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miércoles, 14 de febrero de 2024

El Único



 ‘Supongo que uno nunca sabe, nunca lo sabe. Si me querías, lo hubieras demostrado realmente. Pero si no sangras, nunca crecerás, y está todo bien ahora. Pero éramos algo especial, ¿no te parece?. En nuestros furiosos 20s tirando monedas a la fuente. Y si mis deseos se hicieran realidad, hubieras sido vos’ 
– Taylor Swift

En esas madrugadas de insomnio, tratando de apagar el cerebro en la oscuridad, me llega una ruidosa y luminosa notificación al celular. ‘Ok, veo la última notificación y me duermo’. Sinceramente pensé que iba a ser el clima o algo así, pero no. Era de esas notificaciones de Facebook, que te avisa cuando alguien está en Córdoba. Algo totalmente retro y que no lo hace con casi nadie. Cuando me fijo, era él. Le vamos a decir Sr. I (por innombrable) ya que la última vez que lo nombré, todo terminó mal.

Entré a su perfil para ver que era de su vida y, por supuesto, su Facebook había quedado estancado en los 2010’s, que era casi la fecha en que nos conocimos. La verdad la habíamos pasado excelente. Recuerdo que tuvimos una cita para almorzar (tuve pocas de esas). Era un agosto helado, hacía poco había nevado, su departamento tenía una luz natural hermosa (perdón, siempre en mi cabeza pienso en las locaciones que estarían buenas para filmar, y esta era perfecta) y aunque estaba nublado, la intensidad de las nubes blancas hacían que todo se sintiera, no sé…como un sueño. Fue super tierno todo y hasta romántico, recuerdo que pensé por un momento que el Sr. I, era re para ponerse de novio (o boyfriend material). Gran parte de la cita, la pasamos bajo el acolchado, conversando y calentando nuestros cuerpos. Muchos mimos y besos calentitos. Cada vez que pienso en la expresión: ‘hacer el amor’, pienso en ese momento. Como una sueña que salga la primera cita.

Pero rápidamente, todo se transformó en pesadilla cuando, semanas después, vio la columna que escribí sobre él. Y nunca más me dirigió la palabra. Debido a mi inexperiencia, creo que di demasiados datos sobre él y supuso que la gente lo iba a descubrir. En mi defensa, no tengo ninguna defensa. Mi inseguridad me mandó un mensaje de texto preguntándose: ¿acaso el Sr. I sentía vergüenza por él o por haber estado conmigo?. En mi cabeza traté de ignorar ese mensaje.

Esa noche me quedé fantaseando con la almohada y pensando en lo que hubiese pasado si nunca escribía sobre él. ¿Hubiésemos llegado a algo más?¿Hubiese soportado que el se fuera de viaje tantos meses por año?¿Me hubiese ido con él a vivir a otro país?¿Tendría una vida totalmente diferente a esta?¿y si él era “el indicado”, una oportunidad única? ¿Acaso tendríamos una mejor vida?¿más divertida?¿más acompañada? O por el contrario, como dice Taylor: ¿acaso los grandes amores de todos los tiempos se terminaron para siempre? Es muy loco que algo tan pequeño, un único error insignificante o un evento ínfimo, pueda cambiar el rumbo de tu vida.

Mientras escribo esto mis padres están cumpliendo 50 años de casados. ¡50 AÑOS!. ¿Se pueden imaginar algo así en estos tiempos?¿en este mundo que vivimos?. Por empezar, ya no me dan los tiempos creo. Al contrario, matemáticamente estoy más cerca de cumplir 50 años de soledad. Bueno, estoy siendo dramático, pero ustedes me entienden. 

Cuando era chico y soñaba con escaparme de mi provincia, siempre pensaba en venir acá. Y una de las cosas que me trajeron fue justamente para ser libre de enamorarme. Y tenía claro que quería una novio, casamiento, hijos adoptados, gato, perro. Todo. Pero las cosas se volvieron cada vez más complicadas. Por empezar 20 años de los avances tecnológicos más rápidos de la historia. Ni hablar en el mundo de las citas. Imagínense que tengo amigos que nunca se han acercado a alguien, así en carne y hueso, a tratar de conquistarlos. Siempre todo empezó antes por una app de citas o red social. Y las opciones, las benditas opciones infinitas que nos cruzamos día a día en cada historia de Instagram. Cada una es literal un multiverso del que podríamos ser parte.


Si tan solo hubiésemos tomado ese camino, si hubiésemos insistido un poco más y en lugar de un fueguito enviábamos un corazón. Si hubiésemos tenido paciencia hasta que la conversación fuera más fluida. Si hubiésemos interpretado mejor ese mensaje entre líneas. Si hubiésemos cedido nuestro ego y hubiésemos enviado ese mensaje sin miedo a una respuesta negativa. Si hubiésemos sido menos estratégicos y más concretos. Si nos quedábamos con esa persona a pesar de lo que puedan pensar los demás. Si una única cosa hubiese sido diferente ¿todo sería diferente?. ¿Estaría casado con el Sr. I?¿Viviríamos juntos?¿Tendríamos un gatito?. En fin, las oportunidades son infinitas, pero también aumentan las posibilidades de meter la pata, de equivocarse. Supongo que nuestros padres no tenían que lidiar con todo esto, quizás eso les jugó a favor.

Por otro lado, si me quedaba con el Sr. I, o yendo más atrás, con Rafael, mi primer novio cordobés, quizás nunca hubiese conocido a otras personas. Nunca hubiese tenido tantas citas, no sabría lo que es ser soltero en esta ciudad, y esta columna no existiría. No hubiese desarrollado nunca la afición por escribir. Eso me pondría triste. ¿Pero no podría haber sido un poco y un poco?. Quizás el destino me convertía en escritor igual. De columnas sobre la pareja o si me mudaba a otro país: Sexo Gay En Otra Ciudad.

Nunca lo sabremos. A veces me cuelgo pensando ¿Qué estarán haciendo mis ex en este momento?: ¿Qué será de su vida?¿qué aventuras estarán viviendo?¿Será feliz en su nueva relación?¿Me habrá perdonado?¿Seguirá siendo celoso tóxico?¿Se habrá arrepentido de no haberme dado una oportunidad?¿Se acordará cuando hablamos de casarnos?¿Habrá aprendido a besar mejor?¿sabrá que lo amé en secreto por muchos años después de separarnos?¿sabrá que volvería con él si me lo pidiera? 

Con Rafael, mi primer relación formal, dejé todo claro años después de que terminamos, creo que 10 años después. Encontré en un cajón su número de teléfono en un papel que había guardado de recuerdo. Pero cuando llamé, no funcionó, el celular ese ya no existía. Pero si existía su apellido, que era algo extraño. Así que tomé la guía de teléfonos (retro ¿no?) y busqué su apellido, llamé uno por uno a los teléfonos que había. Y lo logré. Conseguí comunicarme con él. Hablamos de la vida. Creía que no se iba a acordar de mí. Y al contrario, si me recordaba con ternura. Conversamos un rato largo y al final de la llamada me animé a decirle que había cometido un error en dejarlo. Que nunca más me crucé con alguien tan único y especial como él. Que nunca debería haberme ido de su lado. Lloramos un poco. Me dijo que no me torture con eso, y que todo pasa por algo. ¿Pero es realmente así?¿ya estamos predestinados a vivir los amores que vivimos y cómo los vivimos?¿o simplemente es un error y sus consecuencias?

Durante los siguientes días, me parecía ver al Sr. I en todos lados. En las paradas de los colectivos, manejando autos, en los bares, paseando por Güemes o en la fila del supermercado. Pero esperen…el chico de la fila del supermercado…¡ES ÉL!. Grité en mi mente, tratando de no hacer ningún movimiento en falso. No quería que me descubriera. No quería que nuestro reencuentro se diera así, no estaba mentalmente preparado para esto un martes a la siesta en esa sucursal del famoso supermercado de nombre francés. ¿Pueden creer que la traducción de la palabra es: intersección de caminos, encrucijada?.

El estaba de espaldas, descargando lo que había comprado en la línea de cajas. Y yo observando los productos para ver si era una compra individual o una compra para dos. Pero debo haber mirado demasiado intensamente porque de repente, se dio vuelta. Y me vio…Se quedó unos segundos congelado, como ese agosto gélido que pasamos. Yo esbocé una sonrisa incómoda, pero él volvió en sí y continuó sacando las cosas de su canasto. Y si, era una compra individual. El se fue sin mirar atrás. cuando pasó por la vidriera hizo un tímido intento de mirar para adentro, pero no lo logró.

En un universo paralelo, nos abrazamos e iríamos a tomar juntos un café. Nos pondríamos al día sobre todo lo que estuvo pasando en nuestras vidas. Nos reiríamos de cómo éramos a nuestros 20s y hasta hablaríamos de nuestros fracasos amorosos. Hubiera sido divertido. Pero no, en este universo, al salir del supermercado, por esas cosas de la vida, él todavía estaba en la esquina. Mi costado romántico me mando un mensaje: ¿Tardó tanto en hacer esta media cuadra o acaso hizo tiempo para verme mejor?. En este caso le clavé el visto.

Mientras me acercaba él me miró, estábamos lejos para saludarnos, pero cerca como para no reconocernos. Él simplemente dijo ‘Pablo’, yo tragué saliva y contesté: ‘¿Cómo va?’. Él sonrió y siguió su camino. Como dice la canción: las mejores películas de todos los tiempos, nunca se hicieron.

Escrito Por Pablo M. Acuña


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Pregunta para el foro: ¿Qué cambiarías de tu pasado para recomponer una vieja historia de amor?¿Espías la vida de tus viejos amores o preferís bloqueo total?

lunes, 24 de noviembre de 2014

Córdoba, Te Amo



Dicen que el amor está a la vuelta de la esquina, pero si hay algo que me ha demostrado la experiencia es que puede estar en cualquier lugar de esta hermosa ciudad. Y no solo eso, también descubrí que cada historia puede convertirse en un amor de película. He aquí algunos ejemplos:

La Plaza de la Intendencia & El Abominable Hombre De Las Nieves

Era profesor de español en Francia y solo venía unas cuantas semanas a Argentina. Hacía mucho frío, era esa época que estaba por nevar en Córdoba. Por esas casualidades de la vida, vivíamos a una cuadra y media. Cosas que solo pasan en esta ciudad. Me invitó a su casa y nos gustamos inmediatamente. Me encantaba que era canoso y tenía cara de bonachón. Me mostró su casa, y yo además de los nervios, me estaba congelando. Mis manos eran básicamente dos icebergs. A él le impresionaba lo fría que estaban, así que me las tomó y trataba de calentarlas. Me abrazó porque sentía que así lo iba a lograr. Y nos quedamos abrazados un rato largo. Se puso cariñoso y comenzamos a besarnos. Me tomó de la mano y me llevó a la habitación. Prendió la estufa al lado de su cama. Mis manos seguían como dos témpanos de hielo, intentamos tener sexo pero mis manos heladas le hacían cosquillas, así que después de un rato decidimos quedarnos abrazados y a los besos. Esa tarde nos quedamos mirando el cielo por su ventana y, según él, estaba por nevar, así que nos vestimos rápido, nos abrigamos bien y compramos unos cafés para llevar a la Plaza De La Intendencia. No cayó nieve ese día, solo un poco de agua nieve. Fue una muy linda cita. Pero ahí quedó todo. No lo volví a ver hasta unos años después y ahora el que era un témpano de hielo, era él. No volvió a saludarme aunque nos cruzamos varias veces de frente. Nunca supe porqué.


La Cañada & El Señor Del Anillo

Habíamos terminado una cita excelente, después de cenar caminamos por la Cañada. Estuvimos toda la noche sin poder besarnos, ni darnos la mano. Nos daba pudor hacerlo en público, eran otras épocas. Nos sentamos a conversar en la Cañada antes de despedirnos, y Martín me dijo: "Bueno, ya está, te tengo que besar, que digan lo que digan". No sé si era por todas las ganas acumuladas pero fue un MUY buen beso y bastante largo. No podíamos parar. De la nada aparecieron unos chicos y cuando nos vieron besándonos comenzaron a aplaudir y se acercaron a darnos la mano y palmaditas. Nos dio gracia y vergüenza al mismo tiempo. Antes de despedirnos me dijo que la había pasado muy bien y agregó: "Pero tengo que confesarte algo". Una de las frases más terroríficas para escuchar en una primera cita. Me dijo que estaba casado y me mostró su anillo, su idea era divorciarse pronto pero no era tan fácil porque tenía una hija. Yo me quería tirar a la Cañada. Le dije que podría habérmelo dicho desde el principio. Yo había visto su anillo, pero pensé que era un anillo más. Que estaba todo bien, pero yo no podía ayudarlo a resolver ese tema y que me llame cuando lo tuviera resuelto. Nunca llamó y no supe más de él.

La Plaza España & Una Serie De Eventos Desafortunados

Nos conocimos en Messenger, eso ya habla de lo antigua que es la historia. No recuerdo quien agregó a quien, pero sí recuerdo que chateábamos todas las noches. Muchos años después, se animó y me invitó a una cita. Pero en ese momento yo estaba de novio, así que le dije que mejor no. Cuando mi relación terminó, fui yo el que lo invitó. Y era el él que estaba en una relación. Porque esas cosas siempre pasan. Hasta que un día el volvió a invitarme y ambos estábamos solteros. Así que fuimos inmediatamente a tener la cita. Recuerdo que fuimos a un bar espantoso, pero la estábamos pasando tan bien que no importaba. Terminamos de comer rápido, porque la comida era horrible y nos queríamos ir de ahí. Así que me dijo de ir a caminar un rato ya que era temprano. Y así caminamos y caminamos. Había mucho viento, en cualquier momento íbamos a salir volando. Yo comencé a tener tos, así que nos sentamos en la Plaza España, que ya estaba decorada para Navidad. El cielo se estaba nublando y parecía que en cualquier momento iba a llover. Nos comenzamos a reír porque todo había salido mal en la cita. Pero cuando la pasás bien con el otro nada de eso importa –le dije- y me miró y sonrió. Entonces me dijo que deberíamos besarnos, para que al menos algo salga bien. Y eso hicimos, ahí entre medio de las columnas gigantes que simulaban ser regalos, nos besamos mucho, mucho tiempo. Eso salió perfecto. Esa noche no pasó de ese beso. Al otro día me dijo que le hubiera gustado invitarme a su casa, pero no se animó. Y le dije que me había pasado lo mismo. Lo dejamos para más adelante, y nunca sucedió. Nunca más volvimos a chatear, ni lo vi conectado. Muchos meses después descubrí en uno de sus mensajes de cumpleaños de facebook, que había fallecido. Me entristeció mucho, aunque ahora cuando paso por la Plaza España, siempre pienso en él, recuerdo esa noche y sonrío.



El Patio Olmos & Nino Quincampoix.

Era mi primera cita con Rafael, mi primer novio. Siempre nos habíamos visto de noche hasta ese día. Estaba muy nervioso porque era una de mis primeras citas y no tenía idea de cómo iba a ser. Nos encontramos en el Patio Olmos, porque íbamos a ver Amélie en el cine. Yo ya la había visto mil veces, pero quería que él la viera. Cuando llegué me estaba esperando y era más hermoso de lo que recordaba. No sabía si saludarlo con un beso o como, así que hice como una cosa extraña y se rió. Rafael siempre hacía chistes de todo y le gustaba ponerme nervioso porque sabía que yo era tímido. En el medio de la película, me tomó la mano, yo me asusté y casi tiro toda la gaseosa. Comenzamos a reírnos, hasta que nos hicieron callar. Durante la película, me acariciaba la mano y ponía su pierna junto a la mía. Hasta que en la parte más romántica de la película (Spoiler Alert) cuando Nino besa a Amélie, Rafael no aguantó más y me besó en la boca. No sé si la gente se dio cuenta o no, no me importaba y a él tampoco. Uno de los besos más lindos que me dieron en mi vida. Esa noche decidimos ponernos de novios y esa forma de besar se convirtió en algo de nuestra relación.

El Teatro 25 de Mayo & Billy Elliot

Nos conocimos en un boliche, hace bastante tiempo, recuerdo que en esa época le di mi mail. El decía que hacía mucho me venía viendo y esa noche se animó a acercarse. Solo me pidió el mail y se fue. Me escribió un mail re lindo y quería que nos conociéramos, pero en vivo, no le gustaba mucho lo de chatear, sentía que en vivo era más real. Así que fui a su casa, me hizo una cena muy rica. La noche estaba hermosa y el tenía un balcón re lindo con reposeras donde nos quedamos charlando toda la noche. El era bailarín, del Teatro 25 de Mayo. Tenía cuerpo de bailarín y era bastante flexible. Eso lo descubrí más tarde cuando tuvimos sexo. Hicimos unas posiciones que nunca pensé que fueran posibles. Hasta que en un momento, nos caímos al piso los dos y morimos de risa. Estuvo muy divertido. Unos días después, me invitó a verlo bailar en el teatro. Yo todavía no estaba seguro si me gustaba o si lo quería como amigo o cuáles eran sus intensiones. Pero esa noche, cuando lo vi bailar en el teatro, ahí me enamoré. ¿Por qué acaso hay algo más seductor que ver a alguien haciendo lo que le gusta apasionadamente?.

El Arco de Córdoba & Robocop

"Ya es hora de conocernos" me dijo esa noche. Y acepté tener una cita con él. Me dijo que me iba a buscar en un taxi y de ahí podíamos ir a su casa aunque quedaba medio lejos. Habíamos hablado por teléfono unas cuantas veces en el chat telefónico, pero era un extraño. La adrenalina y la calentura a veces te hacen hacer esas cosas inconscientes cuando sos adolescente. Le dije que si. No me había mentido en su descripción, era tal cual me había dicho. Era rapado, tenía unos ojos celestes super penetrantes y se le hacían hoyuelos cuando se reía. En el viaje conversamos y escondidas del taxista por ahí me acariciaba las piernas. El viaje se estaba haciendo un poco largo y me empezó a dar un poco de miedo, porque no sabía dónde estábamos yendo. Cuando vi el Arco de Córdoba, comencé a pensar: "listo, este tipo me va a asesinar o me va a raptar y nadie se va a enterar nunca porque no le avisé a nadie que salía con él". Empecé a pensar en cómo escaparme o tirarme del auto en algún semáforo. Supongo que debe haber visto mi cara de susto, porque dijo: "Ya casi llegamos". Entramos a su casa, me dio un vino y nos sentamos a conversar en un sillón. La conversación comenzó a subir de tono. Hasta que dejó la copa y me dijo: "Antes de pasar a la habitación tengo que mostrarte algo". Me agarró la mano y me la apoyó sobre su pierna. Y la fue bajando. Yo creía que era una técnica para que lo tocara, pero de repente me di cuenta que su pierna terminaba y comenzaba una ortopédica. "Soy Robocop"me dice. Y nos comenzamos a reír. A partir de eso ambos nos relajamos y en la cama, me enseño unas muy divertidas posiciones.


El Parque Sarmiento & El Último Tango En Córdoba

Era el 2007, una presentación única de Bajofondo Tango Club en la isla del Parque Sarmiento. Era una hermosa noche de verano, el cielo estrellado y estábamos disfrutando de un recital espectacular en el medio de los árboles. Mientras bailaba con una amiga con la que había ido, veo a lo lejos a Pedro, un chico al que había conocido en otro recital de Bajofondo años atrás y con el que me había besado en el medio de un pogo. Cuando terminó el recital, lo busqué para saludarlo. Y lo vi cruzando el puente para irse. Corrí para alcanzarlo y recuerdo que temblaba de miedo, me latía fuerte el corazón. Le toqué la espalda y le pregunté si se acordaba de mí. Claro que ahí yo tenía 20 kilos menos a cuando nos conocimos. Cuando le expliqué quien era, se acordó y caminamos hasta su departamento mientras conversamos. Me invitó a subir a tomar algo y la pasamos espectacular. Tuvimos sexo escuchando el cd de Bajofondo. A los dos nos encantaba el tema Perfume. Es una noche que nunca voy a olvidar. A las pocos días el se iba a vivir a España, o eso fue lo que me dijo. Lo que no sabe es que semanas después lo vi con otro chico. Una lástima.


Con tantas historias vividas y muchas más por vivir ¿Cómo no amar a esta ciudad? Córdoba, ¡Te Amo!

Dedicado a la memoria de A.R.

Pablo M. Acuña

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