lunes, 18 de junio de 2018

Buenos Aires Horror


'Algo nos acecha a la distancia, desde los muertos brillan fragmentos de luz...Se acerca la oscuridad y será nuestro fin. A veces, cuando todo está perdido, bebemos de la fuente de la juventud y no envejecemos más. A veces, volamos de nube en nube, volamos lejos, nos perdemos y no nos encuentran jamás' - Miami Horror




[ Leé la Primera Parte de este viaje haciendo click acá] 

A la mañana siguiente, desperté feliz en la baticueva de Batman, ahí me di cuenta lo que extrañaba esto. Despertar con alguien al lado, sentir el calorcito de otro cuerpo en la cama, hasta sentía que había dormido más plácidamente que de costumbre. Su espalda, besable, sus hombros con rastros de la noche anterior, todo muy acariciable. Pero no quería despertarlo de su profundo sueño. Ya no estaba con Batman, estaba con Bruno Diaz.

De repente, a lo lejos se escucha el celular llamando, su celular. El se despierta y sale disparado a atender en secreto, yo cerré los ojos y me hice el dormido. Un poco intranquilo, me preguntaba si era su novio diciéndole que estaba en camino, miré a mi alrededor para ver donde había ido tirando mi ropa. Cuando volvió a la habitación, le pregunté directamente: ‘ ¿Quién era?¿tu novio?’, haciéndome el relajado. El sonrió y se sorprendió por mi pregunta. Claro, durante toda la noche, no habíamos mencionado su relación abierta. Antes de contestarme, se quedó pensando unos segundos con una cara de entre pánico y ternura. Me dijo que era su padre, de repente, no me sentía tan relajado, es más, hasta me arrepentí de preguntarle eso, quedó como que le estaba exigiendo explicaciones o algo. Por suerte el si era relajado y se lo tomó con gracia. Le dije que estaba investigando para mis columnas, investigando sobre las parejas abiertas. ‘¿Cómo sabes?’ -me interrumpió. Le recordé que en su perfil de Scruff especificaba eso. Me dijo que no recordaba haberlo puesto. Además le expliqué que todo su departamento lo delataba.

Se puso un poco serio para profundizar. Se acostó en la cama y pensativo me comenzó a contar todo como en una sesión de terapia. Me dijo que habían estado juntos casi 8 años, de los cuales convivieron 2 y no les fue muy bien. La idea de abrir la relación nunca fue de él y de hecho, le sorprendió la propuesta. Al principio le costó aceptarlo, pero lo intentó porque no lo quería perder. Y por unos meses, lo lograron. Se divertían, la pasaban bien, parecía que habían descubierto la clave de las relaciones y se sentían unos genios. Pero después de unos meses, eso también se volvió rutinario.

Más tarde una mirada de más provocó que empezaran los celos, los secretos, la incomodidad y decidieron abrir la relación. Cada uno podía hacer las cosas por separado. Propusieron unas reglas y como el cariño entre ambos todavía era muy fuerte, les funcionó. En eso estaban ahora. Cada uno en la suya, por semanas están juntos y conviven. Y por otras semanas no. De todas formas, Bruno me dijo que le estaba costando, porque siente que no siempre pueden estar juntos cuando se extrañan o cuando se necesitan, y para eso, directamente era conveniente terminar la relación. Además esto de abrir la relación le hizo conocer gente copada, con la que quizás le hubiese gustado estar más tiempo, y debido a estas ‘reglas’ , las terminó perdiendo. Estaban como estancados. La charla se puso seria y el también, pero también parecía aliviado de contarlo. Se levantó de la cama y me invitó a quedarme a desayunar.


Me preguntó qué haría yo. Le dije que le explicaría esto mismo que me había dicho a mi. Que quizás podían volver a intentar rebobinar la relación a como era antes o seguir adelante. Porque así estaban estancados en algo que no les cierra. Esa impotencia de avanzar siempre termina explotando y quizás hasta le termine tomando bronca. Eso es peor. El asentía con la cabeza callado. ‘Si yo lo entiendo, ¿cómo no lo va a entender alguien que te conoce y quiere hace ocho años?’ le dije. Podía ver lo que le pasaba a Bruno por la cabeza, esa sensación espantosa de pensar que vas a perder a alguien para siempre. Cerró el tema con un beso (en realidad unos cuantos besos más), quería que me quede un rato más. pero me tenía que ir. Me acompañó a la puerta: ‘¿La pasaste bien?’- me preguntó-. ‘Muy bien’. ‘Nos vemos, Clark’, bromeó y me dio un chape de despedida. Aunque sabía que por esas ‘reglas’ de su relación abierta, quizás no lo iba a volver a ver nunca más.

Mientras volvía al hotel, todo se veía diferente. La humedad pegajosa, la gente que antes me parecía sexy, ahora parecían zombies caminando hacia sus trabajos, malhumorados, se tocaban bocina con furia rabiosa, se puteaban. La ciudad parecía más sucia. La gente que corría alrededor de la cuadra haciendo crossfit: demacrados, ojerosos, no parecían seres humanos. Entre toda esta oscuridad, me sentía super feliz por la noche que había pasado con Bruno. Mi celular comienza a sonar de repente y me asusto. Era mi amigo que quería arreglar lo del recital de la noche, estaba un poco ansioso.
Pero antes necesitaba dormir un rato para estar más fresco al acompañar a mi papá al hospital. El sueño profundo rápidamente se convirtió en una pesadilla horrible en la que había mucha gente llorando, entre esas personas estaba el Sr.Q. La alarma me salvó. No tenía tiempo de analizarlo, tenía que ducharme y salir.

En el hospital mientras mi papá entraba a hacerse los estudios, me quedé esperando solo. Mi mamá llamaba todo el tiempo preguntando como iba todo, se la notaba preocupada y nerviosa. Yo también lo estaba, trataba de distraerme mirando algún doctor o algún enfermero que pasaba por ahí. Durante todas esas largas horas de espera, pensé en lo que me había dicho Bruno, en lo de tener a alguien al lado cuando realmente lo necesitas. Y obviamente eso me condujo a un temible espiral de pensamientos: cuando sea viejo y necesite hacerme estudios ¿quién va a estar a mi lado? ¿alguien va a estar preocupado y nervioso por mi?¿alguien va a estar esperando que mis estudios salgan bien?¿a alguien le va a importar?.


Por suerte todo salió bien, llevé a mi padre a merendar y celebramos como se merece. Aún así, esa noche, tenía todavía más ganas de festejar. . Llegamos con mi amigo a Crobar, a la fiesta MSTRPLN. Mientras esperábamos para entrar, nos pusimos al día en nuestras dramáticas vidas sentimentales, ya queríamos entrar y ahogar nuestras penas. El lugar era gigante y estaba repleto, la noche estaba espectacular, parecía una noche de verano, pero de esas lindas, esas frescas y agradables. Más tarde estábamos listos para el recital de Miami Horror. Atravesamos todo el río de gente para llegar lo más adelante posible y estar con los que poguean. Así de energizados estábamos. Llegamos cerca de un grupito de extranjeros y nos hicimos amigos de ellos. Frank era de Washington y era más alto que Frankenstein, un Frankenstein rubio. Se agachaba para sacarme charla y yo apenas lo escuchaba. Me preguntaba cosas sobre la banda, si los había visto antes y demás. Me tomaba del hombro y cada vez se acercaba más. Mi amigo me guiñaba el ojo disimuladamente. La banda comenzó y la pasamos espectacular. Gritamos los temas, bailamos y agitamos. Fue como volver al 2007, como tener 24 otra vez. Subí algunas historias de instagram de la banda.


Cuando terminó el recital, seguimos bailando un rato, pero mi amigo recibió un mensaje. El chico que le gustaba lo invitaba a una fiesta a una casa. Le dije que fuera, que no se preocupe por mí. ‘Sólo se vive una vez’ le dije y sabía lo importante que era para él (de hecho lo fue). Me quedé solo en la fiesta, como hace años no sucedía. Extrañaba a mis amigos. Fui por un trago a la barra que estaba explotada de gente, por lo que decidí ir a otra. Me di cuenta que a un costado de la pista, había un túnel oscuro y tenebroso que llevaba a quien sabe dónde. No lo había visto antes. Me metí y me encontré con otra pista diferente. Había otro dj con música electrónica. La barra estaba vacía. Fui a comprar un trago y me quedé bailando por ahí un rato. Un chico apareció de la nada y comenzó a hablarme. Me asusté y se rió. Me preguntó si estaba solo. ‘¿En la vida?’ pensé para mí mismo. Le dije que sí (por lo general digo NO, pero quería ver qué pasaba). Me invitó a bailar con sus amigos, que la verdad no parecían estar en este plano astral. Entre baile y baile comenzamos a conversar. Todavía no estaba seguro de sus intensiones, hasta que me invitó a sentarme un rato, para ‘descansar’. Ahí me quedó más claro. Cuando se dio vuelta vi que tenía piercings en la nuca. Me pareció sexy. Empecé a sentir buena onda de su parte y me relajé. Sin querer me tocó las manos y se dio cuenta que estaban heladas nivel cadáver (como siempre). El parecía tener fiebre. Le toqué la frente en broma y parecía derretirse. Me llevó a un pasillo que estaba medio vacío y se inclinó para besarme. Me dejé llevar (por lo general no lo hago pero: sólo se vive una vez).


Una de sus amigas vino a buscarlo un poco abruptamente y no escuché mucho que le dijo, pero parecían estar discutiendo de algo. Parecía que iba a ser una discusión larga y tantos besos me habían dado sed, así que fui a buscar otro trago a la otra pista.

A lo lejos vi que Frankenstein ya había encontrado una nueva pareja. Y no era un hombre. Mientras esperaba que me dieran el trago. Me escribieron en la historia de instagram. Sorpresivamente era el Sr. Q, que me preguntaba sobre el recital. Le contesté inmediatamente (por lo general cuento hasta 100), y me contestó ‘Quiero estar ahí!’ y unos emojis de llanto. ‘A mí también me encantaría que estés acá’, pensé para mí mismo, pero recordé que él estaba de novio, así que contesté algo genérico. También recordé mi pesadilla y de repente todo tuvo sentido.

Traté de volver a la otra pista con el chico de los piercings, pero la compuerta del túnel ya no estaba, el portal se había cerrado y no había forma de volver al otro lado. Era una conexión al otro boliche que solo se abría por un rato en la noche. Frankenstein me vio a lo lejos, me invitó a bailar con él y sus amigos nuevamente. Me quedé moviendo el esqueleto con ellos hasta el final.
¿Cuál es la moraleja de este cuento de terror? Por más que el miedo nos paralice, a veces, hay que dejarse llevar, porque nunca se sabe cuándo se va a cerrar un portal, o cuando se nos termina el tiempo en este plano astral. Sólo se vive una vez y la fuente de la juventud quizás sea animarse a hacer esas cosas que nos dan más temor. Y, por más que parezca que estás monstruosamente solo, siempre hay algún fantasma que se muere por estar ahí con vos.

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Qué es lo que más te da terror del futuro de tu vida sentimental?

miércoles, 14 de febrero de 2018

Pensamientos Salvajes


'Cuando estoy con vos todo lo que tengo son pensamientos salvajes, ven a verme en el medio de la noche y te muestro sobre el amor' - Hobbie Stuart


¿Te gusta que te muerdan? -me preguntó- Le contesté que sí y le gustó. Me preguntó en dónde específicamente, le contesté y le gustó aún más. Así eran los mensajes que nos mandábamos con Batman (le decía así a Sebastián, porque en uno de sus perfiles salía con una máscara de Batman). Con el que había coincidido en Tinder, en Scruff y en otras apps de citas. Por conflicto con nuestras agendas no pudimos encontrarnos en Córdoba, pero justo me surgió un viaje a Buenos Aires y habíamos arreglado vernos ahí.

Durante el viaje nos mensajeamos sobre el encuentro, lo que íbamos a hacer y hasta sobre posiciones sexuales que íbamos a hacer. La charla se ponía cada vez más hot y también recibí algunas fotos de él, que por cierto estaban bastante buenas (en todo sentido). Mientras mi parte animal quería saltar adentro de las fotos, mi parte racional no quería generar tanta expectativa, para que después no se desinflen. Pero había un tema que estábamos evitando: en sus perfiles decía que tenía una relación abierta y todavía no lo había mencionado.

No me preocupaba tanto el tema de la relación abierta en sí, sino más bien las reglas técnicas. Es decir, esto de las relaciones abiertas está de moda hace mucho, no es algo nuevo. No es que no haya estado con gente en relaciones abiertas (a veces sin saberlo); más bien me preocupaban cosas como si íbamos a tener sexo en el departamento de los dos, hasta si lo iba a poder besar en la boca. No sé, cada pareja tiene sus reglas en esto de las relaciones abiertas. No sabía si iba a ser algo por única vez o si podíamos vernos todas las veces que quisiéramos. Esas cosas. Pero bueno, cuando sos 'el otro', lo mejor es relajarse y dejarse llevar por el instinto.

Para relajarme entré al MALBA un rato a ver una muestra. No sé si les pasa, pero hay días que no me siento para nada sexy, y después hay otros en que si y, de repente, todo me parece sexy. Todo a mi alrededor me calienta. Este era uno de esos días. El brazo del guardia del MALBA que me abrió la puerta, los labios de la chica que me vendió la entrada, la arquitectura y hasta la muestra que era bastante minimalista me parecía sensual, tenía ganas de tocarla. Me vibra el celular, era un mensaje de Batman pasándome los datos de su departamento donde nos íbamos a encontrar. Me mandó unas 'nudes' desde el baño de su oficina, en broma, porque le había dicho que me daban gracia esas cosas. De todas formas me calentó igual. Me dijo que no veía la hora de verme, que me alimentara bien porque iba a necesitar energía a la noche. Eso también me calentó. Volví al hotel rápidamente porque estaba un poco lejos. En el camino recibí un mensaje de un amigo de Buenos Aires para salir el finde, quería que vayamos a ver la banda Miami Horror. Le dije obviamente que sí.


Mientras el taxista hacía un monólogo sobre algo que no me interesaba para nada, me distraía pensando en lo que iba a ser esa noche. Pensamientos salvajes se me cruzaban por la mente. Pensaba si masturbarme para ir más relajado o si autocontrolarme. La gente que nos cruzábamos en los semáforos tampoco ayudaba. Mucha gente haciendo ejercicio, transpirados y con shorts bastante cortos. Con mandíbulas, barbas y labios que podía morder por horas, en mi mente abría la puerta y me abalanzaba a ellos y les decía de todo al oído. Mi mente debe haber estado enviando energía sexual en voz alta porque uno de ellos se dio vuelta y me sornió. Toda la calentura se bajó cuando el taxista me dijo el precio del viaje.

Esa noche, mientras esperaba la batiseñal, mi papá me mensajeó diciéndome que su turno para hacerse los estudios era a la tarde. Recordemos que ese era el objetivo de este viaje: acompañarlo. Eso me tenía algo tenso y nervioso, por lo que esta noche con Batman me iba a servir para despejarme también.

Esos últimos minutos de espera antes de encontrarte con un desconocido, se te empiezan a cruzar todo tipo de pensamiento por la cabeza. Pensamientos como: ¿será peligroso?¿cuál va a ser mi estrategia si la situación se torna oscura?¿a quién puedo llamar?¿a quién le aviso dónde voy a estar? y todo eso. Acá era donde volvía a entrar en juego el instinto, y claro la experiencia también. Por lo que sabía de él, sentía que iba a estar todo bien.

Caminé hasta su departamento porque quedaba cerca, mis ganas hicieron que llegara antes de lo esperado. Antes de tocar el timbre, di vueltas por la cuadra para relajarme. Desde un balcón, un gatito me seguía con la mirada, no entendía que estaba haciendo. La noche estaba perfecta: una noche fresca pero despejada, divisé la luna creciente entre los edificios. Todo iba a estar bien entonces.

Toqué el timbre en la baticueva, me atendió y el portero, que era bastante parecido a Alfred por cierto, me abrió la puerta y me llevó hasta el ascensor. Me sonrío como si supiese algo de lo que estaba por suceder. Me vi por última vez al espejo, la puerta se abrió y me estaba esperando ahí, me asusté un poco. El se sonrió. Me abrazó como si me conociera de toda la vida, creía que iba a ser más frío, pero no. Me acarició la espalda en el saludo y después me tomó de la mano llevándome hacia su departamento. El pasillo era largo y la luz se apagó automáticamente. Se frenó y me apoyó contra la pared. -Hola, me susurró, inclinó su cabeza y me preguntó: -¿Puedo?. Le dije que si y comenzamos a besarnos en la oscuridad. El beso se estaba poniendo demasiado salvaje, y me encantaba. Sentimos el ascensor en movimiento y nuestra excitación se estaba acelerando ahí abajo entre nuestras piertas. Lo sujeté de las costillas firmemente y le dije que entráramos a su departamento. -Está bien- se soltó- Me calmo, no te quiero gastar- sonrió y abrió la puerta.


-¿Querés tomar algo?- me preguntó, después de esos besos quedamos con mucha sed. -¿Que vas a tomar vos?- le pregunté- me levantó una botella de Campari- Dale - le dije. Mientras preparaba el trago, exploré su departamento, un departamento digno de diseñador gráfico: las repisas, sus libros, su música, todo bien acomodado. Llegué hasta su balcón, tenía una vista muy linda y despejada, lo que es bastante difícil de encontrar en los departamentos de Buenos Aires. Rápidamente me di cuenta que dos personas vivían ahí, pero no dije nada. Trajo los tragos al balcón, brindamos y nos miramos. ¿Les dije que tenía ojos azules superpenetrantes?. El balcón no era tan grande, por lo que estábamos demasiado cerca. Conversábamos de algo que no recuerdo y me tocó el brazo. -Estás helado-me afirmó, le contesté que siempre tenía las manos frías. El por el contrario parecía una estufa. Me frotó un poco para darme calor y me invitó a entrar.


En el sillón conversamos un poco más, me preguntó sobre mi papá y yo sobre su familia también. Me contó que su madre falleció cuando era chico y su padre lo crió pero no volvió a formar pareja. Inmediatamente cambió de tema y me dijo que nunca había estado con un cordobés. Le expliqué que en realidad era santiagueño, aunque como era adoptado, en realidad podía ser de cualquier lado, 'como Superman'  me dice (un chiste interno que teníamos). Me preguntó sobre estas columnas y si iba a escribir sobre él. Le dije que probablemente. Entre los silencios se sentía como el deseo se nos salía por los ojos. Dejamos los vasos en una mesa ratona y comenzó a acariciarme. -¿Estás bien?-me preguntó. -Muy bien -le contesté. Y ahí no aguantamos más y comenzamos a besarnos como animales. El sabor a naranja hizo todo muy placentero. No podíamos parar. Bruscamente nos tiramos al sillón, me preguntó si podía levantarme la remera y comenzó a comerme a besos las costillas. Cada vez me mordía con más intensidad y me preguntaba si me gustaba y si lo podía hacer más fuerte ¿quién dijo que el consentimiento no puede ser sexy?. Mientras yo asentía iba subiendo de un lado y del otro hasta llegar a morder esa esquina entre el brazo, la axila y el pectoral. De la exaltación, sin querer, tiró y rompió el vaso con lo poco que quedaba del trago. Tuvimos que parar. Le ayudé a levantar los pedazos y llevarlos a la cocina. Y ahí seguimos besándonos un poco más contra los aparadores, en la mesada, contra la cocina. Me preguntó si quería ir a la habitación y ahí fuimos.


Tenía una cama de dos plazas, bastante grande, por suerte. En ese momento ya me había olvidado totalmente lo de la relación abierta. Nos fuimos desnudando el uno al otro entre besos y mordidas. Y ahí si comenzó Batman vs. Superman. Hicimos todo lo que habíamos dicho que íbamos a hacer en los mensajes y mucho más. Aprovechamos cada centímetro de nuestros cuerpos, no nos quedó ningún espacio sin saborear. De repente frenó y abrió el cajón de la mesita de luz. -Mirá que compré- con cara deemoción sacó preservativos con tachas, recordó que la había dicho que me gustaban. Su cara me dio ternura más que nada ¿quién dijo que el amor y el sexo no van de la mano?. Todo se puso más salvaje y, por momentos, bestial. A veces la piel y la química sexual hacen todo el trabajo. Terminamos exhaustos, felices, hasta dormirnos en los brazos del otro.



A la mañana siguiente nos despertó un celular que sonaba a lo lejos. El había dejado su celular en el sillón o por ahí. Se levantó a atender. Traté de escuchar con quien hablaba y sobre qué. Cuando volvió a la habitación, vio que estaba despierto. Se acercó a darme un beso. Le pregunté sonriendo -¿Quién era, tu novio?. Sonrió y se quedó sorprendido por la pregunta. Se quedó sin palabras unos segundos antes de contestarme...

Continuará...

Escrito Por Pablo M. Acuña



Pregunta para el foro: ¿Estuvise alguna vez con alguien que esté en una relación abierta?

jueves, 5 de octubre de 2017

El Amor Existe


'El tiempo no se desperdicia, solamente aprendemos, a tomarlo con calma y esperar nuestro turno. Aguanté mi respiración porque creí, que me ibas a encontrar, amor real'. - Clean Bandit & Jess Glynne


Es difícil saber cuándo dejar de buscar el amor. Nunca sabes si estás haciendo bien en quedarte con los brazos cruzados y esperar a que aparezca solo o jugarte y esforzarte para conseguirlo. Al menos es lo que me pasa a mí todo el tiempo. A veces le pongo demasiada energía y eso perjudica todo. Pero si me relajo demasiado siento que estoy esperando que me caiga del cielo, siento que eso nunca me va a suceder. No a mí, quizás hay gente que sí, pero no a mí. Si recorro en mi mente, salvo la primera relación, tuve que trabajar y hasta en algunos casos luchar y competir por ellas. Quizás Sebastián tenía razón cuando me dijo que no estaba listo para una relación o que no quería estar listo. Que prefería estar con mis amigos. No sé si eso es del todo cierto. A ver, es verdad, para mi estar con mis amigos es importante ¿La amistad es más importante que el amor? Puede ser que en mi caso sí. Yo voy a seguir pensando que no es bueno para una pareja el encerrarse en sí misma, eso es lo que las termina destruyendo. Para mí, es importante que cada uno siga juntándose con sus amigos, tengas sus espacios para hablar del otro con sus amigos y hasta me parece que sirve para descargar muchas tensiones de la convivencia. Escuchar lo que opinan tus amigos está bueno, tener diferentes puntos de vista en una relación ayuda en todo para mí.

Más allá de que los amigos me importen y mucho, sigo pensando lo que pienso desde la primer columna que escribí hace más de 10 años, no sé de donde, no sé cómo, ni siquiera sé porque pero siento que un día voy a encontrar un gran amor. Que el amor real existe y que algún día lo voy a encontrar y se me va a dar. Ni yo mismo sé que es lo que me motiva esa esperanza. Llámenle intuición, llámenle inocencia, ingenuidad, llámenle locura fantasiosa, estupidez. No me importa. No le tengo miedo a la palabra, no tengo ese mambo. Sé que está por acá y que lo voy a encontrar.

Durante los siguientes meses, tuve algunas pruebas de que el amor existe...

SEBASTIÁN:


Sebastián me planteó esto de estar listo para una relación porque le conté que mientras nos estábamos conociendo estuve con otro chico. Si, quizás no fue la mejor idea, quizás debería habérmelo guardado y ahora estaríamos de novios. Pero así como yo no estoy preparado, quizás el tampoco lo está. Si al primer mínimo inconveniente se va a rendir y va a salir corriendo ¿cómo va a hacer cuando tengamos un problema de pareja de verdad?

Unos meses después de nuestra discusión, Sebastián volvió a escribirme para ver como estaba. La verdad me alegró mucho su mensaje. Le pedí perdón por cómo había actuado y le agradecí que me volviera a hablar, porque de verdad sentía que mis sentimientos por el eran reales, que lo había llegado a querer sin siquiera conocerlo del todo. El me aceptó las disculpas y me acepto que quizás había sido un poco tajante, pero de verdad su anterior relación había sido tortuosa, llena de mentiras, infidelidad y veía que se estaba repitiendo todo. Me pregunto si esta es la verdadera solución a la infidelidad, porque todos nos llenamos la boca diciendo: 'de la muerte y de los cuernos no se salva nadie', pero cuando te pasa en primera persona y lo sufrís y la pasas realmente mal ¿Te dan ganas después de lastimar a alguien así y serle infiel? Una de las últimas veces que hablamos, le pregunté si estaba saliendo con alguien. Me dijo que 'estaba en eso'. Le desee lo mejor y ahora está todo bien. De vez en cuando nos escribimos pero nunca volvimos a tirarnos onda, lo que me hace suponer que está con alguien. Que está bien con alguien, que encontró el amor. Algunos lo pierden, otros lo encuentran.


El SR. X:

La primera vez que lo crucé, no sabía que me lo había cruzado. Fue en la fila del supermercado. Por lo general siempre estoy escuchando música, tratando de relajarme durante esas filas que no avanzan y es ahí cuando observo a la gente. En mi mente hago un juego, trato de adivinar como es la vida de alguna persona de acuerdo a lo que compran. Les invento una historia de vida. Que se yo, cosas de escritores. Adelante mío, pero en otra fila, un chico bastante alto. Nunca pude verle la cara. Claramente venía del gimnasio, por su ropa y por su cansancio al avanzar en la fila. De su canasta sacó: verduras varias, unos jugos en sobre, un aceite chico, una bolsa de Doritos y un yogurt. Me quedaba claro que era soltero. Tenía una cadenita que le hacía picar el cuello y se la acomodaba todo el tiempo. Justo cuando estaba por darse vuelta para dejar el canasto en el piso, era mi turno en la caja. Cuando volví a mirar, ya no estaba. La segunda vez que nos vimos yo volvía a mi casa y el venía del gimnasio otra vez, al principio no relacioné que era él, hasta que comenzó a acomodarse la cadenita. Casi nos chocamos, pero al esquivarnos nos vimos a la cara. El se quedó mirando como si me conociera. Yo tuve esa misma sensación. Nos seguimos con la mirada unos microsegundos y seguimos nuestros caminos. Así es como se siente un flechazo.

La tercera vez que nos vimos, sucedió semanas después. Y fue mucho más fuerte. Yo casi que me había olvidado. Había pasado por el gimnasio varias veces y nunca estaba. Hasta uno de esos días que estuve enfermo y fui desganado al supermercado con la última fuerza que tenía. Cuando volví, pasé por el gimnasio y de repente, los dos al mismo tiempo volteamos a mirarnos. Los dos nos quedamos sorprendidos de que justo miramos al mismo tiempo. Fue tan extraño que nos dio pudor y dejamos de mirarnos. Todo era como una gran señal. Inmediatamente volví a mi casa y traté de buscar cualquier tipo de información en Facebook: nada, en Happn: nada, en Tinder: nada, en Scruff: nada, en Grindr: y ¡apareció!. Tenía su cara, no lo podía creer. No estaba desnudo y sin cabeza, no lo podía creer. (además de que suma un montón). No tenía ni nombre, ni edad, ni nada, no lo podía creer. Capturé su foto con el celular y mandé a investigar a mis amigos informantes del FBI Gay, pero no lo conocían. Mientras pensaba que decir o como saludarlo. De repente se había movido, ahora estaba a unos cuantos kilómetros, no vivía cerca de mi casa. Lo guardé en favoritos y entonces desapareció. Es decir, eliminó su cuenta. Me arrepentí toda la vida de no haberlo saludado inmediatamente. Pero quien sabe, tengo la sensación de que me voy a volver a cruzar con él, en vivo y en directo. Y en ese caso, me animaría hasta a saludarlo, a hablarle. Porque si el destino quiere, hay que hacer caso.


BATMAN:

A Bruno también lo conocí por redes sociales, en realidad, en todas: coincidimos en Tinder, en Happn y hasta en el match de Scruff. Tenía cara de extranjero, yo creía que estaba de vacaciones. Pero no, era de Buenos Aires y había venido a un congreso. Barba y unos ojazos azules profundos. Le decía Batman porque no solo se llamaba Bruno, sino también porque tenía en una de sus fotos, una con la máscara de Batman. El me retrucó y me decía Superman (por mis anteojos claro). Me preguntó si quería que recreemos la película Batman Vs. Superman. Me hizo gracia. Pero había un problema, o dos, el no tenía lugar y yo tampoco. Mi papá había venido de visita a mi depto, y además, había quedado en acompañarlo al médico. Por lo que me era imposible juntarme con él. Bruno se iba esa madrugada. Le decepcionó porque me dijo que no había pegado onda con nadie y tenía muchas ganas de tener sexo antes de irse y todos le deban mil vueltas. Le dije que siga buscando, que alguien iba a encontrar. Más tarde me escribió para contarme que conoció un chico y me pidió consejos de a donde ir y qué hacer. Pero finalmente, el chico lo dejó plantado y no pudo estar con él. Se sintió bastante mal, lo entendí, porque me pasó varias veces. Eso de estar esperando y no saber si vino, te vio y se fue o si ni siquiera le importó avisarte. Se iba con un sabor amargo.

Pero en medio de esta mala noticia, me enteré que la próxima semana mi Papá me invitaba a Buenos Aires a que lo acompañe a hacerse más estudios. Le dije a Bruno que nos podíamos encontrar y se puso contento. Claro que investigando más de su vida me di cuenta de algo: en su perfil decía 'En una relación abierta'. Íbamos a tener que hablar de eso. ¿Hacia este tipo de relaciones estábamos yendo?¿pero estamos realmente tan evolucionados para llevarlas a cabo? ¿cuáles son las reglas que hay que establecer para una relación así?¿el verdadero amor está en liberar sexualmente al otro?¿es esta la verdadera solución a la infidelidad?. Estas eran algunas de las muchas preguntas que tenía para Bruno.


Despidiéndome de Córdoba por unos días, me preguntaba cómo iba a ser mi próxima relación. Iba a ser una con alguien como Sebastián, alguien que me haga reír y realmente quiera estar conmigo pase lo que pase. Un nuevo amor como el Sr. X, que el destino nos vuelva a cruzar y comenzar a construir algo lindo desde cero. Ser parte de una relación abierta como con Bruno y disfrutar de la liberación de los impulsos sexuales. O quizás alguien como el Sr. Q, alguien que me cambie todas las estructuras y a quien amar, aún estando separados, aún estando lejos de él. Quien sabe cómo será, lo importante, es que sea amor de verdad.

En el viaje recibí la invitación al casamiento de mis amigos Damián y Eliseo, dos amigos que yo mismo presenté. Me emocioné y hasta me cayeron unas lágrimas de alegría. Es el primer casamiento gay de mi grupo de amigos. Si en medio de todo este largo y sinuoso recorrido hay relación verdadera, si aún hoy en el 2017 dos personas todavía pueden elegirse para toda la vida, me da esperanza de que quizás, algún día me suceda a mí. Que el amor existe y que cada vez, estoy más cerca.

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Todavía crees en el amor verdadero y para toda la vida?

domingo, 17 de septiembre de 2017

Verano Del 98 (Parte II)



Continúa de Parte I

‘Quiero que estés vivo, no tienes que morir hoy… ¿Qué es el día sin un poco de noche? Sólo quiero tirarte un poco de luz. Puede ser difícil, puede ser muy difícil, pero tienes que vivir ahora. Tienes todo para dar ahora’. – Logic




La luz todavía no volvía, el celular se había quedado sin batería hace horas. Volaba en fiebre recordando ese día en la secundaria durante el Verano del 98, en que todo cambió…

Nos habían descubierto con Facundo en el baño de la escuela juntos. El chico que nos había descubierto era un compañero de Facundo. Al principio se río de nosotros, nos dijo putos o maricones o algo así. No recuerdo porque todo se puso borroso esos segundos. Facundo inmediatamente se le tiró encima y lo amenazó para que no dijera nada. Yo traté de calmarlo, pero era imposible. Traté de separarlos. ‘Te rompo la cara si dices algo’ gritó Facundo, la gente que entraba al baño no entendía nada. Nos fuimos de ahí preocupados. Facundo se fue corriendo y me miró por última vez alterado y triste. No volvió a hablarme por mucho tiempo.


DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Los siguientes meses se pusieron oscuros. Yo tenía la paranoia de que este chico que nos había visto con Facundo dijera algo y lo contara a los demás. Traté de suprimir todos los impulsos homosexuales de ahí en más, por miedo. Me hice aún más para adentro de lo que ya era. Los rugbiers seguían molestando al chico gay de la escuela y no quería ser su próximo blanco. Mis intentos no alcanzaron, este chico que nos había visto en el baño, comenzó a pedirme plata para no contar mi secreto. Sabía el curso al que iba, a donde vivía y amenazaba con contarle a mis padres. Cada vez me pedía más plata y cada vez más seguido. Durante esos meses no podía almorzar en la escuela, toda la plata iba para él. A veces, tenía que volver caminado a mi casa, para darle esa plata también.

Traté de pedirle ayuda a Facundo, pero no me llevaba el apunte. Además, el tenía novia. No tenía mi problema. Durante todo ese tiempo, mis calificaciones bajaron, no podía concentrarme en estudiar. No le veía el sentido a nada. Lo peor, era no poder compartirlo con nadie. No poder hablar con nadie. Sentía que con los años, todo iba a ser peor, que nada iba a mejorar. No tenía ganas de vivir.


El colectivo que me llevaba a la escuela seguía su recorrido hasta el parque, que quedaba a pocas cuadras de ahí. Muchas veces no podía enfrentar la escuela y me iba solo al parque a llorar. Me sentaba cerca del río, en un lugar escondido y pensaba en formas de suicidarme, de terminar con todo. No quería sentirme más así, no quería ser yo. No me pregunten de donde saqué las fuerzas para aguantar. Creo que me aferré a lo único bueno que tenía en mi vida: mi familia. Aunque mis padres nunca supieron de esto hasta que fui mas grande, sentía que no podía causarles semejante daño. Creo que eso me salvó. Me hice fuerte y un día con toda esta bronca e impotencia acumulada, enfrenté al chico que me amenazaba. Le mostré que tenía mucha más fuerza que él y le dije que no le iba a dar un centavo más. Que dijera lo que quisiera, nadie le iba a creer. Y así fue. Intentó contarle a algunas personas y no le creyeron y nunca más volvió a molestarme.

NUEVE MESES DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Llegué a ese fin de año con excelentes notas. En la novela Verano del 98 (que siguió por un año más) , había un personaje gay: Tadeo. Más allá de que todavía ser gay estaba representado como algo oscuro en la novela, al menos, había un personaje homosexual, quizás de los primeros y más recordados de la TV Argentina. Tadeo tenía un amor imposible, un amigo hetero. Yo estaba pasando por lo mismo. Después de un viaje con la escuela al sur, había conocido a un chico de otro curso, nos hicimos muy amigos. Le voy a decir Hernán (aunque no se llamaba así). Hernán tenía uno de esos cuerpos marcados, perfectos, muy como los que se usan ahora, sólo que nunca había hecho nada de gimnasio, ni siquiera hacía deporte, era buena genética. En esa época a nadie le interesaba. De hecho pasaba bastante desapercibido por las chicas. El tampoco era consciente de eso, lo que hacía aún más sexy. Una vez lo vi sin remera. Todavía recuerdo esa sensación que me subía por el cuerpo. Pero no solo era lindo por fuera, era lindo por dentro. Al igual que yo, era bastante maduro para su edad, no le gustaba hacer lo que a los demás, le gustaba juntarse a conversar. Hablar de la secundaria, de las relaciones, de la vida en general. De hecho me llamaba muy seguido a mi casa y estábamos horas hablando. Algo que era bastante raro para todos los demás.


Los fines de semana me invitaba a almorzar con su familia, una de esas familias grandes y numerosas. Nos hicimos muy amigos de verdad. Le caía bien a su familia y él a la mía. Nunca intenté nada con él, siempre lo observaba y admiraba, pero con la mente, desde lejos. Hernán era mi esperanza de que había gente como yo, que había gente en quien podía confiar las cosas que me pasaban, podíamos contarnos nuestros secretos. El realmente se abría conmigo y yo igual. Hasta que un día, me invitó al cine, no recuerdo que película vimos. Después del cine, comimos algo en el shopping y en un momento que nos estábamos riendo de algo, de repente se hizo un silencio. El me miró de una manera extraña y todo se puso incómodo. Hasta este día, no entiendo que pasó. Pero desde ese momento algo cambió. Mi sospecha es que se dio cuenta de que me gustaba, o que finalmente cayó en cuenta de que nuestra relación no era “normal” para dos chicos de nuestra edad. Quizás alguien en la escuela le dijo algo sobre mi. Quien sabe. Esa noche, su padre y toda su familia nos fueron a buscar en el auto porque llovía, en el viaje, los hermanos y hermanas nos preguntaban sobre la película y demás. Tenían la mejor onda, pero Hernán estaba callado.

Desde esa vez, yo traté de reconectar con él, pero comenzó a alejarse, hacer nuevos amigos. Me dolió mucho, cuando unas semanas después no me invitó a su cumpleaños. Ahí entendí que ya habíamos dejado de ser amigos. Eso me dolió bastante.

Todo en mi vida volvió a desmoronarse de nuevo. Comencé a llenar la soledad y la tristeza con comida. Más triste me sentía, más comida comía. De nuevo volvieron esos pensamientos feos.

Una noche, veía la serie Dawson’s Creek con mi mamá, mi papá no había vuelto del trabajo. En el episodio, finalmente, el personaje gay: Jack, salía del closet con su padre. En una escena muy dramática. Yo no podía evitar sentirme identificado, pero me aguantaba las lágrimas lo más que podía. Al terminar el episodio, mi mamá se acercó y me dijo que si alguna vez sentía algo así que se lo contara, que todo iba a estar bien (y si, las madres siempre saben). Aunque en ese momento me hice el superado y se lo negué a muerte, de alguna forma fue un gran alivio. Vi la esperanza de que todo iba a mejorar.

CASI VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Desperté al otro día ya sin fiebre, recordando fragmentos de todo lo que pasé en todos estos años después de esos años tortuosos en la secundaria. Afuera era un día hermoso.


A penas llegué a Córdoba hice terapia donde descargué años de impotencia y traté todos esos feos sentimientos suicidas. Fueron sesiones duras al principio, pero finalmente fue una muy buena decisión. De verdad me sirvió mucho. Bajé 20 kilos de sobrepeso de tristeza. Cinco ex-novios, dos casados, mi backup-plan comprometido para casarse (un chico con el que nos íbamos a casar si hasta los 40 seguíamos solteros, otro día les cuento). Mi familia se enteró de que soy gay gracias a estas columnas y todo estuvo bien, me siguen amando y queriendo como siempre. También gracias a estas columnas me conecté (y sigo contactándome) con gente que se identifica con mis relatos y que pasó por cosas similares. Tengo un grupo de amigos gays con los que puedo hablar libremente de todo y nos apoyamos mutuamente. Parece que no, pero con solo hablar de lo que te pasa con alguien, muchas veces sirve para alivianar el dolor. Es bueno rodearte con gente con la que puedas hacerlo. A penas volvió la luz, recibí sus mensajes de preocupación. Entre ellos un mensaje de Sebastián que me preguntaba como estaba. Había leído que estaba con fiebre en un estado tonto de facebook que ni recordaba haber escrito. ‘Ya me siento mejor’ le contesté. Por suerte lo peor ya pasó, ya volví a ser yo y todo va a estar bien.

[ Si sentís que necesitas ayuda no dudes en pedir ayuda. Podes llamar al 135 (línea gratuita) ó al 0351-4265755 Centro De Asistencia Al Suicida. Córdoba de Lunes a Viernes de 9 a 21 hs.]


Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: ¿Qué experiencias te marcaron en la secundaria?

martes, 12 de septiembre de 2017

Verano Del 98 (Parte I)


‘Mi piel que es celosa, te busca, te llama, te siente, te roza. ¿Dónde quedo el tiempo, del beso sin culpa? ¿y cuándo mis ojos pusieron excusas?. Nos queman las ganas, miramos distinto. Cambiamos nosotros, no somos los mismos’ – Cinthia Nilson (Verano del 98)

La perdida de Sebastián había pegado fuerte en mi cuerpo, tanto así que me enfermé. Una semana de cama. No sé si les pasa, a veces, es ahí cuando te das cuenta de lo solo que estás y lo bueno que sería tener a alguien que vaya a comprarte los remedios y te haga la cena, o que se preocupe por vos. Ahí es cuando más siento la soledad. Sé que tengo mi familia y mis amigos, pero no me gusta molestarlos. Otro defecto mío es no haber aprendido nunca a pedir ayuda. Sentir que puedo con todo solo, odio crearle problemas a los demás. Como si fuera poco, ese domingo se cortó la luz. Aburrido entre mis libros encuentro un álbum de fotos de mi secundaria. Me encantaba sacarle fotos a mis amigos, todavía lo hago. Hasta que vi una foto de él: Facundo, mi primera experiencia gay, todo lo que pasé y todo lo que soy hoy comenzó ahí. Dicen que, en el fondo, siempre somos quienes éramos en la secundaria, puede ser…

ANTES DEL VERANO DEL 98:

Terminaba el primer año de la secundaria y todo estaba bien. Las radios estaban obsesionados con las Spice Girls y nosotros también. Mis notas estaban bastante bien, a pesar del trauma de haberme separado de todos mis amigos de séptimo y tener nuevos compañeros. Sin embargo en los recreos nos seguíamos viendo y teníamos algunas clases juntos como: arte, música y educación física. Facundo (no se llamaba así, pero digamos que si) era uno de mis compañeros en las clases de arte. Tenía unas cejas grandes y gruesas como me gustan y unos ojos penetrantes. Era una de esas personas que cuando te miran, te hipnotizan y no podes dejar de mirarlo. A veces nos juntábamos a dibujar juntos en casa, siempre fui bueno dibujando y el también. Creo que ahí es cuando comencé a conocerlo mejor. El no era muy buen alumno la verdad, y algo que siempre pasaba en mi escuela es que ponían a los malos alumnos con los buenos, como para reformarlos. El problema de Facundo era que se desconcentraba fácilmente, excepto cuando dibujaba. Pero después de un rato, siempre quería hacer otra cosa, andar en bici, comer algo o ver tele. Pero teníamos que terminar trabajos prácticos primero. Mientras dibujábamos fuimos conociéndonos más. Esas siestas de calor en mi casa en Santiago del Estero, parecían eternas. Las charlas se volvían cada vez más profundas, el era muy de hacer bromas. Cuando acabamos todos los temas, siempre llegábamos a la parte sexual de la charla. Un tema que yo no tenía bien resuelto. En realidad, en mi mente, ya sabía que me gustaban los chicos, pero tenía terror de decirlo y que alguien se entere, era algo que aprendí a esconder bastante bien. Como muchos en esa época. Había algo muy seductor de Facundo, era el chico malo que era un poco desastre en la escuela pero era bueno dibujando y era el que siempre metía esos bocaditos chistosos en medio de la clase. A veces, por momentos, sentía que el quería ser mejor para su familia, se auto-presionaba para tener buenas notas, pero su personalidad inquieta, a veces, le jugaba en contra. Después de unos meses, sus notas mejoraron y hasta se había relajado un poco.



Después de tanto tiempo juntos, era inevitable, que entre el calor, los shorts, el roce de las rodillas debajo del escritorio de mi casa, que no era tan grande y tenerlo frente a frente todo el tiempo, las hormonas de los 13/14 años algo iba a pasar. Todo comenzó inocentemente, algunos toqueteos jugando, algunas charlas subidas de tono, comparaciones y demás. Le gustaba a veces robarme un lápiz o algo para que lo persiga y pelear físicamente, cuerpo a cuerpo. En una de esas peleas nuestros cuerpos comenzaron a reaccionar y él fue el primero que avanzó. Al principio lo tomé como una de sus bromas, pero después todo se puso serio. Su cara cambió y el beso que nos dimos fue de verdad, con lengua y todo. Probamos varias veces. Nos gustaba. Después había un momento en que nos sentíamos mal y dejábamos de hacerlo.

Claro que en la escuela, casi ni nos veíamos, nos ignorábamos. Supongo que ambos teníamos miedo de que alguien sospeche de nosotros. Los meses pasaron y cada vez nuestros trabajos prácticos eran menos de arte y más sexuales. Siempre explorando un poco más de nuestra sexualidad. A veces en mi casa, a veces en la de él. Hasta que no eran suficientes esas reuniones, necesitábamos más.

Sin celulares para mensajearnos, sin internet para auto-satisfacernos. La imaginación era lo único que teníamos. Todo era manual o nada. Ja. Planeamos entonces algo arriesgado. Encontrarnos en los baños de la escuela. Nuestra escuela era gigante y tenía miles de baños. Durante las horas de clase, había poca gente, sobre todo en ese baño alejado de todo. Entonces cada vez que nos queríamos encontrar, quedábamos a cierta hora, y ambos pedíamos ir al baño. Ambos estábamos en diferentes cursos, así que, nadie nunca iba a sospechar. Mucho menos del abanderado de la escuela, el chico de anteojos, miembro del centro de estudiantes, el mejor amigo del curso, haciendo algo así.


No puedo decir que teníamos sexo en el baño, porque no era así, era todo muy inocente, pero lo que si fue acrecentando fue la química sexual, la adrenalina de que pudieran descubrirnos hacía los besos cada vez más apasionados y si, acabábamos. Después nos sentíamos algo mal, pero el siempre tenía una sonrisa que me tranquilizaba, es como que trataba de no juzgar la situación, después de todo ¿qué era lo tan oscuro y malo?¿el afecto?¿los besos?¿el cariño que nos teníamos? Nos despedíamos con un beso largo y un abrazo porque nunca sabíamos cuando nos íbamos a volver a juntar. En el fondo, nos queríamos quedar ahí, en ese cubículo de baño de escuela pública y no volver a la realidad nunca.

DURANTE EL VERANO DEL 98:

Las clases estaban por terminar. Los encuentros con Facundo se hacían cada vez menos frecuentes con los finales y todo el stress. Justo cuando más los necesitamos, menos los teníamos. En las vacaciones de ese verano no nos vimos tantas veces como queríamos. Porque claro, ambos estábamos con nuestros amigos y demás, y era difícil encontrar momentos para nosotros dos solos. Ni siquiera en las fiestas de la escuela, porque a él no le gustaban esas cosas.


La novela ‘Verano del 98’ era un éxito en Telefé. Una obsesión nacional, y todos queríamos vivir en ese verano eterno. En canal 13, comenzaron a dar la serie ‘Dawson’s Creek’ que era en la que estaba basada ‘Verano del 98’ por no decir que era una copia. Yo veía ambas. Ahí comenzó mi obsesión por las series. Otra obsesión que tenía era pensar en Facundo. De alguna forma quería que se acaben las vacaciones para volver a estar con él. Lo que no sabía era que él estaba viviendo su propia novela: había conocido a una chica y se había puesto de novio.

Volvimos a clases y lo vi. La chica por supuesto era de su curso. Ese año no teníamos clases juntos. Se pasó de arte a música, para estar con ella, obviamente. A la escuela había llegado un chico nuevo, no recuerdo su nombre, pero había tenido problemas en otras escuelas. Cuando digo problemas, el único que tenía era ser afeminado en los 90’s. Inmediatamente todos lo tomaron de punto, sobre todo el equipo de rugby, que en los recreos lo humillaban, se burlaban de él y hasta le pegaban. Claro, el bullying todavía no existía. En ese época todos miraban para otro lado, hasta los preceptores, nadie quería hacerse cargo o defenderlo, me incluyo. Defenderlo podría levantar sospechas sobre mí, sobre cualquiera. Todavía siento esa impotencia horrible de verlo llorar y no haber hecho nada. Por suerte el chico gay tenía una amiga que lo defendía cuando podía.

Recuerdo una vez de ver como lo sacaban al patío y le bajaban los pantalones, Facundo y yo observábamos desde lejos con preocupación y miedo. Miedo de que alguna vez nos descubran y ser humillados así.

Con todo esto y Facundo con una nueva relación, creía que ya no lo iba a volver a ver, pero no fue así. Un día se acercó y planeamos juntarnos a cierta hora, como antes. Toda la pasión acumulada durante meses la descargamos ahí. Pero claro, ya no era lo mismo, porque al final de cada encuentro, había cierta tristeza en su mirada. Ahora estaba engañando a su novia. Ya no se iba aliviado de cada encuentro, se iba con pesar.

La relación con su novia fue creciendo y la nuestra fue disminuyendo. Sin embargo de vez en cuando, nos juntábamos. Hasta un día en que, al final de un encuentro, nos quedamos charlando y me dijo que ya no podía seguir haciendo esto. Me pidió ayuda para que no venga la próxima vez que él quiera juntarse, aunque insistiera, que no le haga caso. Que la pasaba bien conmigo pero no quería ser así, que estaba mal. Lo entendí, una cosa era tener una doble vida, pero una triple vida era demasiado.


Nos despedimos con un beso y un abrazo y sabía que era el último. Esa vez perdimos la noción del tiempo y sonó el recreo. De repente al baño comenzó a llegar gente y tuvimos que quedarnos ahí encerrados, cuando creíamos que no había nadie, el abrió la puerta y un amigo de él nos vio. Recuerdo que entre risas nos dijo algo así como ‘maricones’ o ‘putos’. Nos quedamos paralizados.

Continuará…

Escrito Por Pablo M. Acuña

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