Previamente…Caín nos había descubierto. Yo me había paralizado. Cuando Caín intentó unírsenos y Abel lo empujó, Caín reaccionó mal y salió corriendo a decirle a mi mamá lo que estábamos haciendo. Rápido nos vestimos y salimos detrás de el para tratar de detenerlo. Pero parecía decidido, ya había tocado el timbre. Entonces antes de que mi mamá saliera, se me ocurrió una idea: le dije que si no decía nada, le iba a dar plata, $100, que en esa época era muchísimo más que ahora. Mi mamá salió y Caín no dijo nada. Busqué la plata le dije que tampoco le diga nada a su madre. El aceptó.
EVANGELIO 1:6 – LAS ESCALERITAS DEL PECADO
Caín nos había dejado tranquilos por un tiempo. Con Abel nos veíamos mucho menos y a escondidas por las dudas. Creía que estaba todo bien, pero no. Un día, Caín comenzó a pedirme plata en la escuela, para no contarle a mis compañeros. Todos los días tenía que darle la plata que me daban para el recreo o él iba a contarle a todo el mundo que era gay. Digamos que esas semanas adelgacé unos kilos. No solo era horrible porque consideraba aCaín uno de mis amigos, sino también por lo que pasó semanas después. Abel se enteró que su hermano me estaba sobornando y en lugar de ayudarme, el también comenzó a hacerlo. No lo podía creer, sobre todo porque creía que le gustaba de verdad. El problema era que ya no tenía más plata ahorrada y tuve que hacer algo dolorosísimo: robarle a mi mamá. Había caído al fondo del pozo. No podía caer más bajo. Incluso pensé en suicidarme y terminar con todo. Hasta que un día, Caín me pidió una cantidad de plata que yo no tenía, me dijo que si no se la daba iba a hablar con mi mamá. Cuando llegó a mi casa, yo lo estaba esperando afuera. En la calle no había nadie. Le dije lo basura que era y que ya no me importaba si le decía a mi madre o no. Y cuando estaba por hacerlo, lo tomé de los brazos, lo tiré al piso y comencé a golpearlo. Esa fue la única vez que me agarré a las piñas con alguien. El me pidió que parara que no iba a decir nada y se fue. Y nunca más me molestó, ni él, ni su hermano. De a poco y en secreto, ahorré y le devolví la plata que le había robado a mi madre.
EVANGELIO 1:7 – EL BUEN CAMINO DEL EXORCISMO
Uno de eso días en que me escapaba de la escuela para ir al Parque que quedaba cerca, y sentarme a pensar mirando el río. Decidí que lo mejor que podía hacer con todo lo que sentía era bloquearlo. Exorcizar esos sentimientos homosexuales e intentar que se vayan. En mi cabeza tenía sentido. Sentía que no podía seguir sintiéndome un pecador. Volví a mi casa, tiré todas las películas gays que tenía escondidas, las revistas y hasta dejé de tocarme por un tiempo pensando en hombres. Hice nuevos amigos y traté de buscar un deporte que me gustara para distraerme. Así conocí a Adán (no se llamaba así obviamente). Nos hicimos muy amigos. Era un muy buen tipo y me gustaba que podía conversar con el por horas sobre temas diferentes a los que estaba acostumbrado: como las relaciones, el sexo y otras cosas pero desde un lugar maduro. El se puso de novio con una de mis amigas, me pedía consejos y hablábamos todo el tiempo de su relación. Esto lo llevó a pensar que yo debería salir con una de sus amigas de la infancia que iba a nuestra misma secundaria. El decía que no podía dar tantos buenos consejos y no tener novia. Entonces me presentó a su amiga (Eva).
EVANGELIO 1:9 – SI NO TENGO AMOR NADA SOY
EVANGELIO 1:10 – LA REVELACIÓN DE JUAN
En el último año de la secundaria, conocí a Juan, en una especie de boliche lo más cercano a gay-friendly que había en Santiago del Estero. El iba a segundo año de psicología de laUniversidad Católica. Obviamente la primera vez que entré al boliche, tenía muchísimo miedo, estaba solo en un lugar que no conocía, no sabía qué hacer. El se acercó y me dijo que le resultaba conocido, lo que me aterrorizó mucho más, hasta que después me dijo que era una excusa. Conversamos de nuestras vidas y me convidaba tragos que no me gustaban para nada. No me quedaba claro si quería ser mi amigo o algo más, hasta que me invitó a ir a su auto a charlar ‘mejor’. Me dio un poco de pánico ir al auto de un extraño, así que le dije que mejor vayamos al mío. Eso me daba como 3% menos de pánico, pero me animé. Cuando sube, ve los cds que tenía en la guantera: uno de los Backstreet Boys y uno de Britney Spears. Por si no le había quedado claro lo de mi homosexualidad. Dimos unas vueltas en ese barrio, yo no tenía idea que hacer y estaba muy nervioso. El me dijo que estacionara un rato, estábamos en el medio de la nada, solo nos iluminaba la luna llena gigante que había esa madrugada. Hicimos los asientos para atrás y nos quedamos charlando mirando la luna. Después de unos chistes terminamos hablando de nuestras familias. Yo le conté que me iba a vivir a Córdoba y de los miedos que tenía de ser gay y la culpa que sentía. El me dijo que a él le pasaba lo mismo. Venia de una familia ultra-religiosa. Pero me explicó que un día se puso a pensar realmente en cómo sería Dios, porque todo el mundo piensa que sabe como es, pero la verdad es que nadie puede saberlo con seguridad. Es como cuando la gente habla de la muerte o del amor. Nadie sabe. Entonces llegó a la conclusión de que seguramente Dios no castigaría a nadie por amar, por querer a alguien, sea del sexo que sea o de la orientación sexual que sea. Dios nos quiere a todos por igual y que era como ridículo pensar que no sea así. En todo caso a Dios le importa mucho más si sos un mal tipo o un buen tipo. Así que, si era un buen tipo, nada malo podía pasar y no tenía porque sentir culpa de nada. Un razonamiento muy simple si se quiere, pero en ese momento me voló la cabeza y me hizo ver todo desde otro lugar. Después de eso, nos comenzamos a besar por un largo rato y nos quedamos abrazados y acariciándonos hasta que amaneció. Fue hermoso.
Después de eso y antes de mudarme a Córdoba, decidí que no iba a culparme más, ni tratar de matar a mi yo. Que mis padres, aunque tuvieron algunos errores como todos los padres del Universo, tuvieron muchos más aciertos, porque habían criado a un buen tipo. Lo que no debe haber sido nada fácil. Y que todo lo que me pasó y viví en la adolescencia, lo malo y lo bueno, fue esencial para la persona que era hace once años cuando llegué y para la persona que soy hoy.
Dijo Pablo en Corintios: Cuando era niño, juzgaba como niño, hablaba como niño, pensaba como niño, blah blah blah como niño. Más cuando fui hombre, dejé lo que era de niño.
Digo yo en esta columna: Cuando era niño, juzgaba como niño, hablaba como niño, blah blah blah como niño. Ahora que soy hombre, me esfuerzo cada día para no olvidarme de lo que aprendí siendo niño y volver a sentir, amar, como cuando era niño, creer en la felicidad como cuando era niño. Creer que Dios me ama tal cual soy y sobre todo, creer en mí mismo. Porque si llegué hasta aquí, es gracias a lo que fui y cómo lo fui. Amé, amo, amaré y amén.
Dedicado a la memoria de Luciano B.
Gracias a Lugaresgaycba por permitir expresar quien soy durante 65 columnas y por las que vendrán. A los que me leen, a los que comentan y a los que me enseñan de la vida a través de sus experiencias…
Pablo M. Acuña
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Pregunta del foro: ¿Qué experiencias de la secundaria te marcaron para formar lo que sos hoy?




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