miércoles, 23 de septiembre de 2020

Tostadas


‘Mi único error es necesitarte más de lo que vos me necesitas....Aún así te baño en mi afecto...Porque amarte se siente como tostadas francesas en la mañana, ¿cómo podría ser mejor?. Decíme cómo hago para que me ames y lo hago…’ - Hobbie Stuart


Salté de la cama después de un sueño profundo. Era la cuarta vez que despertaba junto a Samuel. Al haber pasado más de un mes y medio desde nuestro primer encuentro, me había relajado tanto a su lado que había logrado dormir plácidamente. Si bien me había confesado que era prácticamente asexual, quemábamos calorías con nuestras largas sesiones de besos y algo más.

Aproveché que él todavía dormía y fui a preparar un desayuno para sorprenderlo. Lo quería sorprender como él lo hizo la primera vez que pasé la noche en su casa. Mientras preparaba las tostadas pensaba el tiempo que había pasado desde la última vez que hice desayuno para dos. ¿Hacía cuánto que no usaba otra taza que no fuera la mía?¿hacía cuánto no hacía tostadas en cantidad?¿hacía cuánto no desayunaba mirando a una persona a los ojos, en lugar de una silla vacía?¿hacía cuánto no disfrutaba de preparar una comida para alguien más?¿Acaso me estaba empezando a enamorar de Samuel?¿A él le pasará lo mismo?

No nos veíamos mucho, hasta ahora siempre que nos vimos fue por iniciativa de él, y siempre a nuestros encuentros llegaba con muchas ganas de besar, acariciar y hasta morder, ¿pero era sólo eso?¿extrañaba algo más que la parte sexual dentro de su grisexualidad?¿extrañaba la intimidad de nuestros besos o la sexualidad de nuestros besos?


Por supuesto era muy pronto para hacer este tipo de planteos. Era la primera vez que salía con alguien asexual (grisexual en realidad), claro que en esa época no sabía bien que significaba o lo que implicaba. Creo que ni él lo sabía bien. Pero de alguna forma me lo había explicado y lo comprendí. Entendí que él no siempre iba a tener esa pulsión sexual, ni las ganas y a veces ni siquiera formas de demostrar afecto. Lo más cercano a una situación así, fue cuando tuve sexo tántrico con un holandés. Pero eso es otra historia para otro momento. 

Tampoco quería como comenzar a presionarlo, o ser intenso, porque me parecía hasta egoísta de mi parte. Mi desafío, en un punto, era deconstruir la manera que yo tenía de concebir, no solo el sexo, sino también la relación sentimental y afectiva que teníamos. Además él había sido muy claro conmigo desde la primera vez que nos vimos. Me explicó todo y me dijo como era él y sus restricciones, lo que le gustaba y lo que no. Es lo bueno de abrir la comunicación desde el principio. Entonces me propuse disfrutar los momentos que teníamos de intimidad y llegar hasta dónde él quiera y cuando quiera. Sentí olor a quemado, y no era mi cerebro planteándose todo esto, eran las tostadas que se estaban quemando.

Sentí movimiento en la habitación, así que rápidamente hice unas nuevas tostadas para sorprender a Samuel. Llegó a la cocina despabilándose y quedó gratamente sorprendido. Después de un lindo beso, o dos, o tres, nos sentamos a desayunar y conversamos sobre lo que teníamos planeado para ese sábado. Le dije que ese finde tenía que terminar si o si la columna que estaba escribiendo. ‘¿Qué columna?’ me pregunta. ‘Emm, las de Sexo Gay En La Ciudad’ le digo, creyendo que ya habíamos hablado de esto. ‘Ah, nunca te pregunté sobre eso’ me contestó. Y me preguntó si era sobre historias reales. Y obvio que le dije que sí y se puso un poco extraño. ‘¿Y estás escribiendo sobre mi ahora?’ - me preguntó curioso pero asustado. Yo me sonreí. Le expliqué que por lo general las columnas van a destiempo con respecto que mi vida real y que uso nombres falsos para mantener el anonimato de los chicos que conozco. ‘¿Ninguno se enojó?’ me interrumpe. ‘Si, al principio, pero muy pocos. Creo que sólo 2’ - me reí incómodo- ‘en las primeras columnas daba muchos datos en sus descripciones y alguno que otro se dio cuenta’. ‘¿Y vas a escribir sobre mi?’ me interroga serio. ‘Emm, no sé, capaz algún día’, le contesté. Se hizo un silencio incómodo, solo se nos escuchaba masticar tostadas. ‘Si no querés no, obvio’ le aclaré. ‘No, si no usas mi nombre real, todo bien’ me dijo. ‘Voy a escribir que no te gustaban las tostadas quemadas’ sonreí mirando el plato con las tostadas quemadas que había desechado. Se rió y se descomprimió el momento tenso. Quizás por esta razón tardé tanto en escribir sobre él. 


Después de desayunar volvimos un rato a la habitación, me ayudó a acomodar y el juntó sus cosas. Prendió su celular y comenzaron a llegarle muchos mensajes, lo tenia en vibrador, pero eran muchos y se puso incómodo. ‘¿Grindr?’ le pregunto bromeando. Sonríe y se guarda el celular para seguir acomodando. 

Una parte de mi quería invitarlo a hacer algo ese sábado con sol de invierno. Pasear por ahí o ir al cine. Nunca habíamos hecho un plan así hasta ahora, siempre teníamos juntadas semi clandestinas después de salir a bailar o en noches específicas en alguno de nuestros deptos. Así que solo le pregunté: ‘¿Tenés ganas de hacer algo? No sé, ¿salir por ahí?’. Lo pensó un segundo y me dijo que en realidad esa noche tenía el cumple de una amiga, así que debería irse y ver que onda el regalo, bañarse y demás. Así que se fue. No sin antes unos cuantos besos potentes de despedida, rápidos y a escondidas en el hall del edificio. 


Durante las siguientes semanas no nos pudimos ver mucho. Tampoco nos mensajeamos tan seguido. Yo también trataba de esperar a que él me escriba primero y por lo general, lo hacía. En mi mente pensaba que también podrían haber otras personas, ya que no habíamos hablado de exclusividad, ni nada. Y tampoco parecía que iba a suceder. Entonces yo lo tomaba como una especie de relación abierta, o como un ‘fuck buddy’ sin la parte del fuck, o un ‘amigo con derechos específicos’. Jajaja, no sé, algo así. Quizás otra cosa importante para deconstruir es esto de tratar de etiquetar nuestras relaciones todo el tiempo. 


Más tarde llegó el día de su cumpleaños y lo tuve presente todo el día. Siempre tenía esas pequeñas señales cotidianas que me hacían pensar en él. Cuando esa mañana se me quemaron las tostadas otra vez, decidí escribirle un mensaje de Feliz Cumpleaños. Un poco para que vea que lo recordé y para mostrarle interés en verlo pronto y festejar. A lo que respondió con un mensaje de audio, algo que raramente hacía. Y me agradeció y me prometió vernos en la semana para brindar. 

Y así fue como un jueves por la noche me invitó a su casa a la madrugada para unos tragos. Cuando comenzó a besarme el cuello desde el ascensor, ya podía predecir que se venía una buena noche. Y no me pregunten cómo, pero en esto de experimentar y deconstruir la sexualidad, asexualidad y grisexualidad entre nosotros, Samuel comenzó a empujarme a besos hasta el baño. Mientras nos sacábamos la ropa salvajemente, entró a prender la ducha. Yo me dejé llevar y, con remera y todo, me tomó del cuello y todo terminó en un baño muy hot casi a oscuras. Y cuando digo hot, no hablo sólo de la temperatura del agua. Hablo de muchas cosas más. Hacía años no hacía algo así de caliente y la verdad fue directo al ranking de las mejores experiencias sexuales que tuve. Y sin penetración. Y como si fuera poco, el post no fue comiendo torta de cumpleaños.  


Pero después de esa vez, algo cambió, y no sabía bien qué. Sus mensajes eran más cortantes, él estaba algo distante. Era difícil de descifrar a veces ¿se estaba alejando o simplemente su asexualidad lo hacía parecer distante?. Era como que habíamos avanzado bastante en la parte de la intimidad y al mismo tiempo estábamos más lejos que nunca emocionalmente. Rarísimo.


Ese fin de semana me pareció verlo entre la gente en la pista de una de esas fiestas multitudinarias. Lo seguí para ver si era él y efectivamente era Samuel. Estaba con sus amigos y parecía estarla pasando bien. Le escribí un mensaje, pero no contestó. Algo andaba mal. Traté de hacer eso de cruzarlo casualmente de frente, pero no lo logré. De hecho, casi me caigo de las escaleras por apurarme a cruzarlo. Lo vi irse afuera y lo seguí, aunque sea para saludarlo. 

Cuando salí estaba solo a un costado, fumando, algo que nunca lo vi hacer. Me acerqué por detrás y le dije: ‘No sabía que fumabas’. El se asombró al verme y me saludó. Me dijo que casi nunca lo hacía, ‘a veces me pinta’ me dijo y lo apagó. ‘¿Estabas adentro?’ me preguntó todavía sorprendido. ‘Si, te mandé un mensaje, porque no sabía si eras vos’. ‘Uh, ¿en serio?...’ y se fijó en su celular. ‘...no escuché’. ‘No hay drama’ (en mi mente pensé: HAY UN MONTÓN DE DRAMA jaja, pero me hice el relajado). Sin embargo algo dentro de mi le tuvo que preguntar: ‘¿Che, está todo bien?, porque estás medio raro, no sé, capaz me mandé una que no te gustó o algo’. ‘No, nada que ver, estuve con mucho en la cabeza, pero todo bien con vos...posta’ me contestó enfático ‘sino, te lo diría’ y me tomó la mano a escondidas, ahí en una parte con poca luz de la esquina. ‘Okey, te creo’. Se me quedó mirando y pensé que venía nuestro primer beso al aire libre. Pero de repente me soltó bruscamente la mano y se alejó rápido hacia el costado. Desde atrás aparecieron sus amigos. Le dijeron que lo habían estado buscando. 


Samuel se puso nervioso, se alteró y siguió conversando con ellos ignorándome. Sus amigos me miraron y no entendían qué hacía yo ahí. Entendí inmediatamente que él no tenía intenciones de presentarme, así que me despedí con un ‘Nos vemos’ y me fui. A lo lejos mientras me iba escuché que sus amigos le preguntaron por mí, y se burlaron de nuestra cercanía. Él negó conocerme, dijo algo así como que le había dado fuego para el pucho. Volví caminando a casa un poco confundido, un poco triste, un poco decepcionado y otro poco enojado. Yo por él podía deconstruir muchas cosas. Ceder en casi todo, menos en ser desechado como una tostada quemada. 

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Tuviste alguna vez un amigo con derechos?¿Un fuck buddy?¿Cómo fue tu experiencia?

sábado, 25 de julio de 2020

Girasoles


‘Girasol...No podría quererte más, besos en la cocina como si fuera la pista de baile. No podría quererte más esta noche. La incertidumbre, me vuela la cabeza, esos ojos cansados son mi perdición. La boca llena de pasta de dientes, antes de conocerte…’ - Harry Styles



En el medio de una mega fiesta multitudinaria, si es que todavía pueden recordar ese concepto de la vida A.C.(Antes del Coronavirus), fue donde sentí su mirada por primera vez. De esas miradas que se te clavan en la nuca y comienzan a picarte como el sol. Al principio no te das cuenta y con el pasar de las horas, notas que se te quedaron grabadas en la piel. Bueno, así es como recuerdo la mirada de Samuel. Al darme vuelta, descubrí unos ojos negros que, aún en el medio de toda esa gente girando alrededor, el ruido y la música potente, parecían un reflector apuntándome.

Me hizo una seña misteriosa para que lo siguiera. Disimuladamente me separé de mis amigos. Lo perseguí por esos pasillos oscuros y fríos de Studio Theater, pero mientras más pensaba en lo que estaba sucediendo, mi cuerpo iba entrando en calor. Me prendía fuego..

Llegamos a un lugar que ni siquiera sabía que estaba habilitado para el público. Y ahí en en medio de unas sillas abandonadas del palco, me esperaba Samuel. Apenas unos rayos de luz reflejaban sus ojos y un poco de brillantina pegada en la transpiración de su cara, de sus brazos tersos.

Al llegar no dijo nada, se quedó inmóvil, me esperaba contra la pared, con sus manos en la espalda, mirándome fijo. Expectante. No hacía falta decir nada, simplemente me acerqué y nos unimos con un imán. Comencé por su cuello y le encantó, así que seguí por ahí. Nuestros pantalones comenzaban a sentir también, pero Samuel no sacaba sus manos de la espalda, como si se obligara a dejarse llevar. Como si se entregara a mi por completo. De solo escribirlo y recordarlo me autocaliento.


Al fin nos besamos y estuvimos un rato largo contra esa pared. Estábamos en plena seriedad hasta que mis manos (siempre heladas bajo cero) rozaron una parte desnuda de su cintura y fue ahí cuando se sorprendió, se inmutó y sonrió. ‘¿Nos juntamos a la salida?’ me preguntó. ‘Dale, me llamo Pablo’ le dije, ‘Si, ya sé, te escribo más tarde’ me sorprendió con esa respuesta, se acercó para un último beso y desapareció entre las sillas, dejándome con ganas de más y preguntándome: ¿ya había estado antes con él?

Volví con mis amigos a bailar hasta que terminó la noche. No le conté nada a mis amigos, me gustaba mantenerlo en secreto. Samuel bailaba con sus amigos no muy cerca y nos perseguimos con la mirada de vez en cuando. Por momentos pasaba a mi lado y nos rozábamos las manos disimuladamente. En medio de la noche, nos encontramos en la fila del baño, pero nos dijimos nada, simplemente sentía su respiración en mi nuca. Lo imaginé entrando conmigo a un cubículo, porque ya extrañaba sus besos. Pero había un guardia controlando y no sucedió.

La noche terminó y a la salida del boliche no lo veía por ningún lado. Estaba esperando su mensaje en mi celular. Supongo que sí sabía mi nombre y me dijo que me iba a escribir, era porque ya tenía como contactarse. Controlé todas las apps y nada. Si la noche terminaba ahí, iba a estar satisfecho de todas formas. Había sido excelente para mi. De repente llegó un mensaje de una de las apps de citas. Claro, ya habíamos coincidido ahí hace mucho, pero ninguno había saludado. Lo típico. Por suerte no soy de esos que bloquean y eliminan el match cuando no contesta el otro. Porque uno nunca sabe. Me dijo si le pintaba ir a su departamento. Le dije que si. Me tomé un taxi con un amigo y en lugar de parar en casa, seguí hasta la de Samuel.

En el taxi pensaba que hacía mucho no hacía esto y me había olvidado lo entretenido que era. Investigué su perfil, para recordar un poco más de él. Claro, ahora estaba casi rapado, por eso no lo había reconocido. Era de Leo, como yo, eso me explica un par de cosas. Y no estábamos tan alejados en edad como pensaba. Bajé y me estaba esperando afuera. Me recibió con una sonrisa pícara y tímida. Pero hasta el taxista se había dado cuenta de lo que iba a suceder. Subimos y en el ascensor nos saludamos mejor. Mucho mejor. Ahí ya no éramos tímidos.


En su departamento era mucho más relajado que en la vida real. Me preguntó si quería tomar algo caliente o frío. Elegí algo frío ya que me estaba incendiando por dentro. Me llevó a la cocina y lo observé mientras preparaba los tragos. Estaba contra la mesada de espaldas hacia mi y no podía parar de sentirme atraído. Y no, no estaba borracho ni nada de eso, era algo diferente. Es como la verdadera atracción sexual. ¿Nunca les pasó? Creo que nunca la había sentido tan clara, precisa y transparente como en ese momento.

Se dio vuelta y me descubrió mirándolo atentamente. Sonrió y me dio el trago. ‘Fijate si está bien’ me dijo pasándome un trago con gin. Por lo general no me gustan pero a esa altura no me importaba nada. Soltamos los tragos y nos besamos contra la mesada. Aliento de hielo, manos heladas, cuerpo caliente. MUY caliente.


Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo, pero nunca llegamos a la habitación. Todo fue ahí, contra la pared. Comenzó a bajarse el jean ahí mismo y me incitó a hacer lo mismo. Nos quedamos en remera y boxers y en el medio del climax del beso más apasionado de la noche, de repente me separó de su cuerpo con su pierna y me empujó contra la otra pared del pasillo. Mirándome desde la otra pared comenzó a masturbarse. Quería lanzarme sobre él, pero presionó con su pié para que me quede en mi lugar. Me ordenó con su mirada para que me masturbara también. Ambos observándonos en silencio, casi a oscuras.

La excitación iba subiendo al punto de la desesperación. Ahí me pidió que me acerque y tomó mi mano, se la llevó a su boca. Sentía su agitación en mi palma y comenzó a morderla, hasta que ambos acabamos. Ahí. De pié, erectos, híspidos, agitados, transpirados, exhaustos de placer.

Sonreímos mientras hacíamos todo ese protocolo de limpieza que es medio incómodo. Me dijo que me podía quedar a dormir si quería. Acepté. No nos podíamos dormir, habíamos quedado un poco acelerados. Nos acostamos y nos quedamos conversando en la cama. Traté de conocerlo un poco más, ya que habíamos hablado muy poco.


Me contó que hace mucho no estaba de novio, que vivía solo y que últimamente le volvieron las ganas. También me contó algunas experiencias traumáticas pasadas y yo también. Cuando pasamos a hablar de lo sexual, me dijo que, por lo general, no le copaba la parte de la penetración, ni dar, ni recibir…’NUNCA’ enfatizó. Le dije que solía pasar, no era tan poco común. Me dijo que ni siquiera el sexo oral. Que no era muy sexual por lo general, a veces le pintaba hacer lo que hicimos, pero no mucho más que eso. Besos, masturbación, caricias y no mucho más. ‘¿Y krámpack?’ le pregunté. Se quedó mirándome como sin entender. Le expliqué que significaba, se rió, me dijo que eso sí, eso sí le gustaba. Que le gustaría probar con mis manos heladas. ‘Podría ser un buen regalo de cumple’ me dijo. ‘...para ambos’ -agregó- ya que estábamos a unas pocas semanas. ‘Hecho’ cerré el trato.

Después de contarme todo esto se fue relajando y entre caricias y unos mimos se fue quedando dormido. Mientras observaba como el sol iba entrando de a poco por la persiana y se reflejaba en algunos restos de brillantina de su piel, me quedé pensando: por un lado, me gustaba que ya esté proyectando planes para dentro de unas semanas, volver a vernos para nuestros respectivos cumpleaños. Pero por otro lado, me preguntaba ¿realmente podría dejar de lado el sexo por alguien?¿podría adaptarme a este nueva forma de ver la sexualidad?

Hay algo un poco liberador en esto de dejar de lado “el acto sexual convencional”, porque entran a jugar otras cosas en cuanto a la creatividad de la sexualidad y hasta en la sensualidad. Mientras escribo esto, me pregunto si, en la ‘nueva normalidad D.C.’ (Después del Coronavirus), habrá también una ‘nueva normalidad en el sexo’. Si vamos a tener que ponernos mucho más creativos, encontrar nuevas formas de relacionarnos. Nuevas formas de mirarnos y seducirnos con tapabocas, desde lejos, como el sol y los girasoles. Nuevas formas de besarnos sin besarnos, de tocarnos sin tocarnos. ¿O acaso estaremos entrando en la era de la grisexualidad, de la asexualidad?

Años atrás tuve una experiencia de este tipo, cuando conocí a un chico (digamos que se llamaba Jorge, para mantener su anonimato) con el que casi no podíamos tener sexo, ni penetración. Él era solamente pasivo pero tenía un problema físico en la pierna que nos impedía tener relaciones sexuales sin que le doliera. En ese momento, yo estaba tan enamorado que ni me importaba no hacerlo. Pero él se había empecinado en encontrar una forma de lograrlo. Recuerdo que le había pedido consejos a su fisioterapeuta, e intentamos de todo: hasta algunas que eran bajo el agua. También hizo algunos ejercicios y aún así no se pudo. No me gustaba verlo sufrir y tampoco que se frustrara tanto cuando no lo lográbamos. De la impotencia se ponía de muy mal humor y eso terminó desgastando la relación.


Pero la situación con Samuel era diferente. Era tomar la determinación de no volver a tener sexo convencional, ni sexo oral y quizás iba a haber días en que no quisiera ninguna demostración física de afecto. Me preguntaba si después de haber estado tanto tiempo solo, sin novio, sin cariño, ¿era esta una buena idea para regresar al mundo de las relaciones?. Quizás la pregunta en realidad era ¿que extrañaba más?¿la penetración, el sexo oral y el acto sexual?¿o el cariño, el afecto y la compañía?


A la mañana siguiente Samuel me despertó con un beso sabor a menta de pasta de dientes. Me preguntó que quería tomar de desayuno. Tratando de descifrar en qué momento me quedé dormido, le dije 'un café'. El ya estaba vestido, así que rápidamente me levanté, fui a lavarme los dientes y mientras me vestía, todo el departamento se llenaba del mejor olor del mundo: el olor a café y tostadas. Le pregunté si necesitaba ayuda, me dijo que no, me ordenó que me sentara y me relajara. Se lo sentía de muy buen humor. Me dio ternura verlo tratando de traer las tazas repletas de café, bien cauteloso, sin derramar nada hasta la mesa. Mientras desayunábamos, con el sol de mediodía de frente ese domingo invernal, solo podía pensar en una cosa: esto...esto era lo que extrañaba.

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Dejarías de lado el sexo por alguien que realmente te guste? Para vos¿cuán importante es el sexo en una relación?

domingo, 24 de mayo de 2020

Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 2)




El flash de un relámpago me hace entrar de nuevo a mi depto, la luz sigue sin volver. Pero ¿dónde estaba? Ah si, por contarles si entraba al cine a espiar a mi ex y el chico nuevo con el que estaba. Por supuesto que no entré. Soy dramático pero no tanto. Simplemente fui a correr y descargué todos esos pensamientos en el Parque Sarmiento. Después de tanto desgaste obviamente quedé muerto. Tratando de no enroscarme. El antiguo Pablo se hubiese convertido en el FBI Gay y se hubiese puesto a investigar al chico. Pero no tenía fuerzas para torturarme así. Ya está. Y si Rodrigo volvió con su ex o no, ya no importaba. 


Ese fin de semana pensé en quedarme tirado mirando series, pero uno de mis amigos me invitó a Zen para levantarme el ánimo, salir un poco. Y allá fuimos. La pasamos estupendo, ahogando las penas en la pista. Estaba particularmente lleno esa noche, por lo que nunca me había dado cuenta que Rodrigo estaba ahí. Y si, ¡adivinaron!¡con un chico!. Otro diferente al del cine. Bailando en el medio de la pista, muy acaramelados. Por suerte, para cuando me di cuenta, faltaban 20 minutos para que termine la noche. Le dije a mi amigo de irnos sigilosamente un toque antes. El acepta y cuando miré por última vez hacia la pista, entre un flash de luces, veo a Rodrigo besarse con el chico en el medio de la pista. Esos éramos nosotros hacia unas semanas. Si apagaban la música en ese momento se hubiese escuchado como se me partía el corazón. Nos fuimos inmediatamente de ahí. 


Me acuerdo mirar fijo la ciudad por la ventana del taxi de regreso a casa. Si el taxista o mi amigo hacían algún tipo de contacto visual conmigo, estallaba en llanto. Pensaba si Rodrigo y el chico ya se conocían de antes, si se había olvidado de mí tan rápido y si habré significado algo para él o si fui uno más. Si me había hecho yo toda una película en la cabeza digna de tachos de pochoclos, o si todo había sido una mentira. 

Era chico y en ese momento, lo sufrí bastante. Después entendí que siempre va a ser así, a algunas personas les cuesta mucho menos encontrar oportunidades para pasar de una relación a otra. E inevitablemente uno de los dos siempre va a conocer a alguien antes que otro. ¿iba a cambiar algo si esto pasaba unas semanas después?¿un mes después?¿si me enteraba o si no me enteraba? La verdad que no. Porque cuando querés a alguien de verdad, querés que esté bien, que sea feliz. No sé, no me salía tenerle bronca en ese momento, ¿está mal?

Esta historia tiene un final feliz, aparentemente si signifiqué algo para él, porque desde entonces pudimos superar todo y ser muy buenos amigos. Y ahora hasta nos reímos de esto. 

Tres Tequilas En La Ciudad

En esa época en que salía a bailar solo, cuando todavía no tenía amigos gays, en esa época en que todavía no había salido del closet y tenía que escaparme de las fiestas de mis amigos hetero para ir a los primeros boliches gays. Ahí es cuando conocí a Xavier (no se llamaba así, pero digamos que si). Lo había cruzado varias veces en ese boliche, y siempre estaba solo. Bailando en alguna esquina. Era la época en que podías ir a un boliche sólo y nadie se iba a dar cuenta, porque explotaban de gente. 


Xavier era algo serio, pero le encantaba bailar, se la pasaba toda la noche bailando y sólo iba a la barra para comprar agua, para después seguir bailando. Siempre estaba impoluto, una camisa impecable, zapatillas que no sé cómo hacía para mantenerlas tan limpias. Sobretodo porque era esa época en que se podía fumar adentro y la mezcla de las cenizas de los puchos y el fernet era letal para las zapatillas ¿se acuerdan?. Xavier era mucho más bajito que yo, por lo que hacer contacto visual era algo complicado. Aún así me esforzaba por llamarle la atención. Pero él, seguía en la suya. No hablaba con nadie, solo bailaba, casi no sonreía. De hecho, creo que nunca lo vi sonreír¿Qué me gustaba de él? No lo sé. Quizás que estaba en la misma que yo, había algo de su melancolía que me atraía. Que fuera alguien diferente. Quizás, estaba esperando que alguien le hable, en mi mente, creía que podía ser yo. 

Hasta que una vez, quizás habían pasado unas semanas o meses después. Me lo crucé en un semáforo. Recuerdo cuál semáforo exactamente. el que conecta la Avenida Yrigoyen y la Plaza España. De frente. Pleno día nublado. Y puedo jurar que al fin hicimos contacto visual y me reconoció. Lo vi tratando de recordar dónde me había visto antes. Yo medio que no supe qué hacer. Ninguno dijo nada, solo seguimos cruzando la calle, yo en cámara lenta por supuesto. Hasta hoy me acuerdo lo azul profundo de sus ojos y como reflejaban el cielo gris de otoño. Después de cruzarlo esperé segundos para hacer la prueba de ver si se daba vuelta. Esto también es para los centennials, la prueba consistía en cuando te cruzabas con alguien en la calle, contar 10 segundos y darte vuelta, si el otro también se había dado vueltas, había algo (es como el match de Tinder de principios de los 90’s) Pero cuando me di vueltas, ya no estaba, se había perdido entre la gente. A mi casi me choca un auto por mirar hacia atrás. 


Un tiempo después. Yo acababa de terminar mi relación tortuosa con Martín (mi segunda relación importante). Un poco ya estaba cansado de no ser yo y de sufrir solo todos mis desamores en la ciudad. Si bien ya iba a terapia, hay momentos en que necesitas contarle a tus amigos y desahogarte con ellos. Así es como, finalmente, salí del closet con dos de mis mejores amigas. Y fue genial. La felicidad que tenía ese día, de AL FIN dejar toda esa mochila atrás fue increíble. Para festejarlo, ese sábado, improvisamos una previa y decidimos ir a bailar a un boliche gay, el clásico Club V. Ellas nunca habían pisado uno y yo finalmente no iba a ir solo. 

Bailamos en la pista, nos divertimos muchísimo y brindamos con unos toc tocs de tequila. Algo que no tomaba desde la secundaria. Hacia el final de la noche, entre la gente, apareció firme como siempre, en el mismo lugar, impoluto como siempre. Xavier. Le conté nuestra no-historia a mis amigas. Ellas querían que le fuera a hablar, que me anime. Se ofrecieron para ir ellas a hablarle por mi, pero se los prohibí. Ya no estábamos en la secundaria. Quizás sólo necesitaba un incentivo para animarme: otro toc toc, o dos más. Y a por ellos fuimos. Pero la noche nos quedó corta. Se terminó la música. La gente comenzaba a irse y Xavier también. 

Afuera llovía a cántaros, pero no parecía que fuera a parar. Mientras esperábamos a que parase algún taxi, yo no perdía de vista a Xavier. Si hay alguien que sabía lo que era esperar un taxi solo, era yo. Una de mis amigas consiguió el taxi y se suben rápidamente. Pero algo en mí se despertó e hizo que esa noche me animara a hacer algo diferente. Quizás fueron esos tequilas, o la confianza de estar fuera del closet, no lo sé. Les dije que se fueran, yo iba a animarme a hablar con Xavier. Ellas aprobaron contentas y se fueron. 

La gente se fue yendo pero Xavier y yo seguíamos ahí. Cada vez pasaban menos taxis, la lluvia helada caía como dagas. Pero nada me importaba. Yo solo pensaba en como acercarme a Xavier y a hablarle. Descubrí que eso de que el alcohol te desinhibe era mentira, o al menos no estaba funcionando. Algunos se cansaron y comenzaron a caminar. Solo quedamos nosotros dos y finalmente le balbuceé algo como: ‘Me parece que vamos a tener que volver caminando’. El casi que asintió, pero no dijo nada. Nos quedamos un rato en silenciosa tensión y en medio de la lluvia. Hasta que él comenzó a caminar. En mi mente, yo lo frenaba, le decía que me gustaba y nos besábamos bajo la lluvia. Mi primer beso bajo lluvia. El beso perfecto. Pero solo me animé a decirle: '¡Esperá!'. Le confesé que me gustaba con algunas palabras que me dan vergüenza reproducir en este momento y de mi bolsillo saqué una tarjeta que tenía con mi celular. No pregunten, era hace muchos años, teníamos tarjetas con nuestros números y hasta, a veces, servilletas. 


La mirada descolocada de Xavier sin decir nada mientras yo hablaba, también me quedó grabada. En un momento pensé que no me había entendido nada y hasta pensé en que era mudo. Pero finalmente habló y me dijo: ‘No, gracias’ y me devolvió la tarjeta, yo estaba tan en shock, y nervioso y todo, que no se la recibí y le insistía para que se la quede. Entonces él no tuvo mejor idea que tirarla al piso frente a mi e irse. Mientras veía como la tarjeta y mi corazón se empapaba en ese charco, Xavier se alejaba entre la lluvia. 

Recuerdo caminar hasta la otra punta de la ciudad bajo la lluvia helada. No les voy a mentir, me sentía un poco idiota por haber idealizado a alguien que no conocía y más aún por haberle dicho que me gustaba. Y sí, ese regreso a casa fue eterno y humillante. Pero esa noche la había pasado tan bien, había salido del closet con mis amigas y pensaba que al otro día les iba a poder contar sobre todo esto, que lo de Xavier, al final, era una muy buena anécdota. 

A Xavier todavía lo sigo cruzando hoy en día cuando salgo a bailar con mis amigos. No sé su nombre verdadero y nunca lo vi sonreír, ni estar con alguien. Sigue siendo un misterio para mi. Y en cuanto a mi, unos años después tuve mi primer beso bajo la lluvia y descubrí que, no sólo soy bastante resistente al tequila, sino también a que me rompan el corazón.


Regresó la electricidad y me despertó del recuerdo de estas historias. A veces está bueno recordar que gracias a esas veces que nos rompieron el corazón, hoy somos quienes somos. Un poco más fuertes y resistentes, y con la satisfacción de saber que podemos sobrevivirlas y seguir tratando. A veces cuesta darse otra oportunidad para entregarse y enamorarse de nuevo, a veces simplemente es cansador volver a empezar de cero. Quizás sea una visión optimista y cursi, caprichosa y hasta masoquista. Quizás a pesar de todo, esa parte enamoradiza de mi sobrevivió a todo. En lugar de opacarse y llenarse de odio, se hizo más fuerte. 

Al fin y al cabo es algo muy humano valorar las cosas cuando no las tenemos: cuando se va la luz, valoramos más la electricidad. Cuando no podemos salir, valoramos la libertad. Y cuando nos rompen el corazón, es horrible, lo sé, pero eventualmente valoramos más cuando nos volvemos a enamorar. Y ¿qué es una persona sin la esperanza de volverse enamorar?¿qué es una ciudad sin historias de amor y supervivencia?


Pablo M. Acuña

Escrito Por Pablo M. Acuña


Pregunta para el foro: ¿Recordás como fue tu mejor beso?

jueves, 7 de mayo de 2020

Sobreviviendo En La Ciudad (Parte 1)


´Todas esas luces llamándome, estoy al borde y listo para salir...Sobreviviendo en la ciudad. Seguir dando, seguir tomando, seguir construyendo, seguir rompiendo, seguir amando, seguir odiando, sobreviviendo en la ciudad. Seguir viviendo, seguir muriendo, seguir cayendo, seguir levantándome, seguir entregando lo que me dé la gana’ - Client Liaison


Después de un reencuentro con Martín, mi ex, y del regreso inesperado de los ataques de pánico. Estuve encerrado por un tiempo con pocas ganas de salir a la ciudad. Sabía que ese domingo caluroso y nublado, no iba a ser fácil de sobrellevar. Pero aún así logré levantarme, bañarme y hacerme un reconfortante desayuno. Justo cuando me digné a ver una comedia que me haga al menos sonreír, de repente, se cortó la luz. Cuando hay gente que extraña la soltería, es porque nunca recuerda éstos desayunos solitarios de domingo, en absoluto silencio. 

A veces cuando rememoro estos momentos para escribirlos, pienso ¿por qué no llamé a un amigo?¿por qué no salí de mi casa? Y es que siempre me olvido que a veces la tristeza se te pega al cuerpo y pesa. Y no tenés ganas que nadie te ve así. En mi caso, hasta me parece egoísta juntarme con alguien cuando estoy así. Prefiero que se me pase solo. No sé, es inentendible. Salí al balcón para tomar un poco de aire y contemplando el horizonte en silencio pensé en todas esas veces que la ciudad fue hostil conmigo, todas las veces que me han roto el corazón, en todas estas calles y como hice para superarlos. Tres historias me vinieron a la mente...


Un Té Helado En La Ciudad

Hacía pocos meses que me había mudado solo a un departamento de Nueva Córdoba, al fin era libre y estaba muy contento de comenzar una nueva etapa. En esa época todavía usábamos el teléfono fijo. Y mi contacto con el mundo gay eran las salas de chat telefónico. Para los que no recuerdan (o para los centennials) era así: llamabas a un número, dejabas tu presentación y después podías acceder a presentaciones de otras personas conectadas. Podías ir dejando mensajes de audio o si querías, aceptar una llamada en vivo. Así es como conocí a Agustín. Por supuesto, era incomprobable que se llame así, pero en un punto, no importaba. Yo para él me llamaba Joaquín. Agustín me llevaba tres años, y estaba estudiando arquitectura, a punto de recibirse. En el chat, podías ir por el lado del sexo telefónico o, cuando pintaba, solo podías conversar y hacer amigos. Yo la usaba para las dos cosas. Pero con Agustín conectamos de inmediato. El era de esos que hacía chistes malos todo el tiempo. Y eso me encantaba. Además, que era una gran compañía la verdad, ambos vivíamos solos. Nos pasábamos horas hablando por teléfono. Sobre todo después de cierta hora, salía mucho más barato, casi gratis (eran los últimos tiempos del teléfono fijo).

A veces cenábamos con el altavoz, estudiábamos y hasta nos íbamos a la cama escuchándonos. ¿Tuvimos sexo telefónico? Tuvimos sexo telefónico y del bueno. Masturbarse escuchando la voz de alguien no solo es reconfortante, sino también bastante entretenido. Hasta es un ejercicio interesante de imaginación. Créanme deberían probarlo alguna vez. Después de dos meses, mas o menos, ya habíamos tomado confianza como para pasarnos nuestros celulares. Y así, durante el día, podíamos textearnos y hasta sextearnos. (no existían las nudes todavía).


Hasta que después de un tiempo, era hora de conocernos cara a cara. Medio que lo habíamos obviado todo este tiempo y ya no daba para más. Yo estaba un poco aterrorizado porque la verdad, no estaba seguro de gustarle, ya tenía ese mambo desde esos tiempos. Pero dijimos que si todo salía mal, al menos, podíamos ser amigos. Así es como después de posponer muchas veces, un día a la salida de la facultad, me llega un mensaje para ir a merendar. Me dijo que no lo piense, ‘así nomás’, ‘sin tanta preparación, sin presión’. Y seguro me convenció con algún chiste tonto, porque acepté. Recuerdo estar pensando en el encuentro y no poder concentrarme en ninguna de las clases. Así que después de mi última clase ese jueves, me fui al baño de la Universidad y me cambié. Me escapé de mis compañeros (porque todavía estaba en el closet), seguramente les puse alguna excusa tonta y caminé a la cafetería dónde habíamos quedado. Iba a tener una verdadera cita a ciegas. No me podía imaginar como iba a ser Agustín, una vez me había dicho algo de que tenía rulos, pero no mucho más. Creo que no me hubiese importado mucho. 


Cuando llegué me había dicho que me iba a estar esperando afuera, con una campera de jean. Nos reconocimos en el acto. ‘¿Agustín?’ Se dio vuelta y era mucho mejor de lo que esperaba. Tenía rulos prolijos, unos ojos grandes imposibles de evitar y un poco de barba también prolija. Yo fui a por el beso y él me saludó incómodamente dándome la mano, desde esa distancia igualmente sentí que se había puesto perfume. Lo que me hizo pensar que lo de 'sin tanta preparación' no era tan cierto. Se puso un poco serio, y quiso que nos sentemos rápido. El me observaba de arriba a abajo, disimuladamente. Me hacía poner algo incómodo. Por suerte el mozo vino rápido y nos salvó. Me pedí un café y algo para comer que no recuerdo. Él sólo pidió un té. Traté de sacar conversación para romper el hielo, Agustín estaba un poco cortante. Se fue soltando de a poco. Pensé que quizás le incomodaba estar en una mesa en la calle. Me preguntó algo de la facultad y de cómo me estaba yendo en las clases, o algo así. Mientras contestaba notaba que el estaba atento a la gente que pasaba, no me estaba prestando mucha atención. El mozo interrumpió para traer las cosas. A él le suena el celular. Era su hermana. Había llegado antes y tenía que ir a buscarla con el auto a la terminal. Sí, ya sé lo que están pensando. Pero estábamos cerca de la Terminal, me dijo que iba a hacer eso y volvía rápido. Yo le dije que no había problema, que vaya tranquilo y vuelva. O lo dejamos para otro día. ‘No!’ me dijo, ‘Voy y vuelvo volando ¿no me creés?’. Cuando se levantó me dijo: ‘si querés dejo pagado’. Le dije que no, obviamente, que le creía. 


Puse el plato sobre su taza para que no se enfríe tanto su té, algo que mi mamá siempre hace cuando mi papá o alguno de nosotros tarda en sentarse a la mesa. Pasó media hora, una hora y decidí escribirle. Nunca me contestó. Destapé su té, que ya estaba helado a esa altura y hasta tomé un poco, porque me daba vergüenza que el mozo se diera cuenta que me habían dejado plantado. Ya suficientes humillaciones por hoy. Fue el té helado más triste de la historia. Claro, por eso nunca se pidió nada para comer, al menos tuvo la decencia de pedir lo más barato de la carta. No volvimos a mensajearnos, ni lo crucé más en la sala de chat telefónico. Quizás se cambió el nombre. ¿Acaso no estaba listo para esta situación? Puede ser. ¿No le gusté físicamente? Probablemente. ¿Era un cobarde? Era un cobarde. Por suerte a esa altura ya iba a terapia y pude convertirlo en una anécdota graciosa, aunque el trauma de conocer a alguien a ciegas, me quedó por mucho tiempo. Quizás aún hoy tengo todavía un poco de eso. ¿Será por eso que casi siempre se me terminan frustrando las juntadas de Tinder? Probablemente. Al menos cuando el té helado se puso de moda más adelante yo ya lo había probado. 

Unos años después lo volví a cruzar en la calle, el estaba con un chico, probablemente en una cita. Yo estaba con mis amigos. Lo miré fijo, el me reconoció y simplemente bajó la cabeza. Yo seguí mi camino, con la frente en alto. 

Dos Pochoclos En La Ciudad


Hacía apenas 5 días habíamos decidido no seguir intentando con Rodrigo. Si bien yo quería seguir dándonos una oportunidad, él ya se había rendido aparentemente. El golpe fue muy abrupto. Hacía pocas semanas éramos ‘oficialmente’ novios. Y yo no podía haber estado tan contento. Es que hacía mucho que no me sucedía que alguien que me gustaba, AL FIN, también gustara de mi. Físicamente me parecía demasiado para mi la verdad. Pero más allá de eso, estaba contento porque el camino y cómo llegamos a donde llegamos había sido lindo. Y, para variar, no era de esos tipos creídos con los que me obsesionaba seguido. Le tenía mucho aprecio como persona. Todavía le tengo. 


Es por eso que no tuve mejor idea que salir a contarlo a los 4 vientos. Hasta a mi familia, mis amigos de Santiago, los que vivían afuera. Todos sabían quién era Rodrigo. Hasta estaba planeando cena de presentación oficial. Un poco intenso, lo sé, pero estaba feliz, no medía. Unas pocas semanas después, Rodrigo me envía un mensaje por el chat, de que teníamos que hablar. Y todos sabemos lo que eso significa. Cortamos. Si bien decidimos seguir siendo amigos, decidí alejarme un tiempo para procesar todo.

Cinco días después, camino al parque para correr y distraerme un poco, lo cruzo a lo lejos. Era él, Rodrigo y otro chico. Un chico que creo era uno de sus ex. Inmediatamente me metí a un negocio random para que no me vea. Parte de mi quería seguir al parque, pero fue más fuerte que yo, quería ver hacia donde estaban yendo. ¿una cita?¿a la casa de él?¿a una juntada de amigos?¿habían vuelto?¿por él me había dejado?


Hice de todo para que no me vieran, además estaba en short y con una botellita de agua, yendo en dirección opuesta al parque. Era altamente sospechoso. Los perseguí y me di cuenta que estaban yendo al Patio Olmos. ¿Entré? Entré. Inmediatamente sabía a dónde estaban yendo. Al cine. ‘Se puede ir al cine con un amigo’ - me intentaba autoconvencer-. Rodrigo estaba relajado y tranquilo. Quería ver si había tensión sexual entre ellos, qué película iban a ver, si compraban 2 pochoclos o el combo de parejas. ¿Qué hago?¿Entro a la película con ellos? …


[Continuará…]

Pablo M. Acuña

Escrito Por Pablo M. Acuña

Pregunta para el foro: ¿Cómo fue la última vez que te rompieron el corazón?