lunes, 10 de octubre de 2016

Las Cuatro Paredes

“Es como si cada día, estas cuatro paredes se cerraran, en todo lo que tenías,en todo a lo que te aferrabas, en todo lo que amabas.
Pero ahora, esas cuatro paredes, se están cayendo”

-Gorgon City feat. Vaults -

Después de unos meses encerrado en cuatro paredes, era hora de volver. No les voy a mentir, no fue fácil, y todavía ni siquiera sé si estoy listo. Pero después de cortar una relación demasiado larga, ¿alguna vez se está listo 100%? No me malinterpreten, cuando digo relación, no hablo de un noviazgo, hablo de algo peor, que es obsesionarse con algo que nunca sucedió. Así habían quedado las cosas con el Sr. Q. en la nada, en la completa incertidumbre. Mi relación con él, es como esos sitios baldíos que cruzamos todos los días. Como el que está frente a mi casa. Todos los días lo veo y se me ocurren miles de ideas para hacer en ese espacio. Pero está ahí hace años, solo me sirve para proyectar ideas que quizás nunca voy a concretar. Lo cruzo todos los días, proyecto mis ideales y después sigo con mi día. BASTA. Me estoy encerrando de nuevo.

Para salir de las cuatro paredes, hay que romperlas una por una. Darle un mazazo fuerte a la primera era un gran avance:

LA PARED DEL PASADO

Todo lo que no fue, ya no va a ser. Y esto no tiene que ver con perder las esperanzas, simplemente ese momento se perdió y no se recupera. Cualquier plan y proyección que tenía en ese momento era único de ese momento. Si sucede hoy, o en el futuro, seguramente va a ser muy diferente. Entonces de nada sirve pensar y enroscarse pensando frente a una pared. Quizás hay una razón por la que no podemos volver en el tiempo, quizás hay una razón por la que no tenemos ojos en la espalda. Nunca me pareció una buena idea volver con un ex, entonces no entiendo porque esto me costaba tanto de superar. Quizás es más fácil quedarse dentro, quizás es más cómodo. Pero cuando me pongo a pensar todas las oportunidades que perdí por estar encerrado en esa obsesión, me enojo conmigo mismo. Mis amigos se enojan conmigo también. Y los entiendo, porque ellos nunca vieron lo que yo vi, nunca vieron ni sintieron la esperanza que yo sentí en un momento con el Sr. Q. Es por eso que a la pared del pasado solo la puede romper uno mismo. Quizás la más difícil y gruesa de las cuatro. Como todo primer paso, es el más complicado, pero también, al romperla, la más satisfactoria.

LA PARED DEL MIEDO

Cuando al fin uno sale del encierro, de repente, es vulnerable otra vez. Todo ha cambiado y uno mismo ha cambiado. Empezar de cero, volver a empezar en el vacío. Nada más aterrador que una hoja en blanco. ¿Pero porque creer que no va a ser como la primera vez o mejor?¿Por qué pensar que no aprendimos nada? Quizás todo sea más fácil esta vez, quizás nos tienen preparado algo mejor. Y si nunca rompemos la pared del miedo, nunca vamos a poder saberlo. Siempre es mejor saber.

Rompí esa pared y decidí darle la oportunidad a un chico nuevo. Le voy a llamar Cian, por el color de sus ojos. Habíamos coincidido en Tinder hace mucho y me cayó bien desde el primer momento que chateamos. Siempre me cuesta mucho coincidir en Tinder con alguien casi como en la vida real, Es más tengo más suerte con los extranjeros que con la gente de acá de Córdoba. Sus fotos eran lindas y no pretenciosas, es de esas personas que ves una foto y decís, tiene cara de buen tipo. Después cuando fuimos chateando descubrí que mi intuición era correcta pero por miedo, había pospuesto conocernos en vivo. Tenía miedo de que se arruine, que no le guste y más que nada, miedo a que me sucediera como las últimas relaciones que intenté: en ninguna pude conectarme 100% por pensar en el Sr.Q. Pero era hora de intentarlo de nuevo, así que dejé de dar vueltas y yo mismo lo invité a tomar algo.




LA PARED INVISIBLE
Ya en la cita, la estábamos pasando bien. Me sorprendió lo cómodo que me sentía. No solo porque Cian era simpático y cálido, sino también porque me sentía cómodo conmigo mismo. Me di cuenta que la barrera de la timidez que tenía cuando era más chico, ya no estaba. Estaba seguro y hasta confiado. Supongo que más de 10 años de citas no fueron en vano. De algo habían servido. Era jueves a la noche, así que podíamos permitirnos unos tragos, comimos sushi y mientras nos hacíamos esas preguntas que todos hacemos en las primeras citas. Él estaba nervioso, se le resbalaban las cosas. Me parecía tierno, tenía ganas de decirle que se relaje, pero sentía que lo iba a poner más nervioso.

Después de unos tragos más, él se empezó a soltar, después de hablar de nuestras familias, amigos, trabajo, llegó la parte más jugosa y sin preámbulo el me preguntó por mi última relación. Hice una pausa y pensé: puedo hablarle de mi última relación formal o contarle del Sr.Q. Por lo general prefiero ser frontal y sincero desde el principio, siempre me funcionó ser honesto y abrir el diálogo desde el principio. Elegí ser sincero y contarle, sin entrar en muchos detalles, del Sr.Q. Pero siento que en ese momento él debe haber sentido mi tono melancólico, o algo, porque vi como su cara se compungía. La pared melancólica es así, de vidrio transparente, a veces parece que no está, y de repente te la chocás de frente. Tratando de cambiar de tema, le devolví la pregunta y él me contó una historia muy similar y mucho más reciente que la mía. En su voz también había un poco de tristeza y dificultad. Se ve que todos tenemos nuestras propias paredes invisibles. ¿A caso no estamos siempre tratando de olvidar a alguien?

LA PARED DE LA FALSA VENTANA

Después de la cita, volvimos caminando. Era una noche helada, pero los nervios y la adrenalina de no saber cómo iba a ser la despedida nos mantenía calentitos. ¿No es esa la mejor adrenalina? Le pregunté si la había pasado bien, me dijo que si y quedamos de vernos de nuevo pronto. Cuando llegó la hora de separarnos nos quedamos sin saber qué hacer, finalmente me dio un beso medio torpe y vergonzoso. Nos reímos y se fue en un taxi.

Ya en mi cama antes de dormir, estaba contento de haber salido. Es cuando me llegaron dos mensajes: uno era de Cián diciéndome que la había pasado muy bien y agradeciéndome la invitación. El otro, y como un chiste del destino, era del Sr.Q. Me invitaba a cenar al otro día a su casa, él iba a cocinar. Moría por contestarle que sí, que me encantaría, hacia bastante que no lo veía. Pero sabía cómo iba a terminar: el seguramente contándome de quien está enamorado, de alguien nuevo que conoció y yo atragantándome con la comida y muriéndome por dentro. No podía dar tres pasos para adelante y treinta para atrás. No tenía sentido. Era como ver a través de esas ventanas que dan a una pared. Decidí directamente apagar el celular y quedarme con la linda sensación de la noche que había pasado con Cian.




Me fui a dormir contento, contento por mi. Más allá de que funcionen o no las cosas con Cian, al menos, por esa noche había derribado las cuatro paredes. Eso sí nunca hya que confiarse demasiado, romperlas es un trabajo diario, de lunes a lunes y con horas extras los domingos. Pero por ahora las paredes se habían caído, estaba listo para enfrentar el desafío más grande, querer y sobre todo, DEJARME QUERER OTRA VEZ.


Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: Contanos ¿cómo superaste tu última obsesión?

jueves, 18 de junio de 2015

Para Siempre (Final De Temporada XL)



¿Qué busco en otra persona? Una persona que comprenda mi lenguaje y lo hable. Alguien que sepa cuando lo necesito y cuando no. Alguien que respete nuestra libertad, pero que esté ahí cuando lo necesite a mi lado. Alguien fiel a sí mismo que entienda que yo también lo soy. Alguien extraordinario en el sentido más básico y literal de la palabra. Y, si puedo ser ambicioso, alguien que me elija desde el principio y hasta el final…

HACE MÁS DE 3 AÑOS:
Yo perdidamente enamorado de otra persona. El, bailaba junto a esa persona. ¿De dónde salió?¿Por qué justo esta noche estaba ahí? Justo esa noche que yo me había acercado tanto al chico que me gustaba, apareció el de la nada para quedárselo. Ya sabía que iban a estar juntos esa noche, y así fue. Lo detestaba, lo odiaba. Pero ni todo el odio de esa noche bastó. ¿Quién iba a creer que casi 4 años después no me lo iba a poder sacar de la cabeza ni un solo día? Y es que es como dicen: Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. ¿Cómo el odio se transformó en algo tan lindo?¿Cómo un sentimiento tan detestable se transforma en un sentimiento de cariño indestructible?¿Cómo alguien insignificante se transforma en un amor de película?

HACE MENOS DE 3 AÑOS:
En una reunión de amigos, alguien sugirió que deberíamos ser novios. Ambos nos miramos y dijimos: ¡NO HAY FORMA! Quien iba a pensar que esa iba a ser la noche que me iba a enamorar de él. No bastó mucho, solo verlo sonreír. No sé cómo explicar, sentí algo. Una revolución. Y sé que el también sintió algo, no tengo pruebas. Eso se siente. Esa noche conectamos desde un lugar inesperado. ¿Me enamoré con tan poco? Si. Y es que venía de una gran decepción amorosa, o de varias. Creía que no me iba a recuperar o que iba a pasar mucho tiempo hasta enamorarme otra vez. Y así, de repente, me olvidé de todo, de todos, solo por un poco de su atención, una mirada del Sr.Q. ¿Un amor imposible se supera con uno aún más imposible? Parecía que sí. ¿Por qué imposible? Vieron esas parejas que las ves y decís: Qué raro que esos dos estén juntos. No pegan. Bueno, así, multiplicado por mucho. Eso por un lado y por otro lado, ya comencé muy mal porque él estaba en pareja. Y la cosa iba en serio. ¿Qué hice? Lo de siempre. Tratar de ser su amigo, hasta que se me pase la ridícula idea de estar con él. Algo que ya hice muchas veces: convertir el amor en amistad y así al menos conformarme con tenerlo cerca por mucho más tiempo. Lo de siempre. De esa noche, guardé un recuerdo, un souvenir, y a veces, cuando estoy por encontrarme con él, lo llevo en mi bolsillo por si alguna vez me armo de valor y le digo lo que siento por él.


HACE MÁS DE 2 AÑOS:
Necesitaba verlo, estar con él, abrazarlo, verlo sonreír. Y no podía, no tenía sentido. Él estaba de novio. Yo tratando de estar de novio pero siempre pensando en él. Ni siquiera estando con alguien que me quisiera podía dejar de pensar en él. Tuve que cortar y estar libre para pensar en él sin sentirme culpable. Cada relación que comenzaba pensando que iba a olvidarlo, era peor, porque sentía que me asfixiaba en mis pensamientos. Una vez, literalmente estaba en la cama de un chico con mi brazo atrapado debajo de su cuerpo y sin poder dormir pensando en el Sr. Q. Nada más gráfico que eso. Es cuando recibí la noticia de que había cortado con su novio. Y yo atrapado en esa habitación. Cuando logré terminar esa relación estaba dispuesto a decirle lo que sentía por él. No podía esperar más, tenía que ser sincero con él y con mis sentimientos. Pocos días después, salimos a bailar y al final de la noche, él estaba algo borracho. Toda la noche estuvimos muy cerca, demasiado. Hasta que me besó. No sé si para el significó algo. Para mí, en ese momento fue todo. Fue lo que me dio esperanzas de que, en algún lugar de su inconsciente, yo estaba presente.



Nunca mencionamos el beso. Unas semanas después, sin que yo hiciese nada, me invitó a tomar un café. Era mi oportunidad. Ese día era un manojo de nervios, trataba de encontrar la forma de decírselo. Él también estaba nervioso, parecía que quería contarme algo. Hasta que en la conversación surgió el tema de su ex. Me dijo que se habían reencontrado y que había decidido darle otra oportunidad, que todavía sentía cosas por su el. Enterarme de eso fue como si me cayeran miles de baldazos de agua congelada encima. Me explicó que lo que sentía por su ex no había cambiado, todavía lo quería mucho. ¿Entendés?-me preguntaba- y yo pensaba: Obvio que te entiendo, es lo que siento todos los días por vos. El Sr.Q estaba entusiasmado e ilusionado. Nunca lo había visto así: contento, feliz. Decidí no confesarle nada. Amar, a veces, es dejar ir.


HACE MENOS DE 2 AÑOS:
Había pasado un largo tiempo y aún no podía sacármelo de la cabeza. Todos los días pensaba aunque sea un rato en él. ¿Con quién estará?¿Que estarán haciendo?¿Me extrañará aunque sea un poco?¿Le escribo o espero a que el me escriba? Con cada amigo que me juntaba hablábamos de él. Todos me decían cosas malas sobre él y a mí no me importaba. Era como algo que superaba todo eso. Solo pensaba en estar cerca de él. Se lo conté a un amigo que me aconsejó firmemente que dejara de pensar en él, que tenía que dejar de idealizarlo, que no era para mí. Que le parecía mala persona. A la semana siguiente, ese que pensaba que era mi amigo y me estaba cuidando, se acostó con él. Eso me dolió mucho, no sólo por mi amigo que me lo confesó inmediatamente al otro día de que sucediera, porque se sentía culpable, sino también porque el Sr.Q sabía que éramos amigos y que me iba a enterar. Las cosas cambiaron un poco ahí, para con mi amigo y para con elSr. Q. Unos meses después me enteré que él sabía que yo lo quería en secreto, lo que no sé, es desde cuando lo sabía. ¿Desde antes de acostarse con mi amigo o después? Como sea, para el caso, era lo mismo. Algo se había quebrado.

HACE MÁS DE 1 AÑO:
Después de mucho llorar y tratar de olvidar todos los desencuentros con el Sr.Q. Decidí abrirme a conocer a alguien nuevo. No podía seguir estando triste por algo que quizás nunca iba a suceder. Necesitaba alguien que me haga olvidar, alguien de quien enamorarme. Es así que regresé al mundo de las redes sociales para encontrar pareja. Ahí conocí a Niccolò, un italiano que estaba en Córdoba por trabajo. Después de conversar y aceptar a ir una cita con él, me manda una foto para que lo reconozca. Para mi gran sorpresa: ¡¡¡ERA IDÉNTICO AL SR. Q!!! Sí, porque así de retorcido es el Universo. Le pedí más fotos, para comprobar que no me estaba volviendo loco, y en cada foto se parecía más. Dudé si ir pero finalmente accedí y tuvimos una cita increíble. El sexo se sintió espectacular, aunque en mi cabeza estaba mucho más confundido que antes. Cuando desperté me di cuenta que lo que sentía por el Sr. Q era más que algo sexual y pasajero, no era físico. Iba mucho más allá.

HACE MENOS DE 1 AÑO: 
El Sr.Q volvía de un viaje largo, nos íbamos a reencontrar después de mucho tiempo, habíamos estado mensajeándonos. Esa noche era LA noche. No había vuelta atrás. Yo estaba decidido. Y justo cuando estaba por decírselo me cuenta que en su viaje se había estado escribiendo con un chico. Casualmente estaba ahí, me lo presentó y se estuvieron besando en mi cara toda la noche. Sentí esa sensación de cuando estás por llorar fuerte, corrí al baño y tuve un ataque de llanto. Salí un rato después de ese baño, triste, muy triste. ¿Por qué no me rendí en ese momento? No lo sé. No lo puedo explicar. Hay algo que en él que me dan ganas de seguir luchando. No es racional, quizás sea amor puro y real.


HACE UNOS POCOS MESES: 
Mucha agua había pasado bajo el puente. Él y yo solo somos amigos. Yo lo quiero más de lo que debería y en el fondo sé que él me quiere. Se siente espectacular cuando estamos juntos, no lo voy a negar. Aprendí a conformarme con esos pequeños momentos. Disfrutar de cada segundo que paso con él. A veces, me conformo pensando que quizás si hubiésemos estado de novios, ya todo habría terminado y nuestros encuentros no serían tan especiales como lo son ahora, no los disfrutaría tan milimétricamente como los disfruto ahora. ¿Me arrepiento de haber perdido tanto tiempo en esta no-relación? Alguna vez se me pasó por la mente pero cuando el sentimiento es real, cuando los sentimientos son fuertes ¿es un desperdicio? NUNCA.

UNOS MESES DESPUÉS DE HOY:
Seguramente sigo pensando en él. Quién iba a pensar que cuatro años después de chocármelo en la pista y odiarlo, esto se iba a transformar en una historia extraordinaria. Quizás a esta altura ya haya encontrado la forma de decírselo, quizás algún día lea esto y se dé cuenta que hablo de él. Quizás un día yendo a tu trabajo vea ese ladrillo que brilla más fuerte entre todos los ladrillos y entonces sepa que lo que siento por él es para siempre. Y aunque siga adelante, aunque ambos sigamos adelante, lo que siento por él, siempre va a estar acá latiendo. Es, fue y será un amor de película.


¿Si creo que voy a encontrar un amor más grande que este? No lo sé. Pero si hay algo que aprendí, después de todos estos años en la ciudad, es que hasta el encuentro más odioso e insignificante se puede transformar en algo gigante, real, extraordinario. En un amor para siempre. Solo hay que darle tiempo.



Gracias a todos por leerme, a LugaresGayCba por el espacio en su página www.lgcba.com. Hasta la Sexta Temporada de Sexo Gay En La Ciudad en el 2016! :)

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro: Contános tu historia ¿Cuál fue y será tu historia de amor de película? 

jueves, 5 de marzo de 2015

El Talentoso Sr. Q


Estaba en una cita con alguien nuevo que había conocido las redes sociales. Solo un poco más grande que yo, alto, atlético, con una linda sonrisa y de esas personas que tienen 'cara de bueno'. Le vamos a decir Sr. Abrazo, por los hermosos abrazos que daba. De esas personas que le encantan los abrazos y les gusta que duren mucho. Ya casi que me había olvidado de lo mucho que me gustaban a mí. Es lo que pasa cuando estás obsesionado mucho tiempo con alguien que no te es reciproco (hablo del Sr.Q, mi más larga y extenuante obsesión) comenzás a olvidarte de cómo eras antes de adaptarte a las mínimas señales de afecto. Al menos eso me pasa a mí. Recuerdo todo lo que quería antes de conocerlo, antes de estar pensando constantemente en él y en como es, y desviviéndome por alguna demostración ínfima que me diera algún tipo de esperanza.

El Sr. Abrazo me había invitado a su casa, la que había pasado todo el día limpiando, había ido al supermercado más temprano, para cocinarme esa noche. Había preparado la música que íbamos a escuchar mientras comíamos. Y sin embargo, mientras el terminaba de preparar la comida, yo desde su balcón pensaba si se veía el edificio del Sr. Q desde ahí, con quien estará y que estará haciendo. ¿Por qué siempre es así?¿Por qué no valoramos lo que tenemos en el momento? ¿Por qué, después de todo este tiempo, todavía tenía esperanzas?¿Hasta cuándo?

Traté de suicidar los pensamientos sobre el Sr. Q desde ese balcón y focalizarme en la cita. Nos sentamos a cenar la comida que me había preparado con dedicación: un exquisita carne al horno con verduras y comenzamos a hablar sobre nuestras vidas. Cosas super personales para una primera cita: sobre nuestras familias, nuestros ex, nuestras carreras y aspiraciones, ahí me di cuenta que hacía mucho que no contaba esas cosas personales. Es otra de las cosas que suceden cuando te obsesionas con alguien por mucho tiempo, te olvidás de tu propia vida y de cómo eras antes de que todo sucediera. Recordé lo mucho que me gustaban las citas, conocer a alguien desde cero. El Sr. Abrazo comenzaba a mirarme fuertemente mientras conversábamos, casi que podía masticar su mirada. Eran como esas miradas que le hacía a escondidas al Sr. Q de vez en cuando, cuando no me miraba, y me preguntaba si alguna vez las había sentido. O si me había descubierto alguna vez estudiando sus reacciones y movimientos, que es algo que me encanta hacer. No de una forma 'obsesiva psicópata de asesino serial', creo que es algo que me sale naturalmente cuando estoy enamorado de alguien y al mismo tiempo porque como escritor siempre estoy observando todo para después describirlo detalladamente en columnas como estas ja.



Terminamos de cenar y pasamos al living, Y en el medio de la conversación me preguntó: - ¿Te gusta esta música?. - Si, le contesté, era una especie de bossa nova, entonces se paró y fue a subir el volumen. Yo me paré a dejar el trago, él me tomó de la mano y comenzó a moverse con la música. Me hizo gracia, era todo muy cursi. Ahí recordé lo cursi que solía ser antes del Sr. Q. Y es que cuando te obsesionás con alguien, de repente, adquirís rasgos de la otra persona, inconscientemente, quizás para gustarle más o para generar más empatía, quien sabe. A veces, te convertís en otra persona totalmente diferente.

Por supuesto que la culpa era mía, eso lo sabía. En un juicio, nunca podría culpar al Sr. Q de nada, porque todo lo hizo tan meticulosamente que no tendría pruebas para demostrar las veces que miró diferente, sus gestos románticos, podrían simplemente ser gestos amistosos. No puedo culparlo por las cosas que estaba dispuesto a dejar por él, porque eso lo hice enamorado. No puedo culparlo por su frialdad, porque quizás una parte de mi se enamoró de esa parte de su personalidad. Ni tampoco puedo culparlo por aparecerse en mi mente cuando la estoy pasando bien con alguien nuevo como en este momento.

Bailamos un rato con el Sr. Abrazo y después la música terminó. Entonces comenzaron los besos. De esos besos largos y apasionados contra la pared. Me había olvidado lo bien que se sentían los besos seguros de sí mismos. No eran para nada como los besos del Sr. Q, una de esas noches de borrachera, dudosos, quizás por calcular mal la distancia, en un taxi a oscuras. Este beso era un beso de alguien que quería estar conmigo, alguien que estaba seguro de lo que quería. Y es que cuando te gusta alguien, tratás de darle a esa persona, de vez en cuando y en la medida de lo posible, lo que quiere. Y créanme, se siente maravilloso. ¿No es acaso esa la verdadera y más pura manifestación del verdadero cariño?

Me invitó a que pasemos a su habitación y todo se puso más caliente. Demasiado caliente, la excelente noche que habíamos pasado lo ameritaba. Y en ese momento, en el mejor momento del sexo, me sucedió algo que no me había pasado antes. Mi mente se separó de ese momento y comencé a pensar en el Sr.Q. No para calentarme ni nada por el estilo, de repente, comencé a pensar en cómo sería tener sexo con el Sr. Q. Estar y compartir ese momento con él. En si nuestros besos serían apasionados o románticos o buenos o malos. Como se sentiría estar con él en la cama. Si me daría pudor, si le daría pudor a él. Si sería el momento más hermoso de mi vida o si sería raro. Es como que se me apareció muy claramente, casi que lo podía ver ahí con nosotros ¿Cómo había hecho el Sr.Q para meterse en mi mente en ese momento? No tenía idea, debe ser uno de sus talentos. Uno de sus malditos talentos. O quizás era uno de mis defectos, no poder disfrutar de los buenos momentos y concentrarme en lo que no puedo tener. Debería ver el vaso medio lleno, entonces ¿cuál era mi talento?¿Ver la esperanza donde no la hay?¿estar enamorado de alguien a pesar de todas la veces que la pasé mal en esta no-relación?¿olvidarme de todo cuando lo veo y solo pensar en el cariño que le tengo? Quizás mi talento era: ¡mantener una erección pensando todo esto!


En ese momento decidí que tenía que volver en mí, matar de mi mente al Sr. Q y volver a los brazos del Sr. Abrazo. Me concentré muy fuerte y volví. El Sr. Abrazo no lo notó por suerte y terminamos la noche abrazados en su cama, acariciándonos hasta dormirnos.

A la mañana siguiente, mientras me bañaba en la ducha del Sr. Abrazo, trataba de lavar mis pensamientos del Sr. Q, como si pudiera enjuagarlo de mi mente, pero quizás no había suficiente jabón.



Me comencé a vestir antes de irme, el Sr. Abrazo se acercó para abrazarme un ratito más y yo pensaba en si estaba listo para comenzar una nueva relación, en lo bueno que sería enamorarme de alguien nuevo y, si algún día, iba a tener el talento del olvidarme del Talentoso Sr. Q.

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro: Alguna vez teniendo sexo con un chico ¿se te cruzó por la mente otra persona? 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Córdoba, Te Amo



Dicen que el amor está a la vuelta de la esquina, pero si hay algo que me ha demostrado la experiencia es que puede estar en cualquier lugar de esta hermosa ciudad. Y no solo eso, también descubrí que cada historia puede convertirse en un amor de película. He aquí algunos ejemplos:

La Plaza de la Intendencia & El Abominable Hombre De Las Nieves

Era profesor de español en Francia y solo venía unas cuantas semanas a Argentina. Hacía mucho frío, era esa época que estaba por nevar en Córdoba. Por esas casualidades de la vida, vivíamos a una cuadra y media. Cosas que solo pasan en esta ciudad. Me invitó a su casa y nos gustamos inmediatamente. Me encantaba que era canoso y tenía cara de bonachón. Me mostró su casa, y yo además de los nervios, me estaba congelando. Mis manos eran básicamente dos icebergs. A él le impresionaba lo fría que estaban, así que me las tomó y trataba de calentarlas. Me abrazó porque sentía que así lo iba a lograr. Y nos quedamos abrazados un rato largo. Se puso cariñoso y comenzamos a besarnos. Me tomó de la mano y me llevó a la habitación. Prendió la estufa al lado de su cama. Mis manos seguían como dos témpanos de hielo, intentamos tener sexo pero mis manos heladas le hacían cosquillas, así que después de un rato decidimos quedarnos abrazados y a los besos. Esa tarde nos quedamos mirando el cielo por su ventana y, según él, estaba por nevar, así que nos vestimos rápido, nos abrigamos bien y compramos unos cafés para llevar a la Plaza De La Intendencia. No cayó nieve ese día, solo un poco de agua nieve. Fue una muy linda cita. Pero ahí quedó todo. No lo volví a ver hasta unos años después y ahora el que era un témpano de hielo, era él. No volvió a saludarme aunque nos cruzamos varias veces de frente. Nunca supe porqué.


La Cañada & El Señor Del Anillo

Habíamos terminado una cita excelente, después de cenar caminamos por la Cañada. Estuvimos toda la noche sin poder besarnos, ni darnos la mano. Nos daba pudor hacerlo en público, eran otras épocas. Nos sentamos a conversar en la Cañada antes de despedirnos, y Martín me dijo: "Bueno, ya está, te tengo que besar, que digan lo que digan". No sé si era por todas las ganas acumuladas pero fue un MUY buen beso y bastante largo. No podíamos parar. De la nada aparecieron unos chicos y cuando nos vieron besándonos comenzaron a aplaudir y se acercaron a darnos la mano y palmaditas. Nos dio gracia y vergüenza al mismo tiempo. Antes de despedirnos me dijo que la había pasado muy bien y agregó: "Pero tengo que confesarte algo". Una de las frases más terroríficas para escuchar en una primera cita. Me dijo que estaba casado y me mostró su anillo, su idea era divorciarse pronto pero no era tan fácil porque tenía una hija. Yo me quería tirar a la Cañada. Le dije que podría habérmelo dicho desde el principio. Yo había visto su anillo, pero pensé que era un anillo más. Que estaba todo bien, pero yo no podía ayudarlo a resolver ese tema y que me llame cuando lo tuviera resuelto. Nunca llamó y no supe más de él.

La Plaza España & Una Serie De Eventos Desafortunados

Nos conocimos en Messenger, eso ya habla de lo antigua que es la historia. No recuerdo quien agregó a quien, pero sí recuerdo que chateábamos todas las noches. Muchos años después, se animó y me invitó a una cita. Pero en ese momento yo estaba de novio, así que le dije que mejor no. Cuando mi relación terminó, fui yo el que lo invitó. Y era el él que estaba en una relación. Porque esas cosas siempre pasan. Hasta que un día el volvió a invitarme y ambos estábamos solteros. Así que fuimos inmediatamente a tener la cita. Recuerdo que fuimos a un bar espantoso, pero la estábamos pasando tan bien que no importaba. Terminamos de comer rápido, porque la comida era horrible y nos queríamos ir de ahí. Así que me dijo de ir a caminar un rato ya que era temprano. Y así caminamos y caminamos. Había mucho viento, en cualquier momento íbamos a salir volando. Yo comencé a tener tos, así que nos sentamos en la Plaza España, que ya estaba decorada para Navidad. El cielo se estaba nublando y parecía que en cualquier momento iba a llover. Nos comenzamos a reír porque todo había salido mal en la cita. Pero cuando la pasás bien con el otro nada de eso importa –le dije- y me miró y sonrió. Entonces me dijo que deberíamos besarnos, para que al menos algo salga bien. Y eso hicimos, ahí entre medio de las columnas gigantes que simulaban ser regalos, nos besamos mucho, mucho tiempo. Eso salió perfecto. Esa noche no pasó de ese beso. Al otro día me dijo que le hubiera gustado invitarme a su casa, pero no se animó. Y le dije que me había pasado lo mismo. Lo dejamos para más adelante, y nunca sucedió. Nunca más volvimos a chatear, ni lo vi conectado. Muchos meses después descubrí en uno de sus mensajes de cumpleaños de facebook, que había fallecido. Me entristeció mucho, aunque ahora cuando paso por la Plaza España, siempre pienso en él, recuerdo esa noche y sonrío.



El Patio Olmos & Nino Quincampoix.

Era mi primera cita con Rafael, mi primer novio. Siempre nos habíamos visto de noche hasta ese día. Estaba muy nervioso porque era una de mis primeras citas y no tenía idea de cómo iba a ser. Nos encontramos en el Patio Olmos, porque íbamos a ver Amélie en el cine. Yo ya la había visto mil veces, pero quería que él la viera. Cuando llegué me estaba esperando y era más hermoso de lo que recordaba. No sabía si saludarlo con un beso o como, así que hice como una cosa extraña y se rió. Rafael siempre hacía chistes de todo y le gustaba ponerme nervioso porque sabía que yo era tímido. En el medio de la película, me tomó la mano, yo me asusté y casi tiro toda la gaseosa. Comenzamos a reírnos, hasta que nos hicieron callar. Durante la película, me acariciaba la mano y ponía su pierna junto a la mía. Hasta que en la parte más romántica de la película (Spoiler Alert) cuando Nino besa a Amélie, Rafael no aguantó más y me besó en la boca. No sé si la gente se dio cuenta o no, no me importaba y a él tampoco. Uno de los besos más lindos que me dieron en mi vida. Esa noche decidimos ponernos de novios y esa forma de besar se convirtió en algo de nuestra relación.

El Teatro 25 de Mayo & Billy Elliot

Nos conocimos en un boliche, hace bastante tiempo, recuerdo que en esa época le di mi mail. El decía que hacía mucho me venía viendo y esa noche se animó a acercarse. Solo me pidió el mail y se fue. Me escribió un mail re lindo y quería que nos conociéramos, pero en vivo, no le gustaba mucho lo de chatear, sentía que en vivo era más real. Así que fui a su casa, me hizo una cena muy rica. La noche estaba hermosa y el tenía un balcón re lindo con reposeras donde nos quedamos charlando toda la noche. El era bailarín, del Teatro 25 de Mayo. Tenía cuerpo de bailarín y era bastante flexible. Eso lo descubrí más tarde cuando tuvimos sexo. Hicimos unas posiciones que nunca pensé que fueran posibles. Hasta que en un momento, nos caímos al piso los dos y morimos de risa. Estuvo muy divertido. Unos días después, me invitó a verlo bailar en el teatro. Yo todavía no estaba seguro si me gustaba o si lo quería como amigo o cuáles eran sus intensiones. Pero esa noche, cuando lo vi bailar en el teatro, ahí me enamoré. ¿Por qué acaso hay algo más seductor que ver a alguien haciendo lo que le gusta apasionadamente?.

El Arco de Córdoba & Robocop

"Ya es hora de conocernos" me dijo esa noche. Y acepté tener una cita con él. Me dijo que me iba a buscar en un taxi y de ahí podíamos ir a su casa aunque quedaba medio lejos. Habíamos hablado por teléfono unas cuantas veces en el chat telefónico, pero era un extraño. La adrenalina y la calentura a veces te hacen hacer esas cosas inconscientes cuando sos adolescente. Le dije que si. No me había mentido en su descripción, era tal cual me había dicho. Era rapado, tenía unos ojos celestes super penetrantes y se le hacían hoyuelos cuando se reía. En el viaje conversamos y escondidas del taxista por ahí me acariciaba las piernas. El viaje se estaba haciendo un poco largo y me empezó a dar un poco de miedo, porque no sabía dónde estábamos yendo. Cuando vi el Arco de Córdoba, comencé a pensar: "listo, este tipo me va a asesinar o me va a raptar y nadie se va a enterar nunca porque no le avisé a nadie que salía con él". Empecé a pensar en cómo escaparme o tirarme del auto en algún semáforo. Supongo que debe haber visto mi cara de susto, porque dijo: "Ya casi llegamos". Entramos a su casa, me dio un vino y nos sentamos a conversar en un sillón. La conversación comenzó a subir de tono. Hasta que dejó la copa y me dijo: "Antes de pasar a la habitación tengo que mostrarte algo". Me agarró la mano y me la apoyó sobre su pierna. Y la fue bajando. Yo creía que era una técnica para que lo tocara, pero de repente me di cuenta que su pierna terminaba y comenzaba una ortopédica. "Soy Robocop"me dice. Y nos comenzamos a reír. A partir de eso ambos nos relajamos y en la cama, me enseño unas muy divertidas posiciones.


El Parque Sarmiento & El Último Tango En Córdoba

Era el 2007, una presentación única de Bajofondo Tango Club en la isla del Parque Sarmiento. Era una hermosa noche de verano, el cielo estrellado y estábamos disfrutando de un recital espectacular en el medio de los árboles. Mientras bailaba con una amiga con la que había ido, veo a lo lejos a Pedro, un chico al que había conocido en otro recital de Bajofondo años atrás y con el que me había besado en el medio de un pogo. Cuando terminó el recital, lo busqué para saludarlo. Y lo vi cruzando el puente para irse. Corrí para alcanzarlo y recuerdo que temblaba de miedo, me latía fuerte el corazón. Le toqué la espalda y le pregunté si se acordaba de mí. Claro que ahí yo tenía 20 kilos menos a cuando nos conocimos. Cuando le expliqué quien era, se acordó y caminamos hasta su departamento mientras conversamos. Me invitó a subir a tomar algo y la pasamos espectacular. Tuvimos sexo escuchando el cd de Bajofondo. A los dos nos encantaba el tema Perfume. Es una noche que nunca voy a olvidar. A las pocos días el se iba a vivir a España, o eso fue lo que me dijo. Lo que no sabe es que semanas después lo vi con otro chico. Una lástima.


Con tantas historias vividas y muchas más por vivir ¿Cómo no amar a esta ciudad? Córdoba, ¡Te Amo!

Dedicado a la memoria de A.R.

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro: ¿Y vos? Contanos alguna de tus historias memorables en esta hermosa ciudad


martes, 30 de septiembre de 2014

El Príncipe+El Guerrero



Había una vez, hace muchos, muchos años, un chico a quien llamaremos G. Nos conocimos en el cumpleaños de un amigo, era un cumple íntimo, por lo que éramos un grupo reducido de personas. Yo estaba ahí por casualidad. Me acuerdo que yo estaba en esa etapa que estaba bastante descreído del amor y no esperaba nada de nadie. Cuando me lo presentaron, inmediatamente conectamos. Tenía unos ojos grandes y celestes. Nuestro saludo fue incómodo, nos dimos la mano y se puso colorado, hizo un chiste sobre el saludo. G era una de esas personas que apenas lo mirás, te causa una sonrisa. Eso me pasa con pocas personas. Esas personas que apenas dicen algo, te causa gracia, por como lo dicen o por los gestos. Esa noche, salimos todo el grupo a festejar a un boliche, y la pasamos estupendo. G se quedó conmigo casi toda la noche. El hacía cualquier cosa y yo me reía y entonces él se reía también. Desgraciadamente, como cuando la pasás bien, la noche se hace más corta. Hacia el final de la noche, todo sucedió de repente, salimos e inmediatamente el cumpleañero paró un taxi y G se fue con ellos. Antes de subirse me dio la mano como en chiste. No nos pudimos despedir bien, siempre me quedó en la mente ese momento, esa mirada, porque fue como que me quería decir algo y no pudo. Yo me quedé con uno de sus amigos que vivía por ahí cerca como yo. Desde el taxi, se quedó mirándome y haciendo caras.



Volví caminando con su amigo unas cuadras y me interrogó sobre si era soltero y otras cosas, yo creía que estaba siendo simpático, pero cuando él tenía que despedirse y doblar en una esquina, me apuntó directo a la boca y casi nos besamos en los labios, pero por un milímetro, y por reflejo, yo corrí la cara. Creía que había sido un error, pero cuando comenzó a sonreír, me di cuenta que no lo era. Yo me quedé sorprendido y en mi lugar, mientras él se iba por su camino, con cara de pícaro.

Al otro día, lo busqué en todos los reinos de las redes sociales, y lo encontré en facebook . Su amigo hizo lo mismo y me encontró a mí. Trataba de convencerme para que nos veamos, trataba de hacerme morder de su manzana. Pero no cedí, a mi me interesaba G y solamente G. Sin embargo el hechizo se había terminado, G estaba algo distante y tardaba en contestarme ¿Por qué siempre el que te gusta tarda más en contestar que el resto de la humanidad? Yo me preguntaba si su amigo le había contado del casi-beso. Chateamos un par de veces más hasta que un día, me dijo que se iba a dormir y nunca más volví a saber de él. Me acuerdo que le escribí un mensaje de esos largos y desesperados que nunca contestó.

Años después, de no saber nada de él, ni haberlo cruzado en ningún lado, ni saber de su vida, apareció su saludo como si nada hubiera pasado. Tuvimos una charla graciosa, de esas que uno tiene cuando le interesa el otro. Los dos estábamos solteros y todo iba bien. Y después de un día para otro, otra vez, desapareció. Nunca más usó su facebook, no me había bloqueado, simplemente desapareció. Me imaginé que usaba uno de esos facebook falsos y que tenía otro "de verdad". El único dato nuevo que tenía, era donde trabajaba. Entonces, durante unos meses, pasé por frente del lugar, tratando de cruzármelo. No como un acosador ja, simplemente me quedaba de paso. Estaba un poco obsesionado, y es que la verdad, para mí, esas conexiones no me suceden muy a menudo, son casi extraterrestres. Hasta que un día el guardia de seguridad me vio cara de sospechoso y me preguntó si necesitaba algo. Le dije que esperaba a un amigo y me creyó. Esperé a que se distrajera y me fui corriendo. Ahí me di cuenta que había llegado muy lejos. ¿Hasta qué punto estaba bien pelearla por alguien que te encanta?¿Y por qué siempre tengo que ser el guerrero y no el príncipe que espera?¿Que ya no queda nadie que quiera ser héroe?¿que tienen que perder?

A veces uno lucha, porque la satisfacción de estar con alguien por quien luchaste se siente espectacular. Pero algunos afirman que cuando realmente hay amor todo tiene que darse naturalmente. ¿Es así?¿Todo debería ser simple?

No lo sé. La verdad es que no conozco muchos casos en que haya sido simple. Lo que si conozco son muchos casos en que todo está tan simple y natural, que ambos se terminan aburriendo muy rápido. ¿Entonces queremos que sea complicado?

Quizás complicado no es la palabra. Está bueno cuando hay algo por conquistar, algo por que luchar y por rescatar. Pero que sea un objetivo claro, alguien que sostenga una promesa y trate de cumplirla. O mejor aún que entre los dos luchemos para conseguir el final feliz. Si hay que tirarse a la pileta, saltemos los dos y tomados de la mano. Porque aunque la felicidad la puede conseguir uno mismo, compartirla con alguien, da mucha más felicidad.


Hace unas semanas, después de años, G me invitó a tomar algo. Pensé: ¡que bueno, al fin tomó iniciativa! Le dije que si y quedó en confirmarme ese día el lugar para encontrarnos. La mañana de la cita, estábamos ahí, ambos conectados, nunca me dijo nada. ¿Esperaba que yo le dijera algo?¿o se había olvidado? No dije nada, abrí su ventana, y cuando estaba por escribirle pensé: ¿Por qué no me dice nada?¿Si le intereso no debería acordarse lo que me dijo?¿De la invitación? Y entonces me detuve, no lo hice. No dije nada. El tampoco.

Cuando mis amigos me preguntaron porque, les expliqué que no sirve de mucho que todo comience así. Uno luchándola y luchándola y el otro esperando que las cosas sucedan. Ellos me dicen que soy complicado. Pero la verdad es que no es tan complicado esperar que el otro sea claro. Así como fui yo con el amigo de G cuando le dije que estaba interesado en otra persona. Tampoco es complicado esperar que si me decís una cosa, la sostengas, que no tenga que andar buscándote, enfrentarme a guardias y dragones para llegar hasta donde estás. Tampoco quiero que nadie me rescate a mí, como dije antes quiero que ambos seamos el príncipe y también el guerrero del otro, que luchemos juntos hacia el mismo lado. Haciéndonos compañía.

Esta era básicamente la diferencia entre el Sr. Q y todos los demás. Cuando el Sr. Q me quiere ver, me escribe con una invitación concreta y clara. Y sé que a él le cuestan esas invitaciones y aunque a veces no le salen del todo bien, valoro mucho que las haga, que tenga esa iniciativa y me predisponen de una manera totalmente diferente a aceptarlas. Más allá de que después sucedan o no, me queda claro que pensó en ese momento estaría bueno juntarse y eso es invaluable.


Unos días después, me armé de valor, me arme de coraje y le dije: "Que lástima que te olvidaste de lo del trago, porque me hubiera encantado verte y tomar algo con vos". Me contestó mucho después diciéndome que se había quedado dormido. Hagamos un paréntesis aquí: seamos sinceros, cuando a alguien le interesa alguien, siempre se puede hacer un tiempo para el otro y nunca, NUNCA se quedaría dormido. Me dijo algo así como que otro día podíamos ir, que le avise. Es decir, que ahora lo tenía que invitar yo. Y así el encantamiento que tenía por él se convirtió en calabaza. Es una lástima, G, no era para mí. De ahora en más, solo príncipes y guerreros. Los bellos durmientes, que se compren un buen despertador.

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro: Cuando conocés a alguien ¿sos el príncipe o el guerrero?¿Preferís que todo sea simple o pensás que el desafío de lo complicado es más seductor? 

martes, 19 de agosto de 2014

Ciao



Después de volver de Buenos Aires, todo parecía estar bastante tranquilo acá en Córdoba. Tranquilo, estable…aburrido. Todo era "Tranquilidad En La Ciudad". El Sr Q, quien sabe donde estaba, o con quien. Por lo que era hora de conocer gente nueva, lo que se está haciendo cada vez más difícil. No solo porque no queda mucha gente por conocer, sino porque o son demasiado chicos o demasiado novios. Muchos de mis amigos conocieron a sus novios por redes sociales, y aunque preferiría que se dé en vivo y en directo ¿Por qué no tratar?

Facebook es muy público: conocés a alguien y lo ve todo el mundo y aparecen los 'roba-amigos'. Twitter es limitado: Necesito más de 140 caracteres para conquistar a alguien. Tinder es lento: hasta que coinciden que a ambos le guste el otro, para eso espero la vida real. Grindr es un catálogo de abdominales y torsos sin cabeza: pero bueno, de vez en cuando, aparece alguien que no quiere ir a los bifes de una. Que los hay, los hay. Hacía meses que tenía la cuenta y la verdad nunca había estado con nadie, los chats se vuelven básicos, lo que está bien, es decir para eso es la aplicación, pero yo buscaba otra cosa. Y ahí apareció él. Yo no le había prestado atención porque tenía una de esas fotos sin remera y abdominales marcados. Pero comenzó su chat con una palabra graciosa que me delató que no era de por acá. Niccolò, era italiano, tenía mi misma edad y era justo lo que buscaba. Terminamos teniendo una conversación chistosa sobre los pijamas hasta que finalmente preguntó como podíamos hacer para conocernos. "¿Un café o una cerveza? Mañana tengo el día libre" me dijo. Era justo lo que esperaba que me dijera.

Claro que no todo podía ser perfecto, antes de despedirnos del chat me mandó unas fotos suyas más actuales y ¡oh sorpresa! ¡¡¡Era fisicamente igual al Sr. Q!!!. ¿Qué me estaba diciendo el Universo? Le pedí otra foto sobre todo para comprobar que no me estaba volviendo loco/obse/paranoico y fue peor porque salió haciendo los mismos gestos que hace el Sr. Q en las fotos. No sabía si todo esto era bueno o no. Esto puso en duda lo de ir a conocerlo, porque la idea de conocer alguien nuevo es justamente olvidar lo viejo. Pero por otro lado, no podía dejar pasar la oportunidad de conocerlo.


Nos encontramos en la Cañada para tomar un café, llovía un poco. Se dio vuelta y quedé mudo. Era igual. Muy simpático, hablaba muy bien español con un acento gracioso. Fuimos a Apartamento, merendamos y conversamos fluidamente sobre nuestras vidas. Lo bueno de haber tenido tantas citas en mi vida, es que no me pongo tan nervioso como antes cuando solía quedarme mudo. Queríamos seguir conversando así que pedimos unos tragos, sobretodo porque se venía la parte de hablar de las relaciones anteriores.

El se extendió sobre su ex, lo que había sufrido y lo mal que lo había pasado, todo lo que le mintió y se lo veía aún enojado. Yo le conté sobre el Sr.Q, aunque no era una relación ni nada, a las historias con mis ex las tengo cerradas y con la mayoría me llevo bastante bien. Cuando le conté me dijo que se notaba que todavía me gustaba, porque de lo contrario debería estar más enojado o triste con la situación y se lo contaba con una sonrisa. Eso me sorprendió. También debo decir que me parecía bastante bizarro contárselo a alguien que se parecía tanto. Pero la verdad es que más allá de todo lo que no pasó con Sr. Q, todavía quedan restos ahí y le tengo mucho cariño, no podría enojarme con él. Es muy loco que en esas historias que nunca se cierran, siempre queda esa sensación de que con tal de estar con él le perdonarías cualquier cosa, algo que nos olvidamos rápidamente después durante las relaciones que SI llegan a concretarse.

Era domingo y la lluvia había parado un poco, así que fuimos a dar unas vueltas por ahí para seguir conversando. No había mucha gente en la calle y entre una de sus miradas pícaras, me tomó la mano. Creo que no me tomaban la mano en público desde el 2009 y ahí la lluvia volvió, porque claro, era extraño hasta para el universo. Entramos al bar más cercano, aunque ya no había nadie, era temprano, así que nos sentamos en la barra, donde nos hicimos amigos del barman, porque él era uno de esos turistas que les gusta socializar. Comenzamos con un toc-toc de tequila y después el barman nos hizo unos tragos riquísimos de su autoría. También estaba ahí su novia que había venido a visitarlo y terminamos en una especie de cita doble con el bar solo para nosotros. Niccolò se puso más cariñoso y no me soltaba la mano. Me decía que no quería que terminara la noche, así que me invitó a su apart-hotel a tomar un café. En otra circunstancia no habría aceptado, pero solo estaba en el Córdoba por unos días y también tenía a mis amigos en la cabeza diciéndome que no estoy abierto a conocer a alguien nuevo y que tenía que olvidarme de las reglas ridículas. Además ¿Cuántas veces en la vida se da una oportunidad así de estar con alguien que además de ser cariñoso es idéntico al chico con quien estuviste obsesionado por meses?

Nos apuramos a llegar al apart-hotel, pero no aguantó, y ahí entre una calle oscura, en medio de la llovizna, me besó. Después dicen que esas cosas solo pasan en las películas. El beso fue espectacular, porque claro, no solo tenía la expectativa de todo ese día, sino de todos los meses que había querido hacer exactamente eso con el Sr.Q. Lo sé, no estaba bueno comparar, pero por un lado, él ya lo sabía, ya le había aclarado lo mucho que se parecía y por otro, seguramente si no se parecían, lo iba a comparar igual, porque siempre, aunque sea sin querer, consciente o inconscientemente, terminamos comparando.

En el apart-hotel, lo único que queríamos cenar, eran más besos. Pasamos salvajemente a la cama y todo fue perfecto. Hasta que, en medio de la oscuridad, rompimos la mesita de luz y todo se cayó al piso. Nos reímos a carcajadas. Levantamos todo así nomás y se puso serio, para decirme que la había pasado muy bien conmigo. "Necesitaba pasarla bien" me dijo. "Yo también…mucho", le contesté. "Fue muy lindo conocerte" y de hecho lo fue. Me pidió que me quedara a dormir con él, se estaba haciendo tarde. Por alguna razón, no podía decirle que no. Y nos dormimos acariciándonos. Por momentos me detenía a observarlo, no podía creer que todo lo que pasaba era real.

Cuando despertamos al otro día, ambos estábamos contentos. Había dormido muy bien, algo que no siempre me sucede en otra cama que no sea la mía, con otra almohada y con alguien al lado. Pero esta vez, todo había sido placentero. Desayunamos unos besos con sabor a despedida. No sabíamos si nos íbamos a volver a ver, pero ambos sabíamos que íbamos a guardar todo como un lindo recuerdo.


Mientras lo acariciaba pensaba en como es extraño el Universo, que te quita ciertas cosas pero te recompensa con otras. Que todo está planeado a la perfección y que estamos predestinados a conocer a ciertas personas para ayudarnos a superar a otras o para darnos cuenta de cosas que antes no veíamos. Como por ejemplo que estando ahí con Niccolò entre mis brazos, había una parte de mí que quería que fuera el Sr. Q., que por más que se parecieran físicamente, no era lo mismo. Mi enamoramiento con el Sr.Q. no era, y nunca fue, físico. Más allá de que es lindo, ambos eran lindos, había otras cosas que me enamoraron de él que nadie podía reemplazar. Esa era la realidad y estaba bien. Lo tenía que aceptar y superar.


Nos dimos un abrazo largo, no queríamos soltarnos. Era un abrazo de agradecimiento por el día de película que habíamos pasado pero también porque sin darse cuenta me había aclarado muchas cosas. Nos despedimos con un "ciao", que no solo significa "adiós", también significa "hola". Y nada encajaba mejor con el momento, era el final de una etapa y el comienzo de otra. Esperemos que una mucho mejor.

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro:  ¿Creés que estamos destinados a conocer a ciertas personas?

domingo, 22 de junio de 2014

Aullido


Abril del 2014, Buenos Aires, Argentina. Un trueno, como una cachetada me despierta a la realidad en esa cama transpirada de sexo contenido. La cabeza me palpita resaca de besos, dolor muscular. Desnudo mi cuerpo en bóxer negro y los pies y las manos heladas, enredadas dándose calor. La almohada babeada encantada de pasión y el morbo de la infidelidad. Amigo de un amigo, su nombre, Germán, cineasta de Salta, dulce y acariciable. Su cuerpo completamente desnudo, huesudo, pálido marcado por mis manos descansando plácidamente en ese departamento de Recoleta. El cielo se bañó y ahora está color rosa chupado.

Comenzó con una mirada entre seudo-hipsters del BAFICI y calentura de humedad contenida en esos cines alfombrados. Su sonrisa picarona brillaba esa tarde gris de incesante lluvia de abril en la ciudad de la furia. Nos miramos nuevamente para reafirmar el flechazo. Me hago el que observo la vidriera de la librería que está cerca de ahí. En medio de esa actuación, una edición del libro "Aullido" de Allen Ginsberg me sonríe. A su lado, como debe ser, uno de su amigo Jack Kerouac, "Viajero Solitario", ambos me dan su bendición beat. Nada es casualidad, todo es una señal. El tipito se acerca firme con gran confianza como un niño que quiere jugar. Una tonada graciosa me roba una sonrisa y ya me tiene en el bolsillo. Atrapados por la lluvia me invita a tomar un café ahí mismo y no puedo negarme, no me dejan. Conversamos sobre cine independiente, observo sus ojos mirándome fijo a los labios, como si los quisiera lamer. Me incomoda con su obscena obviedad y le pregunto de su novio. Porque ya conozco esa mirada. El vuelve al piso firme y se sorprende por mi premonición. Por cierto era acertada, porque ya sé como es, solo un infiel tiene ganas a las 4.30 pm. Me cuenta que tienen una relación abierta. La modernidad y sus débiles compañeros. ¿Trio is the new black? Su novio de 5 años tiene mucho trabajo y está estresado, por lo que no están teniendo sexo hace un tiempo y llegaron a ese acuerdo. Solo tienen una regla, ninguno tiene que enterarse de lo que hace, ni cuando lo hace. Bien. Me cuenta que desde el acuerdo no ha podido hacerlo con nadie. Le digo que quizás no esté tan de acuerdo. "Puede ser" me dice. Y que quizás tenga que ver con que viene de una familia ultra-religiosa. Siente que ahora cuando muera va directo al subsuelo del infierno. Se pone serio unos segundos y comienza a reírse solo. Me cuenta que la última vez trató, no se le paró y se fue a escondidas del lugar porque le dio vergüenza. Me rio. Nos reímos. El café se enfría, nosotros nos calentamos. Nuestras piernas se rozan, sin querer o a propósito, o con querer. Miramos hacia todos lados. Yo no cojo hace bastante confieso, es una larga historia, confieso, es complicado confieso. Me pregunta si soy complicado. "Puede ser"quizás solo me cuesta olvidarme de las personas, aunque nunca hayan sido mías. Lo entiende de inmediato. La lluvia se detiene, es ahora o nunca. ¿Los silencios del fin o una pausa para seguir?. "Me dan ganas de besarte" me dice. "A mí de abrazarte". Justo lo que necesitábamos. Otro silencio pasa caminando entre nosotros. Hasta que por fin lo dice: "Vivo acá a 3 cuadras". "Que suerte, no te vas a mojar". "Ya estamos mojados", "Atrevido". "¿Vamos?". En mi mente: Que sí, que no, la luna, que no, Jack Kerouac aulla un si, que no, Allen Ginsberg aulla un si, que no. "Está bien, vamos".



Al otro día, volví directo a comprar el libro "Aullido" de Allen Ginsberg, lo terminé bastante rápido. Una de las primeras veces que comencé a escribir y a disfrutar de escribir fue a los 11 o 12 años. Escribía poemas de amor sobre el chico que me gustaba. Eran poemas que no tenían género, por las dudas alguna vez mis padres lo encontraban y lo leyeran. Eran como extremadamente cursis y ahora seguramente si los leyera serían aún más, pero aún así, eran auténticos. Desde entonces no he dejado de escribir sobre el amor, tratando de equilibrar lo cursi con lo auténtico y encontrando mi propia voz. Para Ginsberg hay que hablarle a tu musa como le hablas a tus amigos, sin restricciones, sin inhibiciones, es ahí donde sale tu verdadera voz. Entonces me puse a escribir esto:

ESTOY CONTIGO EN LA CAMA

Estoy contigo en la cama, donde nos recostamos a por el jugo genital.

Estoy contigo en la cama, donde miramos el techo como si fuera un abismo estrellado. Aunque afuera las sirenas apocalípticas persiguen algún motochorro.

Estoy contigo en la cama, donde la magia de tus besos transpiran entre el olor de tus sábanas mal lavadas.

Estoy contigo en la cama, donde nos miramos como buscando lo que queremos proyectar.

Estoy contigo en la cama, donde la humedad de Buenos Aires se nos pega al cuerpo como perfume de lluvia, en la ropa, en la carne, en los bultos.

Estoy contigo en la cama, donde nos besamos sin pensar en las consecuencias de los castigos.

Estoy contigo en la cama, donde lo único que nos ilumina es el reflejo de la luna en esa cruz brillando en tu cuello, regalo de alguna de tus atormentadas tías que estarán rezando en alguna iglesia, allá en Salta, pidiendo por nuestras almas.

Estoy contigo en la cama ¡Oh Jesús! Qué bien se siente recorrerte con la lengua del pecado inmaculado. Abramos los condones con tachas, coleccionemos escurridizas puntitas de envoltorios de colores.

Estoy contigo en la cama donde tomas mi mano y la guías entre el laberinto de tus piernas hasta la cueva de tus bóxers apretados. Despejo tus nalgas como el sol a las nubes.

Estoy contigo en la cama, nuestras espadas succionadas se afilan erectas en posición de guerra y hacen chispas, aullando libertad ¡Oíd mortales el grito sagrado!

Estoy contigo en la cama, como animal desesperado, salvaje, mordiéndote la clavícula, capital del morbo crepuscular.

Estoy contigo en la cama donde damos vueltas en sentido a las agujas de ese reloj sin parar lamiéndonos las costillas saborizadas.

Estoy contigo en la cama, ahogándonos en nuestras axilas con placer extraterrestre, mientras sujeto tus manos bien fuerte, como mi madre me sujetaba al cruzar la calle.

Estoy contigo en la cama, y el recuerdo de nuestros amores pasados son fantasmas caminando esas 3 cuadras hasta el cementerio de Recoleta.

Estoy contigo en la cama, donde excitadas tetillas se inflan y desinflan como la palabra testosterona.

Estoy contigo en la cama, donde ahora somos un abrazo exquisito sabor a café con leche.

Estoy contigo en la cama, donde acaricio tus alas lo más que puedo, como leyéndote en braille, para memorizarte por completo para cuando no estemos juntos y tenga que escribir sobre vos en invierno.

Estoy contigo en la cama, donde cada beso es el último, infinito y para siempre como los anillos de Saturno.

Estoy contigo en la cama, donde escuchas mi pulmón asmático desde mi pecho lleno de tus marcas físicas y marcas emocionales de otros, esa madrugada con la lluvia masturbándose en tu micro-balcón, acabando, en éxtasis porno sobre esa puertaventana empañada.

Estoy contigo en la cama, lágrimas de sol estiran sus manos, como mendigos somos felices con un par de monedas obsoletas.

Estoy contigo en la cama, llegando a la última estación de subte. En Paraíso hemos acabado.


Despertamos pensativos, contemplando el silencio de edificio lleno de jubilados. Acariciándonos por debajo de las sábanas. Nuestros ojos mirando el techo blanco abismal se preguntaban entre ellos: ¿Estaba bien lo que hicimos? Se preguntaban: ¿estaba mal lo que hicimos? ¿Es menos pecado si es consensuado? ¿Es más pecado si es a escondidas?¿Es más humano el pecado?¿Acaso es más humano el amor finito al infinito?¿Existe realmente el sexo que no esté contaminado con un poco de amor?¿Somos ángeles?¿somos demonios?¿somos pecadores?¿Somos santos?

Entonces recordé lo que decía Allen en su "Nota de pié para Aullido": nadie es más ni menos que nadie en nada. Si es humano, si tiene alma, si tiene amor, si tiene nariz, piel, fé, es Santo. Todo es santo y todos somos santos…y punto.


Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro:  ¿Te sentirías cómodo en una relación abierta o de a tres?