domingo, 19 de marzo de 2023

Tres Neo-citas & Un Funeral

 


‘Quién lo diría, que se podría hacer el amor por telepatía, la luna está llena mi cama vacía. Lo que yo te haría, si te tuviera de frente la mente te la volaría, de noche y de día, de noche y de día…A kilómetros estamos conectando y me prendes aunque no me estés tocando’. – Kali Uchis

Después de una primera ola dramática de la pandemia, estaba llegando la primera primavera y, aunque todavía no teníamos nada claro, ni pensábamos en una vacuna, el calorcito trajo un poco de calma. Había una teoría que, con el clima cálido, el virus no se reproducía…tanto. Y solo eso nos sirvió para volver a la vida real (léase reactivar la vida sexual).

Todos escuchamos esas historias de gente que se conoció durante la pandemia, o enamorados que se juntaban clandestinamente a tener sexo, haciendo estrategias para evitar los controles policiales, rebelándose contra el sistema. Pero no era mi caso. La pandemia me encontró completamente solo y sin ningún prospecto a la vista. Atrás había quedado Mateo y cualquier ilusión de que volviera a aparecer. Mi único contacto con humanos, era el supermercado, dónde la gente hacía las compras lo más rápido posible, paranoiqueada con que si tocaba algo iba a infectarse y con sus tapabocas exóticos de todo tipo o con cascos y todos con la ropa bañada en alcohol. ¿Muy surrealista todo no? Lo único que pensaba era ¿Esto de verdad está sucediendo?

Desde el Ministerio de Salud de la Nación nos recomendaban videollamadas, sexo virtual y sexting. De hecho, uno de esos infectólogos que salían en la tele, había sido un gran soporte emocional y excelente consejero, durante mi adolescencia (si, todo está conectado en este mundo). Nos habíamos conocido por Fotolog (no hagan números sobre mi edad) y nos pasábamos horas chateando sobre nuestras vidas amorosas en Messenger. Es más, él me sostuvo la mano durante la ‘Debacle del 2003’: cuando me enamoré por primera vez de un hetero (pero esa es una historia para otro momento). Lo importante era que confiaba en mi consejero antes y, por lo tanto, ahora también. Así que tomé su consejo al pie de la letra.



Pionero y defensor del sexo telefónico hace años, por lo entretenido, higiénico y como ejercicio para la imaginación, me gustaba la idea de revivir ese hábito. Pero claro, pequeño detalle, teléfono fijo is dead. No existía más. Tuve que buscar otro camino. Decidí ir por un chat, pero no quería cámaras, ni algo como Omegle, quería algo más old school, y así encontré un chat, que permitía solamente escribir y enviar mensajes de voz.

En este conocí a 3 candidatos nuevos: un cordobés mimoso y pasional. Un español, que pareciera estar dispuesto y caliente, en cualquier momento del día a pesar de cualquier huso horario. Y un porteño hetero, explorando su sexualidad:

Un Morocho & Un Rubio

Nos conocimos en un chat de Córdoba, un día que no había mucha gente, se describió como morocho, 1,88, rulos, de piscis. En un principio, mi idea era hacer todo desde el anonimato, de alguna forma me siento más libre de esa manera. Pero me cayó tan simpático y tierno, que nos terminamos pasando a Instagram. Y por suerte, hubo match, nos gustamos. En ese momento, casi que no podíamos ir a bares o a lugares, así que nos fuimos conociendo así, por mensajes, a veces salían unos mensajes de voz y nos quedamos texteando hasta muy tarde. Él había terminado una relación hacía poco, todavía estaba algo sensible con el tema. Yo le conté lo último que me había pasado, lo de Mateo, aunque muy por arriba, porque sinceramente ni yo entendía que había pasado. A veces teníamos charlas muy románticas y otras todo se ponía un poco más sexual. Hablamos de cómo nos imaginábamos el primer beso, la primera cita, dónde nos gusta que nos acaricien, etc. Todo con mucho detalle. Cuando nos quedábamos hasta muy tarde en la noche, me daba cuenta que él se moría de sueño, pero aún así quería seguir conversando. Un tierno.

No pasaba un día que no conversara con él, y la verdad, fue de mucha compañía. Sobre todo, durante mis ataques de asma, los cuales prefería olvidar, negar su existencia y hacer de cuenta que no me iba a morir o que no tenía el ‘covicho’.



Ya que no podíamos conocernos en vivo por el momento, decidimos tener una cita online, la planeamos como algo de verdad. Ya casi que habíamos hablado de todo, así que esta era como una segunda cita, es decir, cine y cena. Me pidió que eligiera una película linda y me acordé de ‘Un Rubio’ de Marco Berger. Porque ¿cómo no empatizar con un personaje gay que se enamora de su amigo hetero? (Perdón, quizás no resolví del todo lo de la Debacle de 2003). Recordaba que la peli era linda, pero en realidad, era más sexual que otra cosa. Y claro, cada uno desde su casa, solos y escribiéndonos, terminamos un poco…erectos. Pero rápidamente, viramos hacia lo romántico, y al menos entre mensaje y mensaje, el terminó virtualmente usando mis piernas de almohada y yo acariciándole su pelo enrulado hasta dormirse. Inteligencia artificial, ¡¿quién te conoce?!. No les digo que fue mi momento favorito de la pandemia, pero seguro está en el top 5. 

En ese momento fantaseábamos de como iba a ser el mundo cuando se acabe la pandemia. Planeábamos nuestra juntada como si fuera a suceder pronto. Pero no sabíamos que todavía faltaba un largo trecho hasta encontrar la cura. Y no les voy a mentir, yo tenía un poco de miedo de contagiarme, siendo asmático y con gente muriendo alrededor, la escasez de recursos en los hospitales y escuchando historias horribles 24/7, no era muy alentador lo de salir y conocerse. 

Por un lado estaba todo eso relacionado con el virus, y por otro, estaban mis inseguridades básicas, mi auto-boicot y esto de no saber si realmente le iba a gustar en vivo. No sé si estaba para esa presión emocional, con mis ataques de pánico y vértigo sucediendo seguido. Eso hizo que pateara el encuentro ¿quizás exageré? Puede ser. Pero bueno, por ahora esta historia ¿continuará?… No lo sé, lo que si sé es que había algo lindo acá.



Un Desayuno & Una Cena

A John, lo conocí en un chat. Ese era su nombre real en teoría, pero quién puede confiar en lo que dice un anónimo desde un chat. John fue uno de los primeros con los que volví al ruedo en esto de los mensajes de voz hot. Y la verdad, fue bastante entretenido. John era, bueno es, un español de Valencia, aunque estaba pasando el aislamiento en su ciudad natal: Gandía. Teníamos unas horas de diferencia, por lo que cuando yo me levantaba, él estaba en la hora del almuerzo en su trabajo remoto. Y a veces, para cuando yo me estaba acostando, él estaba a punto de empezar su día.



Sin embargo, esto no era un problema para John, siempre estaba listo a toda hora para tener una sesión de mensajes hot. Siempre caliente, desde el desayuno a la cena. Por supuesto su voz sumaba mucho, escuchar un hotteo en español ya sabemos que tiene un plus, pero él además era un poco ronco y tenía un tono neutro particular, pero muy contundente y efectivo. No sé cómo explicarlo, pero era bastante adictivo. Llegó un momento que se volvió rutina, el mañanero y el nocturno. Y a veces, salía uno a la siesta. 

También probé algo nuevo con él, algo que nunca se me hubiese ocurrido. Tuvimos sexo en la ducha, es decir, uno llevaba el parlante bluetooth al baño y el otro guiaba la masturbación. Eso lo hacíamos en las sesiones largas del fin de semana. Bastante entretenido. Es muy loco, lo diferente que es conectarse con alguien desde este lugar, desde la sexualidad y solo desde la voz y la imaginación. La conexión sigue siendo emocional pero con el plus de la comunicación fluida y libre. Hay como algo medio primitivo y humano. 



Claro, en ese momento, todo esto también nos sirvió mucho para relajarnos de lo que estaba sucediendo en el mundo. Y de alguna manera, nos calmaba un montón, nos ponía de buen humor durante el día y nos ayudaba a dormir de noche.

Y ustedes se preguntarán: ¿no es más fácil poner una porno y ya?. Si, pero una cosa es ver a extraños teniendo sexo, y otra muy diferente es tener en el oído a alguien que dice tu nombre mientras te masturbas y conoce las palabras o cosas que te calientan escuchar antes de acabar. Y la satisfacción de calentar y hacer acabar al otro también se siente bien.

En este regreso al sexting y al sexo telefónico si noté que algo cambió. Muchos más hombres (heteros y gays) se animan a tirar un casual ‘te amo’, como con ganas de escucharlo o leerlo en un chat. Y no hablo tanto de ‘en el medio del acto’, sino más bien como algo aparte. Seguramente algo del anonimato hace que se permitan ser más desinhibidos y cursis. John me lo decía casi todos los días y más allá de que me lo tiraba como si nada y naturalmente, empezar el día con un ‘Te amo, que tengas un lindo día’, te cambia un poco el mood de la jornada. También es diferente cuando te quedás maquinando todo el día en lo bien que la pasaste, las guarradas qué nos dijimos y sabiendo que a la noche lo vas a volver a tener en tu oído.



A veces era puramente sexual y a veces…quién lo diría que se podría hacer el amor por telepatía. Todo esto duró casi tres meses, que en años de cuarentena, deben ser como nueve. Después él volvió a Valencia y volvió a salir (mucho antes que nosotros). Ahí conoció a un chico. Se puso de novio. Me lo fue contando y casi que viví con él todo el comienzo de esa relación. Me puse contento de verdad por él, y entendí que de a poco fuéramos dejando de tener nuestras ‘neo-citas sexuales’. Aunque, a decir verdad, las disfrutamos hasta último momento, hasta que se puso de novio ‘oficialmente’. Fue bueno mientras duró. Mentira, fue EXCELENTE mientras duró.

Un Neutro & Un Féretro

A Mauro, el porteño, lo conocí una madrugada de insomnio en el chat general de Argentina. Su usuario era ‘heteroneutro’ y fue él quien me chateó primero. Le pregunté por lo de neutro, creyendo que era algo de la tonada. Pero no, él había investigado lo que era ser neutro ´para los de nuestra comunidad’. Me dio un poco de ternura que lo haya estudiado. Pero claro, es un término que es más usado por nosotros, no tanto para un ‘hetero-flexible’ si es que todavía podemos usar ese término, ya quedó poco deconstruido.

Neutro, es un término bastante nuevo, creado por un usuario de Grindr en el 2013, también lo van a encontrar como ser ‘side’, pero la verdad es que acá o en la vida real no pegó tanto la palabra, más allá de que sería muy útil, porque estoy seguro que se cruzaron con más de una decena de sides en sus vidas.

Se considera neutro (o side) al rol de las personas que no les interesa el acto de la penetración. Puede gustarle todo lo demás en la cama, menos ser penetrado. Hay un debate acerca de si un neutro puede ser activo, pasivo o versátil, en principio no, ya que esos roles giran alrededor de la penetración.

Volviendo a Mauro, toda la experiencia con él fue diferente. Le gustaba primero que nada empezar con los besos en la boca. Por supuesto, hablo de todo por mensajes de voz. Después, una sesión larga de él lamiéndome las axilas, a veces, él sentía que tenía que justificarme sus morbos, cosas de heteroflexibles, no lo entenderían. Me dijo algo así como que jugaba al fútbol y por eso la transpiración le calentaba. A mi no me afectaba en nada la verdad, estaba entregado a la experiencia. Y todo terminaba con una masturbación cruzada, donde quería que lo sostenga del cuello con mi antebrazo. Sin problemas, lo hacemos. En este caso él también quería que le diga ‘te amo’, pero en el medio del acto sexual, cybersexual, neo-sexual, como quieran llamarlo. Me decía que le daba morbo escuchar a un hombre decírselo. Y a mí, la verdad, un poco también me daba morbo que le diera morbo eso.



También fue con uno de los pocos con el que hablamos en directo, le gustaba que nos escucháramos acabar juntos. Y la verdad, la pasamos muy bien. Los miércoles a la siesta y los domingos a la noche, teníamos una cita obligada. Eran los días que tenía más libre para dedicarle un rato largo y claro, también podía gemir un poco más fuerte, sin que nadie lo moleste. Todo iba muy bien, el primer mes había pasado, y digamos que él estaba más flexible que antes. Tanto que habíamos quedado ese miércoles, en que quería probar no ser tan neutro y animarse. Yo tenía ganas de gritarle que todo lo que hacíamos era virtual de todas formas, no lo podía penetrar por telepatía, al menos no todavía. Quizás en un futuro cercano.

A esta altura ya me había encariñado un poco, ya conocía mucho de su intimidad, al menos la sexual. Y él también la mía, eso era un montón. Lo bueno de todo esto, es que de verdad entrena la comunicación en el sexo. No recuerdo haber tenido que poner en palabras escritas o verbales, con tanto detalle, todo lo que me gusta en la cama, lo que me hace acabar y como hacerme llegar al orgasmo. También me gustaba que Mauro al principio era algo serio, muy recto en su actitud, y después se fue soltando y abriendo. Hasta logré hacerlo reír. ¿Acaso nos estábamos enamorando un poco?



Como sea, todo esto era para decir que esperaba con ansias ese miércoles. de hecho, un poco antes de la 1 ya estábamos conectados, porque nunca dejaría esperando a alguien de virgo. Me mandó unas nudes de cómo estaba en ese momento y comenzamos nuestra porno cerebral. Me dijo de ir al vivo, porque estaba re caliente con probar lo que habíamos quedado. Y justo cuando íbamos en la parte de la previa y los besos, de repente, él exclama un: ‘Noooo, boludooo…no lo puedo creer’. Yo escucho que afuera de mi ventana empiezan a tocar bocinazos: ‘¿Qué pasó?’ – le pregunto- ‘No, no, no…Murió Maradona’. Subió el noticiero en la TV y se puso a escuchar eso. Yo medio que no supe cómo reaccionar, pero él quedó shockeado, full conmocionado. Empiezo a escuchar que la gente afuera también se pone a gritar, algunos gritan ‘Diegooo’. Podía escuchar que Mauro estaba a nada de llorar, así que cortamos y él se desconectó del chat. Nunca más supe de él.

No es la primera vez que me abandonan en el medio del acto sexual, pero viendo el vaso medio lleno, al menos esta vez me dejaron por un hecho histórico. Viendo el vaso medio vacío diría que me dejaron por un muerto, pero no entremos ahí. Si, ya sé, no debería estar haciendo juegos de palabras con esto. Perdón, pero la verdad es que Maradona nunca fue un ídolo para mí, tengo mis razones.



Más allá de todo, estas neo-citas me enseñaron muchas cosas nuevas sobre mí, aprendí cosas que no sabía que podía lograr, y ya sé, hay gente que nunca lo va a entender. Tampoco pienso que esto vaya a reemplazar lo real, y si, eso es verdad. Pero no podemos negar que entre masturbarse viendo una porno con desconocidos y masturbarse con alguien que al menos le escuchás decir tu nombre, te habla directo, hace y dice lo que le pidas, no me van a decir que la segunda no es mejor.

Y también siento que, sinceramente, podría tener un vínculo con cualquiera de los tres en la vida real, si quisiera y si ellos quisieran. No creo que sea algo tan superficial o artificial. Me parece bastante cercano e íntimo. De hecho, con algunos que conocí en esa época, aún sigo en contacto. Hay que aprovechar antes que seamos reemplazados por la AI.

Además de verdad, me ayudó mucho a relajarme, con los episodios de vértigo y los ataques de pánico en el medio todo el caos. Alguna gente hizo masa madre, otros aprendieron a meditar, otros fumaron porro, yo hice esto. Como sea, no pueden juzgarme, yo solo le hice caso al Ministerio de Salud.


Escrito Por Pablo M. Acuña

Para colaborar con la columna podés hacerlo desde cafecito: https://cafecito.app/pabl3te
[También podes ser Suscriptor y acceder a material extra de las columnas]

Preguntas para el foro: ¿Alguna vez abandonaste o te abandonaron en el medio del acto sexual? ¿Cuál fue tu experiencia con el sexo virtual? ¿Estuviste alguna vez con un neutro?


lunes, 25 de julio de 2022

Vértigo


‘Ha sido un aventura amarte en las alturas. y ese vértigo en el suelo no se va. Pero han sido tres intentos repletos de argumentos. Cuando no se trata de quién puede más. A veces con amar no basta’ - Pablo Alborán


Unos meses adentrado en una Pandemia Mundial, SI, estaba enamorado de Mateo, pero a medida que pasaban los días nuestra reciente resucitada relación, si podemos llamarle así, era demasiado endeble para resistir lo vertiginoso de los tiempos.

Cada semana el número de muertos aumentaba y parecía que esto iba para largo. Estábamos encerrados, desesperados y preocupados, lejos de nuestros afectos, de nuestra familia y de nuestros amigos. Los tapabocas se convertían de a poco en un accesorio fashion, la incertidumbre crecía acerca de cuánto iba a durar todo esto. Las semanas de cuarentena estricta y las restricciones se renovaban infinitamente. Bañando todo en alcohol, limpiando víveres uno por uno, olfateando las cosas para asegurarnos de no haber perdido el sentido del olfato. Los médicos sin ponerse de acuerdo en la televisión, los grupos de whatsapp reenviando conspiraciones mundiales. Gente escuchando trompetas apocalípticas en el cielo y los casos se acercaban cada vez más a nuestra provincia. Tragando saliva para asegurarnos de tener sana la garganta. Contando los metros en los que nos podíamos mover y yendo a los supermercados, sólo para estar un rato fuera de casa. Saliendo a aplaudir al personal de la salud al balcón a las 9 de la noche. Ventilando los espacios, pero cerrándolos para no enfermarnos por el frío. Esto y muchas locuras más pero aún sin tener una cura a la vista.

Era de esperar que volvieran mis ataques de pánico, sentirse ahogado de la nada y creer que todo era un síntoma de la enfermedad. Todo comenzó a afectarme mucho más de lo que creía. Anímicamente estaba sensible, triste, abrumado, había días que entraba en un espiral mental y no podía parar de llorar. Pesadillas y hasta parálisis del sueño. Me sentía un poco desequilibrado.


Lo único que me distraía un poco, eran los mensajes de Mateo. No me importaba de que fueran, recibirlos ya era tranquilizador. Aunque cada vez estábamos más lejos de volver a vernos, de vez en cuando nos tirábamos unos perritos. Todo este mini-enamoramiento, ayudaba a alejarme del precipicio emocional.

El encierro nos puso cara a cara con nuestro yo interior y para los que vivimos solos, la única opción era enfrentarnos con esos fantasmas. Estábamos solos con nuestros pensamientos y lo único que podíamos hacer era maquinar la cabeza. Ahí es cuando pensé si los sentimientos hacia Mateo eran en realidad una forma de enfrentar toda esta situación apocalíptica o si realmente estaba full enamorado.

Siendo honesto, yo estaba enamorado de Mateo desde antes, y todo esto de la pandemia, fue inesperadísimo. Quizás si había un poco de proyección, pero ¿acaso no hay un poco de proyección e idealización en todas las relaciones cuando recién comienzan?. En la columna anterior dije que el enamoramiento puede ser unilateral y de todas formas hacerte sentir vivo. Y eso era lo que me sucedía, el enamoramiento con Mateo me levantaba de la cama, me hacía olvidar de la tristeza y de todas las cosas feas. Las horas que no conversábamos, a veces miraba sus fotos viejas, para saber más de él. Y cuando me enviaba videos haciendo cosas, de alguna forma, lo sentía más cerca. Todo estaba funcionando muy bien. ¿Pero acaso esto no era demasiado peso para adjudicar a una persona que todavía no terminé de conocer del todo?¿demasiado por unos cuantos mensajitos de WhatsApp?¿Y él, qué sentirá realmente por mí?¿Yo tenía esa misma función sanadora para él?


Al principio de un enamoramiento, estás en ese limbo de no saber si las cosas que te escribe el que te gusta tienen un entrelineas interesante o si está todo en tu cabeza. Si te perdiste algún chiste porque todavía no entendés bien su código de escritura. Eso me sucedía con los textos de Mateo, pero a medida que pasó el tiempo lo fui entendiendo un poco más, y descubrí que siempre que quería profundizar en algo personal de él, me tiraba un chiste o se iba por la tangente. En el fondo era bastante cerrado y nunca quería hablar de cosas muy personales. Quizás nuestro chat, para él, era simplemente una distracción para entretenerse un rato. Mientras que yo lo que quería era conocerlo mucho más. Si, ahora escribiéndolo, sé como suena, yo esperando que un signo de aire no se distraiga, y que se abra sentimentalmente por mensajes de texto. Qué iluso. Pero bueno, comprendan, estaba enamorado. Enamorado y colapsado en medio de una tempestad.

Ya habían pasado más de un mes de pandemia y cuarentena, los casos comenzaron a llegar a algunos familiares cercanos y hasta cobrarse algunas vidas de conocidos. Me costaba demasiado dormir por las noches. Pasaba horas distrayéndome viendo vivos de Instagram de gente jugando al tuti-frutti. Mi preocupación por mi familia y conocidos iba aumentando. Estaba ansioso, hipocondríaco, paranoico y hasta me había vuelto el asma un poco. Las conversaciones con Mateo iban disminuyendo, o se acortaban en duración. Una parte de mi no quería abrumarlo con todo lo que me pasaba, así que sólo le contaba cosas superficiales, o hacíamos chistes de humor negro. Él muchas veces se tomaba su tiempo en contestar, o contestaba con risas y stickers. Sin seguir la conversación. Sabía que todo se estaba diluyendo entre nosotros. A veces pensaba, si me había quedado demasiado aferrado al recuerdo de la primera vez que nos vimos en vivo. Que tuvimos una cita, sin tener una cita, y todo fluía, todo era cómodo y reconfortante. Pero por ahora, de vernos ni hablar. Estábamos en esa época de la pandemia que te daba miedo contagiar y enfermar (o hasta matar) a un familiar. Lo único que me faltaba, matar a la única persona de la que me había enamorado en años, ja.


Quizás le estaba poniendo demasiado drama a todo esto. Podía ser simplemente que él era muy amable y que ahora que me conoció en profundidad, simplemente no le gusté, o no hubo la química que esperaba, o no se sentía cómodo haciendo todo esto virtualmente. También podía ser que esté saliendo con alguien, o que haya alguien que le interese más. Porque también era cierto, que él, a estar lejos de la ciudad, no estaba tan encerrado como nosotros, así que podía ser que el simplemente estuviese disfrutando su libertad, disfrutando su vida. Quizás teníamos que ser pacientes y esperar a que todo esto termine y retomar más adelante. Tal vez su manera de comunicarme esto, era dejar de comunicarse conmigo y punto. De a poco sus mensajes fueron mermando y él ya no me escribía por su cuenta. Si yo no le preguntaba algo, él desaparecía por semanas.

Y si, me entristeció, porque me costó tanto enamorarme de nuevo, que justo tenía que pasar todo esto. Que un virus nos mantenga alejados de otras personas, de nuestros afectos, la verdad era inimaginable. Parecía que estábamos en una película. Pero bueno, en un punto, esta vez, estaba fuera de nuestras manos. Es muy loco, porque la última vez que lo vi a Mateo, una parte de mi sintió que íbamos a estar unidos por un largo tiempo, que iba a formar parte de mi vida, estaba seguro de eso. No sé porque. Y ahora todo era incertidumbre pura.


Es difícil, pero hay que aprender a no proyectar y no encapricharnos en que nuestras relaciones sean como nosotros pensamos que necesitamos que sean. A querer cambiar al otro para que sea como nosotros queremos que sea, porque de alguna forma, eso sería, inconscientemente matar a la persona de la que nos enamoramos. Tal como pasa en la película de Hitchcock, Vértigo, donde el protagonista se esfuerza tanto en convertir o transformar a su amante en su difunta ex que, de alguna forma, termina empujándola hacia el mismo trágico final. Es probable que todo tenga que ver con la pulsión de querer controlar algo, una mínima pizca, de todo lo incontrolable que estaba sucediendo en el mundo. Pero por otro lado pensaba: si a mi se me ocurre, en medio de todo este caos mundial, pensar en algún momento del día en él y en como estará sobrellevando todo, si a mi me surge escribirle para preguntarle, ¿por qué a él no se le ocurre hacer lo mismo?¿Cuál es el límite entre la intensidad y la empatía?

Puede ser que esto sea una necesidad sólo mía, pero hasta me pasa con mi grupo de amigos. Si veo que hay alguno que no aparece por un tiempo largo, me preocupo, le escribo, le pregunto si está bien. ¿Estoy pidiendo demasiado?


Con todo esto en la cabeza, y después de muchos días sin saber de Mateo, me desperté una mañana y pasó algo inesperado. Comencé a marearme. Toda la habitación giraba en mi cabeza y si cerraba los ojos era peor. No podía mantenerme en pie, ni sentado y comencé a sentirme muy mal. La vista se me nublaba, comencé a tener nauseas y vómitos (perdón, no hay una manera más elegante de decirlo), era preocupante porque no se detenía. Mientras estaba ahí tirado en el piso del baño, pensé, de verdad, que ese era mi fin. Lo primero que pensé era que me había dado algo del orden cerebral. Pensé en llamar a mis padres inmediatamente, más que nada para despedirme. Pero primero llamé a emergencias.

Para cuando llegó, que por suerte fue rápido, ya se me había pasado un poco, pero todavía me sentía muy mareado y algo asustando. Como pude le abrí al paramédico y me revisó. Me dijo que había tenido un episodio de vértigo. Probablemente provocado por el estrés. Me explicó sobre el tema y me recetó unas pastillas. Y después me preguntó si vivía solo o si tenía a alguien para ir a la farmacia o controlarme las próximas horas por si pasaba algo. A lo que contesté aguantándome el llanto: No, estoy solo. Le dije que podía llamar a mi hermano. Debe haber visto mi desolación y me contestó que no había problema, él se iba a quedar un rato hasta asegurarse que me sienta mejor. Hizo té para los dos y se puso a llenar papeles mientras esperábamos a que se me pase el mareo.

Conversamos un poco y me dijo que quizás estaba sobre estimulado por todo lo que estaba pasando. Me aconsejó meditar o simplemente, a veces lo que uno necesita es apagar todo, salir un ratito al balcón y ponerse al sol con los ojos cerrados. Y no pensar en nada.

Si, habían sido meses tumultuosos, llenos de estrés y montañas de malas noticias. Tener un conteo de muertes diarios, todo ese dolor se termina impregnando en tu vida. Después de ese día, tomé el consejo del paramédico, me ponía musiquita, un té y salía al balcón a disfrutar el solcito. Eso me hizo sentir mucho mejor.


Conclusión, el enamoramiento es un hermoso pero vertiginoso precipicio, no por nada en inglés se dice ‘falling in love’ (caer en el amor), es una excitante adrenalina, pero a veces no basta. En este mundo y a estas alturas, a veces, lo único que hace falta es que alguien se preocupe por vos un ratito.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: En cuánto a las relaciones pospan* ¿sentís que todos están más intensos o más empáticos? 
*pospandemia

jueves, 10 de febrero de 2022

La Aventura De Una Vida (Especial Columna 100)



‘Siento mi corazón latiendo bajo mi piel, siento mi corazón latiendo, porque vos me haces sentir, como si estuviese vivo otra vez…Si solo tenemos esta vida, esta aventura, entonces quiero compartirla con vos’ – Coldplay


Había matcheado nuevamente con Mateo en la aplicación de citas. Esto significaba que su enojo de alguna forma había terminado, después de haberme bloqueado por más de un año. Ahora la pregunta era ¿quién iba a dar el primer paso y comenzar la charla?.

Yo estaba contento, porque más allá de todo lo que pasó, había estado pensando en él durante esos meses, haciendo un mea culpa de como lo traté y de cómo terminaron las cosas. Mi idea siempre fue ir de frente con eso, con unas disculpas sinceras, antes de recomponer lo que sea que se estaba formando entre nosotros. Es difícil dar segundas oportunidades, y dudaba si realmente me las merecía. Yo por lo general no las doy, no me gusta dar pasos hacia atrás. Por eso me intrigaba saber ¿cuál fue el objetivo de Mateo al ponerme nuevamente un corazón en la app?. De repente, comencé a dudar si había sido un error, un fallo en el sistema de la app. ¿Realmente querrá perdonarme o, por el contrario, querrá reclamarme algunas cosas?. No creo que el fuera tan rebuscado, de hecho, es bastante chill. 


Como sea, decidí dejar de dar vueltas y que sea lo que tenga que ser. Rompí el hielo y por suerte me contestó de inmediato. El hizo alguna broma, como si nada hubiese pasado. Pero yo fui directo con lo de pedirle disculpas. Me dijo que no hacía falta, que todo fue un malentendido y que quedó en el pasado. Aún así insistí con explicarle lo que me había pasado. Mi situación sentimental en ese momento era un caos. Por un lado estaba de duelo por el Sr. Q,  estaba muy frustrado conmigo mismo, y otra gente histeriqueándome alrededor, la verdad, no estaba en mi mejor versión. Y lo entendió. Y seguimos bromeando como siempre.

Me alegró recuperar nuestro vínculo, ahora mi desafío era descifrar que tipo de vínculo era. Uno pensaría que después de más de 15 años y 100 columnas, esto se hace más fácil. Pues no mi ciela. Quizás aprendimos algunas cosas, pero en las relaciones, en el sexo y en el amor, todo está cambiando constantemente. Como cuando mirás un caleidoscopio, te movés un poquito, y todo es completamente nuevo y diferente. La única certeza es que nadie tiene idea cómo se hace esto. Qué cosas funcionan y qué cosas no. Sólo nos queda aprender de los errores y de los aciertos. Nuestros y de los demás (léase amigos). Ah y nunca dar nada por sentado. Eso es importante. Muchas veces, como mecanismo de defensa boicoteamos situaciones antes de que empiecen. Por miedo al rechazo, por miedo a salir lastimados de nuevo. Y hasta proyectamos en el otro situaciones que no están sucediendo en realidad. Es simplemente nuestro miedo manifestándose. A eso, es mejor hacer oídos sordos. 

Es posible que años de intentar relaciones fallidas en esta ciudad, te hagan un poco más reacio a todo o te dejen cicatrices profundas en el corazón. Ya lo decía Cortázar: ‘el truco es volverse fuerte de corazón, sin perder la ternura del alma’.


Pero no se preocupen, no todo es oscuridad, también hay un lado positivo. Siempre hay alguien nuevo a la vuelta de la esquina, en el parque, en el supermercado, o cruzando las sierras. Y no hay nadie tan malo, ni nadie tan bueno, todos nos estamos formando en la eterna carrera de Educación Sentimental. ‘Somos diamantes tomando forma’ como dice la canción. Hacemos lo mejor que podemos. Ahora sabemos, o eso creo, sobre la responsabilidad afectiva, sobre la toxicidad en las relaciones y estamos en ese proceso de deconstruirnos cada día un poco más. O deberíamos estar. Tenemos mil apps de citas para contactarnos, casi que hacen todo el trabajo por nosotros, y toda una ciudad hermosa para salir a jugar. (o bueno, eso pensábamos antes de la pandemia).


Al principio de estas columnas, lo más cercano a esto era el fonochat, y muchos recordarán los complicado que era relacionarse o conectar con alguien de ahí. Aunque digamos la verdad, también era adrenalínico conocerse a ciegas. Esperar nerviosísimo a alguien que solo te habías imaginado de acuerdo a su voz. ¿O se acuerdan lo que era acercarse en el boliche a hablarle a alguien?¿darle en un papelito tu celular?. Con el tiempo se fue perdiendo todo eso. Pero fue bueno haberlo vivido. 

Unos meses después de reconectar con Mateo, estaba tratando de entender mis sentimientos hacia él. Recordemos que él no vivía en la ciudad y que venía muy poco. Por lo que no nos habíamos visto frente a frente nunca más. Y yo, desde acá, sobreanalizando todo, sus subtextos, sus silencios, hasta sus carcajadas. Todavía no entendía si me había perdonado realmente. Si había cambiado algo entre nosotros. Esta vez, yo traté de ir más de frente y tirar indirectas casi directas. El se tomaba todo con humor, lo que me confundía aún más, ¿le gustaba o me estaba friendzoneando? ¿o acaso estaba saliendo con alguien más y todavía no se animaba a decirme?

Yo creo que, por mi parte, lo tenía claro. Por como me ponía cada vez que me escribía. Por todas las veces al día que algo me hacía pensar en él. Por como lo extrañaba por momentos y por todo el tiempo que me dedicaba a pensar en cómo y qué escribirle. Por como en ciertos momentos del día me distraía pensando en él y sonreía, lo descubrí: SI, ESTABA ENAMORADO.

No lo podía creer. Finalmente había sucedido. ¿Saben cuanto tiempo busqué volver a sentir este sentimiento?. Creía que ya no iba a regresar y no podía estar tan feliz de que haya regresado. Las vueltas de la vida.


Es muy cursi lo que voy a decir a continuación, pero no me importa: ¡QUE LINDO ES ESTAR ENAMORADO!. La energía y la potencia que le mete a la vida, es casi sobrenatural, descomunal, extraterrestre. Literal te dan ganas de caminar por las paredes, salir al balcón y gritarlo como un gol. Y al mismo tiempo es algo tan absurdo, no sólo porque te dan ganas de sonreír, sino porque puede ser un sentimiento individual y unilateral. Podés estar viviéndolo por años en soledad y aún así, te hace sentir tan vivo.


Tenía que descargar toda esta energía de alguna forma. Así que tomé una botella de agua y regresé a correr al Parque Sarmiento como en los viejos tiempos. Agitado y casi sin aliento, de repente lo crucé. Mi corazón no sabía si salirse del pecho o quedarse inmóvil. Era él, el chico al que le había dedicado la primera columna. Llamémoslo Federico. Claramente volvía de su trabajo. Aunque yo estaba todo traspirado y pálido, era inevitable evitarlo, ya que venía de frente. Él sonrió y se detuvo, yo me saqué los auriculares. ‘Estoy todo traspirado’ le dije dándole una palmadita de lejos y tratando de no infartarme. Por supuesto él estaba impecable. Sus pectorales y sus brazos explotaban debajo de su remera. Prolijo, impoluto. Conversamos un ratito de nuestras vidas, hace mucho no nos cruzábamos. Por esas vueltas de la vida, él se había enterado que le dediqué las primeras columnas pero nunca lo conversamos frente a frente. Siento que él nunca quiso incomodarme, o incomodarse. Nunca pasó nada entre nosotros, siempre estuvimos desincronizados. Aunque siempre estuvo a unos pocos grados de separación, dando vueltas alrededor de mis alrededores (léase amigos). Recuerdo lo enamoradísimo que estaba de él, al borde de la obsesión. Siempre me pregunto ¿qué hubiese sido de mi vida si pasaba algo entre nosotros?¿Seríamos pareja aún hoy?¿Cómo hubiese sido despertar a su lado todos los días?¿Cuán distinto sería todo?¿qué hubiese sido de la vida de estas columnas?¿Qué hubiese sido de mi sin este espacio de catarsis, autoayuda y reflexión?. En fin, así es esta ciudad, un día decidís moverte por un lugar distinto, doblar en una calle diferente y te chocás con una aventura no explorada.


Llegando a mi departamento, me crucé con las primeras personas con tapabocas. Pensaba que estaban siendo un poco exagerados. Pero no. Se acercaba una pandemia y yo no tenía idea. 

Mientras me duchaba pensaba en Mateo, en las ganas que tenía de verlo, practicaba cosas para decirle cuando nos veamos. Planeaba lugares a donde ir y estrategias sutiles para que sepa que quería algo más que una amistad. Sonreía de la gracia que me hacía a mi mismo, de lo contento que estaba. Como verán, yo seguía en la luna de Valencia, pensando en volverlo a ver. Se dice que la expresión se originó cuando la ciudad de Valencia todavía estaba amurallada y si por distraído llegabas después de las 10, te cerraban las puertas en la cara y tenías que pasar la noche bajo la luna. Quién diría que 150 años después, en medio de una cuarentena estricta, lo único que íbamos a querer es que nos dejaran pasar la noche bajo la luna. Quién diría que después de los 30, me iba a volver a enamorar, en medio de este caos, en el final de los tiempos. Pero así son las vueltas de la vida, una rueda de la fortuna. Todo estaba a punto de cambiar, una nueva normalidad, una nueva forma de amar y conectarnos. La seducción con la boca tapada y hasta una nueva vida sexual. Era el fin de una era.


Después de bañarme, post-masturbación, ya un poco más relajado y revitalizado, me animé a invitar a Mateo a Córdoba, para volvernos a ver, salir a tomar algo por ahí. Me dijo que no creía que iba a poder pasar con todo lo que estaba sucediendo. Era finales de marzo 2020 y yo, iluso, le dije que seguro en unas semanas terminaba todo e iba a poder cruzar a la ciudad. Pero no fue así y a medida que pasaban las semanas, cada cadena nacional del presidente, todo se complicaba un poco más. Y me preguntaba: ¿iba a resistir nuestra endeble relación a una pandemia mundial?¿Acaso este enamoramiento será mi salvación en medio de esta tempestad o terminará por hundirme?


Por ahora, déjenme de este lado de la muralla un ratito más, me quiero quedar en este momento. Disfrutando el enamoramiento bajo la luna cordobesa. Disfrutando la impredecible aventura del amor. Gracias por acompañarme durante estas 100 columnas, por la aventura de una vida. Gracias a lgcba.com por este espacio. ¡Y salud! ¡Por las próximas 100!

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Te enamoraste durante esta pandemia?¿Cómo te fue? Contanos tu experiencia.

domingo, 29 de agosto de 2021

Gracias



‘Uno me enseñó sobre amor, uno me enseñó sobre paciencia y uno sobre dolor. Ahora estoy maravillosamente. Diría que amé y perdí. Mirá lo que tengo, mirá lo que me enseñaste...Paso más tiempo con mis amigos, no me preocupo por nada, además conocí a alguien nuevo, y tengo mejores discusiones...Por eso te digo, ¡Gracias!¡Siguiente!. Estoy tan jodidamente agradecido con mi ex…’ - Ariana Grande



Desperté ese día inquieto, demasiado caliente, como esos días que necesitás masturbarte como para empezar el día. Así de caliente. Era finales de Noviembre del 2019, se acercaba Friendsgiving, una especie de cena de Acción de Gracias con amigos, que no era más que una excusa para juntarnos todos por última vez en el año. Siempre los agasajo cocinando una entrada, un pavo gigante y un postre. Durante esas últimas semanas del año, está presente ese dejo de nostalgia de lo vivido, los recuentos del año, un poco de melancolía de lo que se deja atrás y agradecimiento por los buenos momentos. Todo esto se me cruzaba mientras preparaba el menú de lo que sería la última cena en la vieja normalidad…


Entrada:

¿Recuerdan cuando teníamos el privilegio de los supermercados abiertos a las 10:30? Bueno, ahí estaba yo, a minutos del cierre, comprando todo para la cena. Tratando de apurarme lo más posible a meter todo en el canasto con la música al máximo volumen. De repente un mensaje interrumpe la programación. Era Samuel. ‘UGH, ¿por qué nunca es el chico que querés que sea?’. Pensé y le clavé el visto, al menos hasta llegar a casa. Las cosas con él estaban raras. Hacía 6 meses que nos conocíamos y lo único que hacíamos de vez en cuando era darnos unos cuantos besos y dormir juntos. Y al principio estaba todo muy bien, pero desde que me dijo que en realidad estaba enamorado de un amigo suyo y que lo nuestro era: ‘sexual entre muchas comillas’, ya como que todo se había desgastado. ¿Lo peor? Que los besos seguían siendo espectaculares. ¿Y quién puede, en su sano juicio, desperdiciar besos espectaculares?


Tener una relación abierta asexual con él no era problema, pero durante meses yo había sido sólo Samue-sexual, tenía ganas de conocer a alguien nuevo. Pero siempre antes de avanzar, aparecen destellos de amores olvidados. Y así fue como comencé a recordar mucho a Mateo. Con él no habíamos terminado tan bien. Si bien nunca habíamos llegado a ser nada, él cometió un error, que analizándolo después de un tiempo, no había sido tan grave. Y yo reaccioné exageradamente y me cerré a darle una oportunidad. Digamos todo: yo aún no estaba preparado para encarar nada, todavía estaba enamoranclado al Sr. Q y siento que autoboicotee todo. Pero al menos, en ese momento, yo era consciente de eso, y aunque estaba sobrepasado por todo, intenté solucionarlo a los pocos días. Lástima que para ese entonces él ya me había bloqueado. Me molestó que sea así de infantil. Durante toda esta semana había pensado mucho en él. y recibí muchas señales que me hacían recordarlo. Por ejemplo, cerca de mi casa habían abierto una sucursal de una famosa casa de alfajores que me recordaba a él. Algo que nunca pensé iba a suceder. Moría de ganas de contárselo, pero no podía comunicarme con él. Le saqué una foto con el celu, con la esperanza de que algún día la pueda usar. 

Esa noche, mientras adelantaba preparaciones y cocinaba cosas para la cena del otro día. Recibí otro mensaje. Era Samuel, diciéndome que estaba abajo. Una parte de mi quería mentirle, esconderme y decirle que no estaba en casa. Pero no podía hacerle eso, dejé todo lo que estaba haciendo y bajé. Me estaba esperando en la entrada, como siempre, con ansias de pasar, ansias de besos. De hecho, podía ver sus ansias en su jogging. A penas abrí la puerta, se me abalanzó como un cachorro. Ya no hacía falta ni hablar, nos dejábamos llevar por la memoria corporal. Ese iba a ser mi último gran beso A.C. (Antes del Corona). Agradezco que lo haya sido.

 

Plato Principal:

A la mañana siguiente, Samuel se fue casi sin decir palabra. Sólo un beso inerte de despedida. Ya ni se esforzaba por inventar una excusa para irse lo más rápido posible. Por un lado, mejor, porque tenía que hacer mil cosas para la cena de esa noche. Yo entiendo, a todos nos pasa que después del sexo, lo único que queremos es volver a nuestras casas, con nuestra almohada o hasta estar solos. También porque él siempre me aclaró de su grisexualidad. Pero su frialdad estaba comenzando a hacerme dudar de si en verdad no se arrepentía de su decisión de verme, de estar conmigo ¿acaso yo era un desliz? ¿un error? Y me preguntaba a mí mismo: ¿acaso me gustaba tanto él como para rebajarme a ser una de esas dos opciones? A veces es necesario preguntarse: ¿cuánto de esto es culpa del otro y cuánto es culpa nuestra por haber clickeado ‘aceptar’ en la parte de términos y condiciones?


Después de bañarme, salí rumbo a mi verdulería favorita para terminar de comprar algunas frutas y verduras para las guarniciones. Pero sobre todo era una excusa para ver a mi verdulero favorito.

Unos meses atrás, me atendió por primera vez e inmediatamente hubo como una ondita. No sé cómo explicarlo, fue como que nos caímos bien en el acto. ¿un flechazo?. No sé si tanto, pero algo similar. Al principio pensé que era algo del chamuyo de buen vendedor. Que estaba tirando fruta para vender más fruta. Pero después lo vi interactuar con otra gente y no era así con los demás. De hecho, era bastante serio y formal. Hacía algo que me calentaba mucho, cada vez que le hablaba, ponía sus manos atrás, como si las tuviese atadas a la espalda, esperando a que le dé órdenes. ¿Mencioné que estaba muy caliente esas semanas?.


Una vez, sucedió algo extraño. El atiende con otras dos personas la verdulería, pero ese día, él no estaba adelante, estaba haciendo algo atrás de la tienda. Sus compañeros estaban desocupados, conversando. Y apenas me vieron, lo llamaron a él específicamente para que me atendiera. ¿Raro no?. Como sea, ahí fue como supe que le decían Luchito. ¿Será Luciano? ¿Luis?. Eso no era importante. Lo importante era que había algo de complicidad con los amigos. Esto de que lo llamaban a él para atenderme se repitió varias veces. Hasta le sonreían. Él se ponía un poco nervioso. Y yo también, sobre todo cuando traía frutas y verduras y las ponía en mi bolsa. Nuestras manos se rozaban y yo hacía un esfuerzo sobrehumano para que no se notara lo incómodo que me hacía sentir. Ni hablar de que éramos un desastre con la plata, el vuelto y las monedas resbalando entre nuestras manos temblorosas, torpes, de enamoramiento adolescente.

Esa mañana hacía mucho calor, o puede que había quedado algo caliente después de mi encuentro con Samuel. Cuando llegué había una fila larga de gente esperando en la verdulería. A lo lejos lo vi a Lucho. Tenía una remera algo ajustada, y en los brazos se le marcaba esa vena sexy cada vez que agarraba algo. No podía dejar de observarlo. De repente, una chica con un bebé en brazos se saltea en la fila y todos comienzan a reclamarle. Lo que no sabíamos es que era su novia/esposa. Ella procede a darle un piquito en la boca para taparnos la boca a todos nosotros. Él se sentía incómodo y lo primero que hizo fue mirarme. ¿Raro no? Quizás escuchó el crujido de mi corazón partiéndose un poco, como el sonido que haces cuando la despedazás una lechuga con la mano. Desde entonces nuestra relación ya no fue la misma.

Más tarde mientras preparaba el pavo, agradecí ese momento con el verdulero. De alguna forma me hizo reflexionar. Quizás era hora de dejar de desvalorizarme, dejar de ser el segundo. Dejar de rebajarme para tener solo una mínima fracción del cariño que merezco. ¿Acaso no merecía más que las migajas del cariño de alguien? ¿Acaso no merecía estar al frente con las buenas frutas y no aplastado al fondo del cajón? ¿Acaso no merecía ser el plato principal y dejar de ser el tentempié?

Después de meter el pavo al horno, decidí escribirle a Samuel. Un mensaje conciso y concreto (porque no quería ser de esos intensos que mandan planteos re largos por WhatsApp). Le expliqué que por más que disfrutaba mucho sus besos y lo que hacíamos en nuestros encuentros, sentía que ya no me satisfacía seguir haciéndolo. Que me gustaba más al principio, cuando sentía que de su parte había algo de cariño, algo de emoción. Seguirlo haciendo así no me servía. Le aclaré que no tenía que ver con su asexualidad, que me daba cuenta que él tampoco la estaba pasando bien las últimas veces. Él me contestó casi de inmediato y me dio la razón. Pero que no tenía que ver tanto conmigo, que tenía un lío en la cabeza. Nos despedimos cordialmente y agradecimos por los buenos momentos que pasamos. No volví a saber de él hasta muchos meses después, pero esa es una historia para otro momento.

Postre:

Esa noche ya me sentía mucho mejor. hasta me había cambiado el semblante. A veces, hay que hacerle caso a tu propio cuerpo. Cuando alguien no te está haciendo bien, el cuerpo responde. Hay que estar atentos y observarlo.


La pasamos espectacular con mis amigos. después de unos años había mejorado la técnica del pavo, cenamos, tomamos, nos divertimos mucho. Si mi relación con Samuel hubiese sido de otra manera, quizás estaría brindando a su lado y esta hubiese sido una cena de presentación. Pero bueno, él se la perdió. Más allá de esto, agradezco haber tenido esa noche junto a mis amigos, sin saber que iba a ser de los momentos que más iba a extrañar durante los próximos años. Esta es una de las columnas que más tardé en escribir. De alguna forma me quería aferrar a este recuerdo un ratito más. No dejarlo ir.

Después del postre, nos quedamos tomando y como siempre, jugando algún juego de mesa mientras hablamos de nuestras vidas amorosas. Muchos estábamos en esa de que nos gustaría conocer a alguien nuevo. Así es como terminamos abriendo Tinder. Y no sé si fue la ley de atracción o qué, pero apareció, entre los candidatos, el perfil de Mateo. Algunas nuevas fotos y su perfil esperando el corazón o la cruz. Se lo mostré en secreto a mi amigo Tomás. ¿Qué hago? Él me aconsejó que le diera otra oportunidad. Y con un poco de nerviosismo, apreté corazón.

A la mañana siguiente me despertó el sonido del celular. ¡Tenía un match!, era Mateo. Fue la frutilla del postre que necesitaba ese año. Y, para variar, tenía como romper el hielo: con esa foto que guardé. 

 

Se venían dos años complicados. Una pandemia mundial, tristeza, incertidumbre, depresión, vértigo y ataques de pánico. Pero también, mucho tiempo para reflexionar, nuevos amores, amores diferentes. Nuevas y creativas formas de relacionarse y hasta nuevas formas de que te rompan el corazón. ¿Finalmente llegará un nuevo mordisco al corazón?. Todo estaba a punto de cambiar, por eso agradezco haber tenido el recuerdo de esta noche junto a mis amigos para aferrarme en los momentos más oscuros. Así que, GRACIAS, ¿qué sigue?.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: A la hora de relacionarte: ¿qué es lo que más extrañás de la vieja normalidad?