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miércoles, 19 de febrero de 2020

Un Valentín De Verano


'Te sientes como el verano, me atrapaste el corazón, serás mi Valentín en verano, en verano...Te amo, y no hay nadie superior a vos…¿vos me amás?’ - Childish Gambino




Hace Un Par De San Valentines Atrás…

Una noche de verano derritiéndome de calor en mi depto., seguramente llorando conmovido por alguna serie, suena un match en el celular. Es de la app de citas que hacía mucho no tenía noticias. Otro hombre con foto borrosa meticulosamente misteriosa como para llamarme la atención. Valentín (no se llamaba así, pero digamos que si por el bien de esta columna), unos cuantos años mayor que yo. Mejor. ¿Quién tiene paciencia para dramas adolescentes en verano?. Comienza a mensajearme, me ve conectado. Recuerdo mi regla de no contestar perfiles sin fotos nítidas. Pero dije: ¿por qué no?. Pegamos onda inmediatamente, quizás haya algo lindo acá. De repente no me importaba el calor ¿acaso no es suficiente señal esa?. Sin que se lo pida, me envía una foto, que fotogénica es la bondad ¿no?. Seguimos conversando un rato más. Se estaba haciendo medianoche y me invita a tomar un helado. Lo consulto con el balcón: ¿que tenía que perder?¿por qué quedarme encerrado cuando podía salir un rato a la ciudad?. Me autoempujo a decirle que si: ‘¡Si!’. ‘En media hora estoy ahí’ me dice.


Lo espero abajo algo nervioso, impaciente. Pero no quiero transpirar. Calma. Respirá. ¿Habrá sido ese señor que pasó?¿Me mintió?¿Me equivoqué?. Calma. Respirá. Una bocina me desconcierta. ¡Es él!. Nunca me dijo que venía en auto. Su auto tenía olor a nuevo, pero él se había perfumado también. Parecía un poco nervioso y serio. Yo trataba de no mirarlo tanto, pero tenía un brazo algo hipnótico. De esos brazos levemente marcados. Le indico mi heladería favorita y allá vamos. Tenía una gorra, ‘esto es muy de los 90’s’ pensé. ¿Qué ocultaba?. Inconfundiblemente es él, más joven que en las fotos. Me sonríe. ‘¿Qué?’. ‘Nada’ - le respondo-. ‘Estaba un poco despeinado’ me dice. ‘Mucho viento’, lo cargo. Ahí logra relajarse un poco más. 

Él frutos rojos y limón. Yo ananá y crema chantilly. El se pone algo tenso y ansioso nuevamente, no se esperaba tanta gente a esa hora. Lo saco de ahí: ‘¿querés caminar un poco?’. ‘Dale’. Unas cuadras en silencio después se anima a decirme: ‘No estoy acostumbrado a esto’. ‘Al helado?’- lo cargo otra vez - ‘no pasa nada, menos acá en Nueva Córdoba’. ‘Ya sé...pero no me acostumbro...ya estamos por llegar al 2020 y no me acostumbro’ - me responde -. ‘Entiendo’ le contesto. ‘En Brasil soy más suelto‘. Claro, era A.B. antes de Bolsonaro. Además que allá nadie lo conocía. 

‘¿Querés probar?...’ lo miro pícaro, él sonríe con una cucharada de helado de frutos rojos en la mano. ¿Por qué no? pensé. Le saco la cuchara de la mano, porque hasta yo tengo mis límites. ‘¿Vos querés?...Es ananá’. Le queda una gotita en la barba. Nos reímos. Lo hubiese besado ahí. pero no. Qué lindo todo.

Volvemos al auto. Damos unas vueltas hasta que... ‘¿Querés ir a tomar algo a casa o es muy tarde?’. Finjo dudarlo…’Bueno...dale’. Además, me intrigaba verlo sin la gorra. Apenas subimos el ascensor, se podía sentir la tensión. La más linda de las tensiones. Lo que daría por esa tensión ahora. Entramos y el calor interno nos lleva al gigante y alargado balcón que daba sobre una avenida. ‘¿Que querés tomar?’. ‘Agua fría primero’. Observo la ciudad desde el balcón y pienso: menos mal que me autoempujé a esto. Muchas veces, sobre todo en verano, estoy tirado en el sillón, aburrido, quejándome del calor ¿porqué no hacer esto más seguido?. Aunque seguramente no van a ser tan geniales como esta vez ¿porqué no tirarse y entregarse a la aventura?.

Me apoya el vaso frío en el hombro. Escalofríos del lindo. Se saca el gorro y se pone serio. Trato de no mirarlo tanto. Brindamos con el agua y mientras la tomamos nos miramos como si nos quisiéramos tomar entre nosotros. Me quita el vaso de la mano, los deja por ahí y con sus manos me toma la cara para besarnos. Frutos rojos y ananá.


Después de unos cuantos segundos se cuelga en un abrazo ahí entre las penumbras de su living. El es un poco más alto y grandote que yo. Respiró profundo en mi espalda como si quisiera guardarse el abrazo de recuerdo en sus pulmones. A los besos, me acercó a su habitación y tuvimos de esas sesiones de sexo bien potentes. Toda su reserva y timidez desaparecieron en ese momento. Se transformó en otra persona, más intensa,más pasional también. Se sentía como que ambos habíamos liberado meses de sequía. Y como cuando pasás mucho tiempo sin tomar helado, nos devoramos por completo, sin desperdiciar ni una gota. Por lo general, me pongo algo inseguro con mi cuerpo, pero Valentín me hizo sentir super cómodo en ese sentido, y eso hizo que estemos más relajados y juguetones también. Nuestros cuerpos hicieron click desde el principio. Nos divertimos y probamos todas las posiciones posibles, en la cama, en el piso, contra la pared, TODO.

Al terminar y después de ducharnos ambos, me invitó a quedarme ‘un ratito más’, lo que se transformó en unas horas más. Nos quedamos en la cama relajados y conversando, como si nos conociéramos desde hace años. Como esas charlas de amigos a la madrugada en vacaciones de verano. A oscuras se animó a confesarme algunas cosas personales: el trauma y el rechazo de su familia cuando salió del closet, como gracias a una amiga había logrado escaparse a vivir a Brasil y había dejado todo atrás. Y cómo todo eso lo marcó en sus relaciones, aún hoy. Todo lo que le dolía regresar a la ciudad y encontrarse con algún familiar. Ahí comprendí mejor su discreción y su timidez. Cuando me preguntó por mis relaciones, en ese entonces le conté sobre el Sr. Q y cómo, aunque suponía que nunca iba a suceder entre nosotros, me costaba mucho abrirme a conocer a alguien nuevo. Le conté como tuve oportunidades y siempre me parecía injusto no estar enfocado 100% en que funcione por pensar en el Sr. Q. En ese momento Valentín me señaló que lo había logrado bastante bien con él, pero ambos sabíamos que en unos días él se volvía a Brasil, en un punto, todo era finito entre nosotros. No era lo mismo. Y ahí él me hizo una pregunta que me hizo pensar: ¿No te parece más injusto no permitirte conocer a alguien nuevo?¿Acaso el Sr. Q no se permitió conocer a alguien nuevo? ‘Si’ -le contesté - ‘pero yo soy un poco antiguo en eso, mi corazón y mi cabeza van de uno por vez’. El me entendió. No se lo dije en ese momento, pero haberlo conocido me daba esperanza de que algún día iba olvidar al Sr. Q y avanzar. Las personas como él, los encuentros como este, hicieron que sucediera.


A veces, en esta era de las apps y de descartar a la gente tan rápidamente con sólo un movimiento de dedos, perdemos oportunidades y a gente que quizás nunca más volvamos a cruzar. No digo que no lo haya hecho, ‘todo entra por los ojos’, dicen, pero desde que conocí a Valentín, me autoimpongo y me esfuerzo un poco más en observar, en tratar de quedarme un ratito más en cada perfil. Tratar de absorber toda la info posible y recién decidir. Así como también espero que alguien, alguna vez, haga eso conmigo.

Le pregunté la hora, porque ya era hora de irme. Eran cerca da las 5. Se quedó observando el celular. ‘Ja’...’es 14 de Febrero’ - dijo -. Ambos lo habíamos olvidado por completo, hasta yo el más cursi del mundo lo había olvidado. ‘Feliz Día de los Enamorados’ - le dije - y comenzó otra sesión de besos. ‘Quedate a dormir’ - me pidió - y pensé: ¿por qué no?


Antes de despedirnos nos prometimos algo. Que cada vez que él esté de visita, si estábamos solteros, nos íbamos a encontrar y repetir todo de nuevo. Sin compromiso. ‘Trato hecho’. Sellamos el trato con unos besos más en el ascensor. Y así fue como pasamos algunos San Valentines juntos, conociéndonos más, poniéndonos al día en todo sentido. Algunos los pasamos juntos y otros separados.

Unas semanas antes de éste San Valentín…

Tomé la iniciativa de escribirle yo. Nos habíamos saludado para las fiestas. Me dijo que estaba muy bien. Que había conocido a alguien y que este año decidió no volver a Córdoba para disfrutar sus vacaciones con él. Me puse contento por él, de verdad se lo merecía.

En cuanto a mí, iba a pasar solo este San Valentín, otro de los tantos. Observando la ciudad pensé, que si Valentín lo había podido lograr, yo también podía. El Sr. Q al fin había quedado atrás y por primera vez en mucho tiempo sentía que estaba preparado para volverme a enamorar de lleno, al 100% como me gusta. Y que quizás ahí afuera en la ciudad, no sólo hay un Valentín de verano, sino uno de cuatro estaciones. Si al fin y al cabo, los helados se toman los 365 del año. Bueno 366, porque no hay que desperdiciar ni un solo día.

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: Y vos ¿Tenés alguna historia linda de San Valentín?

jueves, 5 de marzo de 2015

El Talentoso Sr. Q


Estaba en una cita con alguien nuevo que había conocido las redes sociales. Solo un poco más grande que yo, alto, atlético, con una linda sonrisa y de esas personas que tienen 'cara de bueno'. Le vamos a decir Sr. Abrazo, por los hermosos abrazos que daba. De esas personas que le encantan los abrazos y les gusta que duren mucho. Ya casi que me había olvidado de lo mucho que me gustaban a mí. Es lo que pasa cuando estás obsesionado mucho tiempo con alguien que no te es reciproco (hablo del Sr.Q, mi más larga y extenuante obsesión) comenzás a olvidarte de cómo eras antes de adaptarte a las mínimas señales de afecto. Al menos eso me pasa a mí. Recuerdo todo lo que quería antes de conocerlo, antes de estar pensando constantemente en él y en como es, y desviviéndome por alguna demostración ínfima que me diera algún tipo de esperanza.

El Sr. Abrazo me había invitado a su casa, la que había pasado todo el día limpiando, había ido al supermercado más temprano, para cocinarme esa noche. Había preparado la música que íbamos a escuchar mientras comíamos. Y sin embargo, mientras el terminaba de preparar la comida, yo desde su balcón pensaba si se veía el edificio del Sr. Q desde ahí, con quien estará y que estará haciendo. ¿Por qué siempre es así?¿Por qué no valoramos lo que tenemos en el momento? ¿Por qué, después de todo este tiempo, todavía tenía esperanzas?¿Hasta cuándo?

Traté de suicidar los pensamientos sobre el Sr. Q desde ese balcón y focalizarme en la cita. Nos sentamos a cenar la comida que me había preparado con dedicación: un exquisita carne al horno con verduras y comenzamos a hablar sobre nuestras vidas. Cosas super personales para una primera cita: sobre nuestras familias, nuestros ex, nuestras carreras y aspiraciones, ahí me di cuenta que hacía mucho que no contaba esas cosas personales. Es otra de las cosas que suceden cuando te obsesionas con alguien por mucho tiempo, te olvidás de tu propia vida y de cómo eras antes de que todo sucediera. Recordé lo mucho que me gustaban las citas, conocer a alguien desde cero. El Sr. Abrazo comenzaba a mirarme fuertemente mientras conversábamos, casi que podía masticar su mirada. Eran como esas miradas que le hacía a escondidas al Sr. Q de vez en cuando, cuando no me miraba, y me preguntaba si alguna vez las había sentido. O si me había descubierto alguna vez estudiando sus reacciones y movimientos, que es algo que me encanta hacer. No de una forma 'obsesiva psicópata de asesino serial', creo que es algo que me sale naturalmente cuando estoy enamorado de alguien y al mismo tiempo porque como escritor siempre estoy observando todo para después describirlo detalladamente en columnas como estas ja.



Terminamos de cenar y pasamos al living, Y en el medio de la conversación me preguntó: - ¿Te gusta esta música?. - Si, le contesté, era una especie de bossa nova, entonces se paró y fue a subir el volumen. Yo me paré a dejar el trago, él me tomó de la mano y comenzó a moverse con la música. Me hizo gracia, era todo muy cursi. Ahí recordé lo cursi que solía ser antes del Sr. Q. Y es que cuando te obsesionás con alguien, de repente, adquirís rasgos de la otra persona, inconscientemente, quizás para gustarle más o para generar más empatía, quien sabe. A veces, te convertís en otra persona totalmente diferente.

Por supuesto que la culpa era mía, eso lo sabía. En un juicio, nunca podría culpar al Sr. Q de nada, porque todo lo hizo tan meticulosamente que no tendría pruebas para demostrar las veces que miró diferente, sus gestos románticos, podrían simplemente ser gestos amistosos. No puedo culparlo por las cosas que estaba dispuesto a dejar por él, porque eso lo hice enamorado. No puedo culparlo por su frialdad, porque quizás una parte de mi se enamoró de esa parte de su personalidad. Ni tampoco puedo culparlo por aparecerse en mi mente cuando la estoy pasando bien con alguien nuevo como en este momento.

Bailamos un rato con el Sr. Abrazo y después la música terminó. Entonces comenzaron los besos. De esos besos largos y apasionados contra la pared. Me había olvidado lo bien que se sentían los besos seguros de sí mismos. No eran para nada como los besos del Sr. Q, una de esas noches de borrachera, dudosos, quizás por calcular mal la distancia, en un taxi a oscuras. Este beso era un beso de alguien que quería estar conmigo, alguien que estaba seguro de lo que quería. Y es que cuando te gusta alguien, tratás de darle a esa persona, de vez en cuando y en la medida de lo posible, lo que quiere. Y créanme, se siente maravilloso. ¿No es acaso esa la verdadera y más pura manifestación del verdadero cariño?

Me invitó a que pasemos a su habitación y todo se puso más caliente. Demasiado caliente, la excelente noche que habíamos pasado lo ameritaba. Y en ese momento, en el mejor momento del sexo, me sucedió algo que no me había pasado antes. Mi mente se separó de ese momento y comencé a pensar en el Sr.Q. No para calentarme ni nada por el estilo, de repente, comencé a pensar en cómo sería tener sexo con el Sr. Q. Estar y compartir ese momento con él. En si nuestros besos serían apasionados o románticos o buenos o malos. Como se sentiría estar con él en la cama. Si me daría pudor, si le daría pudor a él. Si sería el momento más hermoso de mi vida o si sería raro. Es como que se me apareció muy claramente, casi que lo podía ver ahí con nosotros ¿Cómo había hecho el Sr.Q para meterse en mi mente en ese momento? No tenía idea, debe ser uno de sus talentos. Uno de sus malditos talentos. O quizás era uno de mis defectos, no poder disfrutar de los buenos momentos y concentrarme en lo que no puedo tener. Debería ver el vaso medio lleno, entonces ¿cuál era mi talento?¿Ver la esperanza donde no la hay?¿estar enamorado de alguien a pesar de todas la veces que la pasé mal en esta no-relación?¿olvidarme de todo cuando lo veo y solo pensar en el cariño que le tengo? Quizás mi talento era: ¡mantener una erección pensando todo esto!


En ese momento decidí que tenía que volver en mí, matar de mi mente al Sr. Q y volver a los brazos del Sr. Abrazo. Me concentré muy fuerte y volví. El Sr. Abrazo no lo notó por suerte y terminamos la noche abrazados en su cama, acariciándonos hasta dormirnos.

A la mañana siguiente, mientras me bañaba en la ducha del Sr. Abrazo, trataba de lavar mis pensamientos del Sr. Q, como si pudiera enjuagarlo de mi mente, pero quizás no había suficiente jabón.



Me comencé a vestir antes de irme, el Sr. Abrazo se acercó para abrazarme un ratito más y yo pensaba en si estaba listo para comenzar una nueva relación, en lo bueno que sería enamorarme de alguien nuevo y, si algún día, iba a tener el talento del olvidarme del Talentoso Sr. Q.

Pablo M. Acuña

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Pregunta del foro: Alguna vez teniendo sexo con un chico ¿se te cruzó por la mente otra persona?