apareció firme como siempre, en el mismo lugar, impoluto como siempre. Xavier. Le conté nuestra no-historia a mis amigas. Ellas querían que le fuera a hablar, que me anime. Se ofrecieron para ir ellas a hablarle por mi, pero se los prohibí. Ya no estábamos en la secundaria. Quizás sólo necesitaba un incentivo para animarme: otro toc toc, o dos más. Y a por ellos fuimos. Pero la noche nos quedó corta. Se terminó la música. La gente comenzaba a irse y Xavier también. 

Afuera llovía a cántaros, pero no parecía que fuera a parar. Mientras esperábamos a que parase algún taxi, yo no perdía de vista a Xavier. Si hay alguien que sabía lo que era esperar un taxi solo, era yo. Una de mis amigas consiguió el taxi y se suben rápidamente. Pero algo en mí se despertó e hizo que esa noche me animara a hacer algo diferente. Quizás fueron esos tequilas, o la confianza de estar fuera del closet, no lo sé. Les dije que se fueran, yo iba a animarme a hablar con Xavier. Ellas aprobaron contentas y se fueron. 

La gente se fue yendo pero Xavier y yo seguíamos ahí. Cada vez pasaban menos taxis, las gotas de lluvia helada caían como dagas. Pero nada me importaba. Yo solo pensaba en como acercarme a Xavier y hablarle. Descubrí que eso de que el alcohol te desinhibe era mentira, o al menos no estaba funcionando. Algunos se cansaron y comenzaron a caminar. Solo quedamos nosotros dos y finalmente le balbuceé algo como: ‘Me parece que vamos a tener que volver caminando’. El casi que asintió, pero no dijo nada. Nos quedamos un rato en silenciosa tensión y en medio de la lluvia. Hasta que él comenzó a caminar. En mi mente, yo lo frenaba, le decía que me gustaba y nos besábamos bajo la lluvia. Mi primer beso bajo lluvia. El beso perfecto. Pero solo me animé a decirle: '¡Esperá!'. Le confesé que me gustaba con algunas palabras que me dan vergüenza reproducir en este momento y de mi bolsillo saqué una tarjeta que tenía con mi celular. No pregunten, era hace muchos años, teníamos tarjetas con nuestros números y hasta, a veces, servilletas. 


La mirada descolocada de Xavier sin decir nada mientras yo hablaba, también me quedó grabada. En un momento pensé que no me había entendido nada y hasta pensé en que era mudo. Pero finalmente habló y me dijo: ‘No, gracias’ y me devolvió la tarjeta, yo estaba tan en shock, y nervioso y todo, que no se la recibí y le insistía para que se la quede. Entonces él no tuvo mejor idea que tirarla al piso frente a mi e irse. Mientras veía como la tarjeta y mi corazón se empapaba en ese charco, Xavier se alejaba entre la lluvia. 

Recuerdo caminar hasta la otra punta de la ciudad bajo la lluvia helada. No les voy a mentir, me sentía un poco idiota por haber idealizado a alguien que no conocía y más aún por haberle dicho que me gustaba. Y sí, ese regreso a casa fue eterno y humillante. Pero esa noche la había pasado tan bien, había salido del closet con mis amigas y pensaba que al otro día les iba a poder contar sobre todo esto, que lo de Xavier, al final, era una muy buena anécdota. 

A Xavier todavía lo sigo cruzando hoy en día cuando salgo a bailar con mis amigos. No sé su nombre verdadero y nunca lo vi sonreír, ni estar con alguien. Sigue siendo un misterio para mi. Y en cuanto a mi, unos años después tuve mi primer beso bajo la lluvia y descubrí que, no sólo soy bastante resistente al tequila, sino también a que me rompan el corazón.


Regresó la electricidad y me despertó del recuerdo de estas historias. A veces está bueno recordar que gracias a esas veces que nos rompieron el corazón, hoy somos quienes somos. Un poco más fuertes y resistentes, y con la satisfacción de saber que podemos sobrevivirlas y seguir tratando. A veces cuesta darse otra oportunidad para entregarse y enamorarse de nuevo, a veces simplemente es cansador volver a empezar de cero. Quizás sea una visión optimista y cursi, caprichosa y hasta masoquista. Quizás a pesar de todo, esa parte enamoradiza de mi sobrevivió a todo. En lugar de opacarse y llenarse de odio, se hizo más fuerte. 

Al fin y al cabo es algo muy humano valorar las cosas cuando no las tenemos: cuando se va la luz, valoramos más la electricidad. Cuando no podemos salir, valoramos la libertad. Y cuando nos rompen el corazón, es horrible, lo sé, pero eventualmente valoramos más cuando nos volvemos a enamorar. Y ¿qué es una persona sin la esperanza de volverse enamorar?¿qué es una ciudad sin historias de amor y supervivencia?


Pablo M. Acuña

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Recordás como fue tu mejor beso?

jueves, 7 de mayo de 2020

Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 1)


´Todas esas luces llamándome, estoy al borde y listo para salir...Sobreviviendo en la ciudad. Seguir dando, seguir tomando, seguir construyendo, seguir rompiendo, seguir amando, seguir odiando, sobreviviendo en la ciudad. Seguir viviendo, seguir muriendo, seguir cayendo, seguir levantándome, seguir entregando lo que me dé la gana’ - Client Liaison


Después de un reencuentro con Martín, mi ex, y del regreso inesperado de los ataques de pánico. Estuve encerrado por un tiempo con pocas ganas de salir a la ciudad. Sabía que ese domingo caluroso y nublado, no iba a ser fácil de sobrellevar. Pero aún así logré levantarme, bañarme y hacerme un reconfortante desayuno. Justo cuando me digné a ver una comedia que me haga al menos sonreír, de repente, se cortó la luz. Cuando hay gente que extraña la soltería, es porque nunca recuerda éstos desayunos solitarios de domingo, en absoluto silencio. 

A veces cuando rememoro estos momentos para escribirlos, pienso ¿por qué no llamé a un amigo?¿por qué no salí de mi casa? Y es que siempre me olvido que a veces la tristeza se te pega al cuerpo y pesa. Y no tenés ganas que nadie te vea así. En mi caso, hasta me parece egoísta juntarme con alguien cuando estoy así. Prefiero que se me pase solo. No sé, es inentendible. Salí al balcón para tomar un poco de aire y contemplando el horizonte en silencio pensé en todas esas veces que la ciudad fue hostil conmigo, todas las veces que me han roto el corazón, en todas estas calles y como hice para superarlos. Tres historias me vinieron a la mente...


Un Té Helado En La Ciudad

Hacía pocos meses que me había mudado solo a un departamento de Nueva Córdoba, al fin era libre y estaba muy contento de comenzar una nueva etapa. En esa época todavía usábamos el teléfono fijo. Y mi contacto con el mundo gay eran las salas de chat telefónico. Para los que no recuerdan (o para los centennials) era así: llamabas a un número, dejabas tu presentación y después podías acceder a presentaciones de otras personas conectadas. Podías ir dejando mensajes de audio o si querías, aceptar una llamada en vivo. Así es como conocí a Agustín. Por supuesto, era incomprobable que se llame así, pero en un punto, no importaba. Yo para él me llamaba Joaquín. Agustín me llevaba tres años, y estaba estudiando arquitectura, a punto de recibirse. En el chat, podías ir por el lado del sexo telefónico o, cuando pintaba, solo podías conversar y hacer amigos. Yo la usaba para las dos cosas. Pero con Agustín conectamos de inmediato. El era de esos que hacía chistes malos todo el tiempo. Y eso me encantaba. Además, que era una gran compañía la verdad, ambos vivíamos solos. Nos pasábamos horas hablando por teléfono. Sobre todo después de cierta hora, salía mucho más barato, casi gratis (eran los últimos tiempos del teléfono fijo).

A veces cenábamos con el altavoz, estudiábamos y hasta nos íbamos a la cama escuchándonos. ¿Tuvimos sexo telefónico? Tuvimos sexo telefónico y del bueno. Masturbarse escuchando la voz de alguien no solo es reconfortante, sino también bastante entretenido. Hasta es un ejercicio interesante de imaginación. Créanme deberían probarlo alguna vez. Después de dos meses, mas o menos, ya habíamos tomado confianza como para pasarnos nuestros celulares. Y así, durante el día, podíamos textearnos y hasta sextearnos. (no existían las nudes todavía).


Hasta que después de un tiempo, era hora de conocernos cara a cara. Medio que lo habíamos obviado todo este tiempo y ya no daba para más. Yo estaba un poco aterrorizado porque la verdad, no estaba seguro de gustarle, ya tenía ese mambo desde esos tiempos. Pero dijimos que si todo salía mal, al menos, podíamos ser amigos. Así es como después de posponer muchas veces, un día a la salida de la facultad, me llega un mensaje para ir a merendar. Me dijo que no lo piense, ‘así nomás’, ‘sin tanta preparación, sin presión’. Y seguro me convenció con algún chiste tonto, porque acepté. Recuerdo estar pensando en el encuentro y no poder concentrarme en ninguna de las clases. Así que después de mi última clase ese jueves, me fui al baño de la Universidad y me cambié. Me escapé de mis compañeros (porque todavía estaba en el closet), seguramente les puse alguna excusa tonta y caminé a la cafetería dónde habíamos quedado. Iba a tener una verdadera cita a ciegas. No me podía imaginar como iba a ser Agustín, una vez me había dicho algo de que tenía rulos, pero no mucho más. Creo que no me hubiese importado mucho. 


Cuando llegué me había dicho que me iba a estar esperando afuera, con una campera de jean. Nos reconocimos en el acto. ‘¿Agustín?’ Se dio vuelta y era mucho mejor de lo que esperaba. Tenía rulos prolijos, unos ojos grandes imposibles de evitar y un poco de barba también prolija. Yo fui a por el beso y él me saludó incómodamente dándome la mano, desde esa distancia igualmente sentí que se había puesto perfume. Lo que me hizo pensar que lo de 'sin tanta preparación' no era tan cierto. Se puso un poco serio, y quiso que nos sentemos rápido. El me observaba de arriba a abajo, disimuladamente. Me hacía poner algo incómodo. Por suerte el mozo vino rápido y nos salvó. Me pedí un café y algo para comer que no recuerdo. Él sólo pidió un té. Traté de sacar conversación para romper el hielo, Agustín estaba un poco cortante. Se fue soltando de a poco. Pensé que quizás le incomodaba estar en una mesa en la calle. Me preguntó algo de la facultad y de cómo me estaba yendo en las clases, o algo así. Mientras contestaba notaba que el estaba atento a la gente que pasaba, no me estaba prestando mucha atención. El mozo interrumpió para traer las cosas. A él le suena el celular. Era su hermana. Había llegado antes y tenía que ir a buscarla con el auto a la terminal. Sí, ya sé lo que están pensando. Pero estábamos cerca de la Terminal, me dijo que iba a hacer eso y volvía rápido. Yo le dije que no había problema, que vaya tranquilo y vuelva. O lo dejamos para otro día. ‘No!’ me dijo, ‘Voy y vuelvo volando ¿no me creés?’. Cuando se levantó me dijo: ‘si querés dejo pagado’. Le dije que no, obviamente, que le creía. 


Puse el plato sobre su taza para que no se enfríe tanto su té, algo que mi mamá siempre hace cuando mi papá o alguno de nosotros tarda en sentarse a la mesa. Pasó media hora, una hora y decidí escribirle. Nunca me contestó. Destapé su té, que ya estaba helado a esa altura y hasta tomé un poco, porque me daba vergüenza que el mozo se diera cuenta que me habían dejado plantado. Ya suficientes humillaciones por hoy. Fue el té helado más triste de la historia. Claro, por eso nunca se pidió nada para comer, al menos tuvo la decencia de pedir lo más barato de la carta. No volvimos a mensajearnos, ni lo crucé más en la sala de chat telefónico. Quizás se cambió el nombre. ¿Acaso no estaba listo para esta situación? Puede ser. ¿No le gusté físicamente? Probablemente. ¿Era un cobarde? Si, lo era. Por suerte a esa altura ya iba a terapia y pude convertirlo en una anécdota graciosa, aunque el trauma de conocer a alguien a ciegas, me quedó por mucho tiempo. Quizás aún hoy tengo todavía un poco de eso. ¿Será por eso que casi siempre se me terminan frustrando las juntadas de Tinder? Probablemente. Al menos cuando el té helado se puso de moda más adelante yo ya lo había probado. 

Unos años después lo volví a cruzar en la calle, el estaba con un chico, probablemente en una cita. Yo estaba con mis amigos. Lo miré fijo, el me reconoció y simplemente bajó la cabeza. Yo seguí mi camino, con la frente en alto. 

Dos Pochoclos En La Ciudad


Hacía apenas 5 días habíamos decidido no seguir intentando con Rodrigo. Si bien yo quería seguir dándonos una oportunidad, él ya se había rendido aparentemente. El golpe fue muy abrupto. Hacía pocas semanas éramos ‘oficialmente’ novios. Y yo no podía haber estado tan contento. Es que hacía mucho que no me sucedía que alguien que me gustaba, AL FIN, también gustara de mi. Físicamente me parecía demasiado para mi, la verdad. Pero más allá de eso, estaba contento porque el camino y cómo llegamos a donde llegamos había sido lindo. Y, para variar, no era de esos tipos creídos con los que me obsesionaba seguido. Le tenía mucho aprecio como persona. Todavía le tengo. 


Es por eso que no tuve mejor idea que salir a contarlo a los 4 vientos. Hasta a mi familia, mis amigos de Santiago, los que vivían afuera. Todos sabían quién era Rodrigo. Hasta estaba planeando cena de presentación oficial. Un poco intenso, lo sé, pero estaba feliz, no medía. Unas pocas semanas después, Rodrigo me envía un mensaje por el chat, de que teníamos que hablar. Y todos sabemos lo que eso significa. Cortamos. Si bien decidimos seguir siendo amigos, decidí alejarme un tiempo para procesar todo.

Cinco días después, camino al parque para correr y distraerme un poco, lo cruzo a lo lejos. Era él, Rodrigo y otro chico. Un chico que creo era uno de sus ex. Inmediatamente me metí a un negocio random para que no me vea. Parte de mi quería seguir al parque, pero fue más fuerte que yo, quería ver hacia donde estaban yendo. ¿una cita?¿a la casa de él?¿a una juntada de amigos?¿habían vuelto?¿por él me había dejado?


Hice de todo para que no me vieran, además estaba en short y con una botellita de agua, yendo en dirección opuesta al parque. Era altamente sospechoso. Los perseguí y me di cuenta que estaban yendo al Patio Olmos. ¿Entré? Entré. Inmediatamente sabía a dónde estaban yendo. Al cine. ‘Se puede ir al cine con un amigo’ - me intentaba autoconvencer-. Rodrigo estaba relajado y tranquilo. Quería ver si había tensión sexual entre ellos, qué película iban a ver, si compraban 2 pochoclos o el combo de parejas. ¿Qué hago?¿Entro a la película con ellos? …


[Continuará…]

Pablo M. Acuña

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Cómo fue la última vez que te rompieron el corazón?

martes, 24 de marzo de 2020

Corazón En Llamas



´Será mejor que corras de mi, antes que tome tu alma. Si me voy, déjame ir. No me sigas, déjame ir. Te voy a decepcionar, déjame ir. Aunque tu corazón no lo soporte, enciéndeme en llamas, enciéndeme en llamas’ - Zayn



Después de una semana agobiante en todo sentido, lo único que quería era tirarme en el sillón, tomarme un trago y ver alguna serie que me saque de este mundo. Es cuando recibo un mensaje de Facebook. Creía que era alguno de mis amigos invitándome a salir. Pero no, era Martín, mi ex número 2. La temporada anterior nos habíamos cruzado en la calle de casualidad y habíamos planificado ir a tomar un café para ponernos al día. Y como buen taurino, cumplió su promesa. Me invitó a ir a merendar por ahí, ‘en mi barrio’ como le dice él. Lo pensé unos segundos y acepté. 

Por lo general, estaría algo nervioso, pero al habernos cruzado en la calle hace poco, hizo que esté más relajado. No soy de tener estos reencuentros con mis ex, de hecho, casi nunca los cruzo y por lo general, tampoco salen mucho. Con saber que están bien, me es suficiente. Pero con Martín, era algo diferente. Hacía años, quizás más de 10 que no nos veíamos. Por eso al cruzarlo en esa esquina fue todo un flash, creo que debo haberlo escaneado con los ojos muy obviamente. Su pelo enrulado, sus cejas frondosas, sus ojos profundos y su mandíbula, ¡uff!, esa mandíbula marcada que podría estar besando por horas, días, décadas. Si le habré dedicado unas a esa mandíbula. ¡Basta!. Mejor no pensar en esto. 


Cuando un ex te invita a reencontrarte, hay una parte de tu ego que se pregunta si querrá volver. No lo voy a negar, yo también lo pensé por un momento. Pero mi historia con Martín había sido muy diferente. Y cuando digo diferente, es porque todo salió bien. Algo raro en mis relaciones. Martín había sido una de esas historias en las que me había enamorado de alguien y por primera vez, fue mutuo. fui correspondido. El estaba en una relación y dejó todo, cambió su vida para estar conmigo. También fue el primero que me dijo ‘Te Amo’. Un te amo super puro, claro, sincero, sin vueltas ni mambos. Y era recíproco. Recuerdo la imagen como si fuera ayer: un sol tímido de invierno entrando por la ventana y nosotros acostados y acurrucados en el sillón. Y así sin más, me lo dijo, nos lo dijimos. Cuando dicen que la felicidad son momentos, éste sin duda era uno. ¿Cómo olvidás a la primera persona que te dijo te amo?

La tarde de la cita lo esperé en la Plaza de la Intendencia. Si mal no recuerdo, fue donde tuvimos nuestra primera cita. El sol no estaba para nada tímido esa tarde. No tenía porqué, pero estaba algo ansioso, traté de distraerme con los chicos corriendo sin remera, los perritos, y de repente: no puede ser. A lo lejos, veo a él, al Sr. Q. Pero no podía ser, era imposible. ¿había vuelto?¿era él?. ¡Está con un chico! Tengo que dejar de mirar, me hice el tonto y me puse a mirar el celular. ¡Vienen hacia donde estoy yo!, empiezo a temblar. No estoy listo para esto. Me transpira el corazón de tan fuerte que me late. ¿Por qué no llega Martín?¿cómo me salgo de acá?¡¿Por qué esta plaza no tiene más árboles?!. Respiro profundo por dentro, me calmo. Al mirar hacia adelante, no era él. Era alguien extremadamente parecido, casi igual. No lo podía creer. Me había convertido en ese cliché de persona que ve a sus ex amores en todas partes. ‘Pablo’ escucho que me llaman de atrás. Era Martín para rescatarme de ese espiral. 


Caminamos hasta Güemes acompañados de algunos silencios incómodos. Elegí un lugar tranquilo donde poder charlar bien. ‘¿Que vas a pedir?’, me pregunta- Después de tener el corazón incendiado, lo último que necesitaba era algo caliente. ‘Un café helado’ le respondo. ‘Ah, dale, yo también, nunca probé’. Cuando le devuelve la carta al mozo, veo que tiene un anillo. ‘¿Te vas a casar?’ le pregunto como para romper el hielo. El se queda callado y sorprendido por la pregunta. Se da cuenta que estoy mirando al anillo y se pone incómodo. Pero no más incómodo que yo cuando me doy cuenta que efectivamente es un anillo de compromiso. Esto me pasa por hacerme el gracioso. ‘Falta mucho, pero si...es la idea’. Trago saliva y actúo como que todo está bien. ‘¡Qué bueno!...contame todo’. 

Su historia se parecía un poco a la nuestra. El estaba en una relación y de repente en el boliche, un flechazo y de nuevo dejó todo para estar con su ahora futuro esposo. A los pocos meses se mudaron juntos y 3 años después, lo sorprendió con el compromiso. ‘¿Lo amás?’ le pregunté de golpe. Se pone serio y me mira fijo: ‘Sí’. Me pongo incómodo y le digo: ‘A ver... ¿tenés foto?’. Saca su celular y me muestra una foto de ellos dos juntos sonriendo. Un momento de felicidad sin dudas. ‘Que bueno, Tincho’ - tratando llorar para adentro.. ‘¿Y vos?’ me pregunta. Le muestro las manos vacías. ‘Nada che’. Se sonríe. ¿Les conté que se le marcan hoyuelos cuando se ríe?. Si, hasta eso. 


´Casi no te reconozco cuando te vi. Adelgazaste mucho…’. Me había olvidado que cuando nos conocimos estaba como 20 kilos arriba. ‘Cierto...no me acordaba...en eso sí cambié’. ‘¿No estás con alguien?’ me pregunta en seco. ‘No, en nada’. ‘Seguro hay alguien por ahí’. ‘No...de verdad...igual estoy bien así...si aparece…’ le contesto. ‘Entonces es porque no querés’ me devuelve. ‘No, obvio que me gustaría tener a alguien...pero no se da últimamente’. ‘Conmigo se te daba y me dejaste’ me tira por la cabeza. Sonrío incómodo. ‘Vos sabés que no fue así’ le retruco. ‘...estabas intenso al final de la relación, me llamabas llorando, siempre me decías que te iba a dejar por alguien mejor, y nada que ver. Vivíamos lejos y estaba a full con la facultad, era eso nada más’. ‘Me acuerdo...re intenso era’ me contesta sonriendo. ‘También me decías que me merecía alguien mejor y me ponía re mal que pensaras eso. Yo te quería a vos’ - no me animé a decirle ‘te amaba a vos’ en esta parte, pero lo pensé. ‘Era chico’ me contesta ‘...también era como mi primera relación seria con un chico..no sé’ agrega. Nos quedamos en silencio un rato. 

Después por suerte trajeron el café helado. Menos mal, porque me estaba derritiendo por dentro a esta altura. ‘¿Está bueno?’ le pregunto. ‘Si, está rico, voy a probar en casa’. ‘Nosotros nos íbamos a casar ¿te acordás? No nos poníamos de acuerdo en la estación’ me dispara directo al corazón. Yo me largo a reír. ‘Si obvio, era en otoño o nada’. ‘Primavera’ me retruca el. Nos reímos. ‘Íbamos re poco ahí, dos meses. Qué intensidad’. ‘¿Y ahora te casas en Primavera?’ le pregunto. ‘No tenemos fecha todavía, creo que el año que viene recién’, me contesta un poco tímido. 

‘¿Vos todavía te querés casar?’ me preguntó de repente. Lo pensé por un momento. Mi respuesta larga sería que antes lo veía más posible. Ahora sin alguien a la vista se me complica más imaginarlo. Pero le contesté que SI. Un SI enfático y seguro. No me pregunten porque. ‘No te imagino a vos no casándote’ me dice tiernamente. ‘Veremos’ le digo resignado. 

Seguimos charlando un poco más. Sobre la familia, sobre el trabajo y un poco sobre cosas divertidas y no tanto de nuestra relación. ‘Dentro de todo la pasamos bien ¿o no?’. ‘Si...muy’ me contesta. Inserte acá tensión emotiva con cucharadas de miradas incómodas. Levanto la taza ‘Bueno, brindemos por el reencuentro... y tu compromiso’, cortando un poco el momento.

Lo acompañé hasta la parada de colectivo. No había nadie, quizás acababa de pasar. ‘¿Te acordás cuando viniste a mi barrio?’ me dice burlándose un poco. ‘Si, claro’ le contesto ‘...me parecía lejísimo y era como todo nuevo para mi. Estaba medio recién llegado, no conocía nada...y me cocinaste un pastel de papas riquísimo’. ‘Si, me acuerdo’ y se queda pensativo. Se me pone enfrente y me pregunta: ‘¿un beso de despedida?’ y comienza a acercarse. Lo aparto con la mano cuando me doy cuenta que está hablando de un beso de verdad. ‘No, pará…no da’. ‘No pasa nada’ insiste él ‘de verdad, él sabe que estoy acá con vos, está todo bien,,, de verdad’. ‘No sé che…me parece que no da’ insisto yo. El me tiene sujetado con sus manos que están hirviendo, ahí en un rinconcito de la parada donde casi no se ve nada. El corazón se me incendia. Y por alguna razón, paré de resistirme y dejé que suceda. Y nos besamos, un beso de verdad, muy de verdad. Hasta que me solté, suspiré y me separé. ‘Creo que me voy’ me despedí. ‘Nos vemos’ me dijo él todavía agitado, mirándome melancólico a los ojos. Pero en realidad sabíamos que no nos íbamos a ver más. Quizás por otros 10 años. 


Volví a casa caminando. Era casi de noche pero todavía hacía mucho calor. Sentía un fuego en el pecho como cuando te dan ganas de llorar. Pero no era eso, sentía que me faltaba el aire. Era el comienzo de un ataque de pánico. ‘No llores, no te desesperes. todo va a estar bien’ me decía a mi mismo. ‘Respirá profundo, ya va a pasar’...’respirá profundo ya va a pasar’...’respirá profundo ya va a pasar’. Todo va a estar bien. Me apoyé por ahí en una pared, esperando a que se me pasara. 


No sé como hice pero llegue a casa. Exhausto, agotado y taciturno. Al final tenía razón: reencontrarse con un ex nunca sale como uno espera.

Escrito Por Pablo M. Acuña



Pregunta para el foro: ¿Cómo fue tu último reencuentro con tu ex?

miércoles, 19 de febrero de 2020

Un Valentín De Verano


'Te sientes como el verano, me atrapaste el corazón, serás mi Valentín en verano, en verano...Te amo, y no hay nadie superior a vos…¿vos me amás?’ - Childish Gambino




Hace Un Par De San Valentines Atrás…

Una noche de verano derritiéndome de calor en mi depto., seguramente llorando conmovido por alguna serie, suena un match en el celular. Es de la app de citas que hacía mucho no tenía noticias. Otro hombre con foto borrosa meticulosamente misteriosa como para llamarme la atención. Valentín (no se llamaba así, pero digamos que si por el bien de esta columna), unos cuantos años mayor que yo. Mejor. ¿Quién tiene paciencia para dramas adolescentes en verano?. Comienza a mensajearme, me ve conectado. Recuerdo mi regla de no contestar perfiles sin fotos nítidas. Pero dije: ¿por qué no?. Pegamos onda inmediatamente, quizás haya algo lindo acá. De repente no me importaba el calor ¿acaso no es suficiente señal esa?. Sin que se lo pida, me envía una foto, que fotogénica es la bondad ¿no?. Seguimos conversando un rato más. Se estaba haciendo medianoche y me invita a tomar un helado. Lo consulto con el balcón: ¿que tenía que perder?¿por qué quedarme encerrado cuando podía salir un rato a la ciudad?. Me autoempujo a decirle que si: ‘¡Si!’. ‘En media hora estoy ahí’ me dice.


Lo espero abajo algo nervioso, impaciente. Pero no quiero transpirar. Calma. Respirá. ¿Habrá sido ese señor que pasó?¿Me mintió?¿Me equivoqué?. Calma. Respirá. Una bocina me desconcierta. ¡Es él!. Nunca me dijo que venía en auto. Su auto tenía olor a nuevo, pero él se había perfumado también. Parecía un poco nervioso y serio. Yo trataba de no mirarlo tanto, pero tenía un brazo algo hipnótico. De esos brazos levemente marcados. Le indico mi heladería favorita y allá vamos. Tenía una gorra, ‘esto es muy de los 90’s’ pensé. ¿Qué ocultaba?. Inconfundiblemente es él, más joven que en las fotos. Me sonríe. ‘¿Qué?’. ‘Nada’ - le respondo-. ‘Estaba un poco despeinado’ me dice. ‘Mucho viento’, lo cargo. Ahí logra relajarse un poco más. 

Él frutos rojos y limón. Yo ananá y crema chantilly. El se pone algo tenso y ansioso nuevamente, no se esperaba tanta gente a esa hora. Lo saco de ahí: ‘¿querés caminar un poco?’. ‘Dale’. Unas cuadras en silencio después se anima a decirme: ‘No estoy acostumbrado a esto’. ‘Al helado?’- lo cargo otra vez - ‘no pasa nada, menos acá en Nueva Córdoba’. ‘Ya sé...pero no me acostumbro...ya estamos por llegar al 2020 y no me acostumbro’ - me responde -. ‘Entiendo’ le contesto. ‘En Brasil soy más suelto‘. Claro, era A.B. antes de Bolsonaro. Además que allá nadie lo conocía. 

‘¿Querés probar?...’ lo miro pícaro, él sonríe con una cucharada de helado de frutos rojos en la mano. ¿Por qué no? pensé. Le saco la cuchara de la mano, porque hasta yo tengo mis límites. ‘¿Vos querés?...Es ananá’. Le queda una gotita en la barba. Nos reímos. Lo hubiese besado ahí. pero no. Qué lindo todo.

Volvemos al auto. Damos unas vueltas hasta que... ‘¿Querés ir a tomar algo a casa o es muy tarde?’. Finjo dudarlo…’Bueno...dale’. Además, me intrigaba verlo sin la gorra. Apenas subimos el ascensor, se podía sentir la tensión. La más linda de las tensiones. Lo que daría por esa tensión ahora. Entramos y el calor interno nos lleva al gigante y alargado balcón que daba sobre una avenida. ‘¿Que querés tomar?’. ‘Agua fría primero’. Observo la ciudad desde el balcón y pienso: menos mal que me autoempujé a esto. Muchas veces, sobre todo en verano, estoy tirado en el sillón, aburrido, quejándome del calor ¿porqué no hacer esto más seguido?. Aunque seguramente no van a ser tan geniales como esta vez ¿porqué no tirarse y entregarse a la aventura?.

Me apoya el vaso frío en el hombro. Escalofríos del lindo. Se saca el gorro y se pone serio. Trato de no mirarlo tanto. Brindamos con el agua y mientras la tomamos nos miramos como si nos quisiéramos tomar entre nosotros. Me quita el vaso de la mano, los deja por ahí y con sus manos me toma la cara para besarnos. Frutos rojos y ananá.


Después de unos cuantos segundos se cuelga en un abrazo ahí entre las penumbras de su living. El es un poco más alto y grandote que yo. Respiró profundo en mi espalda como si quisiera guardarse el abrazo de recuerdo en sus pulmones. A los besos, me acercó a su habitación y tuvimos de esas sesiones de sexo bien potentes. Toda su reserva y timidez desaparecieron en ese momento. Se transformó en otra persona, más intensa,más pasional también. Se sentía como que ambos habíamos liberado meses de sequía. Y como cuando pasás mucho tiempo sin tomar helado, nos devoramos por completo, sin desperdiciar ni una gota. Por lo general, me pongo algo inseguro con mi cuerpo, pero Valentín me hizo sentir super cómodo en ese sentido, y eso hizo que estemos más relajados y juguetones también. Nuestros cuerpos hicieron click desde el principio. Nos divertimos y probamos todas las posiciones posibles, en la cama, en el piso, contra la pared, TODO.

Al terminar y después de ducharnos ambos, me invitó a quedarme ‘un ratito más’, lo que se transformó en unas horas más. Nos quedamos en la cama relajados y conversando, como si nos conociéramos desde hace años. Como esas charlas de amigos a la madrugada en vacaciones de verano. A oscuras se animó a confesarme algunas cosas personales: el trauma y el rechazo de su familia cuando salió del closet, como gracias a una amiga había logrado escaparse a vivir a Brasil y había dejado todo atrás. Y cómo todo eso lo marcó en sus relaciones, aún hoy. Todo lo que le dolía regresar a la ciudad y encontrarse con algún familiar. Ahí comprendí mejor su discreción y su timidez. Cuando me preguntó por mis relaciones, en ese entonces le conté sobre el Sr. Q y cómo, aunque suponía que nunca iba a suceder entre nosotros, me costaba mucho abrirme a conocer a alguien nuevo. Le conté como tuve oportunidades y siempre me parecía injusto no estar enfocado 100% en que funcione por pensar en el Sr. Q. En ese momento Valentín me señaló que lo había logrado bastante bien con él, pero ambos sabíamos que en unos días él se volvía a Brasil, en un punto, todo era finito entre nosotros. No era lo mismo. Y ahí él me hizo una pregunta que me hizo pensar: ¿No te parece más injusto no permitirte conocer a alguien nuevo?¿Acaso el Sr. Q no se permitió conocer a alguien nuevo? ‘Si’ -le contesté - ‘pero yo soy un poco antiguo en eso, mi corazón y mi cabeza van de uno por vez’. El me entendió. No se lo dije en ese momento, pero haberlo conocido me daba esperanza de que algún día iba olvidar al Sr. Q y avanzar. Las personas como él, los encuentros como este, hicieron que sucediera.


A veces, en esta era de las apps y de descartar a la gente tan rápidamente con sólo un movimiento de dedos, perdemos oportunidades y a gente que quizás nunca más volvamos a cruzar. No digo que no lo haya hecho, ‘todo entra por los ojos’, dicen, pero desde que conocí a Valentín, me autoimpongo y me esfuerzo un poco más en observar, en tratar de quedarme un ratito más en cada perfil. Tratar de absorber toda la info posible y recién decidir. Así como también espero que alguien, alguna vez, haga eso conmigo.

Le pregunté la hora, porque ya era hora de irme. Eran cerca da las 5. Se quedó observando el celular. ‘Ja’...’es 14 de Febrero’ - dijo -. Ambos lo habíamos olvidado por completo, hasta yo el más cursi del mundo lo había olvidado. ‘Feliz Día de los Enamorados’ - le dije - y comenzó otra sesión de besos. ‘Quedate a dormir’ - me pidió - y pensé: ¿por qué no?


Antes de despedirnos nos prometimos algo. Que cada vez que él esté de visita, si estábamos solteros, nos íbamos a encontrar y repetir todo de nuevo. Sin compromiso. ‘Trato hecho’. Sellamos el trato con unos besos más en el ascensor. Y así fue como pasamos algunos San Valentines juntos, conociéndonos más, poniéndonos al día en todo sentido. Algunos los pasamos juntos y otros separados.

Unas semanas antes de éste San Valentín…

Tomé la iniciativa de escribirle yo. Nos habíamos saludado para las fiestas. Me dijo que estaba muy bien. Que había conocido a alguien y que este año decidió no volver a Córdoba para disfrutar sus vacaciones con él. Me puse contento por él, de verdad se lo merecía.

En cuanto a mí, iba a pasar solo este San Valentín, otro de los tantos. Observando la ciudad pensé, que si Valentín lo había podido lograr, yo también podía. El Sr. Q al fin había quedado atrás y por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba preparado para volverme a enamorar de lleno, al 100% como me gusta. Y que quizás ahí afuera en la ciudad, no sólo hay un Valentín de verano, sino uno de cuatro estaciones. Si al fin y al cabo, los helados se toman los 365 del año. Bueno 366, porque no hay que desperdiciar ni un solo día.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: Y vos ¿Tenés alguna historia linda de San Valentín?

jueves, 29 de agosto de 2019

Amor Supremo - Final De Temporada: Parte II


'Cuando no hay amor en la ciudad, este nuevo siglo te tira para abajo. Todos los lugares donde estuviste, tratando de encontrar un amor supremo’
-Robbie Williams



Ahí estaba, cara a cara con el Sr. Q. En esa calle pobremente iluminada, estoy seguro que lo único que se veía era el reflejo de mis ojos llorosos. Esta era quizás la última vez que lo iba a ver, y no estaba listo para despedirme de él. Me guardo la mayoría de las cosas que nos dijimos, ni siquiera recuerdo bien las palabras que me salieron en medio de toda esa neblina de pensamientos. Lo que sí recuerdo es que le dije que lo iba a extrañar muchísimo, él dijo lo mismo. Nos abrazamos fuerte, como nunca antes y recuerdo que me salió decirle algo así como que cuando nos volviésemos a ver, todo iba a ser diferente. 

No le pude decir ‘Te Amo’, porque en el fondo, yo sé que él lo sabía. No era necesario, supongo que sentirlo es mejor que escucharlo. Como el verdadero amor en sí. Me tenía que arrancar de ese momento antes de comenzar a llorar fuerte. Le dije que se cuidara y que escribiera de vez en cuando. Y me fui. No quería mirar atrás para que no me viera llorar. Pero a penas llegué a la esquina, me desahogué en la Cañada. Regresé a mi casa llorando todas las lágrimas que había acumulado y bloqueado. Ni siquiera me daba vergüenza la gente en la calle. Por un tiempo no salí de mi casa, no vi a nadie, no hice nada. 


Unas semanas después había llegado el gran día. La boda de uno de mis mejores amigos. La primera boda gay del grupo. Y había que celebrarla con todo. Viajamos a Traslasierra al civil y a ayudar con los preparativos de la boda. Ese aire fresco y el amor de mis amigos era todo lo que necesitaba para sobrevivir el duelo.

En el colectivo, mientras veía todos esas hermosas montañas pensaba en el Sr. Q. En que cosas estará haciendo. Si me extraña todos los días como yo a él, si me extraña el doble todos los domingos como yo a él. Y recordaba todo lo que habíamos vivido juntos. La primera vez que lo vi realmente por lo que era y no por lo que demostraba ser. La primera vez que apoyó su cabeza en mi hombro y sentí que se me frenó el corazón. La primera vez que me besó, sin querer en los labios, o quizás fue queriendo. Esa vez que dormimos en la misma habitación y que no pude pegar un ojo en toda la noche. Esa vez que me abrazó y se le paró y nos hicimos los que no sentimos nada. La primera vez que me rompió el corazón y se acostó con un amigo mío. La primera vez que sentí que me miró diferente. La primera vez que conversamos sin esas barreras que nos ponemos. Esa vez que me agarró la mano en medio de la lluvia torrencial volviendo a casa. Todas esas veces. De la primera a la última. Y entonces pensé que quizás nada de esto hubiese sucedido si hubiésemos estado en una relación desde el principio. Quizás todo se hubiese acabado a las dos semanas y ahora ni siquiera nos reconoceríamos en la calle. Quizás solo sucedió lo que tenía que suceder y eso es todo. Fue amor, es amor y será amor. 

Nos encontramos. Eso pensaba mientras filmaba el civil de mis amigos con el celular, tratando de no lagrimear para no mover el pulso. Con lo difícil que es encontrar el amor en estos tiempos, en este mundo, NOS ENCONTRAMOS. ¡Y que bueno que haya sucedido!.

Como mis amigos que se casaban ese día. Recuerdo el día que se conocieron. Mi amigo estaba descreído del amor. Acababa de terminar una relación y no quería saber más nada de volverse a enamorar. Eso me decía esa noche que íbamos caminado hacia Güemes a festejar el Día del Amigo en Milk . Estaba totalmente abatido y desesperanzado. Y esa misma noche, entre el grupo de amigos, le presenté a otro de mis amigos. Nunca se habían cruzado. Los senté uno al lado del otro. Para los que no creen que existe el amor a primera vista y los flechazos, esa noche existió y la química entre ellos fluyó instantáneamente. Cuando volvimos esa noche, ambos estábamos sorprendidos y él me confesó que estaba enamorado. Unos pocos años después estábamos acá, yo acomodándole la corbata para su Civil. Mientras el se fumaba su último pucho de soltero, recordábamos todo esto y que rápido sucedió todo. Ya podía sentir la emoción comenzando a apilarse en mi cuerpo. Después del arroz a la salida del Civil dimos vueltas a la plaza y todos los conocidos saludaban a los recién casados. Y ese ritual que me pareció siempre una tontera, en este día era lo más lindo del mundo. Porque eran mis amigos los que se casaban. 


Al otro día durante la ceremonia de los votos, hasta el más escéptico de mis amigos lagrimeó. Todos lagrimeamos. Todos estábamos ahí y aunque llovía y había neblina, lo que sentíamos era claro, era amor supremo. La fiesta estuvo igual de llena de amor y de diversión, estábamos ahí todos juntos y compartiendo un momento único. 

En el medio de la fiesta, me fui a lavar las manos y de repente un desconocido se me acercó y me preguntó si me llamaba Pablo. Por un microsegundo pensé que la conversación iba a ir por otro lado. Cuando le dije que sí, me dijo que era amigo de Mateo. Me cuestionó porque nunca más le contesté y qué había pasado. Le expliqué que tardé en responderle y, cuando lo iba a hacer, Mateo me había bloqueado de todos lados. Así que era imposible comunicarme con él. Le dije que estaba dispuesto a hablar con él si me desbloqueaba. ¿Cómo se había colado este drama en esta fiesta? No tenía idea. Semanas después seguí esperando que Mateo me desbloqueara, pero nunca sucedió.


Esa noche, mientras las neblinas bajaban desde las montañas, y todos bailaban los últimos temas lentos de la fiesta. Me imaginaba lo lindo que sería tener al Sr. Q ahí bailando conmigo. Y de cuánto lo iba a extrañar a él y a todo lo que nunca pudimos vivir. Quizás en otra vida, quizás esté sucediendo en un universo paralelo. Me encantaría estar en ese universo ahora bailando con él.


Así satisfechos de tanta paz y felicidad llegó a su fin nuestra primera boda gay. 

Al volver a mi departamento, éramos solo yo y ese sentimiento de soledad, esa sensación de que ya no iba a haber Sr. Q por un largo tiempo y de que me iba a tener que acostumbrar a la idea de que no iba a volver. Pero mi deseo era que ambos volvamos a encontrar un amor como este. ¿Acaso eso no es el amor más supremo que existe?¿el amor más allá de todo?

Por suerte unas semanas después tenía que viajar a Buenos Aires para ahogarme con películas en el Festival de Cine Independiente. Mientras esperaba un taxi apareció un chico a lo lejos. Me resultaba familiar. Era Martín, mi ex número 2. Era imposible olvidarme de esos ojos penetrantes, de sus cejas frondosas y de su mandíbula tan...besable. Hacía seis o siete años que no lo veía, ni sabía nada de él. Estaba igual a como lo recordaba, con algunas canas sexies. Nos abrazamos. No lo podíamos creer. ‘¿Cómo andás?¿te vas de viaje?’ me preguntó. ‘Si, por unas semanas…¿Cómo estás? Tanto tiempo….’ todavía sorprendido. ‘Muy bien…’ me respondió y se hizo un silencio. Ambos queríamos seguir la conversación, pero justo conseguí un taxi. ‘¿Querés que nos juntemos cuando vuelvas?’ me preguntó. ‘A tomar algo, nos ponemos al día’. ‘Dale, sí’, contesté entusiasmado. ‘Te escribo’...’por facebook’, aclaró. ‘Dale, sí’, recordando que nos teníamos todavía. 


Mientras me alejaba en el taxi me preguntaba ¿Cómo alguien puede dejar esta ciudad? Si está llena de historias y de amores supremos. A veces se desencuentran, a veces se reencuentran y a veces, están ahí, sólo hay que dejarse querer encontrar. 

Nos vemos en la próxima temporada….
Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Cuál fue tu historia de amor supremo?