domingo, 17 de septiembre de 2017

Verano Del 98 (Parte II)



Continúa de Parte I

‘Quiero que estés vivo, no tienes que morir hoy… ¿Qué es el día sin un poco de noche? Sólo quiero tirarte un poco de luz. Puede ser difícil, puede ser muy difícil, pero tienes que vivir ahora. Tienes todo para dar ahora’. – Logic




La luz todavía no volvía, el celular se había quedado sin batería hace horas. Volaba en fiebre recordando ese día en la secundaria durante el Verano del 98, en que todo cambió…

Nos habían descubierto con Facundo en el baño de la escuela juntos. El chico que nos había descubierto era un compañero de Facundo. Al principio se río de nosotros, nos dijo putos o maricones o algo así. No recuerdo porque todo se puso borroso esos segundos. Facundo inmediatamente se le tiró encima y lo amenazó para que no dijera nada. Yo traté de calmarlo, pero era imposible. Traté de separarlos. ‘Te rompo la cara si dices algo’ gritó Facundo, la gente que entraba al baño no entendía nada. Nos fuimos de ahí preocupados. Facundo se fue corriendo y me miró por última vez alterado y triste. No volvió a hablarme por mucho tiempo.


DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Los siguientes meses se pusieron oscuros. Yo tenía la paranoia de que este chico que nos había visto con Facundo dijera algo y lo contara a los demás. Traté de suprimir todos los impulsos homosexuales de ahí en más, por miedo. Me hice aún más para adentro de lo que ya era. Los rugbiers seguían molestando al chico gay de la escuela y no quería ser su próximo blanco. Mis intentos no alcanzaron, este chico que nos había visto en el baño, comenzó a pedirme plata para no contar mi secreto. Sabía el curso al que iba, a donde vivía y amenazaba con contarle a mis padres. Cada vez me pedía más plata y cada vez más seguido. Durante esos meses no podía almorzar en la escuela, toda la plata iba para él. A veces, tenía que volver caminado a mi casa, para darle esa plata también.

Traté de pedirle ayuda a Facundo, pero no me llevaba el apunte. Además, el tenía novia. No tenía mi problema. Durante todo ese tiempo, mis calificaciones bajaron, no podía concentrarme en estudiar. No le veía el sentido a nada. Lo peor, era no poder compartirlo con nadie. No poder hablar con nadie. Sentía que con los años, todo iba a ser peor, que nada iba a mejorar. No tenía ganas de vivir.


El colectivo que me llevaba a la escuela seguía su recorrido hasta el parque, que quedaba a pocas cuadras de ahí. Muchas veces no podía enfrentar la escuela y me iba solo al parque a llorar. Me sentaba cerca del río, en un lugar escondido y pensaba en formas de suicidarme, de terminar con todo. No quería sentirme más así, no quería ser yo. No me pregunten de donde saqué las fuerzas para aguantar. Creo que me aferré a lo único bueno que tenía en mi vida: mi familia. Aunque mis padres nunca supieron de esto hasta que fui mas grande, sentía que no podía causarles semejante daño. Creo que eso me salvó. Me hice fuerte y un día con toda esta bronca e impotencia acumulada, enfrenté al chico que me amenazaba. Le mostré que tenía mucha más fuerza que él y le dije que no le iba a dar un centavo más. Que dijera lo que quisiera, nadie le iba a creer. Y así fue. Intentó contarle a algunas personas y no le creyeron y nunca más volvió a molestarme.

NUEVE MESES DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Llegué a ese fin de año con excelentes notas. En la novela Verano del 98 (que siguió por un año más) , había un personaje gay: Tadeo. Más allá de que todavía ser gay estaba representado como algo oscuro en la novela, al menos, había un personaje homosexual, quizás de los primeros y más recordados de la TV Argentina. Tadeo tenía un amor imposible, un amigo hetero. Yo estaba pasando por lo mismo. Después de un viaje con la escuela al sur, había conocido a un chico de otro curso, nos hicimos muy amigos. Le voy a decir Hernán (aunque no se llamaba así). Hernán tenía uno de esos cuerpos marcados, perfectos, muy como los que se usan ahora, sólo que nunca había hecho nada de gimnasio, ni siquiera hacía deporte, era buena genética. En esa época a nadie le interesaba. De hecho pasaba bastante desapercibido por las chicas. El tampoco era consciente de eso, lo que hacía aún más sexy. Una vez lo vi sin remera. Todavía recuerdo esa sensación que me subía por el cuerpo. Pero no solo era lindo por fuera, era lindo por dentro. Al igual que yo, era bastante maduro para su edad, no le gustaba hacer lo que a los demás, le gustaba juntarse a conversar. Hablar de la secundaria, de las relaciones, de la vida en general. De hecho me llamaba muy seguido a mi casa y estábamos horas hablando. Algo que era bastante raro para todos los demás.


Los fines de semana me invitaba a almorzar con su familia, una de esas familias grandes y numerosas. Nos hicimos muy amigos de verdad. Le caía bien a su familia y él a la mía. Nunca intenté nada con él, siempre lo observaba y admiraba, pero con la mente, desde lejos. Hernán era mi esperanza de que había gente como yo, que había gente en quien podía confiar las cosas que me pasaban, podíamos contarnos nuestros secretos. El realmente se abría conmigo y yo igual. Hasta que un día, me invitó al cine, no recuerdo que película vimos. Después del cine, comimos algo en el shopping y en un momento que nos estábamos riendo de algo, de repente se hizo un silencio. El me miró de una manera extraña y todo se puso incómodo. Hasta este día, no entiendo que pasó. Pero desde ese momento algo cambió. Mi sospecha es que se dio cuenta de que me gustaba, o que finalmente cayó en cuenta de que nuestra relación no era “normal” para dos chicos de nuestra edad. Quizás alguien en la escuela le dijo algo sobre mi. Quien sabe. Esa noche, su padre y toda su familia nos fueron a buscar en el auto porque llovía, en el viaje, los hermanos y hermanas nos preguntaban sobre la película y demás. Tenían la mejor onda, pero Hernán estaba callado.

Desde esa vez, yo traté de reconectar con él, pero comenzó a alejarse, hacer nuevos amigos. Me dolió mucho, cuando unas semanas después no me invitó a su cumpleaños. Ahí entendí que ya habíamos dejado de ser amigos. Eso me dolió bastante.

Todo en mi vida volvió a desmoronarse de nuevo. Comencé a llenar la soledad y la tristeza con comida. Más triste me sentía, más comida comía. De nuevo volvieron esos pensamientos feos.

Una noche, veía la serie Dawson’s Creek con mi mamá, mi papá no había vuelto del trabajo. En el episodio, finalmente, el personaje gay: Jack, salía del closet con su padre. En una escena muy dramática. Yo no podía evitar sentirme identificado, pero me aguantaba las lágrimas lo más que podía. Al terminar el episodio, mi mamá se acercó y me dijo que si alguna vez sentía algo así que se lo contara, que todo iba a estar bien (y si, las madres siempre saben). Aunque en ese momento me hice el superado y se lo negué a muerte, de alguna forma fue un gran alivio. Vi la esperanza de que todo iba a mejorar.

CASI VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL VERANO DEL 98:

Desperté al otro día ya sin fiebre, recordando fragmentos de todo lo que pasé en todos estos años después de esos años tortuosos en la secundaria. Afuera era un día hermoso.


A penas llegué a Córdoba hice terapia donde descargué años de impotencia y traté todos esos feos sentimientos suicidas. Fueron sesiones duras al principio, pero finalmente fue una muy buena decisión. De verdad me sirvió mucho. Bajé 20 kilos de sobrepeso de tristeza. Cinco ex-novios, dos casados, mi backup-plan comprometido para casarse (un chico con el que nos íbamos a casar si hasta los 40 seguíamos solteros, otro día les cuento). Mi familia se enteró de que soy gay gracias a estas columnas y todo estuvo bien, me siguen amando y queriendo como siempre. También gracias a estas columnas me conecté (y sigo contactándome) con gente que se identifica con mis relatos y que pasó por cosas similares. Tengo un grupo de amigos gays con los que puedo hablar libremente de todo y nos apoyamos mutuamente. Parece que no, pero con solo hablar de lo que te pasa con alguien, muchas veces sirve para alivianar el dolor. Es bueno rodearte con gente con la que puedas hacerlo. A penas volvió la luz, recibí sus mensajes de preocupación. Entre ellos un mensaje de Sebastián que me preguntaba como estaba. Había leído que estaba con fiebre en un estado tonto de facebook que ni recordaba haber escrito. ‘Ya me siento mejor’ le contesté. Por suerte lo peor ya pasó, ya volví a ser yo y todo va a estar bien.

[ Si sentís que necesitas ayuda no dudes en pedir ayuda. Podes llamar al 135 (línea gratuita) ó al 0351-4265755 Centro De Asistencia Al Suicida. Córdoba de Lunes a Viernes de 9 a 21 hs.]


Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: ¿Qué experiencias te marcaron en la secundaria?

martes, 12 de septiembre de 2017

Verano Del 98 (Parte I)


‘Mi piel que es celosa, te busca, te llama, te siente, te roza. ¿Dónde quedo el tiempo, del beso sin culpa? ¿y cuándo mis ojos pusieron excusas?. Nos queman las ganas, miramos distinto. Cambiamos nosotros, no somos los mismos’ – Cinthia Nilson (Verano del 98)

La perdida de Sebastián había pegado fuerte en mi cuerpo, tanto así que me enfermé. Una semana de cama. No sé si les pasa, a veces, es ahí cuando te das cuenta de lo solo que estás y lo bueno que sería tener a alguien que vaya a comprarte los remedios y te haga la cena, o que se preocupe por vos. Ahí es cuando más siento la soledad. Sé que tengo mi familia y mis amigos, pero no me gusta molestarlos. Otro defecto mío es no haber aprendido nunca a pedir ayuda. Sentir que puedo con todo solo, odio crearle problemas a los demás. Como si fuera poco, ese domingo se cortó la luz. Aburrido entre mis libros encuentro un álbum de fotos de mi secundaria. Me encantaba sacarle fotos a mis amigos, todavía lo hago. Hasta que vi una foto de él: Facundo, mi primera experiencia gay, todo lo que pasé y todo lo que soy hoy comenzó ahí. Dicen que, en el fondo, siempre somos quienes éramos en la secundaria, puede ser…

ANTES DEL VERANO DEL 98:

Terminaba el primer año de la secundaria y todo estaba bien. Las radios estaban obsesionados con las Spice Girls y nosotros también. Mis notas estaban bastante bien, a pesar del trauma de haberme separado de todos mis amigos de séptimo y tener nuevos compañeros. Sin embargo en los recreos nos seguíamos viendo y teníamos algunas clases juntos como: arte, música y educación física. Facundo (no se llamaba así, pero digamos que si) era uno de mis compañeros en las clases de arte. Tenía unas cejas grandes y gruesas como me gustan y unos ojos penetrantes. Era una de esas personas que cuando te miran, te hipnotizan y no podes dejar de mirarlo. A veces nos juntábamos a dibujar juntos en casa, siempre fui bueno dibujando y el también. Creo que ahí es cuando comencé a conocerlo mejor. El no era muy buen alumno la verdad, y algo que siempre pasaba en mi escuela es que ponían a los malos alumnos con los buenos, como para reformarlos. El problema de Facundo era que se desconcentraba fácilmente, excepto cuando dibujaba. Pero después de un rato, siempre quería hacer otra cosa, andar en bici, comer algo o ver tele. Pero teníamos que terminar trabajos prácticos primero. Mientras dibujábamos fuimos conociéndonos más. Esas siestas de calor en mi casa en Santiago del Estero, parecían eternas. Las charlas se volvían cada vez más profundas, el era muy de hacer bromas. Cuando acabamos todos los temas, siempre llegábamos a la parte sexual de la charla. Un tema que yo no tenía bien resuelto. En realidad, en mi mente, ya sabía que me gustaban los chicos, pero tenía terror de decirlo y que alguien se entere, era algo que aprendí a esconder bastante bien. Como muchos en esa época. Había algo muy seductor de Facundo, era el chico malo que era un poco desastre en la escuela pero era bueno dibujando y era el que siempre metía esos bocaditos chistosos en medio de la clase. A veces, por momentos, sentía que el quería ser mejor para su familia, se auto-presionaba para tener buenas notas, pero su personalidad inquieta, a veces, le jugaba en contra. Después de unos meses, sus notas mejoraron y hasta se había relajado un poco.



Después de tanto tiempo juntos, era inevitable, que entre el calor, los shorts, el roce de las rodillas debajo del escritorio de mi casa, que no era tan grande y tenerlo frente a frente todo el tiempo, las hormonas de los 13/14 años algo iba a pasar. Todo comenzó inocentemente, algunos toqueteos jugando, algunas charlas subidas de tono, comparaciones y demás. Le gustaba a veces robarme un lápiz o algo para que lo persiga y pelear físicamente, cuerpo a cuerpo. En una de esas peleas nuestros cuerpos comenzaron a reaccionar y él fue el primero que avanzó. Al principio lo tomé como una de sus bromas, pero después todo se puso serio. Su cara cambió y el beso que nos dimos fue de verdad, con lengua y todo. Probamos varias veces. Nos gustaba. Después había un momento en que nos sentíamos mal y dejábamos de hacerlo.

Claro que en la escuela, casi ni nos veíamos, nos ignorábamos. Supongo que ambos teníamos miedo de que alguien sospeche de nosotros. Los meses pasaron y cada vez nuestros trabajos prácticos eran menos de arte y más sexuales. Siempre explorando un poco más de nuestra sexualidad. A veces en mi casa, a veces en la de él. Hasta que no eran suficientes esas reuniones, necesitábamos más.

Sin celulares para mensajearnos, sin internet para auto-satisfacernos. La imaginación era lo único que teníamos. Todo era manual o nada. Ja. Planeamos entonces algo arriesgado. Encontrarnos en los baños de la escuela. Nuestra escuela era gigante y tenía miles de baños. Durante las horas de clase, había poca gente, sobre todo en ese baño alejado de todo. Entonces cada vez que nos queríamos encontrar, quedábamos a cierta hora, y ambos pedíamos ir al baño. Ambos estábamos en diferentes cursos, así que, nadie nunca iba a sospechar. Mucho menos del abanderado de la escuela, el chico de anteojos, miembro del centro de estudiantes, el mejor amigo del curso, haciendo algo así.


No puedo decir que teníamos sexo en el baño, porque no era así, era todo muy inocente, pero lo que si fue acrecentando fue la química sexual, la adrenalina de que pudieran descubrirnos hacía los besos cada vez más apasionados y si, acabábamos. Después nos sentíamos algo mal, pero el siempre tenía una sonrisa que me tranquilizaba, es como que trataba de no juzgar la situación, después de todo ¿qué era lo tan oscuro y malo?¿el afecto?¿los besos?¿el cariño que nos teníamos? Nos despedíamos con un beso largo y un abrazo porque nunca sabíamos cuando nos íbamos a volver a juntar. En el fondo, nos queríamos quedar ahí, en ese cubículo de baño de escuela pública y no volver a la realidad nunca.

DURANTE EL VERANO DEL 98:

Las clases estaban por terminar. Los encuentros con Facundo se hacían cada vez menos frecuentes con los finales y todo el stress. Justo cuando más los necesitamos, menos los teníamos. En las vacaciones de ese verano no nos vimos tantas veces como queríamos. Porque claro, ambos estábamos con nuestros amigos y demás, y era difícil encontrar momentos para nosotros dos solos. Ni siquiera en las fiestas de la escuela, porque a él no le gustaban esas cosas.


La novela ‘Verano del 98’ era un éxito en Telefé. Una obsesión nacional, y todos queríamos vivir en ese verano eterno. En canal 13, comenzaron a dar la serie ‘Dawson’s Creek’ que era en la que estaba basada ‘Verano del 98’ por no decir que era una copia. Yo veía ambas. Ahí comenzó mi obsesión por las series. Otra obsesión que tenía era pensar en Facundo. De alguna forma quería que se acaben las vacaciones para volver a estar con él. Lo que no sabía era que él estaba viviendo su propia novela: había conocido a una chica y se había puesto de novio.

Volvimos a clases y lo vi. La chica por supuesto era de su curso. Ese año no teníamos clases juntos. Se pasó de arte a música, para estar con ella, obviamente. A la escuela había llegado un chico nuevo, no recuerdo su nombre, pero había tenido problemas en otras escuelas. Cuando digo problemas, el único que tenía era ser afeminado en los 90’s. Inmediatamente todos lo tomaron de punto, sobre todo el equipo de rugby, que en los recreos lo humillaban, se burlaban de él y hasta le pegaban. Claro, el bullying todavía no existía. En ese época todos miraban para otro lado, hasta los preceptores, nadie quería hacerse cargo o defenderlo, me incluyo. Defenderlo podría levantar sospechas sobre mí, sobre cualquiera. Todavía siento esa impotencia horrible de verlo llorar y no haber hecho nada. Por suerte el chico gay tenía una amiga que lo defendía cuando podía.

Recuerdo una vez de ver como lo sacaban al patío y le bajaban los pantalones, Facundo y yo observábamos desde lejos con preocupación y miedo. Miedo de que alguna vez nos descubran y ser humillados así.

Con todo esto y Facundo con una nueva relación, creía que ya no lo iba a volver a ver, pero no fue así. Un día se acercó y planeamos juntarnos a cierta hora, como antes. Toda la pasión acumulada durante meses la descargamos ahí. Pero claro, ya no era lo mismo, porque al final de cada encuentro, había cierta tristeza en su mirada. Ahora estaba engañando a su novia. Ya no se iba aliviado de cada encuentro, se iba con pesar.

La relación con su novia fue creciendo y la nuestra fue disminuyendo. Sin embargo de vez en cuando, nos juntábamos. Hasta un día en que, al final de un encuentro, nos quedamos charlando y me dijo que ya no podía seguir haciendo esto. Me pidió ayuda para que no venga la próxima vez que él quiera juntarse, aunque insistiera, que no le haga caso. Que la pasaba bien conmigo pero no quería ser así, que estaba mal. Lo entendí, una cosa era tener una doble vida, pero una triple vida era demasiado.


Nos despedimos con un beso y un abrazo y sabía que era el último. Esa vez perdimos la noción del tiempo y sonó el recreo. De repente al baño comenzó a llegar gente y tuvimos que quedarnos ahí encerrados, cuando creíamos que no había nadie, el abrió la puerta y un amigo de él nos vio. Recuerdo que entre risas nos dijo algo así como ‘maricones’ o ‘putos’. Nos quedamos paralizados.

Continuará…

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: ¿Qué experiencias te marcaron en la secundaria?

lunes, 4 de septiembre de 2017

Fruta Pasional


‘La tensión entre nosotros como una cerca, tienes problemas que no voy a mencionar por ahora, porque nos estamos desmoronando’ – Drake

Me desperté de muy buen humor, el día había llegado, el día en que nos íbamos a conocer con Sebastián. Amo el ritual de la primera cita. Limpieza de mi departamento: listo. Plantita nueva: listo. Mi bebida favorita para hacer tragos: listo. Limpieza de habitación (por las dudas): listo. Mis preservativos favoritos (por las dudas): listo.

Ahora faltaba estar listo mentalmente. A esta altura, soy un experto en las primeras citas, conseguí relajarme y por lo general, trato de pasarla bien y disfrutarlas. Pero esta era algo diferente, Sebastián me gustaba y quería gustarle, quería que funcione. Necesitaba que funcione. Hacía mucho que no me sentía así por alguien y sentía que con Sebastián podía comenzar algo lindo. Claro que había un obstáculo. Con él habíamos quedado en decirnos las cosas de frente siempre y desde el principio. El venía de una relación llena de mentiras y no quería pasar de nuevo por eso. Esto era un problema porque recordemos que la semana pasada mientras él estaba de viaje, estuve con Rob, el neoyorkino. Si bien no le debía ninguna explicación, él fue honesto conmigo y me dijo que en su viaje se había portado bien y me había extrañado. Yo le mentí y le dije que el sábado había ido a un cumpleaños de una amiga.

Todo esto no me preocuparía si Sebastián fuera un chico más, pero no lo era. Durante las últimas semanas, entre mensajes y llamadas, estaba claro que habíamos desarrollado sentimientos. Yo por lo menos, sentía que era alguien que me hacía sentir bien, me hacía reír, era sincero y cariñoso. Todo lo que estaba buscando en esta etapa. Por eso no entendía haberme dejado llevar por la pasión del momento y estar con Rob. ¿Acaso este auto-boicot tenía que ver con mi miedo a estos sentimientos reales?¿el miedo tiene que ver con no estar listo o con no haber superado mi relación anterior?¿estaba listo para estar con alguien nuevo?

De repente no estaba tan listo mentalmente como creía. Mientras me duchaba en estos cuestionamientos trataba de razonar que el miedo no me servía de nada. Tenía que animarme porque de lo contrario nunca iba a poder avanzar en nada. Quizás sí, haya restos de sentimientos a relaciones pasadas (leáse Sr.Q), pero si no probaba o intentaba algo nuevo nunca iba a saber si lo superé. Todo es prueba y error en la vida. Y para ser sincero, todos tenemos en el fondo alguien en la mente así, esa persona con la que nunca sucedió nada y de vez en cuando, pensamos en secreto: ¿qué será de su vida?¿cómo sería si las cosas hubiesen funcionado?¿que estará haciendo en este momento? Esa relación que no fue, ese amor no correspondido. Como siempre digo: ¿acaso no estamos siempre superando a alguien? El timbre me saca de ese pensamiento, de repente no estaba para nada listo: literalmente, tenía el pelo mojado y estaba a medio vestir. Me apuro lo más que puedo.


Camino a la puerta me pongo nervioso, esos pasos hasta el encuentro se sienten fuerte en el cuerpo. La emoción, el nerviosismo y la tensión se hacen ensalada en el pecho. El me espera con una sonrisa gigante. '¡Hola Pibe!' me dice con una sonrisa gigante, nos reimos. Instintivamente me tira los brazos para un abrazo, me relajo en sus brazos. Me pregunto si puede escuchar mi corazón latiendo re fuerte en mi clavícula. Todo va a estar bien.

Caminamos al supermercado. Sebastián quería cocinarme y quedamos en ir a comprar las cosas juntos y cocinar en mi departamento. Mientras caminamos no tengo idea de que hablábamos, conversar era sólo una excusa para observarnos. Observé que estaba algo nervioso porque le temblaba la voz, aún así sonreía mientras hablaba porque se daba cuenta que lo estaba inspeccionando. ‘Te estás mordiendo el labio’ me dice. Me rio porque es verdad, eso me pasa cuando me gusta alguien. Esto va a funcionar.

En el supermercado, nos veo desde afuera y somos una pareja de años eligiendo cosas para cenar en nuestra casa. El tenía en mente hacerme tallarines con verduras. Por lo general no soy fanático de las pastas, pero en ese momento era fanático de Sebastián, además, ¿por qué no probar algo nuevo?. Mientras elije los tomates, me doy cuenta de lo sexy que es. En oferta, está el maracuyá, lo llevo para agregarle a los tragos. En la fila de la caja el me cuenta algo sobre su trabajo, yo sólo quiero darle un beso para que se relaje. El me sonríe porque siente que lo observo. ‘¿Qué pasa?’ me pregunta pícaramente. ‘Nada’, le digo, pero quiero decir TODO.


Si pensé que no podía ponerse más sexy, me equivocaba. Nada más sexy que verlo cocinar. Le ayudo con las verduras y la música de fondo. Me cuenta de su fin de semana de viaje, trato de evitar que me pregunte por el mío. Tenemos unos minutos mientras se cocinan los tallarines. ‘¿Me imaginabas diferente?’ me pregunta. ‘No’, y era cierto, era todo lo que esperaba que fuera. Hasta es sincero en eso. ‘Me encanta este tema’ me dice, es uno de Justin Bieber. La inercia nos acerca, dejo de morderme los labios para ir por los suyos. Nos besamos contra la pared del pasillo, un rato largo. El se sale del beso, está preocupado por la comida.

Nos sentamos a cenar y me hace preguntas sobre mí, mi familia, mi trabajo, mis amigos, me pregunta si vivo solo. Le digo que sí, en teoría con mi hermano, pero hace años que convive con su novia y solo viene de vez en cuando a buscar ropa. Me pregunta si me gustó la comida. Le digo que sí, estaba rica de verdad. No sé si porque era algo nuevo o porque la había hecho él, pero tenía un sabor especial.

Habíamos quedado en ver una serie, un episodio de la serie Looking, todo era una excusa para tirarnos en el sillón. Pero primero voy a preparar los tragos, algo nuevo, era ponerle maracuyá. Le cuento que en inglés se le dice fruta pasional. ‘Mirá vos’ y se rie. Le hago probar un trago. Le encanta.


Nos tiramos a ver la serie. Habíamos hablado de este momento, de ver una serie juntos, tirados en el sillón y haciéndonos caricias. Todo estaba saliendo perfecto. Me pregunta si se puede acercar a mi lado, le digo ‘Por supuesto’. Nos acariciamos. De pronto, un ruido de llaves. Mi hermano, inoportunamente apareció por la puerta. Sebastián salto hacia el otro lado del sillón. Me quiero morir un poco, mi hermano nunca viene de noche, pero era una emergencia. Le digo que se tranquilice, que mi hermano sabe todo. El se queda un poco tenso, eso hace que le prestemos atención a la serie. En la serie una pareja se plantea sobre abrir la relación. Me pregunta que opino sobre eso. Le contesto que tendría que hablarlo mucho y también le digo que nunca llegué a una relación tan larga como para pensar en eso. El me dice que le parece que él no podría hacerlo, siente que es arriesgarse a que las cosas se confundan y eso llevaría a las mentiras. Me quedo pensando en mi mentira. Esa era la oportunidad de decirle y quizás nunca iba a tener otra oportunidad. Le pongo pausa a la serie y se lo digo. Le cuento que estuve con Rob y su cara se le transforma. Le expliqué que, aunque no tenía porque darle explicaciones, quería que supiese la verdad. Se queda un rato en silencio. Terminamos de ver la serie en silencio. Me pregunto si está pensando que esa mañana cuando no le respondí fue porque estaba con él. Sentía como todos esos pensamientos le pasaban por su cabeza.


Mi hermano se va, la serie termina. ‘Te quedaste mal’ le afirmo. Me dice que está todo bien, pero siente que más allá de la mentira, que no le gusta para nada, sentía que estoy ‘en otra’. Que me gusta tener citas con extraños y tener sexo y salir con amigos y que el ya pasó esa etapa. Que no es lo que está buscando y parece que yo sí. Que seguramente esperaba tener sexo esa noche y el no es así, quería ir más despacio. Trato de convencerlo de que no es así, pero mis acciones de toda la noche decían lo contrario. No puedo argumentarle nada. Me dice que se tiene que ir, que era tarde y tenía que trabajar temprano al otro día. En la puerta nos damos un largo abrazo y lo que parece un beso de despedida. No lo quiero soltar. De repente siento todo lo opuesto de hace unas horas. 'Nos vemos, pibe', me lo dice, pero sé que es mentira. Me duele todo, tengo ganas de llorar. Lo arruiné.


Empiezo a dudar y pensar en lo que me dijo. Si Sebastián vio en mi cosas que yo no veía. Si en realidad no quería una relación seria o si no estaba listo. Si tenía sentimientos reales hacia él o no. Si arruiné todo a propósito por miedo. Si en realidad no le gusté y lo tomó como una excusa para escaparse. Hasta dudaba de los efectos afrodisíacos del maracuyá. Más tarde investigué por qué le dicen fruta pasional, nada tenía que ver con la pasión sexual o romántica, sino porque los conquistadores españoles vieron en su flor los clavos, la corona y las cinco heridas de La Crucifixión. Ahora el sabor amargo y el dolor que sentía, tenían mucho más sentido. Perdí a Sebastián y estaba todo mal. Tristeza y ganas llorar: listo.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Perdonarías una mentira o engaño al principio de una relación?

miércoles, 30 de agosto de 2017

Deseo Cálido & Rojo



‘Debo ser fuerte, debo comportarme, seguir luchando. No rendirme, quiero seguir comprometido… ¿Es deseo o es amor lo que siento por vos? Quiero el deseo porque tu amor sólo se abusa de mi’ – Years & Years



Tomaba un Aperol con amigos en Güemes, mientras me escribía con Sebastián, el chico que había conocido en Tinder hace una semana. Nos estuvimos conociendo pero todavía no nos habíamos podido juntar, el tenía un viaje de trabajo y volvía la semana próxima. Nos whatsappeamos todos los días desde que me pasó su celular. Despertaba con sus mensajes y me iba a dormir con sus mensajes. Ya sabía todo lo que tenía que saber de él y él sabía todo de mi. Hasta hablamos de mi obsesión con el Sr. Q, quería sincerarme con él desde el principio y que todo quedara claro, de donde vengo y a donde quería llegar con él. El por suerte tenía la misma política, decir todo de frente para que no haya malos entendidos. El venía de una relación llena de mentiras y no tenía ganas de pasar de nuevo por eso. Quería que todo sea sincero, honesto y directo desde el principio. Por eso esperábamos con ansias tener una cita y conocernos en vivo. Hablábamos sobre cómo iba a ser, donde iba a ser, él quería cocinarme una cena, ya estaba todo planeado. Todo era muy lindo, por lo general, las grandes expectativas solo llevan a grandes desilusiones. Una cosa es desear y otra cosa es que suceda. Pero en este caso me permitía dejarme llevar, quería disfrutar y aferrarme a ese momento, para lo demás siempre hay tiempo.

Lo mejor de Sebastián es que me hace reír a carcajadas con sus mensajes, lo que es bastante difícil y era lo que necesitaba en este momento después de una relación no correspondida tormentosa, él era como el sol cálido y rojo que salía después. Hasta mis amigos estaban contentos porque hacía mucho no me veían así.

Volviendo a casa por la Belgrano, después de unos tragos, contestaba el mensaje de buenas noches de Sebastián. A lo lejos, venían un grupo de turistas, nos cruzamos y con el último hacemos eso de tratar de esquivarnos pero ambos íbamos hacia el mismo lado, por lo general me pasa con mujeres o señoras, pero no esta vez. Levanto la mirada y nos reímos mientras tratamos de pasar incómodamente. Era un colorado y se puso colorado de vergüenza. Y ya sabemos de mi debilidad por los colorados. Nos miramos unos nanosegundos, sonreímos y cada uno siguió su camino.


Cuando llego a casa, tenía una notificación de Scruff, la app para osos/barbudos, Rob me había mandado una garrita de oso, algo así como un toque. Por su foto no estaba seguro si era él, pero sí lo era, me saludó y me preguntó si era el chico que me había cruzado recién, en inglés, porque era neoyorkino. Le contesto que sí. Me pregunta por donde podía ir a tomar algo con sus amigos. Le tiro algunos lugares de ahí de Güemes, le envío direcciones y mapas. Me pregunta si quería ir, que me invitaba un trago en agradecimiento. Me tienta mucho, pero le digo que no puedo, tenía que trabajar al otro día, que era verdad. Me dice ‘Ok, ¿el sábado entonces?’. No le contesto nada. Es estúpido, lo sé, de alguna forma sentía que, si aceptaba, estaba haciendo cosas por detrás de Sebastián, con el que no tenía ningún compromiso, ni nada por el estilo. Ni siquiera lo conocía en vivo. ¿A quién le estaba siendo fiel?

Por experiencia, siempre que trato de abarcar mucho, por lo general termina mal, me quedo sin el pan y sin la torta, todo por no enfocarme. Pero por otro lado podía conocer a Rob y que no pase nada. ¿o no?. Esa noche di varias vueltas en la cama, por momentos tenía calor, por momentos frío.

Ese sábado me desperté con mensajes graciosos de Sebastián, le habían dicho en la misma mañana ‘señor’ y ´pibe’. Decía que desde ahora me iba a decir ‘pibe’ y me preguntaba: ‘¿querés ser mi pibe?’. No sabía si me estaba preguntando en serio o era otro de sus chistes. Evadí el momento y le pregunté qué planes tenía para esa noche. Hizo una pausa, escribió, borró, escribió de nuevo, se detuvo. Me contesta que probablemente iba a salir a bailar con un amigo. Me sentí un poco estúpido por sentirme celoso y me preguntaba ¿por qué siempre proyecto antes de tiempo?¿Por qué no me relajo y dejo que las cosas se den por si solas?

Él me preguntó que iba a hacer yo, le dije que iba a ir a un cumpleaños de una amiga. Me puse un poco tenso y cortante, le dije que me tenía que ir y nos despedimos. Esa noche mientras me preparaba para salir, veo que sube a su instagram fotos con su amigo: 1. El amigo es hermoso – 2. Sebastián está hermoso y le quedan bien las remeras sin mangas – 3. Mi nivelador de celos se pone en rojo e indica que me gusta más de lo que pensaba – 4.#$%#%$$%#!

Estoy por irme al cumpleaños y de repente me escribe Rob: ‘Hola Pablo! ¿te gustaría ir a tomar algo? Te debo una cerveza’. 1. Puedo ir mas tarde al cumpleaños – 2. Es ahora o nunca – 3. No tiene que pasar de una cerveza – 4. ¿Estoy haciendo esto porque quiero o es una reacción a lo que me hizo Sebastián?


Acepto ir por una cerveza con Rob. Lo bueno era que ya nos habíamos visto en vivo, no era tan a ciegas y no estaba para nada nervioso. Nos encontramos, se notaba que se había vestido para una cita, lo que es bueno. Tomamos unas cervezas y conversamos un poco. Era músico, había venido para un recital que ya lo había dado y para una especie de taller, que también ya lo había dado. Se volvía a New York el lunes. Con cada cerveza se soltaba un poco más, me daba cuenta porque la conversación subía de tono. Yo le bajaba de tono preguntando sobre su vida amorosa. Me dijo que estaba en una relación abierta, pero que sentía que ya no estaba funcionando como antes, que estaba pensando en directamente separarse, porque sentía que finalmente era lo mismo que no estar juntos. Ya ni siquiera vivían juntos, la convivencia no había funcionado. De repente se pone un poco triste y me siento culpable. Mientras tanto, Sebastián me manda fotos de él pasándola espectacular con su amigo. No le contesto. Pienso si debería despedirme e ir al cumpleaños. Rob me pregunta sobre mi vida amorosa, trato de no hablar del Sr. Q, porque íbamos a terminar borrachos y llorando. Le cuento sobre Sebastián y entiende mi situación. Y me da un consejo, un buen consejo que traducido sería algo así: ‘Quedate con las personas que te hagan sentir bien con vos mismo, ya sea estén juntos o separados’. Tenía razón, cuantas veces veo esas personas que cuando no están con sus novios la pasan mal y están pendientes del celular, discuten por horas y se arruinan la noche entre ellos. Siempre me dije que no quería ser una de esas personas.

Suelto el celular, era una linda noche para ir a caminar. Su hotel quedaba cerca, así que lo acompañé hasta la puerta antes de tomar un taxi al cumpleaños. En el camino nos cruzamos con gente bailando tango en la Plazoleta de la Casa Radical. Parecía planificado pero no lo estaba. Se quedó maravillado viendo a la gente común de todas las edades bailando. Sacó su celular y filmó todo.


Llegando al hotel, pasamos por unas pausas incómodas, incómodas pero lindas. En una esquina, el semáforo se puso en rojo y no me pregunten cómo, pero sabía que se venía el beso. Me tomó de la mano, me arrinconó contra una pared y a escondidas de los autos que pasaban, nos besamos. 1. Besa muy bien – 2. Besa muy bien – 3. Besa muy bien. No podíamos parar, pero no podíamos quedarnos ahí. En la puerta del hotel me volvió a besar, inevitablemente me invitó a subir al hotel. Mi primera reacción fue decir un NO fuerte, pero se ve que mis ojos decían otra cosa porque Rob me miraba con una sonrisa pícara. Mis ganas lo piensan, mi cabeza lo piensa, mi corazón lo piensa.

Al otro día un mensaje de Sebastián me despierta, estoy en la cama del hotel con Rob y recuerdo lo bien que la había pasado anoche, nada como la química sexual de lo prohibido. El deseo le ganó al semáforo rojo. De todas formas me sentía algo mal por Sebastián, me había estado escribiendo toda la mañana y hasta me mandó un mensaje de voz. Me fui al baño y abro la canilla para escucharlo. Le doy play: ‘Pablin, me parece que te enojaste ayer porque no me contestaste más. Sólo quiero que sepas que no pasó nada raro anoche, no sé si te importa saberlo o no, pero yo no soy así con mis amigos. Extrañé tu mensaje de buenos días esta mañana y espero estés bien. No veo la hora de conocerte ‘en vivo’ como decís vos. Un beso pibe!’


Volví a la cama sintiéndome horrible. Rob me dio unos besos de buenos días todavía algo entredormido. Recordé lo bien que lo habíamos pasado anoche, el sexo y la química fueron increíbles, como nunca. Hacía mucho no tenía esta sensación de gustarle a alguien, de tener esa sensación de relax. Eso también ayudó al sexo. Eso y que el era bastante sexy, no solo físicamente, sino en sus actitudes. Se lo notaba alguien maduro y plantado. Eso lo hacía aún mas atractivo. Lo observé mientras dormía, parecía dormir contento, tranquilo, satisfecho. Traté de disfrutar ese momento pero no podía evitar pensar en que contestarle a Sebastián, si contarle de mi noche o si no le debía ninguna explicación. Si técnicamente no hice nada malo o si todo esto era un gran auto boicot porque mis sentimientos por Sebastián eran reales y en el fondo me daban un poco de miedo. Si se lo oculto puedo perderlo, si se lo digo puedo perderlo. Rob me abraza con su brazo gigante, cálido y lleno de pecas. Decido aferrarme a ese lindo momento un rato más, para lo demás siempre hay tiempo.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: Al comenzar una relación ¿sos de proyectar o te dejás llevar por el otro?

sábado, 26 de agosto de 2017

Como Un Novio Sin Sexo


“Las cosas que hacemos, ya no me entretienen. Son un caos que ahora siento absurdo. Estas prendas que usamos sólo se lavan a mano. Solíamos observar con asombro las formas de la contradicción” – Coiffeur

Corría en la plaza de madrugada una de esas noches contradictorias de invierno pero con mucho calor. De repente un alerta interrumpe mi música, uno que no escucho muy seguido, un match de Tinder. Finalmente. Sebastián (mentira no se llama así, pero digamos que si), 32, bien, en Córdoba, bien, no tan lejos, bien, no reconozco su primera foto pero me gusta, veo unas fotos más, y no decepcionan, para variar no está desnudo en el baño, ni abrazado a gente blureada (da miedo eso), ni tampoco una de sus amigas lo está agarrando del cuello (eso también intimida), en la tercera foto recuerdo porque lo había corazoneado, era por esa foto donde se está riendo a carcajadas, a veces, esas fotos son mas lindas que cualquier otra. Como le soné a él, le correspondería hablar a él. Mientras sigo corriendo.

Cuando llego a mi depto. no me había escrito. Por lo general , trato de averiguar todo sobre él, lo stalkeo en secreto en las redes, veo lo que le gusta, sus tweets, sus posteos, la música que le gusta, los amigos. Pero esta vez iba a dejar que me sorprenda. Me baño antes de acostarme y cuando salgo de la ducha, ¡tengo un mensaje!. Pero no era él, era el Sr. Q (típico), recordándome que al día siguiente íbamos al cine como habíamos quedado. Quería ver ‘Como Una Novia Sin Sexo’ de Lucas Santa Ana, le hago un chiste idiota sobre el título y después me arrepiento. Siempre me pongo idiota con el Sr. Q. Me quedé pensando esa noche en si Sebastián nunca me iba a contestar e iba a quedar como esos matchs olvidados ahí en el limbo de Tinder.


Una bomba de estruendo me despierta (típico), alguna marcha. Me fijo en el celular y no tenía mensajes. Lo único bueno de todo esto, era que le estaba quitando importancia a mi ‘no-cita’ con el Sr. Q. no estaba tan alterado como de costumbre. Me quería mantener así hasta que llegue la hora. Era muy temprano pero ya que estaba desvelado. Adelanto trabajo, edito un poco… 0 mensajes…escribo un poco…0 mensajes… diseño un poco… ¡me llega un mensaje!. Era mi amigo preguntándome si íbamos a Dorian esa noche. Le digo que sí, total…¿cuán bien puede terminar una no-cita?. Mi nivel de esperanza en que algo espectacular pase con el Sr. Q, era en números negativos. Lo tomo como lo que es, dos “amigos” yendo al cine. Mi amigo se iba a encargar de todo, entradas, previa, alcohol, invitar a otros amigos. Yo iba a estar en el cine.

Llegó la tarde con 0 mensajes de Sebastián, me pregunto si se habrá conectado desde anoche, quizás coincidió con otro y está con él ahora. ¿Por qué no le escribí?, me reclamo. El Sr. Q está demorado, yo lo espero en la puerta del Cineclub. A lo lejos lo veo venir, como es de costumbre, cada vez que lo veo está más lindo. Más lindo nivel: camina en cámara lenta. Fuck. Esperen, viene con un chico a su lado…me quiero matar…no estaba preparado psicológicamente para esto…que no sea el novio…que no sea el novio…que no sea…el chico se despide y entra a un edificio…fiu….¿habrá sido el nuevo novio?…Me sonríe, me saluda, debo haber estado pálido porque me explica que era un compañero de la facu. No sé qué decir, sonrío. ‘¿Entramos?’, me dice,’ …ya empieza’.


¿Vieron cuando estás en una situación complicada sentimental y parece que todas las canciones hablan de tu relación? Bueno, así tal cual sucedía con esta película. En la película tres amigos se van de vacaciones, uno de ellos es gay en el closet y está enamorado de otro de ellos que es hetero. Un amor no correspondido. Aún así (Spoiler Alert), en el histeriqueo se besan. El hetero conoce una chica, con la que tiene un romance, y el gay tiene que observar todo y tragarse los sentimientos. Pasa en mi vida, pasa en TNT. No teníamos nada para comer en el cine, por lo que estábamos un poco inquietos. Nuestras rodillas parecían dos imanes que se atraían todo el tiempo. Se me secaba la boca. No lo quería mirar. ¿Por qué me torturo así? pensaba. El personaje de la película se pregunta: ¿Crees que alguien se puede enamorar de la persona menos indicada?. Toda la situación era una gran ironía. No voy a contarles como termina la película. Yo terminé agotado, tenso y con mucha sed.

Era medio temprano entonces decidimos ir a tomar algo, ‘De paso nos ponemos al día’ me dice. Caminamos a un bar de por ahí. Me está observando raro…’¿Qué pasa?’ le pregunto. ‘Nada, estás como raro’ me dice sonriendo. ‘¿Yo?’ sonrío nervioso. ‘Capaz que hace mucho que no te veo’ me dice. ‘Capaz me ponés nervioso vos’, tenía ganas de decirle, pero no lo hago. Le pregunto si le gustó la película. Me dice: ‘Si, estuvo bien… vos sos el cineasta, decime vos’. Le doy explicaciones técnicas y me interrumpe: ‘¿Lloraste?’ me pregunta en chiste. Se acordó que le dije que soy llorón. Me rio y le digo que no.


Nos sentamos en el bar y lo primero que me pregunta es por un chico X que le había contado hacía mucho. Se acordaba el nombre lo que me pareció extraño. Le dije que no había funcionado: lo que no le dije que no funcionó porque no me lo podía sacar de la cabeza a él. Nuestras rodillas se vuelven a juntar. ‘Perdón’. La moza nos trae una vela, porque creé que estamos en una cita, debería traer una no-vela. Después de unos tragos nos soltamos más, el me cuenta de su vida, de su trabajo, de viajes. La moza nos sigue tratando como si fuéramos novios y yo no estoy tan borracho como para disimular la incomodidad. El Sr. Q por suerte no es tan perceptivo. Me queda mirando: ‘¿Estás raro?’, me sonríe. ¡Me llegan muchos mensajes de golpe!. ‘Ah bueno’ bromea él. ‘Es mi amigo’ le digo, vamos a salir esta noche. ‘Ah yo también, ¿a dónde van?’, ‘A Dorian’, ‘Ah, nosotros también’. Pienso si preguntarle en quien es nosotros ¿ su nuevo novio?¿sus amigos?, pero no lo hago. Se hace un silencio y me dice: ‘Me estoy conociendo con un chico, o algo así’, me hago el que sigo viendo el celular, en ese acting veo que tengo mensajes de Sebastián de Tinder, pero no los abro, dejo el celular. ‘¡Contame!’ le exijo. Me explica que no es nada serio, que no sabe bien todavía. Lo miro con cara de “quiero saber más/también me quiero matar”. ‘No sé qué onda todavía’. Sigue diciendo la palabra todavía como si me tranquilizara, pero es peor. La moza nos interrumpe con la cuenta. ‘Quiero saber más y nos tenemos que ir’ le digo en voz alta. Me sonríe.

Termina la no-cita, la moza nos despide re contenta porque creé que hizo tan bien su trabajo que nos vamos a coger. Pero no. Ella no vio la película. No sabe que podemos ir al cine como novios, podemos sonreírnos como novios, nuestras rodillas se pueden imantar como novios, podemos salir a tomar algo como novios, eventualmente darnos un beso en la oscuridad, pero nada que tenga que ver con el sexo. El sexo lo hace con la gente que se está conociendo. Soy como un novio sin sexo para él. Cuando nos despedimos me dice algo así como que le gustó que nos pongamos al día. Que soy muy bueno escuchando y se acordó que le dije que quería ser psicólogo una vez. A esta altura ya no se sé si es algo bueno o una forma de decirme que nunca va a pasar nada entre nosotros. Me despedí de él y camino a la previa con mis amigos me quedé pensando en otra parte de la película en que el personaje gay enfrenta a su amigo y le dice al otro que no puede, NI QUIERE, ser su amigo porque siente cosas por él. Ojalá podría ser fuerte y tomar esa decisión.


Esa noche en el boliche se me amontonaban los pensamientos y la gente. Hasta que mi amigo me lo señala al Sr.Q. con su nuevo chico, comiéndose a besos. Felices. Creo que nunca lo había visto así de contento. Me lo presentó, nos saludamos. Yo el campeón de la actuación. Mi amigo me miró con un poco de cara de lástima y me sacó de ahí. ¿Por qué me sigo torturando así? No entendía nada, no me entendía a mí. Todo esto es mi culpa, nunca debería haber llegado hasta este punto. No me entiendo. En un momento veo a mi amigo y sentí que me miraba con un poco de lástima, eso me dio lástima a mi, lástima de mi mismo. Pero salirme de la situación solo depende de mí y eso hice, le dije a mi amigo de ir al patio a fumar, aunque yo no fume. En medio de todo el humo de mis pensamientos, me preguntaba si yo también pensaba en el Sr. Q como si fuera mi novio sin sexo, si en un punto lo estaba usando para pasar el tiempo porque me es cómodo estar con él. Por otro lado pensaba que es tanto el cariño que le tengo, que me gusta que esté bien, que sea feliz. ¿Acaso eso no es parte fundamental del amor también? No lo sé. Pienso en la frase: ‘Si lo amas, dejalo ir’, en qué fácil es decirla, pero que difícil ponerla en práctica.

En el patio, un chico me quema con su cigarrillo y me saca de mi mente ¡De repente recordé los mensajes de Sebastián! Agarré rápidamente el teléfono y los leí: ‘Hola!’ después de un rato escribió: ‘No te escribí anoche por si estabas durmiendo’. No sé si entrás seguido a esto, se ve que no, pero si querés podemos seguir por whatsapp, te paso mi celular…’, ‘Espero lo veas pronto’ emoji de sonrisita. Mi estrategia de dejar que me sorprenda funcionó. Ese mensaje me salvó la noche, lo agregué, le mandé un mensaje y volví a disfrutar la noche.


Vuelvo a la pista con mis amigos, los imanes hacen que terminemos cerca del Sr.Q y su novio nuevamente. La inercia hace que nos miremos. Me sonríe, le sonrío. El no sabe que en realidad me estoy despidiendo: ‘Te amo, te dejo ir’. Otra noche contradictoria.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para opinar: ¿Alguna vez te enamoraste de la persona menos indicada?