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lunes, 14 de agosto de 2023

Cambiando La Piel



‘Estoy cambiando la piel, sobreviviendo, de las cenizas de ayer, voy renaciendo. No me digas cuál es la nota, que ya no soy el mismo de ayer. Tus dagas ya no son tan filosas, yo ya estoy cambiando la piel’ – Wos & Nicki Nicole


 

Después de unos largos años de Pandemia Mundial, estábamos viendo la luz al final del túnel. Llegaron las vacunas, y con ellas un poco de alivio, bueno, eso si obviamos a los incrédulos de las vacunas. Porque claro, siempre hay lugar para una nueva grieta, y este país, tiene más grietas que mi corazón.

Hablando de mi corazón, me había acostumbrado tanto a conocer gente online (ver columna anterior) que ya me había olvidado cómo era un ser humano offline, o sea, de carne y hueso. Me había olvidado de cómo eran las bocas y las barbas. Estábamos cerca de volver a vernos las caras completas y sacarnos esa segunda piel horrible que fueron los tapabocas.


Era hora de volver a la realidad, dejar de llenarnos de alcohol y salir a tomar un que otro trago. Cambiar de la fase del aislamiento, a la del acompañamiento. Pero ¿estábamos emocionalmente listos para regresar a la cancha?¿Después de tanto distanciamiento de nuestras habilidades sociales, íbamos a estar preparados para un acercamiento real?

Por un lado, yo seguía con un poco de miedo. Sentía que no había que descuidarse tanto. Además de haberla pasado muy mal emocionalmente, tenía gente cercana que todavía se seguía contagiando, algunos, por segunda vez. Y eso me paralizaba un poco, ya que, hasta acá, venía invicto. En medio de toda esta incertidumbre mundial, estaba mi propia incertidumbre. Tenía una cita pendiente con Rulitos, así le decía al chico que me había acompañado virtualmente toda la pandemia, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Nuestra relación tenía que salir del aislamiento y pasar a la fase de conocerse en vivo.

Pero, ¿estaba preparado para esa presión, después de unos ataques de pánico, vértigo y todo mi caos mental?. En mi mente, todavía no era momento. Necesitaba un poco más de tiempo, pero sentía que él no lo iba a entender, que iba a creer que le estaba histeriqueando, que estaba evitando conocerlo. Pero la verdad es que tenía un poco de miedo. Un poco traté de explicárselo, como pude, y creo que lo entendió. Pero al mismo tiempo siento que nos alejó un poco. ¿Cómo saber si se alejó para darme espacio o porque prefirió no avanzar en la relación?. Lo que se me cruzaba por la mente en ese momento, era pensar que si después de todo lo que pasó en el mundo entero y en el mundo interno de mi mente, ¿qué iba a pasar si teníamos la cita y salía mal?¿si no le gustaba?¿si me sentía rechazado o si él no me veía más que para amigos?. Me iba a sentir muy mal la verdad. Y eso iba a manchar un poco lo que tuvimos durante los últimos meses. La verdad no tenía la fuerza mental para caer en esa tristeza.

Y si, todo tenía que ver con mi inseguridad, el saboteador interno instalándome nuevos miedos y preocupaciones. Escribiéndolo ahora, mucho tiempo después, la verdad que me arrepiento de haber cedido al miedo. No les pasa a veces, de ver a alguien en las redes o en las apps de citas, alguien que les gusta mucho y pensar: tiene una vida tan linda, pacífica y feliz, que no sé si me veo con él. Siento que no combino, siento que voy a llevar todo mi caos y se la voy a alterar o arruinar. Y por ahí se me cruza ¿debería esperar a estar un poco más estable para estar con él?. Sé que lo que mostramos en redes es una ilusión óptica, es casi todo prefabricado, pero de todas formas es imposible no pensarlo, al menos para mi. También hay que decirlo: que cagón y que cobarde que fui. Porque si hubiese salido bien, quizás hoy no estaría tan solo y si salía mal, no tendría esta incertidumbre. 


En ese momento, no quise molestarlo con mis dudas y vueltas, así que dejé todo en stand by, porque sentía que si lo rechazaba una vez más o si le posponía una salida más, iba a creer que estaba jugando con él. Hice la gran ‘Prófugos’: al menos sé que huyo porque amo.

Después de vacunarnos, que por cierto fue un nuevo nivel de caos, de a poco fueron volviendo las reuniones con amigos, libres de tapabocas. Y por supuesto, lo primero que hice, fue reencontrarme con la familia. No les puedo explicar lo que reconfortante y emocionante que fue volver a abrazarnos. Que hayamos sobrevivido los cuatro sanos, fue el mejor regalo. Un premio a ser responsables. 

Poco tiempo después, con mis amigos, planeamos la primera previa y salida como en la vieja normalidad. Nos reencontramos con algunos que no veíamos hace mucho, esos que viven lejos, o los que estaban en otros países y no habían vuelto en años.

En la disco, pasó lo mismo, no más mesas en la pista, no más protocolos, éramos libres de bailar todos juntos normalmente, volver a ver caras conocidas, a los ‘socios vitalicios del ocio’ como dice la canción, saludar a esas personas que solo te cruzás en la pista. Bailar la música de un dj real y no uno de un video de Youtube en vivo. Experimentar eso, de verdad se sentía como un triunfo, el triunfo de haber sobrevivido a meses, años complicados y oscuros. Y volver a disfrutar cosas que dábamos por sentadas y en libertad.


La noche nos pareció más corta que nunca y volvimos a experimentar el vía crucis de conseguir un taxi para volver. Nada había cambiado en ese sentido, horas esperando un taxi a la madrugada y los taxistas sólo le paran a las mujeres. Pero bueh. Mientras esperábamos un taxi con mis amigos, un chico muy desabrigado se me acercó. ‘Hola, ¿les sobra un lugar?, voy para el centro, soy solo yo’- me pregunta- . ‘Emm si, creo que sí…si conseguimos algún día taxi’. ‘Buenísimo…porque me estoy congelando’ – me dice temblando con las manos en los bolsillos -. ‘Es que estás un poco desabrigado’. Tenía puesto una remera bien pegada al cuerpo y unos pantalones de cuero. ‘Si, me quise hacer el picante’ – me explica – ‘¿Cómo te llamás?’ – me pregunta – ‘Pablo, ¿vos?’, ‘Cruz’. ‘¿Por Juan Cruz?- le pregunto – ‘No, solo Cruz’ – extendiéndome su mano -. Cuando le doy mi mano recuerdo que mis manos son dos témpanos. ‘Nooo, lo fría que tenés las manos’ – soltándose rápido – ‘Si, perdón’ -sonriendo con un poco de vergüenza – ‘Te iba a pedir que me abraces, pero mejor no’ – se sonríe pícaro.


Finalmente conseguimos un taxi. Cruz se sentó a mi lado, muy a mi lado, del otro lado un amigo y su novio adelante. Durante el viaje seguimos conversando un poco, el se daba calor con mi cuerpo. Y un poco eso me gustaba. Había un ondita, él tenía un aura misteriosa, era bastante cool también, con su pelo rapado, sus aros y sus tatuajes. Mis otros amigos se bajaron del taxi. Quedamos solos y ya estábamos cerca de mi depto. Ahí me dijo: ‘Me voy a bajar con vos y de ahí camino, me queda cerca’.

Cuando bajamos me acompañó hasta la puerta de mi depto, él todavía moría de frío. Se hizo un silencio y ahí es cuando me pregunta: ‘¿Puedo pasar a tu baño? No doy más’. Por un momento pensé: de verdad no conozco a este tipo, puede que sea un loquito. ‘Porfa, posta, paso al baño y me voy’ – me suplicó – ‘¿De verdad?¿porque si es una estrategia, no sé si da? No te conozco’ – le dije honestamente. ‘De verdad, te prometo’. Una parte de mi no le creía tanto, pero le dije: ‘Ok’.

En el ascensor se acercó para que le diera un abrazo y ahí ya sentía que algo más iba a pasar. Corrió rápidamente al baño, yo me saqué la campera y vi lo desacomodado que había quedado mi depto después de la previa. Salió del baño aliviado y con otro semblante, ‘que rico el olor del jabón, mirá’ – me hizo oler su mano acercándose a mi. ‘Si, me encanta, es mango’. Mientras le respondo, lo veo que mira intensamente mis labios y ahí en el pasillo contra la pared, fue mi primer beso pospan (post pandemia).


Todos los meses de estrés y preocupación, todos los malos momentos, los momentos oscuros, todo, fue descargado en esos besos con Cruz. Es muy loco volver a sentir, después de mucho tiempo, el cuerpo de otra persona en tus manos. Me sorprendió. De verdad había pasado mucho tiempo sin tener otro cuerpo al tacto. Me di cuenta de lo mucho que extrañaba esa sensación. Entendí un poco mejor a esa gente que dice que extraña esa sensación de estar agarrado a un cuerpo, de tener un cuerpo encima o sentir la piel de otro en la palma de las manos. A Cruz le gustaban mucho los besos en el cuello, darlos y recibirlos. Bueno, no solo los besos, las mordidas, los lengüetazos. Fue como una liberación de lo que teníamos prohibido por mucho tiempo. Y estuvo increíble. 

Nos quedamos vestidos la mayoría del tiempo, mucho chape y fricción de las telas, y si, quizás alguna que otra mano buscando piel, pero la verdad hacía tanto frío, que ninguno quería desnudarse. Después de gastar las papilas gustativas y las paredes por recorrer, terminamos en el sillón y ahí nos quedamos. Pasamos de la fase sexual/animal a una más cariñosa/romántica. Cuando Cruz quiso seguir, un paso más, sacó el preservativo de su riñonera. Pero tuvo la prudencia de leer la fecha de vencimiento y por esas cosas del destino, estaba vencido. Yo iba a traer uno mío, pero finalmente decidimos quedarnos abrazados en el sillón a puros besos y mimos, no tuvimos sexo.

Eran casi las 9 am, y después de una sesión de besos dónde perdimos incontables calorías, nos quedamos en el sillón abrazados, en esa parte dónde te empezás a entredormir mientras el otro te acaricia, conversando de algunas cosas y sintiendo la respiración del otro en tu pecho. Así vestidos, nos quedamos dormidos profundamente. Bueno, eso me duró 2 horas como mucho, pues insomne. Me pasó algo que detesto: mi brazo quedó atrapado debajo de su cuerpo y me dejó inmovilizado. Estuve un rato tratando de zafarme de ahí sin despertarlo. Salí reptando casi del sillón, sacando mi mano estancada.


Ya desvelado, no sabía qué hacer, así que me puse a lavar vasos y platos de la previa. Acomodé silenciosamente el depto, barrí, todo sin despertarlo. Cruz tenía un sueño bastante profundo. Cuando terminé todo eso, me senté a su lado y pensé que ese momento era el final de una era. Se había terminado por fin la etapa oscura del COVID (aunque faltaba todavía un trecho más, la parte más grave se había pasado). Sentí ese alivio de haber sobrevivido. Que nada grave le pasó a mis seres queridos. Y lo lindo de poder disfrutar la vida como antes. Mientras observaba dormir a Cruz, la ecdisis de dejar todo eso atrás, me hizo emocionar y se me pusieron los ojos vidriosos.

Llegó el mediodía y yo todavía no había dormido. No me podía ir a mi habitación y dejarlo durmiendo ahí. Todavía no le tenía confianza como para dejarlo solo. Así que me acerqué, lo más sutil y despacio que pude, a despertarlo. Nunca desperté a alguien con tanto cuidado y cariño. Sin embargo no le gustó. Quería quedarse un ratito más. ‘Dale porfa, te bajo a abrir, quiero ir a dormir a mi cama’ – le dije amablemente. Se levantó bruscamente y fue al baño a lavarse la cara. Aparentemente no era de los de buen humor por las mañanas.

Salió del baño de peor humor todavía, porque además, seguía haciendo mucho frío, a pesar de ser el mediodía, estaba helado. ‘Listo, abrime’ – me dijo super serio. ‘¿De verdad te vas a enojar por esto?’ – le pregunté acariciándolo. El se quedó callado y solo dijo: ‘Dale, abrime’ – me dijo firme en su enojo. Bajamos en el ascensor, tensos. Y al llegar a la puerta del edificio, hacía aún más frío. Lo último que le dije fue: ‘Dale, no dejemos todo así, ¿la pasamos bien o no?’ Me dió un último beso en silencio (buen beso), pero aún así, se fue enojado.


En otro momento, esto me hubiese puesto mal, hubiese sentido culpa por semanas y hasta trataba de contactarme con él para pedirle disculpas nuevamente. Pero, la verdad es que después de todo lo que vivimos en el mundo, había que poner las cosas en perspectiva. En este aspecto, sentía que algo había cambiado, había crecido. Estoy aprendiendo de mi, me estoy defendiendo de mí. Esto no solo tiene que ver con ver el vaso medio lleno, en lugar del vaso medio vacío. Sino ver el vaso medio lleno y decidir cómo puedo utilizar el agua a favor. Mientras lo veía irse, en lugar de enojo, me dio más bien ternura. Porque ahora Cruz se había convertido en la persona con la que volví, al menos unas horas, a la nueva normalidad sentimental. Y aunque él me deteste, yo decido quedarme con el buen recuerdo.

Al fin me acosté en mi cama dispuesto a dormir, cuando escucho una notificación. Pensé que era Cruz, pero no, me sorprendió una notificación de facebook: un viejo amor estaba de nuevo en Córdoba. Como dice la canción, en esta vida ‘cada subida trae un nuevo bajón, y cada vida un cajón y el que pierda la sorpresa, perdió’.

Escrito Por Pablo M. Acuña


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Preguntas para el foro: Después de sexo casual, ¿preferís que cada uno duerna en su casa?¿o dormir acompañado y desayunar juntos?¿Cómo hacés para sugerirlo? 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Tostadas


‘Mi único error es necesitarte más de lo que vos me necesitas....Aún así te baño en mi afecto...Porque amarte se siente como tostadas francesas en la mañana, ¿cómo podría ser mejor?. Decíme cómo hago para que me ames y lo hago…’ - Hobbie Stuart


Salté de la cama después de un sueño profundo. Era la cuarta vez que despertaba junto a Samuel. Al haber pasado más de un mes y medio desde nuestro primer encuentro, me había relajado tanto a su lado que había logrado dormir plácidamente. Si bien me había confesado que era prácticamente asexual, quemábamos calorías con nuestras largas sesiones de besos y algo más.

Aproveché que él todavía dormía y fui a preparar un desayuno para sorprenderlo. Lo quería sorprender como él lo hizo la primera vez que pasé la noche en su casa. Mientras preparaba las tostadas pensaba el tiempo que había pasado desde la última vez que hice desayuno para dos. ¿Hacía cuánto que no usaba otra taza que no fuera la mía?¿hacía cuánto no hacía tostadas en cantidad?¿hacía cuánto no desayunaba mirando a una persona a los ojos, en lugar de una silla vacía?¿hacía cuánto no disfrutaba de preparar una comida para alguien más?¿Acaso me estaba empezando a enamorar de Samuel?¿A él le pasará lo mismo?

No nos veíamos mucho, hasta ahora siempre que nos vimos fue por iniciativa de él, y siempre a nuestros encuentros llegaba con muchas ganas de besar, acariciar y hasta morder, ¿pero era sólo eso?¿extrañaba algo más que la parte sexual dentro de su grisexualidad?¿extrañaba la intimidad de nuestros besos o la sexualidad de nuestros besos?


Por supuesto era muy pronto para hacer este tipo de planteos. Era la primera vez que salía con alguien asexual (grisexual en realidad), claro que en esa época no sabía bien que significaba o lo que implicaba. Creo que ni él lo sabía bien. Pero de alguna forma me lo había explicado y lo comprendí. Entendí que él no siempre iba a tener esa pulsión sexual, ni las ganas y a veces ni siquiera formas de demostrar afecto. Lo más cercano a una situación así, fue cuando tuve sexo tántrico con un holandés. Pero eso es otra historia para otro momento. 

Tampoco quería como comenzar a presionarlo, o ser intenso, porque me parecía hasta egoísta de mi parte. Mi desafío, en un punto, era deconstruir la manera que yo tenía de concebir, no solo el sexo, sino también la relación sentimental y afectiva que teníamos. Además él había sido muy claro conmigo desde la primera vez que nos vimos. Me explicó todo y me dijo como era él y sus restricciones, lo que le gustaba y lo que no. Es lo bueno de abrir la comunicación desde el principio. Entonces me propuse disfrutar los momentos que teníamos de intimidad y llegar hasta dónde él quiera y cuando quiera. Sentí olor a quemado, y no era mi cerebro planteándose todo esto, eran las tostadas que se estaban quemando.

Sentí movimiento en la habitación, así que rápidamente hice unas nuevas tostadas para sorprender a Samuel. Llegó a la cocina despabilándose y quedó gratamente sorprendido. Después de un lindo beso, o dos, o tres, nos sentamos a desayunar y conversamos sobre lo que teníamos planeado para ese sábado. Le dije que ese finde tenía que terminar si o si la columna que estaba escribiendo. ‘¿Qué columna?’ me pregunta. ‘Emm, las de Sexo Gay En La Ciudad’ le digo, creyendo que ya habíamos hablado de esto. ‘Ah, nunca te pregunté sobre eso’ me contestó. Y me preguntó si era sobre historias reales. Y obvio que le dije que sí y se puso un poco extraño. ‘¿Y estás escribiendo sobre mi ahora?’ - me preguntó curioso pero asustado. Yo me sonreí. Le expliqué que por lo general las columnas van a destiempo con respecto que mi vida real y que uso nombres falsos para mantener el anonimato de los chicos que conozco. ‘¿Ninguno se enojó?’ me interrumpe. ‘Si, al principio, pero muy pocos. Creo que sólo 2’ - me reí incómodo- ‘en las primeras columnas daba muchos datos en sus descripciones y alguno que otro se dio cuenta’. ‘¿Y vas a escribir sobre mi?’ me interroga serio. ‘Emm, no sé, capaz algún día’, le contesté. Se hizo un silencio incómodo, solo se nos escuchaba masticar tostadas. ‘Si no querés no, obvio’ le aclaré. ‘No, si no usas mi nombre real, todo bien’ me dijo. ‘Voy a escribir que no te gustaban las tostadas quemadas’ sonreí mirando el plato con las tostadas quemadas que había desechado. Se rió y se descomprimió el momento tenso. Quizás por esta razón tardé tanto en escribir sobre él. 


Después de desayunar volvimos un rato a la habitación, me ayudó a acomodar y el juntó sus cosas. Prendió su celular y comenzaron a llegarle muchos mensajes, lo tenia en vibrador, pero eran muchos y se puso incómodo. ‘¿Grindr?’ le pregunto bromeando. Sonríe y se guarda el celular para seguir acomodando. 

Una parte de mi quería invitarlo a hacer algo ese sábado con sol de invierno. Pasear por ahí o ir al cine. Nunca habíamos hecho un plan así hasta ahora, siempre teníamos juntadas semi clandestinas después de salir a bailar o en noches específicas en alguno de nuestros deptos. Así que solo le pregunté: ‘¿Tenés ganas de hacer algo? No sé, ¿salir por ahí?’. Lo pensó un segundo y me dijo que en realidad esa noche tenía el cumple de una amiga, así que debería irse y ver que onda el regalo, bañarse y demás. Así que se fue. No sin antes unos cuantos besos potentes de despedida, rápidos y a escondidas en el hall del edificio. 


Durante las siguientes semanas no nos pudimos ver mucho. Tampoco nos mensajeamos tan seguido. Yo también trataba de esperar a que él me escriba primero y por lo general, lo hacía. En mi mente pensaba que también podrían haber otras personas, ya que no habíamos hablado de exclusividad, ni nada. Y tampoco parecía que iba a suceder. Entonces yo lo tomaba como una especie de relación abierta, o como un ‘fuck buddy’ sin la parte del fuck, o un ‘amigo con derechos específicos’. Jajaja, no sé, algo así. Quizás otra cosa importante para deconstruir es esto de tratar de etiquetar nuestras relaciones todo el tiempo. 


Más tarde llegó el día de su cumpleaños y lo tuve presente todo el día. Siempre tenía esas pequeñas señales cotidianas que me hacían pensar en él. Cuando esa mañana se me quemaron las tostadas otra vez, decidí escribirle un mensaje de Feliz Cumpleaños. Un poco para que vea que lo recordé y para mostrarle interés en verlo pronto y festejar. A lo que respondió con un mensaje de audio, algo que raramente hacía. Y me agradeció y me prometió vernos en la semana para brindar. 

Y así fue como un jueves por la noche me invitó a su casa a la madrugada para unos tragos. Cuando comenzó a besarme el cuello desde el ascensor, ya podía predecir que se venía una buena noche. Y no me pregunten cómo, pero en esto de experimentar y deconstruir la sexualidad, asexualidad y grisexualidad entre nosotros, Samuel comenzó a empujarme a besos hasta el baño. Mientras nos sacábamos la ropa salvajemente, entró a prender la ducha. Yo me dejé llevar y, con remera y todo, me tomó del cuello y todo terminó en un baño muy hot casi a oscuras. Y cuando digo hot, no hablo sólo de la temperatura del agua. Hablo de muchas cosas más. Hacía años no hacía algo así de caliente y la verdad fue directo al ranking de las mejores experiencias sexuales que tuve. Y sin penetración. Y como si fuera poco, el post no fue comiendo torta de cumpleaños.  


Pero después de esa vez, algo cambió, y no sabía bien qué. Sus mensajes eran más cortantes, él estaba algo distante. Era difícil de descifrar a veces ¿se estaba alejando o simplemente su asexualidad lo hacía parecer distante?. Era como que habíamos avanzado bastante en la parte de la intimidad y al mismo tiempo estábamos más lejos que nunca emocionalmente. Rarísimo.


Ese fin de semana me pareció verlo entre la gente en la pista de una de esas fiestas multitudinarias. Lo seguí para ver si era él y efectivamente era Samuel. Estaba con sus amigos y parecía estarla pasando bien. Le escribí un mensaje, pero no contestó. Algo andaba mal. Traté de hacer eso de cruzarlo casualmente de frente, pero no lo logré. De hecho, casi me caigo de las escaleras por apurarme a cruzarlo. Lo vi irse afuera y lo seguí, aunque sea para saludarlo. 

Cuando salí estaba solo a un costado, fumando, algo que nunca lo vi hacer. Me acerqué por detrás y le dije: ‘No sabía que fumabas’. El se asombró al verme y me saludó. Me dijo que casi nunca lo hacía, ‘a veces me pinta’ me dijo y lo apagó. ‘¿Estabas adentro?’ me preguntó todavía sorprendido. ‘Si, te mandé un mensaje, porque no sabía si eras vos’. ‘Uh, ¿en serio?...’ y se fijó en su celular. ‘...no escuché’. ‘No hay drama’ (en mi mente pensé: HAY UN MONTÓN DE DRAMA jaja, pero me hice el relajado). Sin embargo algo dentro de mi le tuvo que preguntar: ‘¿Che, está todo bien?, porque estás medio raro, no sé, capaz me mandé una que no te gustó o algo’. ‘No, nada que ver, estuve con mucho en la cabeza, pero todo bien con vos...posta’ me contestó enfático ‘sino, te lo diría’ y me tomó la mano a escondidas, ahí en una parte con poca luz de la esquina. ‘Okey, te creo’. Se me quedó mirando y pensé que venía nuestro primer beso al aire libre. Pero de repente me soltó bruscamente la mano y se alejó rápido hacia el costado. Desde atrás aparecieron sus amigos. Le dijeron que lo habían estado buscando. 


Samuel se puso nervioso, se alteró y siguió conversando con ellos ignorándome. Sus amigos me miraron y no entendían qué hacía yo ahí. Entendí inmediatamente que él no tenía intenciones de presentarme, así que me despedí con un ‘Nos vemos’ y me fui. A lo lejos mientras me iba escuché que sus amigos le preguntaron por mí, y se burlaron de nuestra cercanía. Él negó conocerme, dijo algo así como que le había dado fuego para el pucho. Volví caminando a casa un poco confundido, un poco triste, un poco decepcionado y otro poco enojado. Yo por él podía deconstruir muchas cosas. Ceder en casi todo, menos en ser desechado como una tostada quemada. 

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Tuviste alguna vez un amigo con derechos?¿Un fuck buddy?¿Cómo fue tu experiencia?

sábado, 25 de julio de 2020

Girasoles


‘Girasol...No podría quererte más, besos en la cocina como si fuera la pista de baile. No podría quererte más esta noche. La incertidumbre, me vuela la cabeza, esos ojos cansados son mi perdición. La boca llena de pasta de dientes, antes de conocerte…’ - Harry Styles



En el medio de una mega fiesta multitudinaria, si es que todavía pueden recordar ese concepto de la vida A.C.(Antes del Coronavirus), fue donde sentí su mirada por primera vez. De esas miradas que se te clavan en la nuca y comienzan a picarte como el sol. Al principio no te das cuenta y con el pasar de las horas, notas que se te quedaron grabadas en la piel. Bueno, así es como recuerdo la mirada de Samuel. Al darme vuelta, descubrí unos ojos negros que, aún en el medio de toda esa gente girando alrededor, el ruido y la música potente, parecían un reflector apuntándome.

Me hizo una seña misteriosa para que lo siguiera. Disimuladamente me separé de mis amigos. Lo perseguí por esos pasillos oscuros y fríos de Studio Theater, pero mientras más pensaba en lo que estaba sucediendo, mi cuerpo iba entrando en calor. Me prendía fuego..

Llegamos a un lugar que ni siquiera sabía que estaba habilitado para el público. Y ahí en en medio de unas sillas abandonadas del palco, me esperaba Samuel. Apenas unos rayos de luz reflejaban sus ojos y un poco de brillantina pegada en la transpiración de su cara, de sus brazos tersos.

Al llegar no dijo nada, se quedó inmóvil, me esperaba contra la pared, con sus manos en la espalda, mirándome fijo. Expectante. No hacía falta decir nada, simplemente me acerqué y nos unimos como un imán. Comencé por su cuello y le encantó, así que seguí por ahí. Nuestros pantalones comenzaban a sentir también, pero Samuel no sacaba sus manos de la espalda, como si se obligara a dejarse llevar. Como si se entregara a mi por completo. De solo escribirlo y recordarlo me autocaliento.


Al fin nos besamos y estuvimos un rato largo contra esa pared. Estábamos en plena seriedad hasta que mis manos (siempre heladas bajo cero) rozaron una parte desnuda de su cintura y fue ahí cuando se sorprendió, se inmutó y sonrió. ‘¿Nos juntamos a la salida?’ me preguntó. ‘Dale, me llamo Pablo’ le dije, ‘Si, ya sé, te escribo más tarde’ me sorprendió con esa respuesta, se acercó para un último beso y desapareció entre las sillas, dejándome con ganas de más y preguntándome: ¿ya había estado antes con él?

Volví con mis amigos a bailar hasta que terminó la noche. No le conté nada a mis amigos, me gustaba mantenerlo en secreto. Samuel bailaba con sus amigos no muy cerca y nos perseguimos con la mirada de vez en cuando. Por momentos pasaba a mi lado y nos rozábamos las manos disimuladamente. En medio de la noche, nos encontramos en la fila del baño, pero no nos dijimos nada, simplemente sentía su respiración en mi nuca. Lo imaginé entrando conmigo a un cubículo, porque ya extrañaba sus besos. Pero había un guardia controlando y no sucedió.

La noche terminó y a la salida del boliche no lo veía por ningún lado. Estaba esperando su mensaje en mi celular. Supongo que sí sabía mi nombre y me dijo que me iba a escribir, era porque ya tenía como contactarse. Controlé todas las apps y nada. Si la noche terminaba ahí, iba a estar satisfecho de todas formas. Había sido excelente para mi. De repente llegó un mensaje de una de las apps de citas. Claro, ya habíamos coincidido ahí hace mucho, pero ninguno había saludado. Lo típico. Por suerte no soy de esos que bloquean y eliminan el match cuando no contesta el otro. Porque uno nunca sabe. Me dijo si le pintaba ir a su departamento. Le dije que si. Me tomé un taxi con un amigo y en lugar de parar en casa, seguí hasta la de Samuel.

En el taxi pensaba que hacía mucho tiempo no hacía esto y me había olvidado lo entretenido que era. Investigué su perfil, para recordar un poco más de él. Claro, ahora estaba casi rapado, por eso no lo había reconocido. Era de Leo, como yo, eso me explica un par de cosas. Y no estábamos tan alejados en edad como pensaba. Bajé y me estaba esperando afuera. Me recibió con una sonrisa pícara y tímida. Pero hasta el taxista se había dado cuenta de lo que iba a suceder. Subimos y en el ascensor nos saludamos mejor. Mucho mejor. Ahí ya no éramos tímidos.


En su departamento era mucho más relajado que en la vida real. Me preguntó si quería tomar algo caliente o frío. Elegí algo frío ya que me estaba incendiando por dentro. Me llevó a la cocina y lo observé mientras preparaba los tragos. Estaba contra la mesada de espaldas hacia mi y no podía parar de sentirme atraído. Y no, no estaba borracho ni nada de eso, era algo diferente. Es como la verdadera atracción sexual. ¿Nunca les pasó? Creo que nunca la había sentido tan clara, precisa y transparente como en ese momento.

Se dio vuelta y me descubrió mirándolo atentamente. Sonrió y me dio el trago. ‘Fijate si está bien’ me dijo pasándome un trago con gin. Por lo general no me gustan pero a esa altura no me importaba nada. Soltamos los tragos y nos besamos contra la mesada. Aliento de hielo, manos heladas, cuerpo caliente. MUY caliente.


Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo, pero nunca llegamos a la habitación. Todo fue ahí, contra la pared. Comenzó a bajarse el jean ahí mismo y me incitó a hacer lo mismo. Nos quedamos en remera y boxers y en el medio del climax del beso más apasionado de la noche, de repente me separó de su cuerpo con su pierna y me empujó contra la otra pared del pasillo. Mirándome desde la otra pared comenzó a masturbarse. Quería lanzarme sobre él, pero presionó con su pie para que me quede en mi lugar. Me ordenó con su mirada para que me masturbara también. Ambos observándonos en silencio, casi a oscuras.

La excitación iba subiendo al punto de la desesperación. Ahí me pidió que me acerque y tomó mi mano, se la llevó a su boca. Sentía su agitación en mi palma y comenzó a morderla, hasta que ambos acabamos. Ahí. De pié, erectos, híspidos, agitados, transpirados, exhaustos de placer.

Sonreímos mientras hacíamos todo ese protocolo de limpieza que es medio incómodo. Me dijo que me podía quedar a dormir si quería. Acepté. No nos podíamos dormir, habíamos quedado un poco acelerados. Nos acostamos y nos quedamos conversando en la cama. Traté de conocerlo un poco más, ya que habíamos hablado muy poco.


Me contó que hace mucho no estaba de novio, que vivía solo y que últimamente le volvieron las ganas. También me contó algunas experiencias traumáticas pasadas y yo también. Cuando pasamos a hablar de lo sexual, me dijo que, por lo general, no le copaba la parte de la penetración, ni dar, ni recibir…’NUNCA’ enfatizó. Le dije que solía pasar, no era tan poco común. Me dijo que ni siquiera el sexo oral. Que no era muy sexual por lo general, a veces le pintaba hacer lo que hicimos, pero no mucho más que eso. Besos, masturbación, caricias y no mucho más. ‘¿Y krámpack?’ le pregunté. Se quedó mirándome como sin entender. Le expliqué que significaba, se rió, me dijo que eso sí, eso sí le gustaba. Que le gustaría probar con mis manos heladas. ‘Podría ser un buen regalo de cumple’ me dijo. ‘...para ambos’ -agregó- ya que estábamos a unas pocas semanas. ‘Hecho’ cerré el trato.

Después de contarme todo esto se fue relajando y entre caricias y unos mimos se fue quedando dormido. Mientras observaba como el sol iba entrando de a poco por la persiana y se reflejaba en algunos restos de brillantina de su piel, me quedé pensando: por un lado, me gustaba que ya esté proyectando planes para dentro de unas semanas, volver a vernos para nuestros respectivos cumpleaños. Pero por otro lado, me preguntaba ¿realmente podría dejar de lado el sexo por alguien?¿podría adaptarme a este nueva forma de ver la sexualidad?

Hay algo un poco liberador en esto de dejar de lado “el acto sexual convencional”, porque entran a jugar otras cosas en cuanto a la creatividad de la sexualidad y hasta en la sensualidad. Mientras escribo esto, me pregunto si, en la ‘nueva normalidad D.C.’ (Después del Coronavirus), habrá también una ‘nueva normalidad en el sexo’. Si vamos a tener que ponernos mucho más creativos, encontrar nuevas formas de relacionarnos. Nuevas formas de mirarnos y seducirnos con tapabocas, desde lejos, como el sol y los girasoles. Nuevas formas de besarnos sin besarnos, de tocarnos sin tocarnos. ¿O acaso estaremos entrando en la era de la grisexualidad, de la asexualidad?

Años atrás tuve una experiencia de este tipo, cuando conocí a un chico (digamos que se llamaba Jorge, para mantener su anonimato) con el que casi no podíamos tener sexo, ni penetración. Él era solamente pasivo pero tenía un problema físico en la pierna que nos impedía tener relaciones sexuales sin que le doliera. En ese momento, yo estaba tan enamorado que ni me importaba no hacerlo. Pero él se había empecinado en encontrar una forma de lograrlo. Recuerdo que le había pedido consejos a su fisioterapeuta, e intentamos de todo: hasta algunas que eran bajo el agua. También hizo algunos ejercicios y aún así no se pudo. No me gustaba verlo sufrir y tampoco que se frustrara tanto cuando no lo lográbamos. Al no poder, de la impotencia se ponía de muy mal humor, nervioso y hasta un poco agresivo. Eso terminó desgastando la relación.


Pero la situación con Samuel era diferente. Era tomar la determinación de no volver a tener sexo convencional, ni sexo oral y quizás iba a haber días en que no quisiera ninguna demostración física de afecto. Me preguntaba si después de haber estado tanto tiempo solo, sin novio, sin cariño, ¿era esta una buena idea para regresar al mundo de las relaciones?. Quizás la pregunta en realidad era ¿Qué extrañaba más?¿la penetración, el sexo oral y el acto sexual?¿o el cariño, el afecto y la compañía?


A la mañana siguiente Samuel me despertó con un beso sabor a menta de pasta de dientes. Me preguntó que quería tomar de desayuno. Tratando de descifrar en qué momento me quedé dormido, le dije 'un café'. El ya estaba vestido, así que rápidamente me levanté, fui a lavarme los dientes y mientras me vestía, todo el departamento se llenaba del mejor olor del mundo: el olor a café y tostadas. Le pregunté si necesitaba ayuda, me dijo que no, me ordenó que me sentara y me relajara. Se lo sentía de muy buen humor. Me dio ternura verlo tratando de traer las tazas repletas de café, bien cauteloso, sin derramar nada hasta la mesa. Mientras desayunábamos, con el sol de mediodía de frente ese domingo invernal, solo podía pensar en una cosa: esto...esto era lo que extrañaba.

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Dejarías de lado el sexo por alguien que realmente te guste? Para vos¿cuán importante es el sexo en una relación?

domingo, 24 de mayo de 2020

Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 2)




El flash de un relámpago me hace entrar de nuevo a mi depto, la luz sigue sin volver. Pero ¿dónde estaba? Ah si, por contarles si entraba al cine a espiar a mi ex y el chico nuevo con el que estaba. Por supuesto que no entré. Soy dramático pero no tanto. Simplemente fui a correr y descargué todos esos pensamientos en el Parque Sarmiento. Después de tanto desgaste obviamente quedé muerto. Tratando de no enroscarme. El antiguo Pablo se hubiese convertido en el FBI Gay y se hubiese puesto a investigar al chico. Pero no tenía fuerzas para torturarme así. Ya está. Y si Rodrigo volvió con su ex o no, ya no importaba. 


Ese fin de semana pensé en quedarme tirado mirando series, pero uno de mis amigos me invitó a Zen para levantarme el ánimo, salir un poco. Y allá fuimos. La pasamos estupendo, ahogando las penas en la pista. Estaba particularmente lleno esa noche, por lo que nunca me había dado cuenta que Rodrigo estaba ahí. Y si, ¡adivinaron!¡con un chico!. Otro diferente al del cine. Bailando en el medio de la pista, muy acaramelados. Por suerte, para cuando me di cuenta, faltaban 20 minutos para que termine la noche. Le dije a mi amigo de irnos sigilosamente un toque antes. El acepta y cuando miré por última vez hacia la pista, entre un flash de luces, veo a Rodrigo besarse con el chico en el medio de la pista. Esos éramos nosotros hacia unas semanas. Si apagaban la música en ese momento se hubiese escuchado como se me partía el corazón. Nos fuimos inmediatamente de ahí. 


Me acuerdo mirar fijo la ciudad por la ventana del taxi de regreso a casa. Si el taxista o mi amigo hacían algún tipo de contacto visual conmigo, estallaba en llanto. Pensaba si Rodrigo y el chico ya se conocían de antes, si se había olvidado de mí tan rápido y si habré significado algo para él o si fui uno más. Si me había hecho yo toda una película en la cabeza digna de tachos de pochoclos, o si todo había sido una mentira. 

Era chico y en ese momento, lo sufrí bastante. Después entendí que siempre va a ser así, a algunas personas les cuesta mucho menos encontrar oportunidades para pasar de una relación a otra. E inevitablemente uno de los dos siempre va a conocer a alguien antes que otro. ¿iba a cambiar algo si esto pasaba unas semanas después?¿un mes después?¿si me enteraba o si no me enteraba? La verdad que no. Porque cuando querés a alguien de verdad, querés que esté bien, que sea feliz. No sé, no me salía tenerle bronca en ese momento, ¿está mal?

Esta historia tiene un final feliz, aparentemente si signifiqué algo para él, porque desde entonces pudimos superar todo y ser muy buenos amigos. Y ahora hasta nos reímos de esto. 

Tres Tequilas En La Ciudad

En esa época en que salía a bailar solo, cuando todavía no tenía amigos gays. En esa época en que todavía no había salido del closet y tenía que escaparme de las fiestas de mis amigos hetero para ir a los primeros boliches gay. Ahí es cuando conocí a Xavier (no se llamaba así, pero digamos que si). Lo había cruzado varias veces en ese boliche, y siempre estaba solo. Bailando en alguna esquina. Era la época en que podías ir a un boliche sólo y nadie se iba a dar cuenta, porque explotaban de gente. 


Xavier era algo serio, pero le encantaba bailar, se la pasaba toda la noche bailando y sólo iba a la barra para comprar agua, para después seguir bailando. Siempre estaba impoluto, una camisa impecable, zapatillas que no sé cómo hacía para mantenerlas tan limpias. Sobre todo porque era esa época en que se podía fumar adentro y la mezcla de las cenizas de los puchos y el fernet era letal para las zapatillas ¿se acuerdan?. Xavier era mucho más bajito que yo, por lo que hacer contacto visual era algo complicado. Aún así me esforzaba por llamarle la atención. Pero él, seguía en la suya. No hablaba con nadie, solo bailaba, casi no sonreía. De hecho, creo que nunca lo vi sonreír ¿Qué me gustaba de él? No lo sé. Quizás que estaba en la misma que yo, había algo de su melancolía que me atraía. Que fuera alguien diferente. Quizás, estaba esperando que alguien le hable, en mi mente, creía que podía ser yo. 

Hasta que una vez, quizás habían pasado unas semanas o meses después. Me lo crucé en un semáforo. Recuerdo cuál semáforo exactamente. el que conecta la Avenida Yrigoyen y la Plaza España. De frente. Pleno día nublado. Y puedo jurar que al fin hicimos contacto visual y me reconoció. Lo vi tratando de recordar dónde me había visto antes. Yo medio que no supe qué hacer. Ninguno dijo nada, solo seguimos cruzando la calle, yo en cámara lenta por supuesto. Hasta hoy me acuerdo lo azul profundo de sus ojos y como reflejaban el cielo gris de otoño. Después de cruzarlo esperé segundos para hacer la prueba de ver si se daba vuelta. Esto también es para los centennials, la prueba consistía en cuando te cruzabas con alguien en la calle, contar 10 segundos y darte vuelta, si el otro también se había dado vuelta, había algo (era nuestro match de Tinder analógico a principios de los 90’s). Pero cuando me di vuelta, ya no estaba, se había perdido entre la gente. A mi casi me choca un auto por mirar hacia atrás. 


Un tiempo después. Yo acababa de terminar mi relación tortuosa con Martín (mi segunda relación importante). Un poco ya estaba cansado de no ser yo y de sufrir solo todos mis desamores en la ciudad. Si bien ya iba a terapia, hay momentos en que necesitas contarle a tus amigos y desahogarte con ellos. Así es como, finalmente, salí del closet con dos de mis mejores amigas. Y fue genial. La felicidad que tenía ese día, de AL FIN dejar toda esa mochila atrás fue increíble. Para festejarlo, ese sábado, improvisamos una previa y decidimos ir a bailar a un boliche gay, el clásico Club V. Ellas nunca habían pisado uno y yo finalmente no iba a ir solo. 

Bailamos en la pista, nos divertimos muchísimo y brindamos con unos toc tocs de tequila (unos shots, unos chupitos o como le digan en su país). Algo que no tomaba desde la secundaria. Hacia el final de la noche, entre la gente, apareció firme como siempre, en el mismo lugar, impoluto como siempre. Xavier. Le conté nuestra no-historia a mis amigas. Ellas querían que le fuera a hablar, que me anime. Se ofrecieron para ir ellas a hablarle por mi, pero se los prohibí. Ya no estábamos en la secundaria. Quizás sólo necesitaba un incentivo para animarme: otro toc toc, o dos más. Y a por ellos fuimos. Pero la noche nos quedó corta. Se terminó la música. La gente comenzaba a irse y Xavier también. 

Afuera llovía a cántaros, pero no parecía que fuera a parar. Mientras esperábamos a que parase algún taxi, yo no perdía de vista a Xavier. Si hay alguien que sabía lo que era esperar un taxi solo, era yo. Una de mis amigas consiguió el taxi y se suben rápidamente. Pero algo en mí se despertó e hizo que esa noche me animara a hacer algo diferente. Quizás fueron esos tequilas, o la confianza de estar fuera del closet, no lo sé. Les dije que se fueran, yo iba a animarme a hablar con Xavier. Ellas aprobaron contentas y se fueron. 

La gente se fue yendo pero Xavier y yo seguíamos ahí. Cada vez pasaban menos taxis, las gotas de lluvia helada caían como dagas. Pero nada me importaba. Yo solo pensaba en como acercarme a Xavier y hablarle. Descubrí que eso de que el alcohol te desinhibe era mentira, o al menos no estaba funcionando. Algunos se cansaron y comenzaron a caminar. Solo quedamos nosotros dos y finalmente le balbuceé algo como: ‘Me parece que vamos a tener que volver caminando’. El casi que asintió, pero no dijo nada. Nos quedamos un rato en silenciosa tensión y en medio de la lluvia. Hasta que él comenzó a caminar. En mi mente, yo lo frenaba, le decía que me gustaba y nos besábamos bajo la lluvia. Mi primer beso bajo lluvia. El beso perfecto. Pero solo me animé a decirle: '¡Esperá!'. Le confesé que me gustaba con algunas palabras que me dan vergüenza reproducir en este momento y de mi bolsillo saqué una tarjeta que tenía con mi celular. No pregunten, era hace muchos años, teníamos tarjetas con nuestros números y hasta, a veces, servilletas. 


La mirada descolocada de Xavier sin decir nada mientras yo hablaba, también me quedó grabada. En un momento pensé que no me había entendido nada y hasta pensé en que era mudo. Pero finalmente habló y me dijo: ‘No, gracias’ y me devolvió la tarjeta, yo estaba tan en shock, y nervioso y todo, que no se la recibí y le insistía para que se la quede. Entonces él no tuvo mejor idea que tirarla al piso frente a mi e irse. Mientras veía como la tarjeta y mi corazón se empapaba en ese charco, Xavier se alejaba entre la lluvia. 

Recuerdo caminar hasta la otra punta de la ciudad bajo la lluvia helada. No les voy a mentir, me sentía un poco idiota por haber idealizado a alguien que no conocía y más aún por haberle dicho que me gustaba. Y sí, ese regreso a casa fue eterno y humillante. Pero esa noche la había pasado tan bien, había salido del closet con mis amigas y pensaba que al otro día les iba a poder contar sobre todo esto, que lo de Xavier, al final, era una muy buena anécdota. 

A Xavier todavía lo sigo cruzando hoy en día cuando salgo a bailar con mis amigos. No sé su nombre verdadero y nunca lo vi sonreír, ni estar con alguien. Sigue siendo un misterio para mi. Y en cuanto a mi, unos años después tuve mi primer beso bajo la lluvia y descubrí que, no sólo soy bastante resistente al tequila, sino también a que me rompan el corazón.


Regresó la electricidad y me despertó del recuerdo de estas historias. A veces está bueno recordar que gracias a esas veces que nos rompieron el corazón, hoy somos quienes somos. Un poco más fuertes y resistentes, y con la satisfacción de saber que podemos sobrevivirlas y seguir tratando. A veces cuesta darse otra oportunidad para entregarse y enamorarse de nuevo, a veces simplemente es cansador volver a empezar de cero. Quizás sea una visión optimista y cursi, caprichosa y hasta masoquista. Quizás a pesar de todo, esa parte enamoradiza de mi sobrevivió a todo. En lugar de opacarse y llenarse de odio, se hizo más fuerte. 

Al fin y al cabo es algo muy humano valorar las cosas cuando no las tenemos: cuando se va la luz, valoramos más la electricidad. Cuando no podemos salir, valoramos la libertad. Y cuando nos rompen el corazón, es horrible, lo sé, pero eventualmente valoramos más cuando nos volvemos a enamorar. Y ¿qué es una persona sin la esperanza de volverse enamorar?¿qué es una ciudad sin historias de amor y supervivencia?


Pablo M. Acuña

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Recordás como fue tu mejor beso?