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domingo, 29 de agosto de 2021

Gracias



‘Uno me enseñó sobre amor, uno me enseñó sobre paciencia y uno sobre dolor. Ahora estoy maravillosamente. Diría que amé y perdí. Mirá lo que tengo, mirá lo que me enseñaste...Paso más tiempo con mis amigos, no me preocupo por nada, además conocí a alguien nuevo, y tengo mejores discusiones...Por eso te digo, ¡Gracias!¡Siguiente!. Estoy tan jodidamente agradecido con mi ex…’ - Ariana Grande



Desperté ese día inquieto, demasiado caliente, como esos días que necesitás masturbarte como para empezar el día. Así de caliente. Era finales de Noviembre del 2019, se acercaba Friendsgiving, una especie de cena de Acción de Gracias con amigos, que no era más que una excusa para juntarnos todos por última vez en el año. Siempre los agasajo cocinando una entrada, un pavo gigante y un postre. Durante esas últimas semanas del año, está presente ese dejo de nostalgia de lo vivido, los recuentos del año, un poco de melancolía de lo que se deja atrás y agradecimiento por los buenos momentos. Todo esto se me cruzaba mientras preparaba el menú de lo que sería la última cena en la vieja normalidad…


Entrada:

¿Recuerdan cuando teníamos el privilegio de los supermercados abiertos a las 10:30? Bueno, ahí estaba yo, a minutos del cierre, comprando todo para la cena. Tratando de apurarme lo más posible a meter todo en el canasto con la música al máximo volumen. De repente un mensaje interrumpe la programación. Era Samuel. ‘UGH, ¿por qué nunca es el chico que querés que sea?’. Pensé y le clavé el visto, al menos hasta llegar a casa. Las cosas con él estaban raras. Hacía 6 meses que nos conocíamos y lo único que hacíamos de vez en cuando era darnos unos cuantos besos y dormir juntos. Y al principio estaba todo muy bien, pero desde que me dijo que en realidad estaba enamorado de un amigo suyo y que lo nuestro era: ‘sexual entre muchas comillas’, ya como que todo se había desgastado. ¿Lo peor? Que los besos seguían siendo espectaculares. ¿Y quién puede, en su sano juicio, desperdiciar besos espectaculares?


Tener una relación abierta asexual con él no era problema, pero durante meses yo había sido sólo Samue-sexual, tenía ganas de conocer a alguien nuevo. Pero siempre antes de avanzar, aparecen destellos de amores olvidados. Y así fue como comencé a recordar mucho a Mateo. Con él no habíamos terminado tan bien. Si bien nunca habíamos llegado a ser nada, él cometió un error, que analizándolo después de un tiempo, no había sido tan grave. Y yo reaccioné exageradamente y me cerré a darle una oportunidad. Digamos todo: yo aún no estaba preparado para encarar nada, todavía estaba enamoranclado al Sr. Q y siento que autoboicotee todo. Pero al menos, en ese momento, yo era consciente de eso, y aunque estaba sobrepasado por todo, intenté solucionarlo a los pocos días. Lástima que para ese entonces él ya me había bloqueado. Me molestó que sea así de infantil. Durante toda esta semana había pensado mucho en él. y recibí muchas señales que me hacían recordarlo. Por ejemplo, cerca de mi casa habían abierto una sucursal de una famosa casa de alfajores que me recordaba a él. Algo que nunca pensé iba a suceder. Moría de ganas de contárselo, pero no podía comunicarme con él. Le saqué una foto con el celu, con la esperanza de que algún día la pueda usar. 

Esa noche, mientras adelantaba preparaciones y cocinaba cosas para la cena del otro día. Recibí otro mensaje. Era Samuel, diciéndome que estaba abajo. Una parte de mi quería mentirle, esconderme y decirle que no estaba en casa. Pero no podía hacerle eso, dejé todo lo que estaba haciendo y bajé. Me estaba esperando en la entrada, como siempre, con ansias de pasar, ansias de besos. De hecho, podía ver sus ansias en su jogging. A penas abrí la puerta, se me abalanzó como un cachorro. Ya no hacía falta ni hablar, nos dejábamos llevar por la memoria corporal. Ese iba a ser mi último gran beso A.C. (Antes del Corona). Agradezco que lo haya sido.

 

Plato Principal:

A la mañana siguiente, Samuel se fue casi sin decir palabra. Sólo un beso inerte de despedida. Ya ni se esforzaba por inventar una excusa para irse lo más rápido posible. Por un lado, mejor, porque tenía que hacer mil cosas para la cena de esa noche. Yo entiendo, a todos nos pasa que después del sexo, lo único que queremos es volver a nuestras casas, con nuestra almohada o hasta estar solos. También porque él siempre me aclaró de su grisexualidad. Pero su frialdad estaba comenzando a hacerme dudar de si en verdad no se arrepentía de su decisión de verme, de estar conmigo ¿acaso yo era un desliz? ¿un error? Y me preguntaba a mí mismo: ¿acaso me gustaba tanto él como para rebajarme a ser una de esas dos opciones? A veces es necesario preguntarse: ¿cuánto de esto es culpa del otro y cuánto es culpa nuestra por haber clickeado ‘aceptar’ en la parte de términos y condiciones?


Después de bañarme, salí rumbo a mi verdulería favorita para terminar de comprar algunas frutas y verduras para las guarniciones. Pero sobre todo era una excusa para ver a mi verdulero favorito.

Unos meses atrás, me atendió por primera vez e inmediatamente hubo como una ondita. No sé cómo explicarlo, fue como que nos caímos bien en el acto. ¿un flechazo?. No sé si tanto, pero algo similar. Al principio pensé que era algo del chamuyo de buen vendedor. Que estaba tirando fruta para vender más fruta. Pero después lo vi interactuar con otra gente y no era así con los demás. De hecho, era bastante serio y formal. Hacía algo que me calentaba mucho, cada vez que le hablaba, ponía sus manos atrás, como si las tuviese atadas a la espalda, esperando a que le dé órdenes. ¿Mencioné que estaba muy caliente esas semanas?.


Una vez, sucedió algo extraño. El atiende con otras dos personas la verdulería, pero ese día, él no estaba adelante, estaba haciendo algo atrás de la tienda. Sus compañeros estaban desocupados, conversando. Y apenas me vieron, lo llamaron a él específicamente para que me atendiera. ¿Raro no?. Como sea, ahí fue como supe que le decían Luchito. ¿Será Luciano? ¿Luis?. Eso no era importante. Lo importante era que había algo de complicidad con los amigos. Esto de que lo llamaban a él para atenderme se repitió varias veces. Hasta le sonreían. Él se ponía un poco nervioso. Y yo también, sobre todo cuando traía frutas y verduras y las ponía en mi bolsa. Nuestras manos se rozaban y yo hacía un esfuerzo sobrehumano para que no se notara lo incómodo que me hacía sentir. Ni hablar de que éramos un desastre con la plata, el vuelto y las monedas resbalando entre nuestras manos temblorosas, torpes, de enamoramiento adolescente.

Esa mañana hacía mucho calor, o puede que había quedado algo caliente después de mi encuentro con Samuel. Cuando llegué había una fila larga de gente esperando en la verdulería. A lo lejos lo vi a Lucho. Tenía una remera algo ajustada, y en los brazos se le marcaba esa vena sexy cada vez que agarraba algo. No podía dejar de observarlo. De repente, una chica con un bebé en brazos se saltea en la fila y todos comienzan a reclamarle. Lo que no sabíamos es que era su novia/esposa. Ella procede a darle un piquito en la boca para taparnos la boca a todos nosotros. Él se sentía incómodo y lo primero que hizo fue mirarme. ¿Raro no? Quizás escuchó el crujido de mi corazón partiéndose un poco, como el sonido que haces cuando la despedazás una lechuga con la mano. Desde entonces nuestra relación ya no fue la misma.

Más tarde mientras preparaba el pavo, agradecí ese momento con el verdulero. De alguna forma me hizo reflexionar. Quizás era hora de dejar de desvalorizarme, dejar de ser el segundo. Dejar de rebajarme para tener solo una mínima fracción del cariño que merezco. ¿Acaso no merecía más que las migajas del cariño de alguien? ¿Acaso no merecía estar al frente con las buenas frutas y no aplastado al fondo del cajón? ¿Acaso no merecía ser el plato principal y dejar de ser el tentempié?

Después de meter el pavo al horno, decidí escribirle a Samuel. Un mensaje conciso y concreto (porque no quería ser de esos intensos que mandan planteos re largos por WhatsApp). Le expliqué que por más que disfrutaba mucho sus besos y lo que hacíamos en nuestros encuentros, sentía que ya no me satisfacía seguir haciéndolo. Que me gustaba más al principio, cuando sentía que de su parte había algo de cariño, algo de emoción. Seguirlo haciendo así no me servía. Le aclaré que no tenía que ver con su asexualidad, que me daba cuenta que él tampoco la estaba pasando bien las últimas veces. Él me contestó casi de inmediato y me dio la razón. Pero que no tenía que ver tanto conmigo, que tenía un lío en la cabeza. Nos despedimos cordialmente y agradecimos por los buenos momentos que pasamos. No volví a saber de él hasta muchos meses después, pero esa es una historia para otro momento.

Postre:

Esa noche ya me sentía mucho mejor. hasta me había cambiado el semblante. A veces, hay que hacerle caso a tu propio cuerpo. Cuando alguien no te está haciendo bien, el cuerpo responde. Hay que estar atentos y observarlo.


La pasamos espectacular con mis amigos. después de unos años había mejorado la técnica del pavo, cenamos, tomamos, nos divertimos mucho. Si mi relación con Samuel hubiese sido de otra manera, quizás estaría brindando a su lado y esta hubiese sido una cena de presentación. Pero bueno, él se la perdió. Más allá de esto, agradezco haber tenido esa noche junto a mis amigos, sin saber que iba a ser de los momentos que más iba a extrañar durante los próximos años. Esta es una de las columnas que más tardé en escribir. De alguna forma me quería aferrar a este recuerdo un ratito más. No dejarlo ir.

Después del postre, nos quedamos tomando y como siempre, jugando algún juego de mesa mientras hablamos de nuestras vidas amorosas. Muchos estábamos en esa de que nos gustaría conocer a alguien nuevo. Así es como terminamos abriendo Tinder. Y no sé si fue la ley de atracción o qué, pero apareció, entre los candidatos, el perfil de Mateo. Algunas nuevas fotos y su perfil esperando el corazón o la cruz. Se lo mostré en secreto a mi amigo Tomás. ¿Qué hago? Él me aconsejó que le diera otra oportunidad. Y con un poco de nerviosismo, apreté corazón.

A la mañana siguiente me despertó el sonido del celular. ¡Tenía un match!, era Mateo. Fue la frutilla del postre que necesitaba ese año. Y, para variar, tenía como romper el hielo: con esa foto que guardé. 

 

Se venían dos años complicados. Una pandemia mundial, tristeza, incertidumbre, depresión, vértigo y ataques de pánico. Pero también, mucho tiempo para reflexionar, nuevos amores, amores diferentes. Nuevas y creativas formas de relacionarse y hasta nuevas formas de que te rompan el corazón. ¿Finalmente llegará un nuevo mordisco al corazón?. Todo estaba a punto de cambiar, por eso agradezco haber tenido el recuerdo de esta noche junto a mis amigos para aferrarme en los momentos más oscuros. Así que, GRACIAS, ¿qué sigue?.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: A la hora de relacionarte: ¿qué es lo que más extrañás de la vieja normalidad?

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Tostadas


‘Mi único error es necesitarte más de lo que vos me necesitas....Aún así te baño en mi afecto...Porque amarte se siente como tostadas francesas en la mañana, ¿cómo podría ser mejor?. Decíme cómo hago para que me ames y lo hago…’ - Hobbie Stuart


Salté de la cama después de un sueño profundo. Era la cuarta vez que despertaba junto a Samuel. Al haber pasado más de un mes y medio desde nuestro primer encuentro, me había relajado tanto a su lado que había logrado dormir plácidamente. Si bien me había confesado que era prácticamente asexual, quemábamos calorías con nuestras largas sesiones de besos y algo más.

Aproveché que él todavía dormía y fui a preparar un desayuno para sorprenderlo. Lo quería sorprender como él lo hizo la primera vez que pasé la noche en su casa. Mientras preparaba las tostadas pensaba el tiempo que había pasado desde la última vez que hice desayuno para dos. ¿Hacía cuánto que no usaba otra taza que no fuera la mía?¿hacía cuánto no hacía tostadas en cantidad?¿hacía cuánto no desayunaba mirando a una persona a los ojos, en lugar de una silla vacía?¿hacía cuánto no disfrutaba de preparar una comida para alguien más?¿Acaso me estaba empezando a enamorar de Samuel?¿A él le pasará lo mismo?

No nos veíamos mucho, hasta ahora siempre que nos vimos fue por iniciativa de él, y siempre a nuestros encuentros llegaba con muchas ganas de besar, acariciar y hasta morder, ¿pero era sólo eso?¿extrañaba algo más que la parte sexual dentro de su grisexualidad?¿extrañaba la intimidad de nuestros besos o la sexualidad de nuestros besos?


Por supuesto era muy pronto para hacer este tipo de planteos. Era la primera vez que salía con alguien asexual (grisexual en realidad), claro que en esa época no sabía bien que significaba o lo que implicaba. Creo que ni él lo sabía bien. Pero de alguna forma me lo había explicado y lo comprendí. Entendí que él no siempre iba a tener esa pulsión sexual, ni las ganas y a veces ni siquiera formas de demostrar afecto. Lo más cercano a una situación así, fue cuando tuve sexo tántrico con un holandés. Pero eso es otra historia para otro momento. 

Tampoco quería como comenzar a presionarlo, o ser intenso, porque me parecía hasta egoísta de mi parte. Mi desafío, en un punto, era deconstruir la manera que yo tenía de concebir, no solo el sexo, sino también la relación sentimental y afectiva que teníamos. Además él había sido muy claro conmigo desde la primera vez que nos vimos. Me explicó todo y me dijo como era él y sus restricciones, lo que le gustaba y lo que no. Es lo bueno de abrir la comunicación desde el principio. Entonces me propuse disfrutar los momentos que teníamos de intimidad y llegar hasta dónde él quiera y cuando quiera. Sentí olor a quemado, y no era mi cerebro planteándose todo esto, eran las tostadas que se estaban quemando.

Sentí movimiento en la habitación, así que rápidamente hice unas nuevas tostadas para sorprender a Samuel. Llegó a la cocina despabilándose y quedó gratamente sorprendido. Después de un lindo beso, o dos, o tres, nos sentamos a desayunar y conversamos sobre lo que teníamos planeado para ese sábado. Le dije que ese finde tenía que terminar si o si la columna que estaba escribiendo. ‘¿Qué columna?’ me pregunta. ‘Emm, las de Sexo Gay En La Ciudad’ le digo, creyendo que ya habíamos hablado de esto. ‘Ah, nunca te pregunté sobre eso’ me contestó. Y me preguntó si era sobre historias reales. Y obvio que le dije que sí y se puso un poco extraño. ‘¿Y estás escribiendo sobre mi ahora?’ - me preguntó curioso pero asustado. Yo me sonreí. Le expliqué que por lo general las columnas van a destiempo con respecto que mi vida real y que uso nombres falsos para mantener el anonimato de los chicos que conozco. ‘¿Ninguno se enojó?’ me interrumpe. ‘Si, al principio, pero muy pocos. Creo que sólo 2’ - me reí incómodo- ‘en las primeras columnas daba muchos datos en sus descripciones y alguno que otro se dio cuenta’. ‘¿Y vas a escribir sobre mi?’ me interroga serio. ‘Emm, no sé, capaz algún día’, le contesté. Se hizo un silencio incómodo, solo se nos escuchaba masticar tostadas. ‘Si no querés no, obvio’ le aclaré. ‘No, si no usas mi nombre real, todo bien’ me dijo. ‘Voy a escribir que no te gustaban las tostadas quemadas’ sonreí mirando el plato con las tostadas quemadas que había desechado. Se rió y se descomprimió el momento tenso. Quizás por esta razón tardé tanto en escribir sobre él. 


Después de desayunar volvimos un rato a la habitación, me ayudó a acomodar y el juntó sus cosas. Prendió su celular y comenzaron a llegarle muchos mensajes, lo tenia en vibrador, pero eran muchos y se puso incómodo. ‘¿Grindr?’ le pregunto bromeando. Sonríe y se guarda el celular para seguir acomodando. 

Una parte de mi quería invitarlo a hacer algo ese sábado con sol de invierno. Pasear por ahí o ir al cine. Nunca habíamos hecho un plan así hasta ahora, siempre teníamos juntadas semi clandestinas después de salir a bailar o en noches específicas en alguno de nuestros deptos. Así que solo le pregunté: ‘¿Tenés ganas de hacer algo? No sé, ¿salir por ahí?’. Lo pensó un segundo y me dijo que en realidad esa noche tenía el cumple de una amiga, así que debería irse y ver que onda el regalo, bañarse y demás. Así que se fue. No sin antes unos cuantos besos potentes de despedida, rápidos y a escondidas en el hall del edificio. 


Durante las siguientes semanas no nos pudimos ver mucho. Tampoco nos mensajeamos tan seguido. Yo también trataba de esperar a que él me escriba primero y por lo general, lo hacía. En mi mente pensaba que también podrían haber otras personas, ya que no habíamos hablado de exclusividad, ni nada. Y tampoco parecía que iba a suceder. Entonces yo lo tomaba como una especie de relación abierta, o como un ‘fuck buddy’ sin la parte del fuck, o un ‘amigo con derechos específicos’. Jajaja, no sé, algo así. Quizás otra cosa importante para deconstruir es esto de tratar de etiquetar nuestras relaciones todo el tiempo. 


Más tarde llegó el día de su cumpleaños y lo tuve presente todo el día. Siempre tenía esas pequeñas señales cotidianas que me hacían pensar en él. Cuando esa mañana se me quemaron las tostadas otra vez, decidí escribirle un mensaje de Feliz Cumpleaños. Un poco para que vea que lo recordé y para mostrarle interés en verlo pronto y festejar. A lo que respondió con un mensaje de audio, algo que raramente hacía. Y me agradeció y me prometió vernos en la semana para brindar. 

Y así fue como un jueves por la noche me invitó a su casa a la madrugada para unos tragos. Cuando comenzó a besarme el cuello desde el ascensor, ya podía predecir que se venía una buena noche. Y no me pregunten cómo, pero en esto de experimentar y deconstruir la sexualidad, asexualidad y grisexualidad entre nosotros, Samuel comenzó a empujarme a besos hasta el baño. Mientras nos sacábamos la ropa salvajemente, entró a prender la ducha. Yo me dejé llevar y, con remera y todo, me tomó del cuello y todo terminó en un baño muy hot casi a oscuras. Y cuando digo hot, no hablo sólo de la temperatura del agua. Hablo de muchas cosas más. Hacía años no hacía algo así de caliente y la verdad fue directo al ranking de las mejores experiencias sexuales que tuve. Y sin penetración. Y como si fuera poco, el post no fue comiendo torta de cumpleaños.  


Pero después de esa vez, algo cambió, y no sabía bien qué. Sus mensajes eran más cortantes, él estaba algo distante. Era difícil de descifrar a veces ¿se estaba alejando o simplemente su asexualidad lo hacía parecer distante?. Era como que habíamos avanzado bastante en la parte de la intimidad y al mismo tiempo estábamos más lejos que nunca emocionalmente. Rarísimo.


Ese fin de semana me pareció verlo entre la gente en la pista de una de esas fiestas multitudinarias. Lo seguí para ver si era él y efectivamente era Samuel. Estaba con sus amigos y parecía estarla pasando bien. Le escribí un mensaje, pero no contestó. Algo andaba mal. Traté de hacer eso de cruzarlo casualmente de frente, pero no lo logré. De hecho, casi me caigo de las escaleras por apurarme a cruzarlo. Lo vi irse afuera y lo seguí, aunque sea para saludarlo. 

Cuando salí estaba solo a un costado, fumando, algo que nunca lo vi hacer. Me acerqué por detrás y le dije: ‘No sabía que fumabas’. El se asombró al verme y me saludó. Me dijo que casi nunca lo hacía, ‘a veces me pinta’ me dijo y lo apagó. ‘¿Estabas adentro?’ me preguntó todavía sorprendido. ‘Si, te mandé un mensaje, porque no sabía si eras vos’. ‘Uh, ¿en serio?...’ y se fijó en su celular. ‘...no escuché’. ‘No hay drama’ (en mi mente pensé: HAY UN MONTÓN DE DRAMA jaja, pero me hice el relajado). Sin embargo algo dentro de mi le tuvo que preguntar: ‘¿Che, está todo bien?, porque estás medio raro, no sé, capaz me mandé una que no te gustó o algo’. ‘No, nada que ver, estuve con mucho en la cabeza, pero todo bien con vos...posta’ me contestó enfático ‘sino, te lo diría’ y me tomó la mano a escondidas, ahí en una parte con poca luz de la esquina. ‘Okey, te creo’. Se me quedó mirando y pensé que venía nuestro primer beso al aire libre. Pero de repente me soltó bruscamente la mano y se alejó rápido hacia el costado. Desde atrás aparecieron sus amigos. Le dijeron que lo habían estado buscando. 


Samuel se puso nervioso, se alteró y siguió conversando con ellos ignorándome. Sus amigos me miraron y no entendían qué hacía yo ahí. Entendí inmediatamente que él no tenía intenciones de presentarme, así que me despedí con un ‘Nos vemos’ y me fui. A lo lejos mientras me iba escuché que sus amigos le preguntaron por mí, y se burlaron de nuestra cercanía. Él negó conocerme, dijo algo así como que le había dado fuego para el pucho. Volví caminando a casa un poco confundido, un poco triste, un poco decepcionado y otro poco enojado. Yo por él podía deconstruir muchas cosas. Ceder en casi todo, menos en ser desechado como una tostada quemada. 

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Tuviste alguna vez un amigo con derechos?¿Un fuck buddy?¿Cómo fue tu experiencia?

sábado, 25 de julio de 2020

Girasoles


‘Girasol...No podría quererte más, besos en la cocina como si fuera la pista de baile. No podría quererte más esta noche. La incertidumbre, me vuela la cabeza, esos ojos cansados son mi perdición. La boca llena de pasta de dientes, antes de conocerte…’ - Harry Styles



En el medio de una mega fiesta multitudinaria, si es que todavía pueden recordar ese concepto de la vida A.C.(Antes del Coronavirus), fue donde sentí su mirada por primera vez. De esas miradas que se te clavan en la nuca y comienzan a picarte como el sol. Al principio no te das cuenta y con el pasar de las horas, notas que se te quedaron grabadas en la piel. Bueno, así es como recuerdo la mirada de Samuel. Al darme vuelta, descubrí unos ojos negros que, aún en el medio de toda esa gente girando alrededor, el ruido y la música potente, parecían un reflector apuntándome.

Me hizo una seña misteriosa para que lo siguiera. Disimuladamente me separé de mis amigos. Lo perseguí por esos pasillos oscuros y fríos de Studio Theater, pero mientras más pensaba en lo que estaba sucediendo, mi cuerpo iba entrando en calor. Me prendía fuego..

Llegamos a un lugar que ni siquiera sabía que estaba habilitado para el público. Y ahí en en medio de unas sillas abandonadas del palco, me esperaba Samuel. Apenas unos rayos de luz reflejaban sus ojos y un poco de brillantina pegada en la transpiración de su cara, de sus brazos tersos.

Al llegar no dijo nada, se quedó inmóvil, me esperaba contra la pared, con sus manos en la espalda, mirándome fijo. Expectante. No hacía falta decir nada, simplemente me acerqué y nos unimos como un imán. Comencé por su cuello y le encantó, así que seguí por ahí. Nuestros pantalones comenzaban a sentir también, pero Samuel no sacaba sus manos de la espalda, como si se obligara a dejarse llevar. Como si se entregara a mi por completo. De solo escribirlo y recordarlo me autocaliento.


Al fin nos besamos y estuvimos un rato largo contra esa pared. Estábamos en plena seriedad hasta que mis manos (siempre heladas bajo cero) rozaron una parte desnuda de su cintura y fue ahí cuando se sorprendió, se inmutó y sonrió. ‘¿Nos juntamos a la salida?’ me preguntó. ‘Dale, me llamo Pablo’ le dije, ‘Si, ya sé, te escribo más tarde’ me sorprendió con esa respuesta, se acercó para un último beso y desapareció entre las sillas, dejándome con ganas de más y preguntándome: ¿ya había estado antes con él?

Volví con mis amigos a bailar hasta que terminó la noche. No le conté nada a mis amigos, me gustaba mantenerlo en secreto. Samuel bailaba con sus amigos no muy cerca y nos perseguimos con la mirada de vez en cuando. Por momentos pasaba a mi lado y nos rozábamos las manos disimuladamente. En medio de la noche, nos encontramos en la fila del baño, pero no nos dijimos nada, simplemente sentía su respiración en mi nuca. Lo imaginé entrando conmigo a un cubículo, porque ya extrañaba sus besos. Pero había un guardia controlando y no sucedió.

La noche terminó y a la salida del boliche no lo veía por ningún lado. Estaba esperando su mensaje en mi celular. Supongo que sí sabía mi nombre y me dijo que me iba a escribir, era porque ya tenía como contactarse. Controlé todas las apps y nada. Si la noche terminaba ahí, iba a estar satisfecho de todas formas. Había sido excelente para mi. De repente llegó un mensaje de una de las apps de citas. Claro, ya habíamos coincidido ahí hace mucho, pero ninguno había saludado. Lo típico. Por suerte no soy de esos que bloquean y eliminan el match cuando no contesta el otro. Porque uno nunca sabe. Me dijo si le pintaba ir a su departamento. Le dije que si. Me tomé un taxi con un amigo y en lugar de parar en casa, seguí hasta la de Samuel.

En el taxi pensaba que hacía mucho tiempo no hacía esto y me había olvidado lo entretenido que era. Investigué su perfil, para recordar un poco más de él. Claro, ahora estaba casi rapado, por eso no lo había reconocido. Era de Leo, como yo, eso me explica un par de cosas. Y no estábamos tan alejados en edad como pensaba. Bajé y me estaba esperando afuera. Me recibió con una sonrisa pícara y tímida. Pero hasta el taxista se había dado cuenta de lo que iba a suceder. Subimos y en el ascensor nos saludamos mejor. Mucho mejor. Ahí ya no éramos tímidos.


En su departamento era mucho más relajado que en la vida real. Me preguntó si quería tomar algo caliente o frío. Elegí algo frío ya que me estaba incendiando por dentro. Me llevó a la cocina y lo observé mientras preparaba los tragos. Estaba contra la mesada de espaldas hacia mi y no podía parar de sentirme atraído. Y no, no estaba borracho ni nada de eso, era algo diferente. Es como la verdadera atracción sexual. ¿Nunca les pasó? Creo que nunca la había sentido tan clara, precisa y transparente como en ese momento.

Se dio vuelta y me descubrió mirándolo atentamente. Sonrió y me dio el trago. ‘Fijate si está bien’ me dijo pasándome un trago con gin. Por lo general no me gustan pero a esa altura no me importaba nada. Soltamos los tragos y nos besamos contra la mesada. Aliento de hielo, manos heladas, cuerpo caliente. MUY caliente.


Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo, pero nunca llegamos a la habitación. Todo fue ahí, contra la pared. Comenzó a bajarse el jean ahí mismo y me incitó a hacer lo mismo. Nos quedamos en remera y boxers y en el medio del climax del beso más apasionado de la noche, de repente me separó de su cuerpo con su pierna y me empujó contra la otra pared del pasillo. Mirándome desde la otra pared comenzó a masturbarse. Quería lanzarme sobre él, pero presionó con su pie para que me quede en mi lugar. Me ordenó con su mirada para que me masturbara también. Ambos observándonos en silencio, casi a oscuras.

La excitación iba subiendo al punto de la desesperación. Ahí me pidió que me acerque y tomó mi mano, se la llevó a su boca. Sentía su agitación en mi palma y comenzó a morderla, hasta que ambos acabamos. Ahí. De pié, erectos, híspidos, agitados, transpirados, exhaustos de placer.

Sonreímos mientras hacíamos todo ese protocolo de limpieza que es medio incómodo. Me dijo que me podía quedar a dormir si quería. Acepté. No nos podíamos dormir, habíamos quedado un poco acelerados. Nos acostamos y nos quedamos conversando en la cama. Traté de conocerlo un poco más, ya que habíamos hablado muy poco.


Me contó que hace mucho no estaba de novio, que vivía solo y que últimamente le volvieron las ganas. También me contó algunas experiencias traumáticas pasadas y yo también. Cuando pasamos a hablar de lo sexual, me dijo que, por lo general, no le copaba la parte de la penetración, ni dar, ni recibir…’NUNCA’ enfatizó. Le dije que solía pasar, no era tan poco común. Me dijo que ni siquiera el sexo oral. Que no era muy sexual por lo general, a veces le pintaba hacer lo que hicimos, pero no mucho más que eso. Besos, masturbación, caricias y no mucho más. ‘¿Y krámpack?’ le pregunté. Se quedó mirándome como sin entender. Le expliqué que significaba, se rió, me dijo que eso sí, eso sí le gustaba. Que le gustaría probar con mis manos heladas. ‘Podría ser un buen regalo de cumple’ me dijo. ‘...para ambos’ -agregó- ya que estábamos a unas pocas semanas. ‘Hecho’ cerré el trato.

Después de contarme todo esto se fue relajando y entre caricias y unos mimos se fue quedando dormido. Mientras observaba como el sol iba entrando de a poco por la persiana y se reflejaba en algunos restos de brillantina de su piel, me quedé pensando: por un lado, me gustaba que ya esté proyectando planes para dentro de unas semanas, volver a vernos para nuestros respectivos cumpleaños. Pero por otro lado, me preguntaba ¿realmente podría dejar de lado el sexo por alguien?¿podría adaptarme a este nueva forma de ver la sexualidad?

Hay algo un poco liberador en esto de dejar de lado “el acto sexual convencional”, porque entran a jugar otras cosas en cuanto a la creatividad de la sexualidad y hasta en la sensualidad. Mientras escribo esto, me pregunto si, en la ‘nueva normalidad D.C.’ (Después del Coronavirus), habrá también una ‘nueva normalidad en el sexo’. Si vamos a tener que ponernos mucho más creativos, encontrar nuevas formas de relacionarnos. Nuevas formas de mirarnos y seducirnos con tapabocas, desde lejos, como el sol y los girasoles. Nuevas formas de besarnos sin besarnos, de tocarnos sin tocarnos. ¿O acaso estaremos entrando en la era de la grisexualidad, de la asexualidad?

Años atrás tuve una experiencia de este tipo, cuando conocí a un chico (digamos que se llamaba Jorge, para mantener su anonimato) con el que casi no podíamos tener sexo, ni penetración. Él era solamente pasivo pero tenía un problema físico en la pierna que nos impedía tener relaciones sexuales sin que le doliera. En ese momento, yo estaba tan enamorado que ni me importaba no hacerlo. Pero él se había empecinado en encontrar una forma de lograrlo. Recuerdo que le había pedido consejos a su fisioterapeuta, e intentamos de todo: hasta algunas que eran bajo el agua. También hizo algunos ejercicios y aún así no se pudo. No me gustaba verlo sufrir y tampoco que se frustrara tanto cuando no lo lográbamos. Al no poder, de la impotencia se ponía de muy mal humor, nervioso y hasta un poco agresivo. Eso terminó desgastando la relación.


Pero la situación con Samuel era diferente. Era tomar la determinación de no volver a tener sexo convencional, ni sexo oral y quizás iba a haber días en que no quisiera ninguna demostración física de afecto. Me preguntaba si después de haber estado tanto tiempo solo, sin novio, sin cariño, ¿era esta una buena idea para regresar al mundo de las relaciones?. Quizás la pregunta en realidad era ¿Qué extrañaba más?¿la penetración, el sexo oral y el acto sexual?¿o el cariño, el afecto y la compañía?


A la mañana siguiente Samuel me despertó con un beso sabor a menta de pasta de dientes. Me preguntó que quería tomar de desayuno. Tratando de descifrar en qué momento me quedé dormido, le dije 'un café'. El ya estaba vestido, así que rápidamente me levanté, fui a lavarme los dientes y mientras me vestía, todo el departamento se llenaba del mejor olor del mundo: el olor a café y tostadas. Le pregunté si necesitaba ayuda, me dijo que no, me ordenó que me sentara y me relajara. Se lo sentía de muy buen humor. Me dio ternura verlo tratando de traer las tazas repletas de café, bien cauteloso, sin derramar nada hasta la mesa. Mientras desayunábamos, con el sol de mediodía de frente ese domingo invernal, solo podía pensar en una cosa: esto...esto era lo que extrañaba.

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Dejarías de lado el sexo por alguien que realmente te guste? Para vos¿cuán importante es el sexo en una relación?